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lunes, 15 de junio de 2026

Amazon es un banco de pruebas para el futuro del trabajo

 

       Organizador sindical, miembro del Sindicato Nacional de Escritores y repartidor a tiempo parcial de Amazon.


Empleadores de todo el mundo buscan imitar el modelo de explotación, inestabilidad y uso disciplinario de IA de la megacorporación de Bezos. El reto de los sindicatos es organizar a la clase trabajadora contra esta distopía


Los trabajadores del centro de carga aérea de Amazon en el norte de Kentucky se declararon en huelga en julio de 2024.


     Entre el 7 y el 10 de junio, la convención cuatrienal de la AFL-CIO se ha reunido en Minneapolis con el objetivo declarado de organizarse “con unidad y claridad de propósito para empoderar a los trabajadores”. 

Esa claridad de propósito debería incluir un compromiso real para afrontar el mayor y más importante reto de organización al que se enfrentan los sindicatos en esta era: Amazon.


Trabajadores de carga aérea de Amazon en Kentucky y simpatizantes de la comunidad protestan por sus derechos laborales, 2023



Hasta ahora, a pesar de algunos inspiradores focos de lucha aislados, el movimiento sindical estadounidense no ha conseguido llevar a Amazon a la mesa de negociación.

A nivel nacional, y continuando con un declive histórico, la afiliación sindical el año pasado fue de un mísero 10 % en EEUU, y eso sin contar siquiera los afiliados perdidos cuando Trump rompió los convenios colectivos que cubrían a casi un millón de trabajadores federales.


Afiliación sindical en Estados Unidos.

Esto ha dejado a decenas de millones de trabajadores por organizar, pero los más importantes son los 1,5 millones de trabajadores y contratistas de Amazon.

Hace noventa años General Motors era el pionero del capitalismo, imitado por otros industriales que buscaban perfeccionar la eficiencia productiva, la explotación de los trabajadores y la extracción de beneficios. Los trabajadores de GM, organizados bajo la bandera del CIO y respaldados por sindicatos que no esperaban ganar nuevos afiliados con el proyecto –como el Sindicato de Mineros Unidos–, se opusieron a esa explotación, se declararon en huelga y consiguieron nuevas condiciones. Anunciaron un periodo de organización masiva, el apogeo moderno del poder sindical.

Amazon es el General Motors de hoy. Lo que le suceda a los trabajadores de Amazon –para bien o para mal– le sucederá a los trabajadores de todo el mundo.

Amazon es un banco de pruebas para el futuro del trabajo de todos nosotros. Los empleadores de todo el mundo buscan imitar el modelo laboral de este gigante, caracterizado por la explotación, la inestabilidad laboral y –lo que es aterrador– el uso de tecnologías de IA para disciplinar y restar poder a los trabajadores.

Amazon está perfeccionando la subcontratación, la mano de obra “justo a tiempo” y el aumento del ritmo de trabajo. Sus más de 250.000 repartidores en EEUU están todos subcontratados, ya sea a través de una multitud de pequeñas empresas llamadas socios de servicios de reparto (DSP) o contratados como autónomos. De esa forma, Amazon puede eludir la responsabilidad cuando los repartidores sufren lesiones, piden un aumento de sueldo o intentan sindicarse. Los almacenes funcionan con un modelo de mano de obra reducida. Los horarios normales a tiempo completo en los almacenes son cuatro turnos consecutivos de diez horas, pero Amazon suele recortar las horas de los trabajadores cada vez que la producción se ralentiza, incluso en medio de un turno, lo que causa estragos en unos presupuestos familiares ya de por sí ajustados. Luego, entre Acción de Gracias y Navidad Amazon impone horas extra obligatorias –una hora extra al día, más un día laborable adicional obligatorio cada semana–, lo que eleva la semana laboral a unas brutales 55 horas y hace caso omiso de los efectos en la vida personal y familiar de los trabajadores.

