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domingo, 2 de agosto de 2026

Karim Khan se atrevió a pedir cuentas a Israel y por eso lo han destituido

 

 Por David Hearst   
      Cofundador y redactor jefe de Middle East Eye. Es comentarista y conferenciante sobre la región, además de analista de Arabia Saudí.


La orden de detención de la CPI contra Benjamin Netanyahu ha sido, hasta la fecha, el único intento serio de la comunidad internacional de llevar al Estado israelí ante la justicia por el genocidio en Gaza. El fiscal Karim Khan, la persona que presentó la orden de detención ha sido destituida por la CPI bajo acusaciones falsas


Karim Khan se atrevió a pedir cuentas a Israel y por eso lo han destituido.


     Entre la avalancha de reacciones que siguieron a la destitución, tan previsible, del fiscal jefe Karim Khan por parte de la Corte Penal Internacional (CPI) el viernes, hubo una publicación reveladora. La realizó Danny Danon, embajador de Israel ante la ONU, quien advirtió al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Mamdani acababa de calificar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de criminal de guerra que debería ser detenido la próxima vez que pisara suelo estadounidense, aunque Mamdani admitió que no tenía competencias para hacerlo.

Danon repitió la afirmación —que ahora parece haberse confirmado como un hecho— de que Khan utilizó las órdenes de detención contra Netanyahu y su exministro de Defensa para encubrir sus presuntas faltas sexuales.

Tal y como dejó claro la investigación de Middle East Eye, Khan presentó las órdenes de detención, meticulosamente preparadas, seis semanas antes incluso de tener conocimiento de las acusaciones. Pero la verdad y las garantías procesales fueron irrelevantes en la campaña de 18 meses destinada a destituir a Khan. La presión incluyó una campaña mediática en el Wall Street Journal, Associated Press, The Guardian y, más recientemente, la CNN; advertencias privadas de David Cameron, entonces ministro de Asuntos Exteriores, quien le dijo que el Reino Unido retiraría la financiación a la CPI y se retiraría del Estatuto de Roma si se emitían las órdenes de detención; senadores republicanos que le dijeron: « Si te enfrentas a Israel, nosotros nos enfrentaremos a ti», y el hecho de que la presidenta de la Asamblea de los Estados Partes (AEP), la finlandesa Paivi Kaukoranta, lo señalara públicamente como sospechoso antes incluso de que hubiera tenido la oportunidad de defenderse.

Danon amenazó a Mamdani con el mismo destino que el de Khan. «@NYCMayor Zohran Mamdani, toma nota: utilizar a Israel como arma política no te eximirá de rendir cuentas», publicó Danon.

Un nuevo precedente

En el pasado, Israel prefería actuar entre bastidores. Cuando intentó presionar a la predecesora de Khan, la fiscal jefe Fatou Bensouda, lo hizo con discreción.La exfiscal describió en una entrevista con Al Jazeera una reunión con el entonces jefe del Mossad, Yossi Cohen, en un hotel de Nueva York durante una sesión de la Asamblea General de la ONU. Cuando se le preguntó si Cohen le había dicho que Israel podría «ocuparse» de ella y le había advertido de que seguir adelante podría comprometer la seguridad de su familia, Bensouda respondió: «Sí. Así fue».

Pero esta campaña para apartar a Khan sentó un nuevo precedente. Israel reivindicó su autoría desde el principio y no hizo ningún intento de ocultar, ni al propio Khan ni al mundo exterior, que estaba detrás de estas acusaciones.

Envió un equipo del Mossad a La Haya, donde vive Khan, para intimidarlo. Transmitió mensajes a Khan a través de un abogado británico, aunque este afirmó a MEE que solo hablaba a título personal. Finalmente, el propio Netanyahu «reveló» que otras cuatro mujeres se disponían a testificar contra Khan. Esto ocurrió horas antes de que The Guardian afirmara que había una segunda mujer a punto de dar un paso al frente.

Por supuesto, no pasó nada.

Khan se mantuvo firme en su postura y en su convicción de que la CPI, de entre todos los tribunales, respetaría las garantías procesales. Esta última confianza puede haber sido muy mal depositada. Las acusaciones contra Khan fueron investigadas durante más de un año por la Oficina de Servicios de Supervisión Interna (OIOS). Esta oficina formuló 137 conclusiones, ninguna de las cuales constituía una conducta indebida, y mucho menos una conducta sexual indebida.

Las pruebas recabadas por la OIOS fueron posteriormente revisadas meticulosamente por un tribunal compuesto por tres jueces internacionales de alto rango designados por la Asamblea de los Estados Partes (ASP).

Este tribunal judicial decidió que las conclusiones de la OIOS «no demuestran conducta indebida ni incumplimiento del deber» por parte de Khan. Se aplicaron los mismos criterios probatorios que utiliza la propia CPI. A continuación, la propia ASP puso en marcha una campaña para sabotear el informe elaborado por los jueces que ella misma había designado.

Un tribunal irregular

Permítanme insistir en este último punto.

Estamos hablando de un tribunal. En él, los jueces son nombrados por su capacidad para examinar y evaluar las pruebas. Y aquí tenemos a la Mesa Política, formada por antiguos diplomáticos designados por los Estados miembros, decidiendo invalidar el dictamen jurídico de sus jueces de mayor rango y volver a juzgar las acusaciones por su cuenta en un tribunal irregular.

