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miércoles, 18 de febrero de 2026

Las operaciones del ICE se asemejan cada vez más a la ocupación israelí. No es casualidad.

 

      Antropóloga y escribe sobre la guerra automatizada en Israel y Palestina.

Las autoridades migratorias estadounidenses han cultivado vínculos con Israel desde hace mucho tiempo. Ahora adaptan tácticas de vigilancia algorítmica de Gaza para su uso en las calles estadounidenses

     A medida que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de EE. UU. invaden ciudades de todo Estados Unidos, la política estadounidense parece haber entrado en una nueva fase, en la que las fuerzas federales armadas convierten barrios civiles en zonas de conflicto activo. Parte de lo que impulsa este cambio político es una potente infraestructura técnica: las operaciones del ICE ahora se agilizan mediante sistemas móviles de vigilancia y localización de objetivos, donde el arma más poderosa de los agentes cabe en la palma de la mano.


Un oficial de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), una de las principales ramas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos, durante un operativo en Minneapolis, el 6 de enero de 2026.

Informes recientes revelan que el ICE utiliza al menos dos aplicaciones para guiar sus medidas represivas. La primera es ELITE (Identificación y Selección Mejorada de Pistas para la Aplicación de la Ley), un nuevo sistema geoespacial desarrollado por la firma de análisis de datos Palantir para el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), y diseñado para teléfonos inteligentes y tabletas. ELITE "rellena un mapa con objetivos de deportación, genera un expediente de cada persona y proporciona una 'puntuación de confianza' sobre su dirección actual", según un manual de usuario publicado a finales del mes pasado.

La segunda es Mobile Fortify, una aplicación de reconocimiento facial desarrollada por la empresa de biometría NEC que permite a los agentes de inmigración identificar tanto a ciudadanos como a migrantes indocumentados. Según informes, el ICE y otros agentes del DHS han fotografiado y escaneado los rostros de estadounidenses en ciudades como Minneapolis y Chicago. Estas imágenes se cotejan con bases de datos biométricas, se recopilan en expedientes y se almacenan hasta por 15 años.

No es casualidad que, al informar sobre la incursión del ICE en Minnesota, la columnista del New York Times, Lydia Polgreen, describiera una "ocupación diseñada para castigar y aterrorizar". Las tecnologías que respaldan sus operaciones ilustran cuán meticulosamente el ICE sigue los pasos de Israel: tanto ELITE como Mobile Fortify guardan un sorprendente parecido con las aplicaciones móviles de localización de objetivos que las fuerzas israelíes han integrado en su arsenal policial durante la última década.

El 'argumento de venta' de la vigilancia israelí

Desde el 11 de septiembre de 2001, Israel ha cultivado estrechos vínculos con las autoridades migratorias estadounidenses mediante delegaciones conjuntas, capacitaciones e intercambios de tecnología, todo lo cual contribuyó a que el ICE pusiera en manos de los métodos antiterroristas israelíes. Sin embargo, el DHS solo comenzaría a experimentar con la minería de datos y la vigilancia algorítmica —prácticas en gran medida iniciadas por las agencias de inteligencia israelíes— durante el primer mandato del presidente estadounidense Donald Trump. Esto ocurrió justo cuando las fuerzas israelíes automatizaban sus tácticas de vigilancia y selección de blancos en toda Palestina. 

En el primer Foro Internacional de Seguridad Nacional de Israel, celebrado en Jerusalén en 2018, ante la asistencia de numerosos funcionarios designados por Trump, el ministro de Seguridad Pública, Gilad Erdan, se jactó de que las fuerzas israelíes estaban utilizando por primera vez herramientas y algoritmos avanzados de inteligencia web para detectar posibles terroristas. Declaró a la prensa que la experiencia de Israel puede ayudar a otros países a combatir este tipo de terrorismo.

Las "herramientas avanzadas" a las que se refería Erdan formaban parte de un conjunto creciente de sistemas de vigilancia algorítmica, desplegados primero en Cisjordania y posteriormente en Gaza. A finales de la década de 2010, en respuesta a una serie de los llamados ataques terroristas de lobos solitarios, las unidades de inteligencia israelíes habían desarrollado una extensa red de tecnología de vigilancia para identificar a "posibles terroristas" entre la población civil.


Sombras de las cámaras CCTV de la policía vistas cerca de la Puerta de Jaffa en la Ciudad Vieja de Jerusalén, 30 de enero de 2017.

Las cámaras de circuito cerrado de televisión (CCTV) y los escáneres de matrículas proliferaron por toda Cisjordania. Los algoritmos extrajeron contenido de plataformas de redes sociales y aplicaciones de mensajería. Y en los últimos años, como reveló +972 el verano pasado, el ejército israelí también comenzó a almacenar millones de llamadas y mensajes de texto enviados desde los territorios palestinos ocupados en servidores en la nube de Microsoft. Este vasto conjunto de datos de vigilancia ha permitido al ejército israelí equipar a las tropas de combate que patrullan las ciudades palestinas con sistemas de vigilancia algorítmica intrusivos.

Una de ellas es Blue Wolf, una aplicación que permite a los soldados acceder a información biográfica de civiles fotografiando sus rostros o escaneando un documento de identidad. Además de detalles como direcciones, historial laboral y lugar de residencia, la aplicación analiza información de llamadas telefónicas, mensajes de texto, redes sociales y otras fuentes de vigilancia para generar una "clasificación de seguridad": una estimación de la probabilidad de que un individuo cometa un atentado, en una escala del uno al diez.

"No me sentiría cómodo si lo usaran en el centro comercial de [mi ciudad natal], digámoslo así", declaró un agente de inteligencia israelí al Washington Post cuando se conoció la noticia de la aplicación a finales de 2021. "Es una violación total de la privacidad de todo un pueblo".