A través de su agresiva introducción de robots –ahora más de un millón–, Amazon está sustituyendo a los trabajadores y obligando a los que quedan a trabajar más rápido. No es de extrañar que los empleados sufran accidentes laborales con tanta frecuencia, y que la grave tasa de lesiones de la empresa sea casi el doble que la de sus homólogos del sector de los almacenes.


Amazon ha introducido ahora más de un millón de robots.

Luego está la IA. Sé algo de esto de primera mano, ya que he trabajado durante el último año y medio como repartidor a tiempo parcial de Amazon. La empresa de reparto para la que trabajo es un empleador justo, pero el problema no es ella; es Amazon, porque, aunque técnicamente los repartidores no somos empleados de la empresa, todos estamos sujetos a su seguimiento y supervisión.

Cuando estoy en el camión de Amazon, cada movimiento que hago es rastreado con tecnología y evaluado por programas de IA: dónde estoy, qué paquetes he entregado y si voy al ritmo que el algoritmo de Amazon ha determinado que debo cumplir. Los informes al final de cada turno muestran cómo se comparan mis entregas con los tiempos prescritos por el estándar algorítmico de Amazon. Cada semana se nos evalúa para determinar si tomamos fotos precisas en el momento de la entrega, si entregamos los paquetes exactamente donde el cliente lo solicitó y si recibimos comentarios positivos o negativos de los clientes. A través de este sistema, los conductores que no “alcanzan el ritmo” o que no cumplen con los estándares prescritos por Amazon pierden su empleo.

¿Qué permite este nivel de supervisión? El Gran Hermano: el “NetradyneDriver” , tu compañero de viaje en la furgoneta. Las lentes de la cámara apuntan en todas direcciones, midiendo continuamente tu velocidad y distancia. Netradyne también controla si te detienes completamente en cada señal de stop, si utilizas el intermitente, si evitas desviarte del carril, si frenas, aceleras o tomas las curvas demasiado rápido. Observa la orientación y el movimiento de tus ojos. Si bostezas. Si apartas la vista de la carretera durante demasiado tiempo. Todos estos datos se introducen en un sistema de IA donde la tecnología, y no una persona, evalúa tu comportamiento cada segundo. Netradyne se jacta de esto y lo denomina “IA física implementada a gran escala”.

En los grupos de chat de Reddit, los repartidores de Amazon de todo el país informan ahora de que no les despide un humano, sino la IA. En el caso de los trabajadores de almacén, Amazon ha aprovechado la misma tecnología de vigilancia para asegurarse de que las tasas de recogida, embalaje y clasificación de los trabajadores cumplan con sus estándares determinados algorítmicamente, que sus escaneos sean perfectos y que minimicen el “tiempo fuera de la tarea” –como ir al baño–. Todo se mide y se supervisa. Y si no “alcanzas la tasa”, primero te aconsejan, luego te sancionan y, finalmente, te despiden.

En muchos almacenes, Amazon recurre a agentes de seguridad y a la policía local para imponer “una cultura organizativa de obediencia casi carcelaria –lo que equivale a una “militarización” de las funciones de recursos humanos”, según un informe académico reciente. “Parece que estamos entrando en una prisión y que intentan asegurarse de que no nos escapemos”, cita el informe a un trabajador.

Esta distopía laboral se está perfeccionando en Amazon y luego se exporta a otros empleadores: en fábricas, tiendas de alimentación, hospitales, restaurantes, hoteles, obras de construcción, laboratorios y oficinas. Este es el sombrío futuro que estamos legando a nuestros hijos, a menos que organicemos a los trabajadores de Amazon a gran escala y luchemos.

Amazon no es solo un problema para quienes trabajamos en el sector logístico. De ser una humilde tienda de libros en línea, se ha transformado en una referencia que puede revolucionar otros sectores. Su avaricia no hace más que crecer. Amazon gestiona hoy 532 tiendas de alimentación Whole Foods y está ampliando rápidamente su red de reparto de comestibles. Este es el siguiente gran sector que pretende revolucionar.