Imagínense cuál habría sido la reacción de los gobiernos occidentales si el presidente ruso, Vladímir Putin —contra el que Khan también ha dictado una orden de detención— hubiera hecho lo mismo que Netanyahu para presionar a los Estados miembros de la CPI.

Pero fue incluso peor que eso.

Para destituir a Khan, la Mesa de la Asamblea de los Estados Partes, el órgano rector de la Corte, tuvo que negarle a él y a sus abogados el derecho a un proceso justo o, de hecho, a cualquier tipo de proceso. Entre otras cosas, los miembros de la Mesa comentaron en privado al denunciante y entre ellos mismos que Khan estaba acabado; modificaron el motivo por el que se le iba a destituir sin consultárselo; y cambiaron las normas de votación.

Margareta Kassangana, diplomática polaca y vicepresidenta de la ASP, se reunió en privado con la denunciante de Khan para discutir el caso antes de que la Mesa remitiera el asunto a la OIOS de la ONU a finales de 2024.

Se escuchó a otra miembro de la Mesa, la embajadora de Uganda Mirjam Blaak, decirle a un colega que creía que Khan «quizá no volviera», al tiempo que se refería a la denunciante en términos personales.

En mi entrevista con él, Khan afirmó que la Mesa se estaba inventando las cosas sobre la marcha. «Es un proceso creado a medida para Khan… específico para mí».

En su votación para suspender a Khan, la Mesa consideró que había cometido una «falta grave». La decisión, a la que ha tenido acceso MEE, acusaba a Khan de haber mantenido una relación sexual con la denunciante, lo cual era impropio debido al desequilibrio de poder entre ambos.

Esta acusación nunca se le había planteado a Khan. Se le acusó primero de haber tocado a la denunciante, luego de violación, pero nunca de haber mantenido una relación sexual consentida.

El relato de la denunciante se centraba en una conducta no consentida. La oficina lo despidió basándose en un cargo que nunca le habían imputado.

Con el fin de garantizar que el «linchamiento público» de su fiscal jefe se llevara a cabo según lo previsto, la oficina modificó el proceso de votación, pasando de una votación en dos fases a una única votación, de tal forma que se privara a la ASP de la oportunidad de formular su propia valoración de la supuesta conducta indebida.

Tres bandos

La campaña para destituir a Khan dividió a los observadores en tres bandos: los que creían en su inocencia y que todo el proceso había sido orquestado por Israel; los que creían que era culpable y que utilizaba las órdenes de detención como tapadera; y un grupo intermedio que consideraba que Khan no era un «fiscal creíble», aunque su conducta principal como fiscal sí lo fuera. Su destitución permitiría que las órdenes de detención que él había iniciado siguieran adelante.

Esta era la opinión de Kenneth Roth, exdirector de Human Rights Watch. Roth declaró en la CNN que, dado que las órdenes de detención eran fruto del trabajo de un equipo de fiscales y habían sido aprobadas por tres jueces de la sala de instrucción, debían seguir adelante.

Tras la destitución de Khan, la Fiscalía de la CPI afirmó que su labor continuaría sin interrupción. La CPI tiene más de una docena de investigaciones en curso en Ucrania, Darfur, Libia y Afganistán. Sin embargo, tal y como informó Middle East Eye, la Fiscalía intentó en abril emitir una orden de detención contra el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, y se estaba preparando otra contra el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir.

Esas solicitudes estaban listas antes de que Khan se tomara una excedencia en mayo de 2025 y desde entonces no ha habido novedades.

Las órdenes de detención originales contra Netanyahu y Gallant siguen vigentes y solo los jueces pueden revocarlas. Israel ha presentado una serie de recursos judiciales y dos de ellos siguen pendientes. El más importante de ellos es que el tribunal no tiene jurisdicción sobre sus ciudadanos, ya que Israel no es un Estado parte del Estatuto de Roma.

Este asunto está siendo ahora objeto de un tira y afloja entre la Sala de Apelaciones y una sala inferior, y es muy posible que la resolución definitiva no se produzca hasta 2027.

En una de las muchas propuestas para que Khan diera marcha atrás, se sugirió permitir que la fiscal jefe «bajara del árbol». Se propuso que Khan reclasificara las órdenes de detención como confidenciales. Esto permitiría a Israel impugnarlas a puerta cerrada.

Por lo que se sabe, toda la labor relativa a Israel en la CPI se ha paralizado.

Dos fiscales adjuntas, Nazhat Shameem Khan, de Fiyi, y Mame Mandiaye Niang, de Senegal, siguen al frente de la oficina. Ambas fueron sancionadas por Estados Unidos por mantener las órdenes de detención contra Netanyahu y Gallant tras asumir el liderazgo de la oficina. Quienes están al frente de la campaña para deshacerse de Khan ahora se jactan de que quieren más cabezas.

¿Quién será el siguiente?

El principal de ellos es el Departamento de Estado de EE. UU. Su portavoz, Tommy Pigott, declaró: «Karim Khan es un ejemplo paradigmático de la corrupción y el abuso de su supuesta autoridad por parte de la CPI. Es positivo que se haya ido, pero no es más que un pequeño engranaje de esta institución irremediablemente corrupta. El resultado de hoy no tendrá ningún impacto en los planes de Estados Unidos de desmantelar la CPI». Estados Unidos e Israel coaccionan a la Corte Penal Internacional – Rafael Poch de Feliu.


Estados Unidos e Israel coaccionan a la Corte Penal Internacional.