Pilar de Fuego, un sistema de mapeo móvil basado en interfaces GPS civiles, también se incorporó al arsenal de combate israelí alrededor de 2020. Permite a las unidades de inteligencia marcar objetivos terroristas para las fuerzas terrestres que patrullan una zona determinada o señalar ciertas regiones geográficas donde otros sistemas de aprendizaje automático predicen la probabilidad de actividad militante. Las tropas de combate pueden entonces explorar y buscar personas para arrestar o lugares para allanar basándose en inteligencia sintetizada algorítmicamente.

Tiene una capa interactiva donde subíamos objetivos y los compartíamos con las fuerzas sobre el terreno”, me comentó la semana pasada un veterano israelí de la unidad de ciberinteligencia de élite 8200, al describir su experiencia con estos sistemas durante los últimos años. “Daba a las tropas acceso instantáneo a toda esta información clasificada.

Cuantos más datos tengas, más podrás hacer”, continuó. “El atractivo de Israel fue su capacidad para acumular todas estas reservas de información y desarrollar sistemas de vigilancia sobre el terreno”, sistemas que se han vuelto demasiado atractivos para que las fuerzas del orden estadounidenses los ignoren.


Un soldado israelí fotografía  al activista palestino Rabia Abu Naim en Al-Mughayyir, Cisjordania ocupada.

Implementando el 'método israelí'

Con el tiempo, la colaboración entre las unidades de inteligencia israelíes, las empresas tecnológicas y el departamento de seguridad nacional estadounidense no ha hecho más que profundizarse. Palantir abrió una oficina en Tel Aviv en 2015, donde consiguió contratos con el gobierno israelí. Veteranos de las unidades de inteligencia israelíes fundaron empresas de vigilancia como Paragon y Cellebrite, que han vendido tecnología de espionaje de grado militar al Departamento de Seguridad Nacional.  

Durante décadas, las agencias policiales nacionales y locales de Estados Unidos han enviado oficiales a Israel para aprender nuevas tácticas policiales y antiterroristas que, según algunos participantes, eran demasiado potentes para implementarlas en el país: monitorear las telecomunicaciones y extraer contenido de Internet para decidir a quién arrestar; extraer registros de salud y datos de ubicación para rastrear a otros; fotografiar a civiles en la calle para determinar si debían ser interrogados; y dispararles con impunidad. 

Un poco más invasivas que lo que se ve aquí en Estados Unidos”, así describió Bill Ayub, sheriff del sur de California, las herramientas de vigilancia predictiva que Israel demostró durante un viaje de delegación al que asistió en 2017. “Fue como, '¡Guau! ¿Haces eso?'... Estaríamos en la cárcel si hiciéramos algo así aquí”.

En 2022, el jefe de policía de Santa Bárbara, Craig Bonner, también señaló que los métodos israelíes eran mucho más agresivos de lo legalmente permitido en Estados Unidos. Recordando su entrenamiento en Israel, enfatizó que «en muchos casos, las acciones que se realizan allí simplemente no están permitidas por la ley ni por la Constitución».

Los ideales estadounidenses sobre el uso de la fuerza giran en torno a usar la mínima fuerza posible de forma conservadora y defensiva”, reflexionó un oficial del departamento de policía de Memphis tras recibir entrenamiento de combate en Israel. “En el método israelí, la intención es emplear la máxima fuerza de forma ofensiva”.

No obstante, el DHS emuló cada vez más los métodos israelíes de vigilancia y selección de personal, y el ICE ha llegado a operar más como una unidad militar que como un organismo de control de inmigración. En los últimos años, el ICE ha contratado a intermediarios de datos que recopilaron  información de los Departamentos de Vehículos Motorizados, plataformas de redes sociales y cruces fronterizos para compilar bases de datos no reguladas sobre el comportamiento humano. Además del historial de viajes, la trayectoria profesional y las relaciones familiares de las personas, estos datos también incluyen historiales de viajes registrados mediante redes clandestinas de escáneres de matrículas y cámaras de reconocimiento facial.


Un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos en Los Ángeles, California, el 12 de junio de 2025.

Durante la mayor parte de la última década, estos experimentos afectaron principalmente a inmigrantes indocumentados y sus comunidades, dejando indemnes a los sectores más privilegiados de la sociedad estadounidense. Pero Trump 2.0 eliminó cualquier limitación que Estados Unidos hubiera impuesto al uso indiscriminado de estas herramientas. Desde enero de 2025, el DHS ha colaborado con empresas con una sólida trayectoria en la selección de objetivos militares, como Palantir, para ampliar su alcance tanto a ciudadanos como a extranjeros.

De Gaza a Minneapolis

Para comprender las graves implicaciones de la tecnología de vigilancia basada en IA en manos de actores militares deshonestos, basta con observar la conducta de Israel en Gaza durante los últimos dos años. Los agentes de inteligencia y los pilotos de la fuerza aérea no solo recurrieron a bases de datos de objetivos generadas algorítmicamente para guiar sus ataques aéreos, sino que, sobre el terreno, la "Nube Operacional" del ejército israelí permitió a las tropas de combate acceder a gran parte de los mismos datos en tiempo real. Los soldados localizaron edificios para volar en mapas operativos e identificaron a civiles para detenerlos —o eliminarlos— mediante sistemas de reconocimiento facial, todos accesibles a través de tabletas y teléfonos inteligentes.

Juan Sebastián Pinto, exempleado de Palantir Technologies, quien ahora exige regulación y rendición de cuentas sobre la IA en Colorado, el estado donde se encuentra la empresa, lo expresó claramente cuando hablamos la semana pasada. "Las plataformas que utiliza el DHS llevan tecnologías de guerra que vemos en Gaza a los barrios estadounidenses", dijo. "Ofrecen a los agentes del ICE el mismo panorama operativo común que las agencias militares y de inteligencia".

