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domingo, 24 de mayo de 2026

La derrota de Trump en Irán

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


Estados Unidos ha perdido la partida en Irán. No tiene opción de salida que no parezca una derrota


La derrota de Trump en Irán.


     En Irán estamos presenciando una derrota sin paliativos de Estados Unidos. Eso es algo que los estrategas y propagandistas imperiales comienzan a reconocer. El ideólogo neocón Robert Kagan mencionaba la semana pasada (en The Atlantic) “una derrota que no podrá repararse ni ignorarse. No habrá un regreso a la situación anterior a la guerra, decía.

En los últimos meses, el Presidente Trump ha fijado plazos para que Irán acepte sus condiciones en cinco ocasiones. Ha amenazado a Irán con la “edad de piedra” y con “arrasar una civilización”, pero no le han hecho caso. “No está claro si, detrás de su bravuconería, Trump comprende realmente la limitada naturaleza de sus opciones militares”, dice el columnista del Financial Times, Gideon Rachman (el 21/04/2026).


Un avión de combate de EEUU, en el portaaviones ‘USS Tripoli’, durante la operación militar Epic Fury contra Irán.

Lo de Irak también fue un desastre, pero lo de Irán es mucho peor. En Irak se venció militarmente y se derrocó al régimen, lo que inicialmente parecía una victoria, recuerden el “mission accomplished”(“misión cumplida”) proclamado por el iluso George W. Bush sobre la cubierta de un portaaviones antes de que se le incendiara aquella “victoria”. Pese a todo, las repercusiones internacionales de la catástrofe de Irak fueron limitadas. No hubo una crisis del petróleo, ni escasez de alimentos, ni interrupciones en las cadenas de suministro. Ahora el cierre del estrecho de Ormuz provoca todo eso. Convierte a Irán en un actor mundial clave. Su régimen no ha caído sino que más bien parece que se ha fortalecido.

Irán coloca manifiestamente a Estados Unidos y a Israel en el papel de desestabilizadores mundiales.

Sus aliados en el Golfo han descubierto que las bases y la protección americana les convierte en objetivo militar. Constatan la impotencia de su protector ante la evidencia de que están a merced de la destrucción total de sus economías. Y parece que están reaccionando. Turki al Faisal, un importante miembro de la familia real saudí que fue embajador en Estados Unidos e Inglaterra y dirigió los servicios de inteligencia saudíes, responsabiliza directamente a Israel de la guerra. Según el ex analista de la CIA Larry Johnson, “los chinos y los rusos están trabajando entre bastidores – utilizando a Pakistán como testaferro – para erigir una nueva arquitectura de seguridad en el Golfo Pérsico. El objetivo actual es convencer a Arabia Saudí y a Qatar de que rompan efectivamente sus lazos militares con EE.UU. y firmen un acuerdo estratégico que estará garantizado por Rusia y China. Si Arabia Saudí y Qatar se mantienen firmes en su prohibición de que EE.UU. utilice sus bases y su espacio aéreo para una nueva serie de ataques contra Irán, EE.UU. podría verse obligado a cancelar los ataques previstos”. Habrá que ver.

Los aliados asiáticos de Washington (Japón, Corea del Sur, taiwaneses y filipinos) ven su suministro energético en peligro. Cae necesariamente entre ellos la confianza hacia Estados Unidos. Todo eso sube las acciones de Rusia y China que llevan años proponiendo una nueva “arquitectura de seguridad colectiva” en el Golfo que sustituya al paraguas de defensa estadounidense centrado en el cerco a Irán.

En el fondo es lo mismo que en Europa: un cerco a Rusia en lugar de la arquitectura de seguridad colectiva que se prometió a la URSS de Gorbachov y que Rusia ha venido reclamando treinta años desde entonces.

La guerra de Irán no tiene salida para Trump.

Si ataca con aún mayor fuerza, restando aun más capacidades al frente ucraniano y trasladando al Golfo Pérsico aún más fuerzas militares destacadas en la contención a China en Asia Oriental, lo más probable es que la respuesta de Irán sea aún más dañina para las economías del Golfo y la economía mundial.