Su jefe, Marco Rubio, está llevando a cabo una campaña para desmantelar la CPI «ladrillo a ladrillo», tal y como él mismo ha dicho. Afirmó: «La Corte Penal Internacional pretende convertirse en el árbitro, exento de rendir cuentas, de una nueva ley global, con facultades para procesar y detener a nuestros ciudadanos a su antojo y amenazar de forma existencial la soberanía estadounidense. Le enseñaremos a la CPI el verdadero significado de la determinación estadounidense».

Animados por la destitución de Khan, destacados abogados proisraelíes están amenazando ahora abiertamente a otros objetivos, como Francesca Albanese, relatora especial de las Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados.

Hillel Neuer, director de United Nations Watch, publicó: «Se acabó la inmunidad para los funcionarios internacionales que abusan de sus cargos. El fiscal de la CPI, Karim Khan, abusó sexualmente de sus empleadas. Nuestra campaña para destituirlo ha tenido éxito: acaba de ser despedido».

«Tú eres la siguiente, @FranceskAlbs. Tu apoyo al terrorismo de Hamás tendrá consecuencias».

Fíjense en la palabra «nuestro».

Pero, por supuesto, en este punto Neuer no podía haber sido más acertado. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, desempeñó un «papel activo» en la decisión de los Estados miembros de la CPI de destituir a Khan.

Sa’ar supervisó «un grupo de trabajo específico y llevó a cabo intensos esfuerzos diplomáticos destinados a garantizar la destitución de Khan», según Guy Azriel, corresponsal diplomático de i24 News.

Netanyahu, que acogió con satisfacción la decisión, publicó que había hablado con Rubio sobre dar el golpe de gracia a la CPI. «Reafirmó una vez más la determinación de Estados Unidos de actuar con firmeza contra esta institución —una institución que socava la justicia, ataca a naciones democráticas y soberanas, y pretende subordinar su seguridad a las decisiones de funcionarios corruptos y que no rinden cuentas en La Haya», escribió Netanyahu.

Al sumarse a la campaña para destituir a Khan, Roth no ha protegido a la CPI ni a sus colegas abogados de derechos humanos de este tipo de abusos y ataques. Ha puesto aún más en peligro tanto a la corte como a ellos.

Una batalla perdida

Es revelador que, el mismo día de la destitución de Khan, la ONU votara a favor de conceder al abogado austriaco Volker Turk otro mandato de cuatro años como responsable de derechos humanos. Israel ignoró este revés y no hizo ningún esfuerzo apreciable por contrarrestarlo.

Esto se debe a que sabe que lo que hace la ONU es irrelevante. Ha emitido resolución tras resolución, declaración tras declaración, informe tras informe y nada ha cambiado con respecto a la ocupación, salvo para peor.

Pero lo que hizo Karim Khan tuvo un gran impacto. Fue la amenaza internacional más importante para Israel desde que este iniciara su genocidio en Gaza. Por eso había que deshacerse de Khan.

Israel está librando una batalla perdida.

El vídeo de Mamdani en el que condena a Netanyahu como criminal de guerra superó los 200 millones de visualizaciones.

Tras la destitución de Khan, YouGov preguntó a los adultos estadounidenses si las autoridades de EE. UU. deberían detener a Netanyahu cuando vuelva. El 46 % respondió que sí, el 28 % que no y el 25 % no estaba seguro.

Al día siguiente, el alcalde de Londres, Sadiq Khan, afirmó que Netanyahu era un criminal de guerra y que no era bienvenido en Londres.

Este es el legado de un fiscal británico obstinado que se negó a dejarse intimidar.

Los Estados miembros de la CPI han suspendido la prueba de defender la justicia internacional. El difunto senador Lindsey Graham tenía razón cuando dijo que la CPI era solo para «africanos y matones como Putin. No es para democracias como Israel y los Estados Unidos de América». Porque así es como se ha comportado la mayoría de sus Estados miembros. Cuando se vieron sometidos a presión, cedieron y, lamentablemente, eso incluye al Sur Global. Cuando necesitan justicia internacional y descubren que no la hay, solo pueden mirarse a sí mismos en el espejo.

Pase lo que pase ahora con Khan, su nombre quedará vinculado para siempre a las órdenes de detención de la CPI contra Netanyahu y Galant, que siguen siendo la respuesta más eficaz, seria y significativa que la comunidad internacional ha dado al genocidio en Gaza. Todas las demás respuestas son meramente retóricas. Por eso Israel se esforzó tanto por deshacerse de Khan. Esas órdenes de detención sacan a la luz los crímenes de guerra israelíes como nunca antes y, por primera vez en este conflicto, hacen que los máximos responsables del país rindan cuentas por ellos.

Khan se atrevió a plantar cara a los poderosos para buscar justicia para las víctimas, y ese será su verdadero legado.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

miércoles, 22 de julio de 2026

EEUU contra Cuba: el motor de una “izquierda terrorista” mundial

 

 Por Sebastiaan Faber   
      Profesor de Estudios Hispánicos en Oberlin College, Ohio.


El trumpismo resucita un macartismo con ecos del discurso eugenésico nazi con un informe de 100 páginas en el que señala a periodistas, políticos y activistas


     El 20 de julio, el Departamento de Estado de Estados Unidos publicó un informe de 100 páginas sobre Cuba que argumenta que, desde 1959, el régimen castrista ha sido un motor de una “izquierda terrorista” mundial que ha logrado infiltrarse en grandes partes de la sociedad norteamericana, aliándose con organizaciones poderosas y reclutando a políticos, periodistas y activistas prominentes.