Pinto también enfatizó que estas tecnologías son propensas a errores. Mobile Fortify, al igual que las plataformas de reconocimiento facial utilizadas en Palestina, ha identificado erróneamente a personas durante su detención por agentes del ICE. Los algoritmos de la plataforma son menos confiables en condiciones climáticas adversas, cuando se toman fotos desde ciertos ángulos y al identificar a personas de color. El sistema de puntuación de confianza que impulsa ELITE, la plataforma de inteligencia geoespacial del ICE, también se basa en algoritmos de aprendizaje automático defectuosos, incapaces de analizar los matices ni la variación contextual en la gran cantidad de datos que recopilan.

Pero donde estos sistemas fallan técnicamente, triunfan políticamente. En el caso de las operaciones militares de Israel en los territorios palestinos, han ofrecido una justificación técnica para el vertiginoso aumento de las tasas de vigilancia policial, detenciones y muertes. Mientras tanto, el gobierno autoritario de Israel presenta las crecientes listas de asesinados o encarcelados como prueba de que está consolidando su dominio regional y la seguridad nacional.

Trump parece ansioso por seguir el ejemplo de Israel, por lo que algunos analistas afirman que podría no pasar mucho tiempo antes de que el ICE envíe drones armados sobre los cielos de las ciudades estadounidenses para perseguir objetivos; en este caso, aquellos que la administración Trump clasifica como "una amenaza para la seguridad del pueblo estadounidense". Ese futuro puede ser inevitable, mientras el ICE siga transformándose a imagen de una unidad militar israelí.


Fuente: +972

martes, 17 de febrero de 2026

La policía migratoria de Trump sigue secuestrando niños

 

 Por Lily Seltz   
      Escritora, editora y pasante editorial de In These Times radicada en la ciudad de Nueva York.

      

La detención y encarcelamiento por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) del niño de cinco años Liam Conejo Ramos en Minnesota el mes pasado desató una indignación nacional. El episodio fue solo uno entre muchos casos en los que agentes federales de inmigración han secuestrado a niños pequeños bajo la segunda administración de Donald Trump


     El 4 de febrero, la administración Trump presentó discretamente una moción para poner fin a la solicitud de asilo de uno de los innumerables residentes de Minnesota que en todo el estado están siendo blanco de agentes migratorios enmascarados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).




En este caso, el objetivo tiene apenas cinco años y es uno de los miles de niños que, con toda probabilidad, fueron sido secuestrados por adultos armados desde el inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump.

La pesadilla de Liam Conejo Ramos comenzó el 20 de enero, cuando agentes de ICE lo agarraron en la entrada de su casa en Columbia Heights, Minnesota. Él y su padre, Adrian Conejo Arias, fueron trasladados en avión más de 2.000 kilómetros hasta el tristemente célebre South Texas Family Residential Center, en Dilley, Texas, donde Liam desarrolló fiebre y tos, según relató su padre. Gracias a una orden judicial que dispuso su liberación, el niño regresó a Minnesota, pero la moción presentada el 4 de febrero por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) implica que quizá no pueda permanecer allí por mucho tiempo. Además de intentar poner fin al asilo de Liam, el DHS solicitó acelerar el proceso de deportación de la familia, según indicó su abogado.

Personas con conciencia de Minneapolis y de todo el país han seguido el calvario de Liam con horror y estupor, especialmente después de que se viralizara una foto en la que aparece con un gorro azul esponjoso mientras un agente federal le sujeta la mochila. Pero la disposición de la administración Trump para perseguir y aterrorizar a miles de niños y a las personas que los cuidan va mucho más allá de este caso.

De hecho, Liam ni siquiera fue el primer estudiante de su distrito escolar en ser detenido ese día: esa misma mañana, agentes enmascarados capturaron a un estudiante de secundaria de diecisiete años cuando se dirigía a sus clases en Columbia Heights. Desde comienzos de año, agentes federales han secuestrado al menos a siete estudiantes del distrito, incluida una niña de diez años y su madre. La superintendenta de Columbia Heights Public Schools, Zena Stenvik, declaró a la prensa que las tácticas de ICE han incluido perseguir autobuses escolares e irrumpir en los campus.

La misma semana en que se llevaron a Liam, agentes federales también secuestraron a dos estudiantes en el cercano distrito escolar de Hopkins y detuvieron a una niña de dos años junto con su padre, antes de trasladarlos en avión a Texas.

Los secuestros de niños no se limitan al área metropolitana de las «Ciudades Gemelas» de Minneapolis y Saint Paul. En septiembre del año pasado, en Chicago, agentes con equipo antidisturbios detuvieron a una niña de cinco años en una lavandería junto a su madre. A fines de mes, cuatro niños ciudadanos estadounidenses fueron retenidos durante varias horas en una redada indiscriminada «estilo invasión» en un edificio de apartamentos en el barrio South Shore de Chicago. Luego, a mediados de enero, Diana Crespo-González, de siete años, fue detenida junto con sus padres en Portland, Oregon, mientras buscaban tratamiento por sus persistentes hemorragias nasales. Como Liam, fue enviada a Dilley y desarrolló fiebre.


Diana Crespo-González.

Estos casos representan solo una fracción de la cantidad de secuestros de niños que ocurren a nivel nacional. En diciembre, el Marshall Project estimó que más de 3.800 niños ya habían sido detenidos por ICE durante el segundo mandato de Trump, al menos veinte de ellos bebés.