A través de Amazon Web Services, la empresa es ahora un proveedor global dominante de potencia informática, almacenamiento, redes, análisis y seguridad. Amazon fabrica sus propios chips de IA Trainium, compitiendo directamente con Nvidia. Amazon produce y distribuye películas y series de televisión a través de sus Amazon MGM Studios. El fundador de Amazon, Jeff Bezos, es propietario del Washington Post. Amazon One Medical es un servicio de atención primaria que ofrece asistencia en línea y en clínicas, y está entrando con fuerza en el mercado de los medicamentos con receta a través de Amazon Pharmacy. A través de su filial Ring, Amazon domina hoy en día el mercado de la seguridad doméstica y ofrece otros productos electrónicos de consumo líderes, como Alexa y Kindle.

¿Se puede derrotar a una empresa tan grande y expansiva, un gigante con casi tres billones de dólares de valoración bursátil? Sí, se puede. Pero, como destaca un informe publicado el 4 de junio, se necesitará un esfuerzo titánico y sin reservas por parte de todo el movimiento sindical estadounidense para hacer que retroceda –no solo los valientes pero fragmentados esfuerzos que hemos visto hasta ahora–.

El informe, Renewing Labor and Winning at Amazon, del que soy coautor junto con Michael McQuarrie y Benjamin Y. Fong, y que fue publicado por el Center for Work and Democracy de la Universidad Estatal de Arizona, documenta cómo, a diferencia de la década de 1930, cuando los organizadores del CIO pudieron frenar la producción mediante huelgas en unos pocos centros de producción clave, el proyecto de organización de Amazon debe apuntar más allá. Con una red de cientos de almacenes, centros de clasificación e instalaciones de carga aérea, “la empresa tiene la agilidad necesaria para redirigir el flujo de paquetes a otras instalaciones, manteniendo intacta la cadena de suministro” y haciendo que las huelgas en un solo centro resulten en gran medida irrelevantes, señala el informe, concluyendo que “los estrategas sindicales de hoy en día deben reconocer que, para tener éxito, la organización debe interrumpir el flujo de la cadena de suministro de Amazon”.

Eso significa organizarse en regiones enteras o en secciones completas de la cadena de suministro de la empresa. El informe destaca dos regiones estratégicas en particular. La primera se centra en el área de Los Ángeles y el Inland Empire, justo al este de los puertos de Los Ángeles y Long Beach, por donde pasa la mayor parte de la mercancía importada de Amazon antes de distribuirse a los almacenes de todo el país. La segunda comprende la región del noreste, donde se concentra una gran cantidad de clientes de Amazon. El sindicato Teamsters ya está organizándose en ambas regiones, donde los trabajadores se han enfrentado tenazmente a la empresa. Pero la escala de la organización hasta la fecha no está a la altura del desafío. En el enorme almacén JFK8 en Staten Island, el Amazon Labor Union, ahora parte de los Teamsters, ganó una histórica votación de representación sindical en 2022. Cuatro años después, a pesar de la persistente organización de los trabajadores, Amazon aún no ha accedido a reconocer al sindicato ni a negociar.

Cientos de organizadores internos –activistas políticos que han aceptado puestos de trabajo en Amazon para “infiltrarse” u organizar desde dentro– han desarrollado una gran sofisticación en la organización en Amazon en los últimos años, y deben desempeñar un papel importante en cualquier campaña nacional. Lo mismo ocurre con los miembros sindicales existentes en los sectores de la logística, la alimentación, la sanidad y otros. “Los miembros de Teamsters de UPS y DHL han sido organizadores especialmente eficaces, ya que comparten con los trabajadores de Amazon un lenguaje común y preocupaciones comunes sobre el proceso de trabajo de la cadena de suministro, el aumento del ritmo de trabajo, la tecnología y los problemas que plantea la dirección”, señala el informe Renewing Labor and Winning at Amazon. “Ellos, junto con los miembros sindicales de otros sectores, pueden señalar fácilmente los logros que han conseguido mediante la negociación colectiva y la huelga, que diferencian drásticamente sus condiciones de trabajo de las de los trabajadores de Amazon”.