Cuba: la capital del comunismo en el Siglo XXI.

No es casual que el informe se publicara días después de una cumbre internacional, con 60 países, sobre “el auge mundial del extremismo de izquierdas y el terrorismo político” en la que Marco Rubio, el secretario de Estado y potencial candidato a la presidencia en 2028, indicó que la mayor amenaza a la seguridad ya no proviene del terrorismo islámico, sino de la izquierda.


Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU, durante una rueda de prensa en mayo de 2026.

En comparación con la Estrategia de Seguridad Nacional –el estrafalario documento de noviembre que, entre otras cosas, reafirmaba la hegemonía hemisférica de Estados Unidos–, el informe sobre Cuba no solo es más extenso, sino más coherente y riguroso. También está mejor escrito. Pero lo más llamativo son sus ecos macartistas: no duda en señalar con pelos y señales a una larga lista de individuos y colectivos, incluidos periodistas como Amy Goodman (de Democracy Now!), organizaciones como los Socialistas Demócratas de América (DSA) y el Gremio Nacional de Abogados (National Lawyers Guild); políticos como Zohran Mamdani y Karen Bass (alcaldes de Nueva York y Los Ángeles), congresistas como Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders e Ilhan Omar y activistas como Ben Cohen (empresario cofundador de Ben & Jerry’s) o Alicia Garza (fundadora de Black Lives Matter).

El objetivo del informe parece doble: no solo se trata de reafirmar a Cuba como un poderoso enemigo de la American way of life –justificando de antemano una posible intervención en la isla–, sino, sobre todo, de demonizar a una gran parte la izquierda norteamericana como peligrosa, terrorista, antipatriótica, inmoral y, en última instancia, subhumana. En este sentido, este informe sobre Cuba solo es el capítulo más reciente en una clara estrategia que ya se anunciaba en el Proyecto 2025 y que se aceleró a la zaga del asesinato de Charlie Kirk en septiembre. 

Así, el memorándum presidencial Seguridad Nacional (NSPM-7), publicado ese mismo mes de septiembre, buscaba tildar de “terroristas” una larga serie de ideas progresistas que se resguardaban “bajo el paraguas del autodenominado ‘antifascismo’”. “Los hilos comunes que animan esta conducta violenta”, afirmaba, “incluyen el antiamericanismo, el anticapitalismo y el anticristianismo; el apoyo al derrocamiento del Gobierno de los Estados Unidos; el extremismo en torno a la migración, la raza y el género; y la hostilidad hacia quienes mantienen las visiones tradicionales estadounidenses sobre la familia, la religión y la moralidad”.

El NSPM-7 ya ha servido para que las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia redoblen su vigilancia y persecución de la izquierda en Estados Unidos. Aunque su éxito en los tribunales ha sido desigual, la invocación de “Antifa” como una red de “terroristas domésticos” dedicada a organizar una conspiración violenta para derrocar el Estado ha permitido detener a 15 ciudadanos de Minneapolis por hacer seguimiento al ICE (la policía migratoria) y condenar a penas inauditas de entre 20 y 100 años a un grupo de activistas en Texas, como reportaba Guillem Martínez a finales de junio.


Agentes del ICE en Minneapolis, después de que uno de ellos asesinara a Renee Nicole Good, mujer blanca de 37 años, el 7 de enero.

Es muy posible que el informe sobre Cuba tenga una secuela judicial similar. 

Alrededor de estos informes se ha construido un discurso cuyo objetivo es la erosión del Estado de Derecho y los derechos constitucionales. “Se pueden llamar a sí mismos anticapitalistas o antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas”, declaró Rubio ante The Guardian el 16 de julio. “Siempre es lo mismo. Es un resentimiento tóxico revestido de un discurso sobre la igualdad, la justicia y la liberación –una necesidad abrumadora de tirar abajo, de destruir todo lo que es bello y justo, de parte de una gente que está repleta únicamente de fealdad y practica la violencia y el terror porque no tiene nada más que ofrecer al mundo–”.

Al día siguiente, Stephen Miller, subjefe de gabinete y principal asesor de política y seguridad nacional de Donald Trump, aprovechó una rueda de prensa para subir el tono. “No es una coincidencia”, dijo, “que cuando miras estas manifestaciones violentas de Antifa, cuando ves cualquiera de las fotos de quienes se reúnen en ellas, ninguna persona, para decirlo francamente, parece normal. Ni una parece normal. Todos están, de alguna u otra forma, deformados en su apariencia, su forma de vestir, en su manera de ser. ¿Por qué? Si comparas dos fotos, de una calle normal en Estados Unidos y una manifestación antifa, ¿por qué no hay ninguna persona normal entre la gente que se manifiesta de forma violenta? Porque cada uno, a través de su vida y de sus decisiones, ha dejado cicatrices en su cuerpo y en su aspecto, de muchas formas diferentes, hasta el punto de que su aspecto exterior se convierte en una manifestación de su odio interior”. Son obvios los ecos de la eugenesia nazi. (Y, para un público español, del falangismo. En su novela Madrid de corte a checa, Agustín de Foxá describía a sus personajes republicanos como seres movidos por “la revancha de los débiles contra los fuertes, de los enfermos contra los sanos, de los brutos contra los listos” porque “odiaban toda superioridad”.)

