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jueves, 23 de julio de 2026

Caos calculado: así gestiona Israel el traslado de cuerpos palestinos a Gaza

 

 Por Frances Brogan   
      Estudiante de último año en la Universidad de PrincetonNew Jersey, y editora jefe del Daily Princetonian.


Miles de gazatíes siguen desaparecidos. Los trabajadores humanitarios denuncian un sistema opaco y desordenado para la repatriación de personas vivas o muertas por parte de Israel


Cadáveres de palestinos en un contenedor cerca de Karem Abu Salem – Kerem Shalom en Gaza.


     A las seis de una gélida mañana de diciembre de 2023, un camionero de Gaza abrió la tapa de un contenedor metálico de 12 metros de largo. En su interior, apilados de manera ordenada y envueltos en nailon azul brillante sujeto con bridas, encontró los restos de 80 hombres, mujeres y niños palestinos.

Funcionarios de la Administración de Coordinación y Enlace (CLA) para Gaza –la delegación local de COGAT, la unidad militar israelí que gestiona los asuntos civiles de los palestinos bajo la ocupación israelí– habían llamado a los trabajadores de la ONU esa misma mañana para pedirles que organizaran la recogida del contenedor en una terminal cercana al paso fronterizo de Karem Abu Salem (también llamado Kerem Shalom), entre la Franja de Gaza, Israel y Egipto. Ariel, una persona trabajadora de la ONU destinada en la zona (que solicitó ser citada con seudónimo y sin mencionar su género por temor a represalias por parte de Israel), envió un conductor a la terminal, quien a su vez transportó el contenedor hasta el lado gazatí del cruce fronterizo.

Aunque la CLA se había negado a dar detalles, Ariel sabía lo que había dentro. La reticencia de los funcionarios despertó sus peores sospechas; había agujeros en las paredes metálicas del contenedor del que emanaba, a 30 metros de distancia, el hedor putrefacto de cuerpos en descomposición. Pero Ariel no quería verlo con sus propios ojos; tenía que supervisar entregas urgentes de ayuda humanitaria, y ocuparse de cadáveres no formaba parte de sus funciones. Fue un alivio cuando el personal del Ministerio de Sanidad de Gaza vino a recoger el contenedor a la mañana siguiente. Como los cadáveres llegaron sin identificar y en diversos estados de descomposición –y dado que Israel ha bloqueado continuamente la entrada en Gaza de herramientas de identificación forense, incluidos los kits de pruebas de ADN–, resultó imposible contactar con las familias de los fallecidos.

Ariel y sus compañeros habían ayudado previamente a repatriar a decenas de detenidos palestinos procedentes de prisiones israelíes y campos de detención militares a través de Karem Abu Salem. No estaban seguros de si los cadáveres de este contenedor pertenecían a detenidos que habían fallecido bajo custodia israelí o a personas que habían sido asesinadas en Gaza y posteriormente trasladadas a Israel. Se desconocen los nombres de los fallecidos y las circunstancias de su muerte.

No se trata de un caso aislado. Entrevistas con más de 15 trabajadores humanitarios, la mayoría de los cuales hablaron bajo la condición de mantenerse en el anonimato por temor a ser objetivo de los ataques de Israel, revelan un sistema en el que el retorno por parte de Israel de gazatíes, tanto muertos como vivos, durante los primeros meses del genocidio se llevó a cabo con poca antelación, sin transparencia y prácticamente sin un registro fiable.

Los testimonios de Ariel y otros trabajadores humanitarios arrojan nueva luz sobre por qué la ONU y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) han tenido dificultades para dar cuenta del paradero de los miles de palestinos detenidos por Israel desde el inicio del genocidio en octubre de 2023, incluidos aquellos que podrían haber fallecido bajo custodia. Estos relatos también plantean dudas sobre la exactitud de los datos publicados, lo que sugiere que el destino de los desaparecidos –tanto vivos como muertos– podría no conocerse jamás.


Palestinos entierran cadáveres en una fosa común en Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza.