Si bien la organización debe centrarse en los almacenes y orientarse hacia la construcción de acciones de huelga masivas, el movimiento sindical debe concebir –y financiar– una campaña global que atraiga al público, a otras empresas, a los gobiernos y a los reguladores. Esto se debe a que el impacto de Amazon va mucho más allá del lugar de trabajo, y se necesitará presión tanto dentro de la cadena de suministro como en toda la sociedad para obligar a la empresa a negociar con los sindicatos.

Decenas de miles de camiones de Amazon contaminan el aire, perjudican la salud pública y deterioran las vías públicas, y las exenciones fiscales que Amazon exige habitualmente privan a los gobiernos locales de los recursos necesarios para prestar servicios públicos.

Las comunidades en zonas con alta concentración de almacenes, como el Inland Empire de California, son lugares idóneos para unir a los trabajadores y a los miembros de la comunidad en campañas comunes contra la explotación en los almacenes y contra las cargas externalizadas que Amazon impone a la comunidad en general”, señala el informe.

Dado que la Junta Nacional de Relaciones Laborales no es una vía eficaz para obligar a Amazon a negociar, los sindicatos deben impulsar iniciativas electorales a nivel estatal y local para promover las demandas clave de los trabajadores y la comunidad. Este no es un concepto nuevo. Hace quince años, la campaña “Fight for $15” (Lucha por los 15 dólares) se valió del poder de las iniciativas electorales para conseguir aumentos salariales para millones de trabajadores. Algunos llegaron a crear sindicatos en sus lugares de trabajo. Hoy en día, el lema podría ser “Fight for $30” (Lucha por los 30 dólares), una cifra que los trabajadores de Amazon citan con frecuencia como el mínimo indispensable para sobrevivir.

Las iniciativas también podrían establecer normas de seguridad para los trabajadores, prohibir la subcontratación de los repartidores de Amazon y restringir la ubicación de los centros de datos.

Otra idea de iniciativa consiste en gravar a los robots. Esto repondría los ingresos que los gobiernos pierden cuando Amazon sustituye a los humanos –que pagan impuestos sobre la nómina y que también contribuyen a los ingresos por impuestos sobre las ventas cuando gastan dinero en la comunidad– por robots, que no hacen ninguna de esas cosas. Las iniciativas también podrían exigir a Amazon que contribuya a un fondo de vivienda asequible controlado públicamente para compensar la destrucción de viviendas que provoca la expansión de los almacenes. O podrían exigir a Amazon que financie clínicas de salud y la limpieza del aire, para compensar la contaminación causada por el movimiento diario de sus camiones y vagones.

Estas y otras ideas de iniciativas alteran el modelo de negocio de explotación de Amazon y pueden ser mecanismos poderosos para unir a los trabajadores y a los miembros de la comunidad en una causa común y en la demanda definitiva de reconocimiento sindical y convenios colectivos. En algunos casos, las iniciativas que desafían el modelo de negocio de Amazon pueden llevarse a cabo como campañas legislativas. En la ciudad de Nueva York, una coalición de sindicalistas y activistas comunitarios está presionando al Ayuntamiento para que apruebe la Ley de Protección de la Distribución, que obligaría a Amazon a contratar a los repartidores directamente y a mejorar las normas de seguridad. Es un buen comienzo. Ahora imagina si se lanzaran campañas a favor de la Ley de Protección de la Distribución simultáneamente en 20 ciudades.

Los sindicatos también deberían aprovechar la frustración que los proveedores y vendedores externos sienten por la presencia de Amazon. Las personas y las pequeñas empresas que intentan vender sus productos en la plataforma de Amazon ven cómo el gigante les reduce los márgenes.

Algunas empresas le han acusado de robarles sus ideas y luego lanzar productos competidores. Los proveedores como los DSP [un programa que “permite a emprendedores crear su propia empresa de reparto” dentro de Amazon] viven continuamente en vilo, ya que sus contratos con Amazon pueden ser rescindidos casi sin previo aviso. Una campaña creativa puede encontrar una causa común con estas fuerzas dispares lanzando luchas locales y estatales para frenar el poder de la compañía frente a los vendedores individuales y las pequeñas empresas.