En la carta que envió la historiadora Heather Cox Richardson el 17 de julio a sus más de cinco millones de suscriptores en Substack y en las redes, recordaba que J.D. Vance, el vicepresidente neocatólico, ayudó a promocionar hace dos años el libro:Unhumans: The Secret History of Communist Revolutions (and How to Crush Them)“Los antihumanos. La historia secreta de las revoluciones comunistas –y cómo aplastarlas–”), del influencer ultra Jack Posobiec. “En el pasado”, afirmó Vance, “los comunistas marchaban por las calles con banderas rojas. Hoy, marchan por los departamentos de recursos humanos, los campus universitarios y los tribunales, donde practican lawfare contra gente buena y honesta”.

En el libro, Posobiec tilda a las personas de izquierdas de “antihumanos” porque “se oponen a todo lo que constituye la humanidad. Al oponerse a la humanidad misma, ellos se autoexcluyen por completo de la categoría [de lo humano], ubicándose en una subdivisión completamente nueva, impulsada por la miseria, de lo antihumano”. Posobiec se une al conjunto de pensadores de la extrema derecha norteamericana que reconocen como modelo y héroe anticomunista a Francisco Franco.


La ultraderecha estadounidense encuentra a su salvador en el dictador español Francisco Franco.

“Algunas de las personas más poderosas del actual gobierno son conversos recientes al catolicismo que no han ocultado su admiración por los regímenes integristas, incluido el franquismo”, dijo la historiadora Kirsten Weld en estas páginas el pasado noviembre. “Forman parte de una corriente del pensamiento reaccionario estadounidense que buscó inspiración en España, no solo en los años 30, sino también en los 60 y 70”.


Kirsten Weld.

Para Richardson, los ecos del libro de Posobiec en los discursos de Rubio y Miller son inconfundibles. La historiadora recuerda, además, lo que el prólogo al libro, escrito por Stephen Bannon, pone como epígrafe: “El comunismo ocurre cuando freaks feos y deformados ilegalizan la normalidad y, después, roban y/o matan a todas las personas exitosas, movidos por un resentimiento mezquino y por la crueldad. La ideología no es más que una fachada”.


Fuente: Ctxt

miércoles, 1 de julio de 2026

Irán, Estados Unidos e Israel en el frente de Ormuz

 

Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


Estados Unidos e Israel han perdido la guerra cuyo resultado, de momento, es que EE.UU ha transferido a Irán el control del estrecho de Ormuz. Es obvio que esa guerra no ha terminado. En ese caso, Irán ha ganado por lo menos una batalla de esa guerra. El futuro es incierto



     El motivo del radical giro desde la “edad de piedra” y la aniquilacion de una civilización hasta la negociación en los términos presentados por Irán, es muy simple: se juegan una recesión global en Ormuz. Trump ha dicho que lo ha firmado forzado por la situación. “Se nos estaban acabando las reservas de petróleo”, ha dicho en su más sincera declaración en mucho tiempo. En los últimos meses Trump iba haciendo malabarismos. Decía el sábado que “el acuerdo con Irán es inminente” y el lunes las bolsas abrían al alza, moderando los incrementos de los precios de la energía. Así de una semana a otra.


Delicado Estrecho de Ormuz

Pero con las reservas en rojo, el diesel por encima de los cinco dólares el galón y la gasolina por encima de los cuatro dólares, eso ya no había mago fullero que lo arreglase. El documento firmado con Irán no es un acuerdo: es un marco. “Memorando de entendimiento” (MOU), se llama. Le da a Trump un respiro de 60 días. El cortoplacismo de esta especie de geopolítica en fusión con el mundo de la bolsa y las finanzas, es manifiesto.


Acuerdo de entendimiento Irán – EE. UU.

Pero Israel y los sionistas de Estados Unidos están furiosos con Trump y su MOU. No lo aceptan y lo quieren reventar. Desde Israel quedándose en Libano y continuando su masacre. Dentro de la administración de EE.UU se aprecia gran división entre el vicepresidente JD Vance por un lado y los mas prosionistas, como el secretario de Estado Marco Rubio y el yerno de Trump Jared Kushner, por otro. Si Trump se atreve a poner los intereses nacionales de Estados Unidos por delante de la locura israelí, es posible que le organicen un impeachment. En todo caso, hay sustancia tanto en Estados Unidos como en Israel para considerables peleas internas por motivo de la derrota de Ormuz.

Irán tiene la sartén por el Mango. El 8 de junio el Jerusalem Post lo explicaba con bastante claridad al decir que Teherán tiene “tres armas nucleares”: el control del estrecho de Ormuz, las estrechas relaciones con “las potencias McKinder” que dominan el espacio euroasiático (China y Rusia), y la bomba propiamente dicha, a la que, si hay voluntad, puede acceder en cualquier momento, según la opinión de expertos como Theodore A. Postol, profesor emérito de ciencia y tecnología del Instituto de Tecnología de Massachusetts y antiguo colaborador del Pentágono.