Sin electricidad y agua, los países del Golfo son países muertos. En esos países la mitad del año no se puede vivir sin aire acondicionado y si se destruyen las plantas de desalinización no hay recursos hídricos disponibles. Un cable de la CIA fechado en Riad y divulgado en 2008 por Wikileaks estimaba que en caso de destrucción por Irán de la planta desalinizadora que abastece de agua a la capital saudí (7 millones de habitantes, 20% de la población total del reino) la ciudad “debería ser evacuada en una semana”. Irán también es un país muy seco, pero la situación climática e hídrica allí es muy diferente. Todavía ahora, en primavera, las fotos de Teheran permiten ver una cadena montañosa nevada detrás de la ciudad. Cualquier cosa que Estados Unidos haga contra Irán, Teheran la puede devolver con mayor efecto, porque tiene el control de la escalada.

El país ha sufrido mucho. A 8 de abril registraba 3540 muertos, de ellos 1616 civiles y 244 niños, con trescientas instalaciones sanitarias dañadas solo en Teheran, 760 escuelas y 46.000 edificios. Pero, según estimaciones de la CIA, se conserva un gran stock de misiles, así como la capacidad de producirlos y lanzarlos en instalaciones subterráneas (Ver: U.S. Intelligence Shows Iran Retains Substantial Missile Capabilities – The New York Times). Las derrotas de Estados Unidos en Vietnam y Afganistán no tuvieron las consecuencias que tendrá la derrota en Irán. Porque el contexto mundial ha cambiado.

En los últimos 35 años hemos presenciado una sucesión de guerras continuas, todas ellas cosechando desastres con una factura humana monstruosa y bien conocida. (ahí están las cifras del estudio “Cost of Wars” de la Universidad Brown de Estados Unidos, particularmente recomendable.Costs of War | Brown University)

El motivo fundamental de esos desastres fue la creencia de Washington de que, concluida la guerra fría, su mundo bipolar y la autodisolución de la URSS, Estados Unidos era la única superpotencia. Así que podía dictar su voluntad e ignorar los intereses de los demás. Eso les llevó a cometer un error detrás de otro. En los últimos cuatro años esto se ha acelerado y evidenciado con tres errores de cálculo.


Donald Trump, durante la cumbre de la OTAN celebrada en La Haya en junio de 2025.

-El primero fue el de Rusia. Se creía que provocando la invasión de Ucrania, Moscú sufriría una “derrota estratégica” y una debacle económica como resultado de las sanciones y de un aislamiento internacional que se daba como seguro.

-El segundo fue creer que las barreras y sanciones comerciales y tecnológicas contra China doblegarían a Pekín.

-El tercero es lo que estamos viendo ahora con Irán.

Estos tres errores están unidos por la misma voluntad de contener e impedir militarmente la emergencia de un mundo multipolar, es decir basado en la interacción de las potencias y el multilateralismo, que ya es una realidad que no se puede soslayar y que es incompatible con el hegemonismo. Como dice el especialista en Irán Tirsa Parsí, “el peligro para Estados Unidos es continuar manteniendo una estrategia diseñada para un mundo que ya no existe”.

Rusia, China e Irán no son aliados pero están unidos por el vector de la integración euroasiática. Son eslabones de una misma cadena con motor chino que cambia por completo la correlación de fuerzas mundial y que acabará dando lugar a un nuevo sistema de gobernanza internacional. Y eso, en Occidente, se vive como una amenaza cuando lo único que exige es una adaptación que reconozca la nueva realidad de que el hegemonismo ya no funciona. En eso hay cierta analogía con el fin de los imperios coloniales europeos tras la Segunda Guerra Mundial. El mundo había cambiado, el colonialismo ya no funcionaba, pero hasta que las metrópolis coloniales se dieron cuenta y pusieron en marcha una nueva estrategia conjunta de dominio que acabó concretándose en la Unión Europea, se derramó mucha sangre.

Ahora estamos en algo parecido, con la diferencia de que la presión del cambio global del capitalismo antropocéntrico no nos deja mucho tiempo para evitar un desastre planetario y que la situación de la capacidad de destrucción masiva y sus riesgos ha aumentado considerablemente.

Ocho de las nueve potencias nucleares (todas menos China) están hoy directamente implicadas en guerra o son partícipes en tensiones militares. Israel contra Irán, que es un estado cuasi nuclear. Estados Unidos contra Rusia en Ucrania y contra Irán. Rusia con Ucrania y con la OTAN. Corea del Norte, ayudando con tropasa Rusia y combatiendo en la región de Kursk el año pasado. India en tensión con incidentes militares con Paquistán, recientemente. Paquistán, con India y con Afganistán. Francia e Inglaterra, contra Rusia vía el “proxy” ucraniano y con Irán, colaborando en la defensa de Israel y su genocidio.