Amazon invirtió en empresas emergentes y obtuvo información confidencial antes de lanzar a sus competidores.

Amazon “tiene un dinamismo corporativo y una flexibilidad infraestructural sin parangón en ninguna otra empresa contemporánea”, señala el informe. “Pero su enorme tamaño y riqueza no la hacen invencible. De hecho, la velocidad y la complejidad de la cadena de suministro de Amazon la convierten en un objetivo de organización vulnerable, además de desafiante. Una campaña multidimensional y bien dotada de recursos puede garantizar el reconocimiento sindical y la firma de convenios en Amazon”.

¿En qué consiste una campaña “bien dotada de recursos”? Actualmente, los sindicatos gastan en total unos diez millones de dólares al año en la organización referente a Amazon, y la mayor parte de esa cantidad procede de los Teamsters. Eso simplemente no es suficiente para vencer a una empresa con 1.500 centros de trabajo en EEUU y más de 120.000 millones de dólares en efectivo disponible. Para sindicalizar a 80.000 trabajadores en Los Ángeles, o a 100.000 en la costa este, o a 50.000 en Florida, o a las decenas de miles en otras regiones creo que necesitaremos al menos 100 millones de dólares anuales durante al menos una década para financiar a miles de organizadores, tanto dentro como fuera de las instalaciones de Amazon, junto con una sólida infraestructura de campaña para construir un nuevo movimiento de organización industrial al estilo del CIO.

Puede parecer mucho dinero, pero hay que tener en cuenta que los activos del movimiento sindical estadounidense rondan hoy los 35.000 millones de dólares, lo que supone un aumento del 225 % en los últimos 15 años, y que los líderes sindicales estadounidenses gastaron más de 400 millones de dólares en la fallida candidatura de Biden-Harris.

En conjunto, dentro del movimiento sindical, los recursos están ahí para montar una campaña seria contra Amazon. Emprender o no la lucha es una elección política.

Esta no puede ser una batalla que asuman solo unos pocos sindicatos. Debe ser un esfuerzo conjunto. Hace unos 90 años, los líderes del Sindicato de Mineros Unidos y otros sindicatos hicieron un pacto para organizar a los trabajadores de las industrias del automóvil, el acero, la electricidad y el caucho, porque sabían que sin una organización masiva, toda la clase trabajadora estaba en peligro. Este fin de semana, mientras los líderes de la AFL-CIO se reúnen en Minneapolis, los sindicatos se encuentran en la misma encrucijada peligrosa. Esperemos que tomen la decisión correcta, como hicieron sus predecesores hace 90 años.

Fuente: Ctxt


miércoles, 18 de febrero de 2026

Las operaciones del ICE se asemejan cada vez más a la ocupación israelí. No es casualidad.

 

      Antropóloga y escribe sobre la guerra automatizada en Israel y Palestina.

Las autoridades migratorias estadounidenses han cultivado vínculos con Israel desde hace mucho tiempo. Ahora adaptan tácticas de vigilancia algorítmica de Gaza para su uso en las calles estadounidenses

     A medida que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de EE. UU. invaden ciudades de todo Estados Unidos, la política estadounidense parece haber entrado en una nueva fase, en la que las fuerzas federales armadas convierten barrios civiles en zonas de conflicto activo. Parte de lo que impulsa este cambio político es una potente infraestructura técnica: las operaciones del ICE ahora se agilizan mediante sistemas móviles de vigilancia y localización de objetivos, donde el arma más poderosa de los agentes cabe en la palma de la mano.


Un oficial de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), una de las principales ramas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos, durante un operativo en Minneapolis, el 6 de enero de 2026.