Ademas, Estados Unidos ha abierto una crisis de relaciones con los países del Golfo. Esos países han descubierto que las bases y la protección americana les convierte en objetivo y no son factor de seguridad, sino al contrario: una amenaza total a su economía e incluso a su existencia. Recordemos el cable de la CIA de 2008, revelado por Wikileaks, según el cual la mera destrucción de la planta de desalinización de El Ryad, obligaría a evacuar la ciudad (7 millones de habitantes, 20% del total de la población del reino) en el plazo de unos pocos días. Hay consenso entre los expertos en que cualquier cosa que EE.UU o Israel hagan contra Irán, Irán puede devolverla haciendo más daño porque tiene el control de la escalada. Así que hay condiciones para que esos países del Golfo se piensen la oportunidad de ir a otro esquema de seguridad regional, diferente al de participar en el cerco americano israelí a Irán. Y eso abre oportunidades para China y Rusia, que ya trabajaron el año pasado con éxito en un acuerdo de distensión de relaciones entre Irán y Arabia saudí.

Israel más cerca de su suicidio

Israel si que tiene una estrategia para dominar la región e imponer su anacrónico (para el siglo XXI) proyecto colonial “bíblico sin fronteras”, pero es una estrategia loca que conduce al suicidio. El genocidio de Gaza no ha mejorado las cosas para ese proyecto sino que las ha empeorado. El 20 de junio el corresponsal militar del Times of Israel, Lazar Berman, decía que la “victoria total” prometida por Netanyahu ha llegado a su fin:

«Las guerras posteriores al 7 de octubre, que llegaron acompañadas de expectativas y promesas de “victoria total”, han terminado —al igual que sus ilusiones—. Los palestinos no van a abandonar Gaza. Hamás no se desarmará, ni tampoco Hezbolá. Trump no va a volver a la guerra con Irán, que ahora puede amenazar con retirarse de un acuerdo para obligar a Trump a detener cualquier operación israelí de envergadura contra Hamás o Hezbolá… Sin duda, Oriente Medio ha cambiado», decía.

Con Netanyahu amenazado de cárcel, su rival electoral, Naftali Bennett, persevera en lo mismo. Dice que piensa tratar a Turquía como “un nuevo Irán”. El problema fundamental de Israel es que un país de 8 o 9 millones de habitantes sin recursos que se ha peleado con todo su enorme entorno no puede imponerse. El mundo árabe siempre ha estado sometido; primero bajo los turcos, luego británicos y franceses y ahora americanos/israelís. Pero eso no va durar eternamente. Israel se sostiene por el apoyo occidental. Y eso es, precisamente, lo que se está resquebrajando ahora.

La relación entre Estados Unidos e Israel atraviesa el peor momento de su historia. Todos entienden en Estados Unidos que Netanyahu metió a Trump en lo de Irán contra la opinión de sus expertos de la CIA y el Pentágono. Y además, ahora ese mismo Israel boicotea el alto el fuego lo que está siendo recriminado por Estados Unidos. El vicepresidente J.D. Vance ha advertido a Israel con no jugar contra su único aliado. Una declaración sin precedentes.

Hay una clara segmentación en el electorado estadounidense. El grupo demográfico de mayores de 55 años se muestra, en general, solidario con Israel, pero los jóvenes han cambiado radicalmente de postura. Incluso entre los judíos estadounidenses, el 61 % ha llegado a la conclusión de que Israel cometió crímenes de guerra en Gaza, y el 39 % considera que la conducta de Israel en Gaza constituye un genocidio. Nunca Israel había sido tan impopular en EEUU. Es la primera vez que se ve tal brecha. Su progreso significa que a todo el edificio sobre el que está construido el sionismo se está desmoronando. Naturalmente, hay que decir que son capaces de cualquier cosa: tienen el arma nuclear y arsenales químicos y bacteriológicos completos. Y tienen la “doctrina Sansón”: antes derribo el templo sobre mi persona y las de mis enemigos que cambiar. Israel puede usar una bomba nuclear táctica contra Irán. Pero Irán es 75 veces mayor en tamaño y puede responder haciendo mucho daño a Israel con sus misiles. Además, un uso nuclear movilizaría definitivamente a Rusia y China contra Israel y no creo que EE.UU lo apoyase.

No digo que Israel vaya a desaparecer, pero desde luego en su aspecto actual sería inviable.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

miércoles, 20 de mayo de 2026

No hay relato único para contar Cuba

 

 Por Mariana Camejo   
      Directora del medio La joven Cuba y de su podcast La Reunión.



La posibilidad de una operación militar de cualquier tipo por parte de EEUU parece más improbable unas semanas que otras, debido al bombardeo, deliberadamente desordenado y contradictorio, de información


Vista de La Habana durante un apagón en el marco de la crisis energética de febrero de 2026 – Los cortes ya alcanzan hasta 18 horas consecutivas de interrupción del servicio eléctrico.


     Es 1953 en el Cuyaguateje, Pinar del Río, la provincia en el extremo occidental de Cuba. Las noticias del Oriente llegaban a retazos y sin mucho interés para un niño que tenía mucho campo para correr. Los tiroteos importantes estaban en las revistas de westerns que vendían en estanquillos y Moncada era apenas el apellido de un personaje de aventuras en un programa radial. Tiempos en los que sentía que las noticias reales nada tenían que ver con él.

Ahora es 2026 en La Habana; las noticias no paran de llegar. La falta de petróleo ha hecho que las clases sean desde casa, con la conexión mala y enviando pdfs por Whatsapp. Tampoco es que haya energía para apretujarse en una guagua y llegar a la universidad a pararse frente a los estudiantes.