Muchos de estos niños han terminado en Dilley, donde el agua potable es escasa y los detenidos denuncian acceso limitado a atención médica. El día después de la liberación de Liam y su padre, las autoridades informaron dos casos activos de sarampión en el centro. La alumna de segundo grado Crespo-González sigue allí. Ella, junto con casi una docena de otros niños detenidos en Dilley, describió el sufrimiento de su encierro a la periodista Mica Rosenberg, de ProPublica, en un informe reciente. «Desde el momento en que llegues a este centro, lo único que vas a sentir es tristeza y, sobre todo, depresión», escribió la niña.

Mientras tanto, la administración Trump busca cobertura legal para continuar encarcelando niños en condiciones inhabitables. Desde mayo del año pasado, el gobierno litiga en los tribunales para anular el histórico Acuerdo Flores, que estableció estándares —ya frecuentemente vulnerados— para el tratamiento de menores en detención migratoria.

Los detenidos como Liam no son las únicas víctimas jóvenes de la campaña de terror del ICE. Muchos estudiantes están faltando a la escuela porque temen ser scuestrados o para trabajar mientras sus padres indocumentados permanecen escondidos en sus casas para evitar la detención y la deportación. En octubre, en el punto álgido de la «Operación Midway Blitz» en Chicago, Chalkbeat registró una marcada caída en la asistencia escolar, particularmente en zonas con alta población latina o inmigrante. Al mes de asumir, la segunda administración Trump revocó una norma vigente desde hacía quince años que impedía a ICE y al DHS operar en «lugares sensibles» como hospitales, iglesias y escuelas. Ahora, residentes de Chicago organizan «autobuses escolares a pie» y turnos de vigilancia en las esquinas durante los horarios de entrada y salida.

En Minneapolis, el mismo día en que un agente de ICE asesinó a Renée Good, las escuelas públicas cerraron después de que agentes de la Patrulla Fronteriza redujeran a personas en el suelo, esposaran a un trabajador y utilizaran gas pimienta contra manifestantes frente a la escuela secundaria Roosevelt. «Nuestras aulas son espacios sagrados, lugares de refugio y posibilidad», declaró Stacy Davis Gates, presidenta del Sindicato de Maestros de Chicago. «Este gobierno los está profanando».

En continuidad con la larga historia de la administración Trump de separar familias, también están los niños que quedan sin padres como resultado de los operativos migratorios. En septiembre, CNN identificó al menos a un centenar de ellos. Un adolescente de quince años murió de cáncer apenas dos días después de que ICE secuestrara a su madre, Arlit Maria Martinez, cuando se dirigía a trabajar. Johny Merida Aguilara, principal cuidador de su hijo de cinco años con cáncer cerebral, pasó cinco meses en un centro de detención en Pensilvania antes de abandonar su intento de permanecer en Estados Unidos cuando su esposa se quedó sin dinero para pagar alquiler, agua y calefacción. Él y su familia se trasladarán a Bolivia, interrumpiendo el tratamiento del niño en el Hospital Infantil de Philadelphia y obligando a la familia a empezar de nuevo en un país donde el acceso a atención médica de calidad puede resultar difícil.

La más reciente ofensiva migratoria de la administración Trump es un episodio más en la historia, de siglos, de violencia estatal contra niños y familias negras y latinas en este país. Por más que el presidente insista en que sus políticas apuntan a «lo peor de lo peor» —inmigrantes que «odian, roban, asesinan y destruyen todo lo que representa Estados Unidos», como afirmó recientemente en una publicación en redes sociales—, esas afirmaciones se desmoronan frente a la experiencia de niños como Liam, que probablemente arrastrará cicatrices duraderas gracias al régimen de Trump.

El 6 de febrero, un juez concedió a la familia de Liam una prórroga en su caso, rechazando la moción del DHS y otorgándoles más tiempo para fortalecer su solicitud de asilo. Pero mientras la batalla judicial continúa, el niño tiene dificultades para dormir, según contó su padre a Telemundo, por el temor a que su familia vuelva a ser separada.


Fuente: Jacobin

lunes, 16 de febrero de 2026

Cómo el ICE se convierte en un Ejército de Ocupación parecido al estadounidense en Irak o Afganistán

 

      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     Los asesinatos de Renee Good y Alex Petris han desatado una verdadera ola de protestas en Minneapolis y un repudio generalizado en todo Estados Unidos. Las encuestas, se ve, que no le han dado buenos resultados a Donald Trump, así que, por eso, removió a Greg Bovino como jefe de las redadas de ICE en la ciudad después de dejar una estela de violencia en Chicago, Los Ángeles, Nueva Orleans y Charlotte.

Bovino es el creador de las redadas rápidas en lugares públicos, comercios y domicilios para arrestos exprés. En su lugar, Trump ha elegido como jefe del operativo en Minneapolis a Tom Homam, número dos del ICE envuelto en varios escándalos de corrupción y conflictos de intereses. Entre su prontuario está el haber trabajado para Geo Group, una de las principales empresas de prisiones de Estados Unidos, y haber creado la política de separación familiar que arrestaba los menores migrantes para desalentar los viajes a suelo estadounidense.

La gran pregunta es si Trump militariza las ciudades demócratas para manipular las próximas elecciones de mitad de término o para provocar una ola de violencia que justifique la suspensión de ellas con la invocación de la Ley anti Insurrección. Como no orbitamos por el pensamiento de Trump, ni participamos de ninguna de sus cenas pagas, lo único que podemos hacer es identificar cómo su Administración cada vez más militariza la persecución migratoria y convierte al ICE en un verdadero Ejército de Ocupación.