Informes recientes revelan que el ICE utiliza al menos dos aplicaciones para guiar sus medidas represivas. La primera es ELITE (Identificación y Selección Mejorada de Pistas para la Aplicación de la Ley), un nuevo sistema geoespacial desarrollado por la firma de análisis de datos Palantir para el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), y diseñado para teléfonos inteligentes y tabletas. ELITE "rellena un mapa con objetivos de deportación, genera un expediente de cada persona y proporciona una 'puntuación de confianza' sobre su dirección actual", según un manual de usuario publicado a finales del mes pasado.

La segunda es Mobile Fortify, una aplicación de reconocimiento facial desarrollada por la empresa de biometría NEC que permite a los agentes de inmigración identificar tanto a ciudadanos como a migrantes indocumentados. Según informes, el ICE y otros agentes del DHS han fotografiado y escaneado los rostros de estadounidenses en ciudades como Minneapolis y Chicago. Estas imágenes se cotejan con bases de datos biométricas, se recopilan en expedientes y se almacenan hasta por 15 años.

No es casualidad que, al informar sobre la incursión del ICE en Minnesota, la columnista del New York Times, Lydia Polgreen, describiera una "ocupación diseñada para castigar y aterrorizar". Las tecnologías que respaldan sus operaciones ilustran cuán meticulosamente el ICE sigue los pasos de Israel: tanto ELITE como Mobile Fortify guardan un sorprendente parecido con las aplicaciones móviles de localización de objetivos que las fuerzas israelíes han integrado en su arsenal policial durante la última década.

El 'argumento de venta' de la vigilancia israelí

Desde el 11 de septiembre de 2001, Israel ha cultivado estrechos vínculos con las autoridades migratorias estadounidenses mediante delegaciones conjuntas, capacitaciones e intercambios de tecnología, todo lo cual contribuyó a que el ICE pusiera en manos de los métodos antiterroristas israelíes. Sin embargo, el DHS solo comenzaría a experimentar con la minería de datos y la vigilancia algorítmica —prácticas en gran medida iniciadas por las agencias de inteligencia israelíes— durante el primer mandato del presidente estadounidense Donald Trump. Esto ocurrió justo cuando las fuerzas israelíes automatizaban sus tácticas de vigilancia y selección de blancos en toda Palestina. 

En el primer Foro Internacional de Seguridad Nacional de Israel, celebrado en Jerusalén en 2018, ante la asistencia de numerosos funcionarios designados por Trump, el ministro de Seguridad Pública, Gilad Erdan, se jactó de que las fuerzas israelíes estaban utilizando por primera vez herramientas y algoritmos avanzados de inteligencia web para detectar posibles terroristas. Declaró a la prensa que la experiencia de Israel puede ayudar a otros países a combatir este tipo de terrorismo.

Las "herramientas avanzadas" a las que se refería Erdan formaban parte de un conjunto creciente de sistemas de vigilancia algorítmica, desplegados primero en Cisjordania y posteriormente en Gaza. A finales de la década de 2010, en respuesta a una serie de los llamados ataques terroristas de lobos solitarios, las unidades de inteligencia israelíes habían desarrollado una extensa red de tecnología de vigilancia para identificar a "posibles terroristas" entre la población civil.


Sombras de las cámaras CCTV de la policía vistas cerca de la Puerta de Jaffa en la Ciudad Vieja de Jerusalén, 30 de enero de 2017.

Las cámaras de circuito cerrado de televisión (CCTV) y los escáneres de matrículas proliferaron por toda Cisjordania. Los algoritmos extrajeron contenido de plataformas de redes sociales y aplicaciones de mensajería. Y en los últimos años, como reveló +972 el verano pasado, el ejército israelí también comenzó a almacenar millones de llamadas y mensajes de texto enviados desde los territorios palestinos ocupados en servidores en la nube de Microsoft. Este vasto conjunto de datos de vigilancia ha permitido al ejército israelí equipar a las tropas de combate que patrullan las ciudades palestinas con sistemas de vigilancia algorítmica intrusivos.