Cientos de cadáveres no identificados

Después de que Israel lanzara su invasión terrestre de Gaza, a finales de octubre de 2023, el ejército detuvo a miles de palestinos y los trasladó a centros de detención militares dentro de Israel, incluida la tristemente célebre base de Sde Teiman. Allí, los detenidos permanecieron recluidos sin cargos y totalmente aislados del mundo exterior, privados de comida, torturados y sometidos a violencia sexual.

Los centros de detención militares están concebidos para servir como lugares de retención temporal antes de que los detenidos sean trasladados al sistema penitenciario israelí y registrados formalmente. Sin embargo, muchos palestinos, a los que testigos vieron por última vez bajo custodia militar, nunca aparecieron en los registros oficiales penitenciarios o militares, según la organización israelí de derechos humanos HaMoked, lo que frustra cualquier esfuerzo por localizar su paradero.

Si bien todas las violaciones de derechos humanos imaginables se denuncian de forma insuficiente, esto es aún más evidente en el caso de las desapariciones forzadas”, afirma Grażyna Baranowska, miembro del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias. Según la ONU, ninguna guerra ni situación de emergencia puede justificar la desaparición forzada de personas; cuando se practica de forma generalizada o sistemática, puede constituir un crimen contra la humanidad.

En mayo de 2024, el personal de la ONU en Karem Abu Salem había facilitado el regreso de más de 1.500 detenidos palestinos con vida a Gaza y había recibido un total de 227 cadáveres no identificados en tres entregas distintas: 80 en diciembre de 2023, 100 en enero de 2024 y 47 en marzo de 2024. Según Zaher Al-Wahidi, un responsable sanitario de Gaza, el Ministerio de Sanidad trasladó los cadáveres que recibió al hospital Mohammed Yousef El-Najar, en la cercana ciudad de Rafah. Los fallecidos fueron finalmente enterrados en una fosa común en la ciudad, sin ningún tipo de placa que conmemorara la pérdida.

El seguimiento sistemático de la ONU finalizó en marzo de 2024, cuando la incursión de Israel en Rafah restringió drásticamente el acceso humanitario al paso fronterizo (Israel devolvió otros 100 cadáveres en agosto de 2024 y 88 en septiembre, que el Ministerio de Sanidad transportó al Complejo Médico Nasser, en Jan Yunis, antes de que fueran enterrados en el Cementerio Austriaco). Sin embargo, incluso antes de eso, la labor de seguimiento era fragmentada y puntual, ya que recaía en los trabajadores humanitarios, cuyas responsabilidades formales no incluían la recepción de detenidos o fallecidos, y la notificación por parte de Israel de las devoluciones inminentes era mínima o inexistente.

La cifra total de 415 cadáveres depositados en Karem Abu Salem entre diciembre de 2023 y septiembre de 2024 coincide con las estimaciones de los trabajadores humanitarios que participaron en los traslados. Muchos de los cadáveres estaban en estado de descomposición, les faltaban extremidades o presentaban mutilaciones; algunos estaban decapitados o habían sido desollados. Los envíos también contenían partes de cuerpos desmembrados, lo que hizo imposible determinar el número exacto de cadáveres devueltos. Desde entonces, ninguno de los cadáveres ha sido identificado.


Los cuerpos de palestinos yacen en una fosa común en Rafah, al sur de la Franja de Gaza.

La ocupación israelí se negó a facilitarnos cualquier información que indicara sus identidades o circunstancias”, lamenta Zaher Al-Wahidi. No identificar a los fallecidos, no tratar los restos humanos con dignidad y no proteger a las personas detenidas constituyen violaciones del Derecho Internacional Humanitario.

La última entrega clandestina conocida de palestinos fallecidos, por parte de Israel, se produjo en septiembre de 2024. El ejército devolvió cientos de cadáveres palestinos más como parte del acuerdo de alto el fuego del pasado mes de octubre, y ha seguido liberando pequeños grupos de detenidos con vida a través de Karem Abu Salem y Kissufim, principalmente en coordinación con el CICR.