Comparado con esto la situación de la guerra fría era un juego de niños. Ahora los peligros se han multiplicado. En los ochenta los euromisiles sacaron a los europeos a la calle. Hoy a los alemanes, y a los europeos en general, se les está llevando de la oreja a la guerra Este año la guerra podría extenderse en Europa – Rafael Poch de Feliu y no se mueve nadie… Que Estados Unidos esté perdiendo la partida en Irán no es una mala noticia, pero en absoluto suscita tranquilidad.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

domingo, 15 de septiembre de 2024

¿Cómo responderá la OTAN a su derrota en Ucrania?

 



En Moscú saben que, gane quien gane en Washington en noviembre, si Estados Unidos no acepta su derrota, la perspectiva de una guerra mayor está lista.


        La derrota militar de Ucrania está servida, pero lo más peligroso es que también, y sobre todo, será una derrota de la OTAN contra Rusia “por procuración” cargada de consecuencias para el liderazgo global occidental, dentro y fuera de Europa. Así que, tratándose de eso, la pregunta del momento es ¿cómo responderá la OTAN a su derrota en Ucrania?

“Es el momento de restablecer la diplomacia y volver a las negociaciones, aunque llevará algún tiempo invertir la propaganda de la última década y preparar al público para una nueva narrativa. Como vimos en Afganistán, las élites político-mediáticas nos asegurarán que estamos ganando, hasta que huyamos de forma desorganizada con gente cayendo de los aviones”, dice el analista noruego Glenn Diesen. Glenn Diesen – The Increase in Ukrainian Casualties – Brave New Europe.




Mucho dependerá de las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos. Rusia deberá moderar las exigencias de su “victoria”, sea cual sea el significado y contenido real de tal palabra, pues la guerra también pasa allá una dura factura, seguramente con más de 200.000 muertos e inválidos. Además, la ocupación de territorio ucraniano puede ser una fuente de problemas, como apuntábamos hace más de un año. Ucrania está perdiendo la guerra, pero Rusia no la está ganando. – Rafael Poch de Feliu Pero ¿qué pasa si la OTAN no acepta su derrota, es decir si Estados Unidos persevera en su voluntad de desangrar a Rusia a costa de una guerra mayor? ¿Se dará rienda suelta a la histeria de bálticos y polacos sobre una “amenaza (ofensiva/ invasora) rusa” contra Europa que, además de inexistente, ha mostrado, precisamente, sus limitaciones militares en Ucrania? En ese caso, las cosas están en los términos ya conocidos: si es objeto del ataque de una fuerza militar superior como es la OTAN, el grupo dirigente ruso declarará un “peligro existencial” para Rusia, lo que según su doctrina, que está siendo corregida para hacerla más flexible, significa la posibilidad del uso del arma nuclear.

En Moscú hay razones sobradas para la preocupación. El secretario de Estado Blinken estuvo el martes en Kíev para dar lo que parece una luz verde al uso de misiles occidentales de largo alcance contra territorio ruso, algo que se hace sobre la información de la inteligencia y los satélites militares americanos y con participación directa de militares de la OTAN. Putin advirtió el jueves que tal decisión «cambiaría la misma naturaleza del conflicto”. «Significará que los países de la OTAN, EEUU y los países europeos, combaten contra Rusia» por lo que Moscú tomará “las decisiones (militares) correspondientes”, dijo. El Presidente de la Duma, Viacheslav Volodin, ha dicho que Rusia tendrá que utilizar «armas más potentes y destructivas en la defensa de sus ciudadanos”, y entre los expertos se especula con escenarios como ataques de respuesta a infraestructuras occidentales o con la destrucción de los puentes del Dnieper que hasta ahora Rusia ha respetado y que cortarían la comunicación terrestre y ferroviaria de Ucrania por la mitad.

