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domingo, 3 de mayo de 2026

La crisis de deuda agrava la brecha de género en los países del Sur Global

 

      Periodista de EL PAÍS desde 2007, trabaja en la sección de Internacional. Está especializada en desinformación y en mundo árabe y musulmán.


Un estudio de la ONU demuestra que los ajustes fiscales golpean con mayor dureza a las mujeres y pueden llegar a provocar la pérdida de 55 millones de puestos de trabajo para ellas y una caída del 17% en la renta per cápita femenina


Una mujer tailandesa cocina carne en un puesto de comida callejera, en Bangkok, en marzo de 2025.


     El coste del pago la deuda externa no se reparte por igual entre hombres y mujeres. En los países del Sur Global, cuanto más dinero público se destina a devolver préstamos, peores son los efectos para ellas: pierden más empleo, ven caer más sus ingresos y afrontan mayores riesgos en salud, en la medida en que los Estados reducen el margen para invertir en otras políticas públicas. Así lo concluye un nuevo informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), hecho público este lunes, que advierte de que la forma en que se paga la deuda agrava la brecha de género y tiene consecuencias muy tangibles: la pérdida de 55 millones de puestos de trabajo para las mujeres y una caída del 17% en la renta per cápita femenina.

El estudio, titulado ¿Quién paga el precio? La desigualdad de género y la deuda soberana, analiza datos de 85 países en desarrollo entre 1990 y 2022 y examina qué ocurre cuando los Estados destinan una parte creciente de sus ingresos a atender la deuda externa. El foco no está solo en el volumen de deuda, sino en el peso que adquieren esos pagos frente a otras políticas. Es ese desplazamiento del gasto —y no solo el nivel de endeudamiento— el que explica buena parte de los efectos que detecta el PNUD.

El informe se publica en un momento especialmente delicado para las economías del Sur Global. Tras la pandemia, el endeudamiento público se disparó y, desde entonces, la subida de los tipos de interés, la fortaleza del dólar y una sucesión de crisis —desde los conflictos armados hasta el encarecimiento de la energía o los impactos climáticos— han agravado la situación. Decenas de países, sobre todo africanos, se encuentran hoy en escenarios de alto riesgo de impago. En un contexto marcado, además, por un drástico recorte en la ayuda al desarrollo, cada vez más países se ven obligados a destinar más recursos a la deuda externa al tiempo que reducen el margen para invertir en políticas sociales.

La dinámica que opera en este tipo de decisiones encaminadas a redirigir recursos hacia el pago de la deuda es, según el organismo, muy elocuente: cuando un Estado endeudado reduce, por ejemplo, el presupuesto en guarderías, transporte público o atención sanitaria para cumplir con los pagos de la deuda externa, el tiempo que las mujeres dedican a tareas domésticas o de cuidados aumenta, mientras que disminuye su participación en el mercado laboral. El informe describe este proceso como una “doble carga”: las mujeres se ven obligadas a combinar empleo precario o informal con responsabilidades domésticas. El efecto es similar cuando los recortes presupuestarios afectan al empleo público, porque ellas ocupan más puestos en sectores como la educación, la sanidad o los servicios sociales.


Una mujer policía se ajusta el casco en Cartagena de Indias, Colombia, el pasado enero.

La deuda soberana no es un problema matemático, sino humano: cuando la carga de la deuda de un país se dispara, los presupuestos se ajustan” y, aunque afecta todo el mundo, “son las mujeres las que suelen pagar el precio más alto”, considera Alexander de Croo, administrador del PNUD. “Sus opciones laborales se reducen. Sus responsabilidades de cuidados no remuneradas se multiplican. Su bienestar se ve afectado”, continúa De Croo, para detallar unos efectos que “pueden perdurar mucho tiempo después de que la crisis haya pasado”.

Uno de los impactos más claros aparece en el empleo. Cuando crece el peso de los pagos de la deuda externa —en relación con lo que un país ingresa por sus exportaciones—, el empleo femenino cae un 6,3% a corto plazo. En términos absolutos, esto equivale a unos 55 millones de puestos de trabajo menos entre los países analizados. A más largo plazo, la caída alcanza el 10,6%, lo que supone unos 92,5 millones de empleos femeninos perdidos. El estudio detecta, además, un aumento del trabajo por cuenta propia y del trabajo familiar no remunerado, lo que reduce a su vez la recaudación de impuestos y refuerza un círculo vicioso: menos tasas implica menos recursos públicos para políticas sociales.