Hoy, tras casi tres años de genocidio, alrededor de 8.000 habitantes de Gaza siguen desaparecidos, según el Centro Palestino para Personas Desaparecidas y Desaparecidas Forzosamente. Pero esas cifras se basan principalmente en las denuncias de los familiares. La cifra real es casi con toda seguridad mayor, ya que en Gaza han sido asesinadas familias enteras, sin dejar a nadie que denuncie su desaparición.

De las 5.400 solicitudes de localización presentadas por familias gazatíes a través de HaMoked, más de 1.800 residentes siguen sin aparecer, sin que el ejército israelí haya dado indicación alguna de que hayan sido arrestados o detenidos.

Tal Steiner, director ejecutivo de HaMoked, cree que es probable que la mayoría de los que siguen desaparecidos hayan fallecido, aunque aún no está claro si murieron en centros de detención improvisados ​​dentro de Gaza, bajo custodia del ejército israelí, en zonas de combate, como consecuencia de haber sido utilizados por el ejército israelí como escudos humanos, o si siguen sepultados bajo los escombros de los ataques aéreos israelíes. Es posible que algunos de ellos se encontraran entre los cadáveres no identificados que posteriormente fueron devueltos a Gaza.

La incertidumbre se ve agravada por el largo y documentado historial de Israel de retener los cadáveres de palestinos. En enero de 2026, el Estado mantenía en su poder los restos mortales de al menos 776 palestinos desde 1967, incluidas 88 personas que fallecieron bajo la custodia del Servicio Penitenciario de Israel (IPS) o del ejército después del 7 de octubre.


Cuerpos de palestinos que murieron a causa de los ataques aéreos israelíes durante la noche, en el marco de los nuevos bombardeos israelíes sobre Gaza. Hospital Europeo, Khan Younis, sur de la Franja de Gaza. 18 de marzo de 2025.

Todo es espontáneo, y eso forma parte de su plan”

El carácter aleatorio de la devolución de detenidos y cadáveres ayuda a explicar por qué no existe un recuento fiable. Aunque el CICR tiene un mandato exclusivo, en virtud del Derecho internacional humanitario, para facilitar la liberación de prisioneros y la repatriación de restos mortales, los tres primeros envíos de cadáveres no identificados fueron recibidos en su totalidad por personal de la ONU. Según Ariel, los responsables de la CLA inicialmente solo notificaron a los trabajadores de la ONU –y no al CICR– tanto la liberación de detenidos como la llegada de contenedores con cadáveres, lo que obligó al personal humanitario a improvisar una respuesta y a solicitar la ayuda del CICR a posteriori.

La ofensiva israelí de mayo de 2024 en Rafah destruyó el almacén destinado a la recepción de detenidos y limitó de forma permanente las operaciones humanitarias de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) en la zona. En última instancia, la gestión del retorno de los detenidos recayó en el CICR. Sin embargo, los trabajadores humanitarios e investigadores de otras agencias entrevistados para esta investigación se mostraron escépticos sobre si el CICR llegó a tener alguna vez la capacidad o el acceso suficientes para asumir la tarea de documentar con precisión las liberaciones y prestar un apoyo adecuado a los detenidos.

Según varios trabajadores humanitarios familiarizados con el proceso, el personal del CICR solía llegar a los almacenes de recepción, situados en el lado gazatí del paso fronterizo, cuando los detenidos ya habían recibido asistencia de los trabajadores de la ONU, o con personal insuficiente para entrevistar adecuadamente a los repatriados. En algunas ocasiones, el personal no acudió a la hora acordada, alegando falta de personal y de recursos.

¿Dónde estaba el CICR en todo esto?”, se pregunta un antiguo alto cargo de la UNRWA que pidió permanecer en el anonimato. “[Estaban] ausentes. ¿Por qué no vinieron?”.

Al no intervenir nadie más, fue el personal de la UNRWA quien, durante los primeros meses de la guerra, asumió la responsabilidad de recibir a los detenidos que regresaban y los cadáveres. Describen ese proceso como totalmente improvisado.