Los programas de la tele rusa transmiten cierto cansancio por el estancamiento de la prometida “inevitable victoria”. Los militares parecen conscientes de que sin una movilización nacional en toda regla, cosa a la que el Presidente Putin no quiere arriesgarse, no hay capacidad militar para extender aún más la conquista de territorio ucraniano hacia Nikolayev y Odesa, privando por completo a Ucrania de salida al mar, que es lo que redondearía una victoria militar estratégica. Seguramente no interesa que el frente ucraniano colapse antes de las elecciones americanas, pero, gane quien gane en Washington en noviembre, en Moscú saben que si Estados Unidos/OTAN no acepta su derrota, la perspectiva de una guerra mayor estará servida. Nos llevan a una guerra mayor – Rafael Poch de Feliu

El Presidente Zelenski lleva la derrota impresa en el rostro. Ya no es aquel dinámico y voluntarioso personaje que hacia portadas en los principales semanarios europeos y americanos. Ahora se le ve cansado, preocupado y excitado. En los medios rusos se dice que él y su entorno de colaboradores, algunos de ellos procedentes del mundo del espectáculo, van subidos de cocaína, lo que puede ser propaganda para denigrarles. Zelenski ha perdido buena parte del favor de sus padrinos – hasta le señalan, falsamente, como autor del atentado americano contra el oleoducto Nord Stream – que no entienden su última remodelación de gobierno, ni la ofensiva militar contra la región rusa de Kursk, un desesperado gesto de imagen por el que pagará un alto precio militar, le dicen desde la prensa occidental más intervencionista. Los occidentales le instaron a romper las negociaciones entabladas en Minsk y Estambul en el mismo inicio de la guerra, y ahora no son consecuentes con la intensidad de la ayuda que entonces le prometieron. Es la hora de los reproches y los agravios. Zelenski tiene motivos para la preocupación.




“Superado en número y armamento, el ejército ucraniano se enfrenta a una moral baja y a la deserción”, titula la CNN Ukraine’s military is struggling with low morale and desertion | CNN en un exhaustivo informe impensable en nuestros lamentables medios. Cinco son los puntos de la quiebra militar ucraniana; las posiciones estratégicas de los soldados son más débiles, faltan recursos, las cadenas de suministro no están suficientemente defendidas, las comunicaciones suelen fallar y la moral se desploma, explica Diesen. Una vez que comienza, el colapso suele adoptar un efecto de alud, dice.




Compañías militares al completo se retiran de sus posiciones sin permiso, lo que desbarata cualquier planteamiento defensivo. Que uno de los nuevos F-16 suministrados por la OTAN y pilotado por uno de los mejores oficiales de la aviación ucraniana fuera derribado en su estreno, hace dos semanas, por el “fuego amigo” de una batería “Patriot”, es síntoma de graves problemas de coordinación. Respecto a la retaguardia, unos 800.000 hombres ucranianos en edad militar han “pasado a la clandestinidad”, cambiando de domicilio y trabajando en negro para no dejar registro laboral y eludir la movilización, informaba el 4 de agosto el Financial Times, citando al jefe de la comisión de desarrollo económico del parlamento ucraniano, Dmitri Nataluji.




Los efectos de la carnicería que está sufriendo Ucrania son inconmensurables. El 78% de los ciudadanos declara tener parientes próximos y amigos que han resultado muertos o heridos en la guerra, según una encuesta telefónica realizada en mayo/junio del año pasado. Veremos qué factura arroja para el futuro todo ese bárbaro e injusto sufrimiento humano. El resentimiento contra Rusia de toda una generación de tantos ucranianos va para largo. Los videos sobre las razzias callejeras del ejército para apresar a quienes eluden el servicio han crecido exponencialmente en las redes sociales. También parece haber mejorado la información militar rusa sobre objetivos, como ilustra la destrucción de un centro militar aparentemente con gran concentración de técnicos militares de la OTAN en Poltava el 3 de septiembre. Y las perspectivas son aún más sombrías para Kíev, pues Rusia, especialmente después de la incursión militar ucraniana en Kursk, se está ensañando aún más con las infraestructuras energéticas del país.




Habiendo perdido ya la quinta parte de su territorio nacional y la tercera parte de su población, la perspectiva de un invierno con severos cortes de luz y calefacción anuncia un nuevo éxodo de centenares de miles de ucranianos hacia la Unión Europea este otoño/invierno. No estamos tan lejos de un colapso militar ucraniano que quizás sea cuestión de algunos meses.


Fuente: Blog de Rafael Poch