El efecto también alcanza a los hombres, pero es considerablemente menor: el empleo masculino se reduce un 1,3% a corto plazo y un 2,5% a largo. Sin embargo, dado que parten de tasas de empleo más altas, estas caídas equivalen a unos 18,5 millones de empleos perdidos en el corto plazo y 35,5 millones en el largo.

La brecha se ensancha aún más en los ingresos. Cuando la presión de la deuda pasa de niveles medios a altos, el ingreso per cápita de las mujeres cae un 17%, mientras que en el caso de los hombres no se observan cambios estadísticamente significativos.

Deterioro de la salud

La salud es otro de los ámbitos afectados. A largo plazo, los países con mayores cargas de pago de deuda registran un aumento del 32,5% en la mortalidad materna, lo que se traduce en 67 muertes adicionales por cada 100.000 nacimientos. El deterioro de los sistemas sanitarios también se refleja en la esperanza de vida, que disminuye tanto para mujeres (un 5,9%) como para hombres (un 7,7%) en estos contextos, si bien el informe subraya que las mujeres se ven especialmente afectadas por su mayor dependencia de los servicios públicos y por su papel en los cuidados.


Mujeres trabajan en una planta de procesamiento de grano, en Kivu, en el oeste de Ruanda.

Estas dinámicas, advierte el PNUD, no se producen en un vacío: el organismo alerta de que el actual contexto de conflictos, tensiones geopolíticas, volatilidad energética y presiones inflacionistas está estrechando aún más el margen fiscal de muchos países, lo que aumenta el riesgo de que los recortes recaigan de nuevo sobre la inversión social.

El estudio insiste, por ello, en que la gestión de la deuda no puede tratarse como un asunto puramente financiero. Las decisiones sobre cómo se contrae y se paga tienen efectos duraderos sobre el empleo, los servicios públicos y el desarrollo humano, y no son neutras desde el punto de vista del género. “Cuando el gasto público se ve reducido por el servicio de la deuda, las mujeres suelen ser las primeras en salir perdiendo”, subraya Raquel Lagunas, directora mundial de Igualdad de Género del PNUD.

Por ello, el organismo advierte de que sin incorporar de forma sistemática evaluaciones de impacto con perspectiva de género y sin proteger la inversión social y de cuidados, los ajustes asociados a la deuda amenazan con erosionar avances en igualdad que han llevado décadas construir.

Fuente: El País

miércoles, 16 de octubre de 2024

La otra cara del empleo: casi tres millones de personas trabajadoras se encuentran en situación de pobreza en España

 

 Informe de OXFAM Intermón


· La tasa de pobreza laboral en España es del 13,7 %, cifra que se duplica entre personas migrantes (29,5 %).

· Por sectores de actividad, el sector agrícola y las trabajadoras de hogar presentan casi un 30% de pobreza laboral.

· El 40 % de las familias numerosas y el 30 % de los hogares monoparentales sufren esta situación.

· El empleo a tiempo parcial o el autoempleo condenan a la pobreza a una de cada cuatro personas trabajadoras en estas modalidades.

· Andalucía se sitúa a la cabeza de la pobreza laboral con una tasa del 19,4 %, completando el podio Extremadura (17,2 %) y Castilla – La Mancha (15,4%)

· Los hogares en situación de pobreza laboral destinan entre el 67% y el 79% de sus ingresos al pago de la vivienda y los servicios básicos.





    Oxfam Intermón publica estos días un nuevo informe, Pobreza Laboral: cuando trabajar no es suficiente para llegar a fin de mes, en el que analiza esta alarmante realidad que afecta a casi tres millones de personas (2.957.000), pese a los avances en materia de empleo en los últimos años: subida del SMI, reforma laboral, cifras históricas de empleo y una tasa de paro que ha descendido a su nivel más bajo desde 2008.




    Hoy en día, el 13,7% de las personas empleadas vive por debajo del umbral de pobreza. Al mismo tiempo, del total de personas en situación de pobreza, tres de cada diez tienen un empleo.

    “Nos encontramos ante una desconcertante paradoja: hay muchas personas que se esfuerzan cada mañana en ir a trabajar y, sin embargo, esto ya no les garantiza salir de la pobreza”, afirma Alejandro García-Gil, responsable de políticas de protección social y empleo de Oxfam Intermón.