Antes de que se reanudara la ayuda humanitaria a través de Karem Abu Salem el 17 de diciembre de 2023, Israel liberaba a los detenidos en el paso fronterizo sin previo aviso, y los trabajadores de la ONU a menudo solo se enteraban de su llegada después de que hubieran cruzado de vuelta a Gaza.

La ONU no comenzó a registrar sistemáticamente el regreso de los detenidos hasta ese mes, después de que Ariel se encontrara con la llegada inesperada de 70 detenidos traumatizados y maltratados. “Estaban histéricos”, dijo Ariel. “No se les podía consolar. No sabían dónde estaban ni qué estaban haciendo”.


Detenidos liberados en un almacén temporal de la ONU cerca del cruce de Karem Abu Salem – Kerem Shalom en Gaza.

Entre este grupo de detenidos se encontraban un hombre de 85 años que había sido torturado, un hombre ciego al que habían privado de alimentos y un hombre con las piernas destrozadas sujetas con clavos.

Conmocionado por lo que vio, Ariel presionó a la CLA para que avisara con antelación de futuras liberaciones. Aunque esto quedaba muy fuera del ámbito de sus responsabilidades oficiales, Ariel y otros trabajadores humanitarios convirtieron un almacén en un centro de acogida improvisado y se apresuraron a conseguir comida, mantas, cepillos de dientes y cualquier otra cosa que pudieran obtener para facilitar la transición de los detenidos.

Pero, aunque Ariel y sus compañeros movilizaron recursos para apoyar a los detenidos, el sistema de repatriación siguió siendo irregular debido a la negativa de Israel a cumplir con su obligación de proporcionar información suficiente. Cuando, en algún caso, se notificaban los retornos, la CLA solía informar al personal de la ONU a altas horas de la noche de que los detenidos llegarían a las seis de la mañana del día siguiente, a menudo facilitando cifras inexactas del número de personas. En ocasiones, las liberaciones programadas se cancelaban sin explicación alguna.

Todo es espontáneo, y eso forma parte del plan”, afirmó Ariel, expresando su convicción de que el caos administrativo estaba calculado para impedir que los trabajadores humanitarios atendieran de forma integral a los detenidos que regresaban.

En ocasiones, se permitía a los trabajadores humanitarios llevar autobuses hasta el paso fronterizo. Pero en otras, la CLA obligaba a los detenidos –todos los cuales mostraban signos de desnutrición, maltrato y negligencia médica– a cruzar descalzos el corredor de tres kilómetros que separa los lados israelí y palestino de Karem Abu Salem.

Durante una de las liberaciones, la CLA impidió a los trabajadores humanitarios llevar una silla de ruedas para transportar a un niño de 12 años al que le habían disparado en las piernas mientras buscaba comida para su familia. En ocasiones, los soldados israelíes que custodiaban el paso fronterizo disparaban al suelo para incitar a los detenidos a correr, según varios trabajadores humanitarios que lo observaron de primera mano.


Trabajadores palestinos de la Franja de Gaza, detenidos en Israel desde el 7 de octubre, llegan al paso fronterizo de Kerem Shalom – Karem Abu Salem.

¿Es mi hermano? ¿Es mi padre?”

Como consecuencia del caótico proceso de retorno, el registro ha sido incompleto desde el principio.

Los trabajadores de la ONU destinados en el lado de Gaza del paso fronterizo de Karem Abu Salem ayudaron a facilitar las liberaciones de detenidos durante los primeros seis meses de la guerra; el último recuento exhaustivo de la UNRWA se remonta a abril de 2024, poco antes de que perdiera el acceso fiable al paso fronterizo y a la zona circundante. La frecuencia de las liberaciones varió considerablemente, oscilando entre dos veces por semana y una vez cada tres semanas, según varios empleados de la UNRWA. Los grupos oscilaban entre cinco y 100 detenidos y, en ocasiones, incluían a mujeres, personas mayores y niños de tan solo 12 años.