Para mi padre aquello de correr en el campo quedó hace mucho tiempo atrás. Ha ido disminuyendo esa energía durante 78 años. Aunque la energía, en sentido general, está bastante en falta. La familia que se quedó a vivir en Pinar lo sabe bien, por los largos apagones. Y Trump y Marco Rubio han hecho lo suyo por asegurar que haya muy poca luz para el verano húmedo que está llegando, para que no sea usable un ventilador frente a los mosquitos, y encima, para tener que cocinar con carbón. Hoy mi papá siente que todo tiene que ver con él porque ninguna noticia es buena. Las cosas no son, o no deberían volver a ser, como lo fueron cuando vivía en el Cuyaguateje.

El piso de su casa no era de tierra, pero el de varios vecinos sí. No pocos de sus amigos iban descalzos a la escuela, pisando piedras y sorteando el fango, a estudiar con los libros que pintaban a Fulgencio Batista como un héroe.

De ser hijo de una madre que trabajó de criada para poder mandarlo a La Habana, se fue a alfabetizar con 13 años, impulsado por Fidel Castro, a un pueblo pesquero donde dormía en la hamaca en la sala de alguien. Lo despertaban sobre las 6 am, luego de regresar de la pesca, con un trago de ron.

Mi padre se hizo profesor universitario de los que le dieron carro por asignación y años después tuvo que venderlo porque no había manera de que un salario de profesor costeara mantener un Lada de los tiempos de la URSS. Fue uno de los que llamaron para preguntarle su disposición para ir a Angola y después no los mandaron. Supuso que la idea era que la universidad no parara. Había un aire de esperanza en todo, a pesar de todo.

Lamentable que este sea el tipo de historia de vida sin importancia para muchos que siguen el tema Cuba. También lamentable que este sea el tipo de historia que otros niegan. Pero es una de muchas, de aquellos a los que el proceso revolucionario les cambió las perspectivas de futuro, porque eso es lo que hizo por mucha gente pobre. Fue una Revolución, también, de alientos.

La policrisis actual

Tantos años después, cuando esos jóvenes protagonistas de su época son ya mayores, la vida en Cuba es más angustiosa que en cualquier otro momento desde 1959. La isla está viviendo una policrisis de la que no parece que haya camino fácil ni rápido para salir. Aprovechando esa coyuntura, la presión del gobierno de Trump apuesta por apuntalar el hambre y profundizar, aún más, el deterioro.

Los hijos de esa generación no hemos conocido otra Cuba que no sea la que está en problemas, en Periodo Especial, la que apela siempre al futuro para decir “Venceremos”. Por muchos errores que se le puedan señalar al gobierno cubano, el rol de Estados Unidos ha incidido en la garantía de apagones que a veces llegan a las 48 horas; el país no tiene combustible ni para encender los hogares, ni para el transporte público, ni para garantizar la recogida de basura. Tampoco hay dinero para medicamentos, ni para el sector de salud pública en general. Si bien debió priorizarse desde hace años una estrategia para intentar revitalizar el sector, hoy no parece haber una salida inmediata sin que Cuba pueda disponer de grandes montos de divisas. De eso depende todo.

Desde el 3 de enero del presente año Cuba es leitmotiv en las comunicaciones públicas de Estados Unidos. Eso ha incluido filtraciones y noticias que dan cuenta de lo que aquí llamamos “un p’alante y p’atrás” de la administración Trump en cuanto a qué piensa hacer con respecto a la isla. La posibilidad de una operación militar de cualquier tipo, parece más improbable unas semanas que otras, debido al bombardeo —deliberadamente desordenado y contradictorio— de información.

El hecho de que el director de la CIA haya venido a la isla suscitó especulaciones de todo color. En este caso, por primera vez fue el gobierno cubano quien comunicó inmediatamente algo sobre el encuentro.


Cuba y EE.UU. tienen interés en desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones, regional e internacional.

Aunque no se sabe con mayor detalle qué se conversó allí, la nota estaba centrada en dos asuntos fundamentales: uno, que Cuba no es una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos (algo obvio), y dos, que nada tiene que ver con organizaciones terroristas, ni merece figurar en la lista de países que, supuestamente, patrocinan el terrorismo.

En el podcast La Reunión, en conversación con Fernando Ravsberg, que fue corresponsal de la BBC en Cuba durante unos 20 años, éste afirmó que considera esta visita como una forma de dar un paso atrás en la calificación de que Cuba es una amenaza. Pudiera ser una acción para aproximarse de otra forma, una opinión que no parece descabellada si se tiene en cuenta que ese mismo día, CBS News dio la noticia de que se estaba fabricando un caso contra Raúl Castro.

Fue precisamente la estrategia que utilizó la administración Trump para tener una excusa y avalar que los Delta Force entraran ilegalmente a Venezuela.

Cuesta creer que se vayan a atrever a intentar llegar a Cuba para sacar a un hombre que rebasa los 90 años. El sitio del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, que ha caracterizado la estrategia de Estados Unidos hacia Cuba como de “incrementalismo” (ejercer presión mediante acciones y comunicación, sin llegar a la confrontación militar), evalúa que no habrá secuestro, pero sí lo usarán como palanca de negociación. Y lo cierto es que sería una táctica que ya hemos visto en Trump, forzar la mesa desde una posición de leverage, donde sería presumiblemente más fácil lograr concesiones.

Sin embargo, sigue siendo una constante la tentativa de generar un casus belli que pueda servir de justificación para agredir. Por eso en estos días el medio estadounidense Axios, que se ha mantenido publicando filtraciones de información, reportó que la Isla habría adquirido más de 300 drones militares de Rusia e Irán para atacar la Base Naval de Guantánamo, embarcaciones militares estadounidenses y posiblemente Key West, en Florida.