Una de ellas es Blue Wolf, una aplicación que permite a los soldados acceder a información biográfica de civiles fotografiando sus rostros o escaneando un documento de identidad. Además de detalles como direcciones, historial laboral y lugar de residencia, la aplicación analiza información de llamadas telefónicas, mensajes de texto, redes sociales y otras fuentes de vigilancia para generar una "clasificación de seguridad": una estimación de la probabilidad de que un individuo cometa un atentado, en una escala del uno al diez.

"No me sentiría cómodo si lo usaran en el centro comercial de [mi ciudad natal], digámoslo así", declaró un agente de inteligencia israelí al Washington Post cuando se conoció la noticia de la aplicación a finales de 2021. "Es una violación total de la privacidad de todo un pueblo".

Pilar de Fuego, un sistema de mapeo móvil basado en interfaces GPS civiles, también se incorporó al arsenal de combate israelí alrededor de 2020. Permite a las unidades de inteligencia marcar objetivos terroristas para las fuerzas terrestres que patrullan una zona determinada o señalar ciertas regiones geográficas donde otros sistemas de aprendizaje automático predicen la probabilidad de actividad militante. Las tropas de combate pueden entonces explorar y buscar personas para arrestar o lugares para allanar basándose en inteligencia sintetizada algorítmicamente.

Tiene una capa interactiva donde subíamos objetivos y los compartíamos con las fuerzas sobre el terreno”, me comentó la semana pasada un veterano israelí de la unidad de ciberinteligencia de élite 8200, al describir su experiencia con estos sistemas durante los últimos años. “Daba a las tropas acceso instantáneo a toda esta información clasificada.

Cuantos más datos tengas, más podrás hacer”, continuó. “El atractivo de Israel fue su capacidad para acumular todas estas reservas de información y desarrollar sistemas de vigilancia sobre el terreno”, sistemas que se han vuelto demasiado atractivos para que las fuerzas del orden estadounidenses los ignoren.


Un soldado israelí fotografía  al activista palestino Rabia Abu Naim en Al-Mughayyir, Cisjordania ocupada.

Implementando el 'método israelí'

Con el tiempo, la colaboración entre las unidades de inteligencia israelíes, las empresas tecnológicas y el departamento de seguridad nacional estadounidense no ha hecho más que profundizarse. Palantir abrió una oficina en Tel Aviv en 2015, donde consiguió contratos con el gobierno israelí. Veteranos de las unidades de inteligencia israelíes fundaron empresas de vigilancia como Paragon y Cellebrite, que han vendido tecnología de espionaje de grado militar al Departamento de Seguridad Nacional.  

Durante décadas, las agencias policiales nacionales y locales de Estados Unidos han enviado oficiales a Israel para aprender nuevas tácticas policiales y antiterroristas que, según algunos participantes, eran demasiado potentes para implementarlas en el país: monitorear las telecomunicaciones y extraer contenido de Internet para decidir a quién arrestar; extraer registros de salud y datos de ubicación para rastrear a otros; fotografiar a civiles en la calle para determinar si debían ser interrogados; y dispararles con impunidad. 

Un poco más invasivas que lo que se ve aquí en Estados Unidos”, así describió Bill Ayub, sheriff del sur de California, las herramientas de vigilancia predictiva que Israel demostró durante un viaje de delegación al que asistió en 2017. “Fue como, '¡Guau! ¿Haces eso?'... Estaríamos en la cárcel si hiciéramos algo así aquí”.

En 2022, el jefe de policía de Santa Bárbara, Craig Bonner, también señaló que los métodos israelíes eran mucho más agresivos de lo legalmente permitido en Estados Unidos. Recordando su entrenamiento en Israel, enfatizó que «en muchos casos, las acciones que se realizan allí simplemente no están permitidas por la ley ni por la Constitución».

Los ideales estadounidenses sobre el uso de la fuerza giran en torno a usar la mínima fuerza posible de forma conservadora y defensiva”, reflexionó un oficial del departamento de policía de Memphis tras recibir entrenamiento de combate en Israel. “En el método israelí, la intención es emplear la máxima fuerza de forma ofensiva”.