Incluso después de que se hubiera establecido un sistema ad hoc, los trabajadores humanitarios contaron que algunas liberaciones se produjeron al margen del mismo, por lo que habrían quedado sin registrar. El personal humanitario informó de que había visto a detenidos no registrados regresando a pie desde el paso fronterizo de Erez –que estuvo cerrado a los trabajadores humanitarios durante toda la guerra– y desde el paso fronterizo de la Puerta 96, que la invasión de Rafah hizo inaccesible. “Tiene que haber una diferencia sustancial entre el número de personas que se registraron y las que recibieron asistencia”, afirma un miembro del personal de la ONU que prefiere permanecer en el anonimato por temor a represalias profesionales.

La falta de transparencia sobre las liberaciones es imposible de separar de la ocultación por parte de Israel de información mucho más básica sobre quiénes habían sido detenidos en primer lugar, dónde se encontraban recluidos y cuántos habían fallecido bajo custodia. Según Naji Abbas, director del departamento de presos y detenidos de Médicos por los Derechos Humanos-Israel (PHRI), el ejército israelí tardó siete meses solo en responder a la solicitud de la organización sobre el número de detenidos que habían fallecido en centros de detención militares.

Hasta la fecha, se ha confirmado que 104 palestinos, incluidos 70 de Gaza, han fallecido bajo custodia del IPS y del ejército, según Abbas. Pero PHRI cree que la cifra real es mucho mayor, en parte porque el ejército se negó a facilitar información sobre los detenidos bajo su custodia durante los primeros nueve meses de la guerra. En ese periodo, según declaró Abbas a +972, Israel llevó a cabo “una política sistemática de asesinato de palestinos [bajo custodia israelí]”.

Tanto el sistema de registro de detenidos como el de difusión de información son muy, muy desorganizados y defectuosos”, afirmó Avshalom Matalon, investigador de desapariciones forzadas de palestinos para HaMoked. Matalon añadió que el proceso debería haber sido supervisado por el CICR, pero Israel prohibió a la organización visitar a los detenidos palestinos en las prisiones israelíes y ocultó información sobre su paradero durante toda la guerra, lo que impidió el funcionamiento de uno de los únicos mecanismos de rendición de cuentas.


Fuente: Ctxt

jueves, 18 de junio de 2026

La amenaza de la ‘Línea Amarilla’ en la Franja de Gaza

 

 Por Ruwaida Amer   
      Periodista independiente de Jan Yunis (Franja de Gaza).


Israel aspira a controlar el 70% de Gaza con el apoyo de EEUU. A pesar del alto el fuego, cada día traslada la frontera imaginaria y dispara a los palestinos que se ven sorprendidos


El ejército israelí instala bloques de hormigón de la Línea Amarilla, que delimita la zona ocupada de la Franja de Gaza.

     A principios de mayo, Mohammed Suleiman se disponía a visitar a sus padres, como hace cada mes. Este hombre de 42 años vive en el campo de refugiados de Nuseirat, en el centro de Gaza, mientras que sus padres residen al sur, en Jan Yunis. Eligió la ruta más rápida: conducir por la calle Salah Al-Din, la principal arteria de tráfico norte-sur de Gaza. Pero ese día, su viaje se vería interrumpido, casi de forma fatal.

Estaba cerca de Bani Suheila, en la calle Salah Al-Din, cuando de repente me alcanzó en la mano una bala disparada por el ejército israelí”, contó a la revista +972.

Mohammed fue trasladado al Complejo Médico Nasser, donde recibió tratamiento por su herida, que, afortunadamente, fue leve. “Esta vez he sobrevivido, pero no sé qué nos pasará a mí o a cualquiera la próxima vez”, afirmó. “No les basta con que seamos blanco de ataques repetidos [con bombardeos]; ahora también disparan contra los transeúntes”.

El llamado “alto el fuego” acordado el pasado mes de octubre entre Israel y Hamás dio lugar a un fenómeno que no ha dejado de atormentar a los residentes de Gaza: la ‘Línea Amarilla’. Se suponía que debía delimitar los límites de la ocupación israelí del territorio de Gaza, antes de una retirada gradual a medida que avanzara el alto el fuego. Pero, en lugar de retirarse, las fuerzas israelíes están avanzando.