Por ejemplo, Jonathan Ross, el agente del ICE que asesinó a Renee Good, observadora legal de 37 años en Minnesota, acumulaba una década de experiencia en un equipo de Respuesta Especial del ICE, el equivalente institucional a las unidades SWAT de élite. Detrás de la formación de oficiales como Ross existe una red de empresas privadas que han obtenido contratos lucrativos bajo la administración Trump. Target Down Group, una de estas contratistas, es propiedad del hermano del representante republicano Nick LaLota (Nueva York), según reveló la revista Wired en septiembre pasado. El curso, diseñado para institucionalizar los nuevos procedimientos del Departamento de Seguridad Nacional, tiene un propósito explícito: "proveer a los agentes de las habilidades y conocimientos necesarios para ejecutar con eficacia operaciones de francotirador policial en entornos de alto riesgo", según revelan los documentos obtenidos por la revista. Por este contrato, Target Down Group obtuvo 30 mil dólares.

El sitio web de Target Down Group identifica a Dan LaLota, francotirador retirado de la Infantería de Marina, como presidente de la compañía. Según la biografía oficial de su hermano publicada en el sitio del Congreso, LaLota prestó servicio durante dos décadas en el Cuerpo de Marines en unidades de élite, entre ellas la Fuerza de Reconocimiento y el Comando de Operaciones Especiales de la Infantería de Marina. Por sus acciones en Faluya, Irak, recibió la Estrella de Bronce al Valor.




El entrenamiento del ICE prepara a sus equipos de tareas especiales para el combate urbano. En Fort Benning, base del Ejército de Estados Unidos, la empresa Strategic Operations, Inc., por ejemplo, construyó un complejo de entrenamiento de $975,000 con réplicas "hiper-realistas" de viviendas y apartamentos para practicar guerra urbana. Para Katya Schwenk de Jacobin; “en julio de 2025, el ICE otorgó un contrato por primera vez de $23,000 a Reticence Group LLC, una empresa de seguridad armada con sede en Texas, para capacitación especializada en pistolas y rifles para agentes del orden. El mismo mes se adjudicó otro contrato por 35.000 dólares a Path Consulting LLC, una empresa con sede en Virginia Beach que, según un aviso de contrato, ofrece “entrenamiento con fuego real en combate cuerpo a cuerpo” y ayuda al equipo de respuesta especial del ICE a “desarrollar nuevos procedimientos operativos estándar. Desde septiembre, el ICE ha gastado casi ocho millones en “equipos nuevos (que incluyen autos chatarra, material de entrenamiento de francotiradores y un edificio modelo) para varios cursos, incluido uno táctico en Fort Benning”, según una revisión de los registros de contratación.

Leamos qué dice el medio Lever;

Estas empresas se encuentran entre las muchas entidades privadas, junto con las compañías de prisiones privadas y las empresas de vigilancia de las redes sociales , que hacen fila para recibir su tajada del bombardeo de gastos de deportación de la administración Trump, que casi triplicó el presupuesto anual de ICE con la promulgación del proyecto de ley One Big Beautiful Bill del Partido Republicano en julio.
La fuerza laboral del ICE se ha disparado un 120 % desde la toma de posesión del presidente Donald Trump, en medio de un frenesí de contrataciones sin precedentes. La agencia ha reducido drásticamente sus requisitos de capacitación y flexibilizado los estándares de contratación para contratar al mayor número posible de nuevos reclutas.
Los nuevos contratos con empresas poco conocidas que anuncian entrenamiento en “técnicas avanzadas que antes eran exclusivas de las unidades de protección militar” son otra ventana a la actual militarización del ICE, una subagencia del Departamento de Seguridad Nacional.

La militarización del ICE está en marcha en un momento donde hay serias preocupaciones de que sea el comienzo de una estrategia de seguridad para controlar conflictos internos en Estados Unidos. No son solo es el memorándum interno del ICE que permite el allanamiento de domicilios con una orden administrativa si los agentes buscan el arresto de una persona con orden de deportación, sino también documentos del Departamento de Seguridad Nacional que califican de “terroristas internos” a las personas que cometen “agravios económicos y financieros”, una categoría tan laxa y gaseosa que puede alcanzar a Luigi Mangione por asesinar al CEO de una empresa de salud, como a cualquier persona que proteste contra una corporación, según el periodista Ken Klippenstein.

La segunda administración Trump ha convertido al ICE en una fuerza paramilitar sin precedentes en la historia estadounidense. El presupuesto de la agencia se triplicó hasta alcanzar 29 mil millones de dólares anuales, cifra que la coloca por encima del gasto militar de naciones enteras. El salto en armamento resulta especialmente revelador: el gasto en armas y equipamiento aumentó 700% en 2025 respecto al año anteriorsegún reveló Latin Times. La agencia adquirió drones Predator —antes reservados para teatros de guerra en Medio Oriente—, helicópteros Black Hawk de asalto táctico, y sistemas de vigilancia con inteligencia artificial por cientos de millones de dólares. En esencia, el ICE opera ahora con capacidades tecnológicas y arsenales comparables a los de una fuerza de ocupación militar, pero sin las restricciones legales que limitan al Pentágono en suelo estadounidense, según Latin Times.




Los contratos revelan una lista de compras propia de un teatro de guerra: rifles de asalto SIG Sauer por 10 millones de dólares a través de Quantico Tactical, armas largas de Geissele Automatics por 9 millones, y equipamiento láser para rifles suministrado por ADS Tactical. El ICE acordó gastar casi 140 millones de dólares en armas, municiones y otros equipos para sus oficiales, reportó Bloomberg.

La flota de vehículos blindados constituye otro indicador de esta militarización acelerada. El ICE opera MRAPs Golan de fabricación israelí —vehículos antiminas de 16.5 toneladas originalmente diseñados para zonas de combate— junto con vehículos Senator STANAG para sus equipos de respuesta táctica, según reveló American Special Ops. Para operaciones aéreas, la agencia emplea helicópteros UH-60 Black Hawk cedidos por el Ejército, documentados durante la Operación Midway Blitz en Chicago en septiembre de 2025, cuando agentes descendieron en rappel sobre vecindarios civiles desde estas aeronaves militares, de acuerdo a la revista Neewsweek.