No obstante, el DHS emuló cada vez más los métodos israelíes de vigilancia y selección de personal, y el ICE ha llegado a operar más como una unidad militar que como un organismo de control de inmigración. En los últimos años, el ICE ha contratado a intermediarios de datos que recopilaron  información de los Departamentos de Vehículos Motorizados, plataformas de redes sociales y cruces fronterizos para compilar bases de datos no reguladas sobre el comportamiento humano. Además del historial de viajes, la trayectoria profesional y las relaciones familiares de las personas, estos datos también incluyen historiales de viajes registrados mediante redes clandestinas de escáneres de matrículas y cámaras de reconocimiento facial.


Un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos en Los Ángeles, California, el 12 de junio de 2025.

Durante la mayor parte de la última década, estos experimentos afectaron principalmente a inmigrantes indocumentados y sus comunidades, dejando indemnes a los sectores más privilegiados de la sociedad estadounidense. Pero Trump 2.0 eliminó cualquier limitación que Estados Unidos hubiera impuesto al uso indiscriminado de estas herramientas. Desde enero de 2025, el DHS ha colaborado con empresas con una sólida trayectoria en la selección de objetivos militares, como Palantir, para ampliar su alcance tanto a ciudadanos como a extranjeros.

De Gaza a Minneapolis

Para comprender las graves implicaciones de la tecnología de vigilancia basada en IA en manos de actores militares deshonestos, basta con observar la conducta de Israel en Gaza durante los últimos dos años. Los agentes de inteligencia y los pilotos de la fuerza aérea no solo recurrieron a bases de datos de objetivos generadas algorítmicamente para guiar sus ataques aéreos, sino que, sobre el terreno, la "Nube Operacional" del ejército israelí permitió a las tropas de combate acceder a gran parte de los mismos datos en tiempo real. Los soldados localizaron edificios para volar en mapas operativos e identificaron a civiles para detenerlos —o eliminarlos— mediante sistemas de reconocimiento facial, todos accesibles a través de tabletas y teléfonos inteligentes.

Juan Sebastián Pinto, exempleado de Palantir Technologies, quien ahora exige regulación y rendición de cuentas sobre la IA en Colorado, el estado donde se encuentra la empresa, lo expresó claramente cuando hablamos la semana pasada. "Las plataformas que utiliza el DHS llevan tecnologías de guerra que vemos en Gaza a los barrios estadounidenses", dijo. "Ofrecen a los agentes del ICE el mismo panorama operativo común que las agencias militares y de inteligencia".

Pinto también enfatizó que estas tecnologías son propensas a errores. Mobile Fortify, al igual que las plataformas de reconocimiento facial utilizadas en Palestina, ha identificado erróneamente a personas durante su detención por agentes del ICE. Los algoritmos de la plataforma son menos confiables en condiciones climáticas adversas, cuando se toman fotos desde ciertos ángulos y al identificar a personas de color. El sistema de puntuación de confianza que impulsa ELITE, la plataforma de inteligencia geoespacial del ICE, también se basa en algoritmos de aprendizaje automático defectuosos, incapaces de analizar los matices ni la variación contextual en la gran cantidad de datos que recopilan.

Pero donde estos sistemas fallan técnicamente, triunfan políticamente. En el caso de las operaciones militares de Israel en los territorios palestinos, han ofrecido una justificación técnica para el vertiginoso aumento de las tasas de vigilancia policial, detenciones y muertes. Mientras tanto, el gobierno autoritario de Israel presenta las crecientes listas de asesinados o encarcelados como prueba de que está consolidando su dominio regional y la seguridad nacional.

Trump parece ansioso por seguir el ejemplo de Israel, por lo que algunos analistas afirman que podría no pasar mucho tiempo antes de que el ICE envíe drones armados sobre los cielos de las ciudades estadounidenses para perseguir objetivos; en este caso, aquellos que la administración Trump clasifica como "una amenaza para la seguridad del pueblo estadounidense". Ese futuro puede ser inevitable, mientras el ICE siga transformándose a imagen de una unidad militar israelí.


Fuente: +972