Al principio, Israel mantuvo el control directo de alrededor el 53 % del territorio de Gaza, a cuyos residentes había desplazado por la fuerza al otro lado de la Franja. Durante los últimos seis meses, periodo en el que el ejército israelí ha matado acerca de 1.000 palestinos en Gaza, los soldados han seguido avanzando hacia el oeste, apoderándose de más del 60 % del territorio.


Palestinos desplazados cerca de sus tiendas de campaña.

Hace dos semanas, el primer ministro Benjamin Netanyahu reveló que había ordenado al ejército que aumentara esa cifra al 70 %, un proceso que se está llevando a cabo en plena coordinación con la Casa Blanca.

En los últimos días, los residentes palestinos han sido testigos de una intensificación de la actividad militar israelí en las zonas adyacentes a la ubicación actual de la Línea Amarilla, lo que aviva aún más los temores sobre su destino. Y en ningún lugar se percibe esto con mayor intensidad que a lo largo de la calle Salah Al-Din.


Post de la organización «Proyecto de Datos de Ubicación y Eventos de Conflicto Armado».

Khalil Al-Sayed, un conductor de unos cincuenta años, depende de esa carretera para ganarse la vida. “Soy conductor desde los 18 años, y es el único trabajo que sé hacer”, explicó.

Aunque la calle Salah Al-Din era accesible para conductores como Al-Sayed durante los primeros meses del alto el fuego, la situación ha empezado a cambiar. “Desde hace unos dos meses, sentimos una creciente sensación de peligro en la carretera debido a los bloques amarillos que se acercan”, dijo, refiriéndose al mecanismo del ejército israelí para demarcar la Línea Amarilla. “Los conductores nos ponemos en contacto todas las mañanas para preguntarnos por el estado de la carretera: ¿está despejada? ¿Ha habido disparos? ¿Hay tanques?”

Salimos a trabajar sin saber qué nos va a pasar”, continuó. “Los disparos indiscriminados son aterradores. Muchas veces, los tanques surgen de la zona de Zeitoun, al norte, y nos obligan a desviarnos hacia el mar para escapar de ellos. Es una situación verdaderamente trágica, y no sabemos qué nos depara el futuro”.

"Nada ha cambiado desde el alto el fuego”

En Jan Yunis, la Línea Amarilla se acerca cada vez más al centro. Mientras que las zonas orientales de la ciudad llevan ocupadas por el ejército israelí desde antes del “alto el fuego” y han quedado prácticamente destruidas, el centro ha experimentado en los últimos meses un resurgimiento de la actividad comercial. Ahora, esto también parece estar amenazado.

En los últimos días, los palestinos del barrio de Al-Bayuk, ligeramente al este de la ciudad, han informado de la aparición de nuevos bloques de hormigón amarillos colocados por el ejército israelí. En respuesta, los residentes han comenzado a huir hacia el oeste para escapar de la invasión militar.

Mohammed Al-Bayuk (que comparte apellido con el barrio) busca ahora un lugar donde su familia pueda vivir en la zona de Al-Mawasi, a lo largo de la costa de Gaza. Este padre de tres hijos había regresado a Al-Bayuk tras el “alto el fuego” y se encontró con que su casa había sido destruida, por lo que montó una tienda de campaña sobre los escombros para poder permanecer en su tierra. Ahora, sin embargo, se está preparando para huir una vez más.

Estoy en estado de shock por culpa de estos bloques amarillos”, declaró a +972. “Están convirtiendo mi vida de nuevo en un infierno. Tengo una pequeña familia que mantener –incluidos mi madre, mi hermano y mis hermanas, de quienes me ocupo desde que mi padre falleció un año antes de la guerra–. No sé cómo voy a poder quedarme en la zona con este peligro tan cerca. Estoy intentando encontrar un lugar para nosotros en Al-Mawasi, pero está abarrotado de personas desplazadas”.