Estados Unidos analiza la amenaza de drones de ataque procedentes de Cuba.

Lo presenta como un intento de Cuba de armarse para atacar, un enfoque muy conveniente para los seguidores de Marco Rubio.

Lo cierto es que es previsible que ante un contexto de hostilidad tan agudizada, todas las acciones de preparación se hayan puesto en marcha. Recientemente, en un texto publicado en Político, titulado “Sí, Trump podría realmente atacar a Cuba”, se afirma que el ambiente en la administración estadounidense ha cambiado.


Estados Unidos analiza la amenaza de drones de ataque procedentes de Cuba.

Pensaron que el gobierno era más débil y el país ha resistido, así que la opción militar se estaría tomando más en serio que antes.

En las calles cubanas la percepción es variopinta. También porque la crisis obliga a centrarse en lo más básico: comer, tener agua, que los niños duerman, que puedan ir a la escuela, transportarse. Lo mismo alguien en un triciclo empieza a hablar repentinamente de Trump, que una vecina te dice que prefiere no pensar en eso, por salud mental.

El doctor Carlos Alzugaray, diplomático cubano entrevistado para este texto, considera que estamos en uno de los momentos de mayor peligro, “en primer lugar, porque esta es una administración que le hace la guerra a cualquier país que encuentra débil o vulnerable. Y segundo, porque es una administración incoherente. Es decir, el presidente Trump no lo piensa mucho y puede cometer un acto totalmente aventurado”. No obstante, señala como elementos disuasorios que Cuba tiene una doctrina militar desde los años 80, que es la llamada doctrina militar de la guerra de todo el pueblo, algo que conocen bien los militares norteamericanos (estrategia de resistencia guerrillera orientada al desgaste prolongado frente a una eventual ocupación); la cercanía con territorio norteamericano (y por eso el revuelo con los drones), o qué hacer con la Base Naval de Guantánamo.

Pero la presión continúa. La Orden Ejecutiva firmada por Trump el primero de mayo, autoriza sanciones contra cualquier persona extranjera —empresa, individuo o entidad— que opere en los sectores de energía, defensa y material conexo, metales y minería, servicios financieros o seguridad de la economía cubana, o en cualquier otro sector de la economía cubana. Además, habilita sanciones secundarias a las instituciones financieras extranjeras que faciliten transacciones significativas con las entidades bloqueadas bajo esta orden.

La medida provocó así la suspensión de operaciones de la canadiense Sherritt International, la mayor inversión extranjera individual en Cuba durante tres décadas, responsable del 70-75% de la producción cubana de níquel y con un tercio de participación en Energas, la empresa mixta de generación eléctrica.

A ello se suma el anuncio este 17 de mayo de que dos grandes empresas navieras —la francesa CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd— suspendieron todas sus reservas hacia y desde Cuba hasta nuevo aviso, citando los riesgos de cumplimiento que impone dicha Orden Ejecutiva. La decisión podría comprometer hasta el 60% del tráfico marítimo cubano por volumen. El mayor impacto recaería sobre las mercancías provenientes de China, el norte de Europa y el Mediterráneo. Eso significa que si ya entraban pocos bienes a Cuba, el escenario está servido para que entren muchos menos. Es la apuesta por el hambre.

Alzugaray explica que de eso se trata el overcompliance, el “yo no estoy haciendo nada malo pero, por si acaso, no voy a hacer negocio ahí porque yo no sé lo que puede pasar: es el aspecto invisible de las sanciones que muchas veces no se tiene en cuenta. No es la cuestión formal de las sanciones; es el impacto que tienen desde el punto de vista de crear terror”.

Frente a eso, los cubanos dentro de la isla buscan permanentemente formas de seguir viviendo, con todas las dificultades que ello implica, y también formas de tener alegrías y momentos de alivio. Y aunque es visible la desigualdad entre quienes tienen que esperar horas por un transporte y quienes pueden importar un carro del año, o entre quienes pueden permanecer encendidos y quienes no, lo cierto es que en Cuba aún está pendiente para la gente una vida mejor, un país mejor, y una perspectiva mejor de futuro, y eso impacta en cómo las personas interpretan su presente; la política tiene mucho que ver con lo personal.

Mi padre es de los que advierte que no deberíamos aceptar un retroceso. Él vio a un campesino arrodillarse ante un terrateniente para pedirle dinero y llevar a su hija enferma de leucemia al hospital de Pinar a ver a un doctor. Y también vio al hombre echarlo de allí diciéndole que no era problema suyo, como no era problema de nadie que no hubiera médicos cerca. La Revolución cambió eso, sí, pero sería injusto desconocer que hoy aunque todavía queden médicos, no existe forma de tratarse si no es buscando en el mercado informal, y con dólares, los medicamentos. Un ciclo de quimio en Cuba puede costar 80 dólares, cuando el salario medio es de unos 20. Por eso cuando se habla de resistencia, entre otras cosas, suena a inflación, a noches calurosas a oscuras, a dificultad y a horizonte desdibujado.

No puede contarse a Cuba desde un relato único. A no ser que este comprenda lo complejo de la realidad del país actual, y la multiplicidad de situaciones, historias de vida, y sentires que tienen su reflejo en lo político.


Fuente: El Salto