La tecnología de vigilancia militar resulta particularmente reveladora del alcance de esta transformación. El ICE tiene acceso a drones MQ-9 Predator B/Reaper de General Atomics a través de las Operaciones Aéreas y Marítimas de La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), según informó Flying Magazine. Estos sistemas no tripulados, operados desde bases en Grand Forks (Dakota del Norte), Sierra Vista (Arizona) y San Angelo (Texas), vuelan a 20,000 pies de altitud con cámaras infrarrojas, video de alta definición y el sistema VaDER (Vehicle and Dismount Exploitation Radar), que emplea inteligencia artificial para rastrear vehículos y personas en movimiento. Estos mismos drones fueron desplegados sobre Los Ángeles durante protestas en junio de 2025: esto difumina por completo la línea entre el control policial doméstico y las operaciones militares.

Veamos lo que cuenta Bloomberg;

En las últimas semanas del año fiscal 2025, las agencias de control de inmigración de la administración Trump se lanzaron a una ola de gastos para equipar a los oficiales a medida que se desplegaban por las ciudades estadounidenses: 12,2 millones de dólares en rifles, 11,3 millones de dólares en pistolas Taser y 3,7 millones de dólares en municiones químicas y material menos letal.
Estos se encontraban entre una gran cantidad de armas, municiones y equipos de protección fabricados o vendidos por empresas que han visto un enorme aumento en los ingresos del Departamento de Seguridad Nacional, incluidas varias que generalmente venden sus productos a los militares.
Por ejemplo, Geissele Automatics , un fabricante de armas con sede en Pensilvania que tiene contratos con el Departamento de Defensa y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), acordó vender 9,1 millones de dólares en armas largas de precisión y accesorios al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y 3,1 millones de dólares en rifles a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) en septiembre, dos de los acuerdos más importantes de la compañía con el gobierno federal. (El fundador de Geissele Automatics, William Geissele, declinó hacer comentarios, alegando un acuerdo de confidencialidad).
Ese mismo mes, cuando la administración Trump comenzó a centrar su ofensiva migratoria en Chicago, el ICE acordó gastar casi 140 millones de dólares en armas, municiones y otros equipos para sus oficiales. De esa cantidad, más de 7 millones se destinaron a capacitación para apoyar el aumento masivo de contrataciones prometido por la administración. La CBP encargó otros 65 millones de dólares en dicho equipo, que abarca desde uniformes hasta máscaras de gas y chalecos antibalas.
El resultado ha sido claramente visible en los barrios de Chicago y otras ciudades de todo el país, donde agentes armados y enmascarados de agencias policiales federales han estado arrestando a inmigrantes y ciudadanos por igual, disparando a los manifestantes con bolas de pimienta y lanzando botes de gas lacrimógeno a las multitudes.

La operación cuenta, además, con los sistemas de inteligencia artificial, creados por Palantir, para rastrear migrantes y cruzar sus datos, entre muchos otros. Una de las últimas “innovaciones” es, por ejemplo, es el armado de una base de datos maestra por parte de la empresa Parlantir y Databricks que cruzaría la información de organismos como el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), como la Administración del Seguro Social (SSA) y el Servicio de Impuestos Internos (IRI). “Uno de sus objetivos es utilizar estas bases de datos para impedir que los inmigrantes participen en la economía y forzar que abandonen el país”, según Wired.

Palantir Technologies se ha convertido en el arquitecto digital de la deportación masiva. La empresa, fundada con capital inicial de la CIA, ha obtenido más de 900 millones de dólares en contratos federales desde la inauguración de Trump en enero de 2025, según documentó el American Immigration Council. Su contrato ImmigrationOS de 30 millones de dólares, firmado en abril de 2025, proporciona “visibilidad casi en tiempo real sobre objetivos de deportación”. La vigilancia biométrica ha alcanzado escala industrial. Clearview AI recibió 9.2 millones de dólares para su sistema de reconocimiento facial (Brennan Center for Justice, Biometric Update), una plataforma alimentada por miles de millones de imágenes extraídas de internet y redes sociales sin consentimiento. La aplicación Mobile Fortify permite a los agentes escanear rostros en campo y cotejarlos contra 200 millones de fotografías en segundos. El sistema BI2 captura imágenes de iris para verificación biométrica instantánea. Además, el ICE tiene un contrato de dos millones de dólares con Paragon, una empresa israelí de cybervigilancia relacionada con el exprimer ministro israelí Ehud Barak, cuyo principal servicio está dedicado a penetrar en teléfonos inteligentes y recuperar sus chats en aplicaciones como Signal o Whatsapp.




La vigilancia digital del ICE llega hasta el punto de haber contratado una herramienta de IA, conocida conocida como ONYX., que mapea las publicaciones de redes sociales para ubicar personas que representen un “peligro” para la agencia. “El software analiza publicaciones y redes sociales anteriores para identificar a cualquier persona que considere con tendencias violentas o que guarde rencor contra la agencia. Esto crea un estado de vigilancia preventiva donde el tono en línea de un individuo podría desencadenar una investigación en el mundo real”, de acuerdo al periodista Daniel Joshua Flores.