A principios de este mes, el ejército israelí bombardeó su barrio, algo que, según Al-Bayuk, tenía como objetivo aterrorizar a los residentes para que huyeran. “Fue aterrador”, relató. “Lo más impactante es que nos están desplazando durante un alto el fuego. No sé qué están haciendo los mediadores ante esta ampliación de la Zona Amarilla”.

Salem Awad, un hombre de 45 años y padre de seis hijos, originario de Rafah y que actualmente vive en una tienda de campaña en Al-Mawasi, describió los movimientos diarios de la Línea Amarilla por parte del ejército israelí como algo parecido a una partida de ajedrez. “Llevo casi tres años sin poder entrar en Rafah, y eso me mata”, declaró a +972. “Monté la tienda lo más cerca posible para respirar un poco de mi ciudad, solo para descubrir que los bloques amarillos se acercaban a nosotros [la semana pasada]. Ahora estamos justo al lado de ellos, lo que significa que estamos en una zona de peligro”.

No puedo quedarme donde estoy e ignorar esos bloques porque el ejército israelí es traicionero y puede atacarnos en cualquier momento, alegando que representamos una amenaza para sus fuerzas”, continuó Awad. “Hice que mis hijos y mi familia se fueran a la tienda de su abuelo hasta que encontrara un lugar donde montar mi propia tienda y alejarme de aquí”.

Vivimos bajo una inmensa injusticia”, continuó. “No ha cambiado absolutamente nada [desde el alto el fuego]. Oímos constantemente el ruido de las explosiones, que son aterradoras. Oímos cómo se mueven los tanques y vemos las luces al este de Rafah y en sus alrededores. Estamos aquí esperando una solución”.

Al este de Deir Al-Balah, los residentes llevan más de un mes enfrentándose a una amenaza similar. “Volvimos a nuestra casa cuando comenzó el alto el fuego porque no se encuentra dentro de la Zona Amarilla”, explicó a +972 Ahmed Al-Saeed, vecino de esta zona. “Empezamos a acostumbrarnos a la presencia de los tanques y del ejército cerca, pero era aterrador. Intenté mantener a los niños y a todos los demás alejados de esos bloques de hormigón”.

Entonces, hace un mes, el ejército nos ordenó evacuar hacia el oeste”, continuó. “Pensé que era una situación provisional, que estaríamos desplazados un día o una noche, y que luego todo acabaría. Pero unos días más tarde, nos sorprendió descubrir que el ejército había empezado a destruir lo que quedaba de nuestras casas para que nunca pudiéramos volver. Ahora la zona se ha convertido en una Zona Amarilla, de acceso prohibido”.

Estos bloques de hormigón se acercan cada día más de este a oeste, y todos estamos confinados a lo largo de la costa occidental”, dijo Al-Saeed. “Queremos saber: ¿se trata de una ocupación de Gaza y de un desplazamiento forzoso, o qué? Tenemos niños sin techo y estamos en un alto el fuego. Nunca antes habíamos vivido nada parecido. La Línea Amarilla es una pesadilla para todos y no sabemos cuándo va a terminar”.

Fuente: Ctxt

lunes, 28 de abril de 2025

Rafah ya no existe

 

 Por Tareq S. Hajajj  
      Corresponsal de Mondoweiss en Gaza. Escribe y reside en la Franja de Gaza.



El plan de Israel para ocupar Gaza de forma permanente



A lo largo del último mes Israel ha estado desalojando metódicamente a los residentes de Rafah y arrasando los edificios que quedaban en pie. En la actualidad, la ciudad de Rafah y sus pueblos circundantes han desaparecido prácticamente y la mayoría de sus pobladores han huido hacia el norte, a Jan Yunis y la costa de Al-Mawasi, bajo el fuego de la artillería y el sonido de tanques y buldóceres.


Una mujer palestina pasa delante de una de las tiendas de campaña en el campo de refugiados que la ONU habilitado en Jan Yunis, al sur de la franja de Gaza.