    El informe revela que los sectores más golpeados por la pobreza laboral son la agricultura y el trabajo de hogar, donde tres de cada diez personas trabajadoras viven en pobreza a pesar de tener un empleo. Sectores como la hostelería y la construcción también enfrentan este problema, afectando a dos de cada diez personas empleadas. Transversal a todos los sectores de actividad hay otro problema del mercado laboral: una de cada cuatro personas trabajadoras autónomas y de las empleadas a tiempo parcial también se encuentra en pobreza laboral.




    Casi el 30% de las personas nacidas fuera de la Unión Europea están en situación de pobreza laboral, 20 puntos porcentuales más que aquellas nacidas en España, siendo el país de origen la característica demográfica que más peso tiene a la hora de explicar qué personas se ven más afectadas por la pobreza laboral. Por comunidades autónomas, Andalucía se sitúa a la cabeza de la pobreza laboral con una tasa del 19,4 %, completando el podio Extremadura (17,2 %) y Castilla – La Mancha (15,4 %).




    A pesar de la creación de empleo, el sistema productivo y el modelo económico español siguen generando puestos de trabajo de baja calidad. La consecuencia es clara, según el informe de Oxfam Intermón: tener un empleo ya no garantiza llegar a fin de mes en condiciones dignas. Además, el encarecimiento de la vivienda y de los servicios básicos ha agravado aún más el problema. Los hogares en situación de pobreza laboral destinan entre el 67% y el 79% de sus ingresos al pago de la vivienda y los servicios básicos.

    La protección a la infancia es fundamental en un país en el que cuatro de cada diez hogares con tres o más menores a cargo y tres de cada diez hogares monoparentales (de los cuales el 75 % tienen a una mujer como referente adulto) están en situación de pobreza laboral.

    Por otro lado, seis de cada diez personas en pobreza laboral habrían querido continuar sus estudios, pero el 54% se vio obligado a abandonarlos por falta de recursos o por la necesidad de trabajar para subsistir. Este ciclo perpetúa la desigualdad, ya que quienes no acceden a una educación superior tienen más probabilidades de conseguir empleos precarios y mal remunerados.

    La pobreza laboral tiene efectos devastadores y más profundos. “Además de las implicaciones económicas, la pobreza laboral también deja una importante huella emocional: estas personas se ven obligadas a vivir para trabajar y no a trabajar para vivir; tienen que dedicar íntegramente sus sueldos a gastos básicos renunciando a cualquier forma de ocio y disfrute del tiempo libre, lo que impacta fuertemente en su salud mental. Vemos el agotamiento y la desesperanza de quienes, a pesar de tener empleo, no pueden avanzar económicamente ni disfrutar de una vida digna”, afirma García-Gil.

    En este sentido, más de la mitad de los hogares en pobreza laboral (55,3%) ha tenido que renunciar en el último año a servicios de salud esenciales como tratamientos dentales, gafas o seguimiento psicológico, debido a la falta de recursos.




Soluciones para combatir la pobreza laboral

    Oxfam Intermón propone medidas urgentes para enfrentar esta realidad y mejorar la calidad de los empleos, ofrecer una protección social más amplia y reformar el sistema de prestaciones, de modo que las familias más vulnerables no queden desprotegidas.

    “No basta con crear empleo: es necesario garantizar que éste sea de calidad y que permita a las personas vivir con dignidad. Para muchos hogares, un salario no es suficiente si no viene acompañado de condiciones laborales justas, el acceso a una vivienda digna y un sistema de protección social robusto que les permita salir adelante. Detrás de cada cifra hay una historia de lucha y sacrificio. En un país que crece económicamente, es importante que este crecimiento se traduzca en mejores condiciones de vida para todas las personas”, concluye Garcia-Gil.


    Aquí Descarga declaraciones de Alejandro García-Gil, autor del informe y responsable de políticas de protección social y empleo de Oxfam Intermón.

    Descarga el informe Pobreza Laboral: cuando trabajar no es suficiente para llegar a fin de mes aquí


    Este trabajo se ha realizado utilizando el informe “Diagnóstico de la pobreza laboral en España” realizado por Iseak para Oxfam Intermón, datos y testimonios de la Encuesta de Desigualdades Múltiples en España de Oxfam Intermón y datos provenientes del Instituto Nacional de Estadística y Eurostat. Para más detalles, en el capítulo final se encuentra la metodología utilizada y los anexos con las tablas de datos utilizados.


Fuente: OXFAM Intermón en Murcia