Unos de los ejemplos más distópicos es el sistema Elite armado por Palantir; una ventana al futuro sobre cómo puede servir la IA para perseguir a las personas;

A principios de este mes, 404 Media informó sobre una herramienta de rastreo empleada por el ICE y desarrollada por Palantir Technologies , el gigante del software con sede en Denver. La herramienta, denominada ELITE, recopila datos de Medicaid y otras bases de datos gubernamentales para generar expedientes y pistas sobre personas que el ICE considera que podrían ser deportables. Esta herramienta forma parte de la consolidación de los vínculos entre la empresa tecnológica y el ICE.
Según el informe de 404 Media, ELITE funciona utilizando datos de Medicaid para ayudar a la agencia a identificar y arrestar a personas para su deportación, mapeando posibles objetivos y proporcionando un “puntaje de confianza” sobre la dirección actual de cada individuo. La herramienta, que se basa en la larga trayectoria de Palantir como proveedor clave de infraestructura de datos para el control migratorio, subraya cómo la información sobre salud y prestaciones, que muchos estadounidenses dan por segura, se está reutilizando cada vez más con fines de vigilancia y control.
El año pasado, el ICE y los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid firmaron un acuerdo de intercambio de datos que permitiría al ICE recibir los datos personales de casi 80 millones de pacientes de Medicaid. El acuerdo fue reportado inicialmente en julio por Associated Press, y los documentos se publicaron a principios de este mes como resultado de una demanda interpuesta por 404 Media y la Fundación para la Libertad de Prensa contra el DHS.
Palantir también participa en un contrato independiente por menos de 100.000 dólares con el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS), organismo que gestiona las solicitudes de ciudadanía y tiene estrechos vínculos con el ICE, según documentos revisados ​​por Fortune en diciembre pasado. En ese momento, Palantir se negó a comentar sobre la naturaleza del contrato.

Este Estado Policial de hipervigilancia contra los migrantes está cada vez más militarizado al punto que solo en 2025, el Pentágono destinó dos mil millones de dólares para la detención de “migración”. Además, por primera vez, se usaron más de diez mil tropas de la Guardia Nacional para localizar y detener migrantes, según documentos obtenidos por la Radio Pública Nacional de Estados Unidos. Los congresistas demócratas, , determinaron en un informe que el Departamento de Defensa destinó; “1.300 millones de dólares para el despliegue de tropas y recursos en la frontera, al menos 258 millones de dólares para apoyar las órdenes de Trump de desplegar tropas en Los Ángeles, Chicago, Portland y Memphis, al menos 420,9 millones de dólares para detener a inmigrantes en instalaciones militares nacionales y bases en el extranjero como Guantánamo y Camp Lemonnier en Yibuti, y 40,3 millones de dólares para vuelos militares para deportar y transportar a detenidos no ciudadanos”.

Esta transformación incluye el despliegue de tropas militares activas en operaciones de deportación en territorio estadounidense y la conversión de instalaciones militares en centros de detención masiva.

El centro de detención de Fort Bliss, conocido como “Camp East Montana”, simboliza la fusión entre infraestructura militar y control migratorio, según denunció la American Civil Liberties Union. Este complejo de 1.26 mil millones de dólares, inaugurado el 1 de agosto de 2025, se ubica en una base del Ejército en El Paso, Texas —el mismo sitio que el gobierno federal utilizó para internar a japoneses-americanos durante la Segunda Guerra Mundial. Con capacidad actual para 2,700 detenidos, la instalación tiene planes de expansión hasta 5,000 camas, lo que la convertiría en el mayor centro de detención federal del país. La elección del emplazamiento no es accidental: Fort Bliss ofrece al ICE infraestructura militar preexistente, aislamiento geográfico en zona desértica, y una cadena de mando que opera al margen de la supervisión civil que enfrentarían centros de detención urbanos. El paralelo histórico con los campos de internamiento de la Segunda Guerra Mundial subraya una continuidad inquietante en el uso de bases militares para la detención masiva de poblaciones civiles por motivos étnicos o migratorios. Otro centro militares utilizado para encarcelar migrantes fue la base de Guantánamo en Cuba, conocida por haber sido un centro de torturas durante la Guerra Contra el Terror.

Toda esta militarización genera rechazo en varios sectores del ICE y de los militares estadounidense, quienes ven con bastante desagrado como los nuevos agentes antimigratorios son hombres con tatuajes de ultraderecha. Leamos este reportaje del periodista Ken Klippenstein:

Aunque apoyo a esta administración, se necesita más sentido común en situaciones como esta, no una narrativa impulsiva de control de daños que no concuerda con la evidencia en video”, dijo un agente de la Patrulla Fronteriza en un grupo de chat privado que compartí conmigo. “A Alex Petris le dispararon entre 8 y 9 veces mientras estaba desarmado”.
No siempre podemos apoyar lo que sucede sólo porque se trata de uno de nosotros”, añade.
Un agente del ICE fue aún más crítico. “Otro tiroteo mortal ‘justificado’... diez contra uno y, por alguna razón, no encontraron la manera de reducir al tipo ni usar una arma menos letal”, dijo el agente. “Todos llevan cinturones y chalecos con 9000 piezas de equipo, ¿y lo máximo que pueden hacer es dispararle a un tipo por la espalda?”
En general, como alguien que ha estado cubriendo esto durante meses, me sorprende el enojo de los oficiales de seguridad nacional con sus propias agencias y su desprecio tajante hacia los líderes de Washington. Todos los oficiales de inmigración que entrevisté para este reportaje hablaron bajo condición de anonimato.
La caída de la moral y los estándares en descenso son un tema constante que he detectado, problemas que, según estas fuentes, han estado enconándose mucho antes de las muertes de Pretti y Renee Good (y que contribuyeron en gran medida a estos resultados).
Más de un agente del ICE en particular se quejó de cómo el enfoque de Washington en etiquetar a los manifestantes como “impedimentos” para las funciones federales (y por lo tanto violando la ley), y la difamación de “Antifa” y otros etiquetados como agitadores pagados, izquierdistas, radicales, extremistas y terroristas está confundiendo las filas y al mismo tiempo distrayendo a todos de la misión de control de inmigración.
Podría seguir y seguir, pero en general ha sido una experiencia ridícula”, me dijo un agente de ICE. Dice que muchos agentes en el terreno simplemente están aceptando la ampliación de la misión porque les interesa más su paga diaria fuera de casa y cobrar horas extras que la misión en sí.
Otros expresan el cinismo típico de todos los que trabajan en la base de cualquier cadena burocrática, desdeñando la rápida expansión del ejército de ICE y meneando la cabeza ante los ridículos aumentos presupuestarios por los que se lucha en Washington y que no tendrán ningún impacto en el lugar donde trabajan.
Los nuevos agentes son unos idiotas”, me dijo un experimentado agente del ICE asignado a investigaciones de seguridad nacional. Casi todos con quienes hablé compartieron esta opinión, y varios opinaron que la muerte de Pretti fue culpa de algún joven recluta asustadizo que entró en pánico al oír la palabra “pistola” (si es que eso fue lo que pasó).
Incluso uno de los nuevos reclutas del ICE coincidió con la mala evaluación que el experimentado agente hizo de la generación de novatos de Trump. “Muchos de ellos”, dijo, refiriéndose a los nuevos reclutas del ICE con los que trabajó, “son, sinceramente, bastante sospechosos”.
El nuevo oficial de ICE continuó: “Pensé que se suponía que los agentes federales debían ser pulcros, pero algunos de ellos pasan un frasco mientras vigilamos a un sospechoso”, y observó también que los nuevos “tienen algunos tatuajes raros”.
Me han dicho que esos tatuajes simbolizan que los nuevos reclutas tienden a tener una mayor motivación ideológica que los del pasado. Este problema se agrava por el hecho, mencionado por varios oficiales, de que el ICE depende de voluntarios para ir a Minneapolis y otras ciudades demócratas en estos despliegues temporales. Esto suele favorecer a los nuevos reclutas y a quienes buscan el pago de horas extras.
No está claro cómo se organizan estos grupos de trabajo en ciudades como Minneapolis o, de hecho, “quién” está a cargo y en control, pero aquellos que entrevisté coinciden en que la situación está cambiando, que algunas agencias (como el FBI) ​​están cada vez más ausentes en el terreno y otras están expresando su renuencia a participar en misiones no relacionadas con la inmigración.
Lo último que supe”, dice un oficial de ICE, “es que el FBI ya no quería ayudarnos mucho, especialmente en Minneapolis, debido a la mala prensa”.
Otra rama del ICE, Operaciones de Detención y Deportación (ERO), “está siendo presionada fuertemente [para servir en las calles contra los manifestantes]”, dice el oficial, y agrega que “muchos hombres [están] totalmente exhaustos allí afuera con mucha presión sobre ellos” para llevar a cabo misiones no migratorias.
A pesar de la bravuconería de una operación sin concesiones y del apoyo incondicional que Washington expresa a los tiradores, hay indicios de que la administración Trump está cada vez más preocupada por la reacción negativa del público (y de ambos partidos). El presidente Trump publicó hoy una declaración inusualmente conciliadora en Truth Social.
El gobernador Tim Walz me llamó para solicitarme que colaboráramos en Minnesota”, dice la publicación. “Fue una muy buena decisión, y, de hecho, parecía que estábamos en la misma onda”.
Ese es un tono muy diferente al adoptado por su asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, quien afirmó poco después de la muerte de Pretti que la enfermera de cuidados intensivos (que en realidad era una empleada del gobierno federal) era una “terrorista doméstica”.
Cuando se le preguntó hoy a la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, si Trump está de acuerdo con Miller, respondió: “No he escuchado al presidente caracterizar al señor Pretti de esa manera”.
Y esta noche, se conoció que el comandante general de la Patrulla Fronteriza, Greg Bovino, ha sido degradado de su cargo y, según se informa, planea retirarse.
Incluso hay señales de que el Congreso finalmente también ha decidido ponerse manos a la obra, tal vez para hacer algo que capture el sentimiento popular y trabaje para desescalar la situación.
Un oficial me comentó que la nueva reticencia sobre el terreno en Minneapolis tiene consecuencias positivas y negativas. La buena noticia es que los líderes “se están esfumando en reuniones legales urgentes”, cada vez más preocupados por la posibilidad de que supervisen asesinatos similares, pero también ausentes en las calles como líderes que podrían fomentar la desescalada y desalentar a los entusiastas y a los demasiado entusiastas.
Peor aún, dicen las fuentes, la seguridad nacional en Washington hace su estupidez de tratar de desviar las críticas sobre su propio comportamiento al plantear el espectro de manifestantes (y otros) atacando a ICE y la Patrulla Fronteriza en venganza por los asesinatos de Pretti y Renee Good.
Varios agentes describieron haber recibido información sobre amenazas de represalia al ICE, inspiradas por el tiroteo de Minneapolis. “Se lo toman muy en serio, como si estuviéramos luchando contra insurgentes”, como si Minneapolis fuera Bagdad, dijo un oficial del ICE.
Aunque todos los agentes federales con los que hablé este fin de semana apoyan la aplicación de las leyes migratorias, en realidad ven la operación de Minneapolis como algo completamente distinto: una contrainsurgencia de duración indefinida en una tierra lejana y bajo un liderazgo desconectado de la realidad en Washington, más preocupado por la imagen que por la inmigración.

La novedad de la Administración trumpista no solo es el aumento presupuestario a niveles astronómicos para el ICE, que alcanzan los 75 mil millones según la ley One Beatiful Bill, tampoco la utilización de leyes adhoc para controlar enormes multitudes, como la de Enemigos Extranjeros o el coqueteo con invocar la Ley anti Insurrección para ocupar ciudades con militares, sino la fusión militar-policial para convertir a los civiles estadounidenses en enemigos internos parecidos a militantes de Al Qaeda o el Estado Islámico. Trump trata a los migrantes, y a quienes protestan contra el ICE, igual que a las personas de los países que bombardea.



Fuente: Bruno Sgarzini