     Rafah también ha sido escenario de varias masacres documentadas, como la de los socorristas en el barrio de Tal al Sultán a finales de marzo, cuando el ejército israelí abrió fuego contra 15 paramédicos y socorristas de la Media Luna Roja palestina y la Defensa Civil de Gaza y los ejecutó.


Miembros de la Defensa Civil Palestina lloran a su colega Anwar al-Attar durante su funeral en el Complejo Médico Nasser en Khan Yunis, al sur de Gaza, el 28 de marzo de 2025.

Rafah es la provincia más meridional de la Franja de Gaza, situada junto a la frontera con Egipto. Antes de la guerra albergaba a unos 200.000 residentes y su territorio constituía aproximadamente una quinta parte del territorio de Gaza. Ya no existe.

Las operaciones israelíes de demolición y desplazamiento comenzaron en Rafah mucho antes de que entrara en vigor el breve alto el fuego entre Israel y Hamás a mediados de enero. Durante el periodo de tregua, las fuerzas israelíes impidieron regresar a los residentes de varias zonas fronterizas, como el campo de refugiados de Yibna, Al Awda, Al Shabura y Bir Canada. Tras la ruptura del alto el fuego a mediados de marzo, el ejército israelí los arrasó todos.

El objetivo de este ataque generalizado está ahora claro: convertir todo Rafah en una zona totalmente aislada con una presencia militar israelí permanente. Según un informe de [el periódico] Haaretz, esto “convertiría de hecho a Gaza en un enclave dentro del territorio controlado por Israel, aislándola de la frontera egipcia”.

Las imágenes y las informaciones que llegan de Rafah muestran una ciudad completamente arrasada y sus residentes confirman que la vida allí ya es imposible.


Vista aérea de la destrucción de Rafah el 19 de enero de 2025, al inicio de la tregua entre Hamás e Israel.


Una “tierra de nadie” y un corredor

Jaled al-Dahaliz, de 36 años, cargó sus pertenencias en un carro y huyó de Rafah hacia al-Mawasi, al oeste de Rafah, varias semanas después de que el ejército israelí reanudara su campaña de bombardeos. Intentó resistir durante un tiempo, desplazándose entre distintos lugares dentro de Rafah, pero ya no pudo soportar los bombardeos indiscriminados, según declaró en un testimonio grabado obtenido por Mondoweiss.

Salimos de Rafah por última vez. No creo que podamos volver; allí ya no queda nada», dijo. “Incluso las tiendas que montamos para sobrevivir han sido blanco del ejército israelí. Vayas donde vayas, no encontrarás casas ni gente, sólo campamentos destruidos” explicó al-Dahaliz. “Es para que nadie sepa dónde estaba su casa”.

En las zonas adyacentes al corredor Filadelfia, la franja de tierra que discurre a lo largo de la frontera entre Gaza y Egipto de la que Israel debía retirarse al final de la primera fase del alto el fuego, todo ha sido arrasado y desalojado, según confirman los residentes de Rafah. Zonas como el campo de refugiados de Yibna, el barrio saudí y Tal al-Sultan son ahora tierra de nadie militar vedada a los civiles: la nueva zona de contención de Israel.


'Corredor Filadelfia', según el nombre dado por Israel.

Además, en las últimas semanas, el ejército israelí terminó de establecer lo que denomina el Corredor de Morag, que ahora separa la ciudad de Rafah de la ciudad adyacente de Jan Yunis, justo al norte. Netanyahu había anunciado a principios de abril que el ejército israelí iniciaría su construcción, que finalizó el 12 de abril.

Esto supone que se destruyeron más barrios para asegurar el corredor de Morag, al igual que se arrasaron viviendas durante la construcción de los corredores de Filadelfia y Netzarim antes de la guerra.

La ciudad de Rafah está ahora rodeada por todos lados de corredores construidos por el ejército israelí”, dijo Ahmad al-Dabash a Mondoweiss. Según este residente, el sonido continuo de las explosiones para construir el corredor podía oírse desde tan lejos como Deir al-Balah y Nuseirat, en Gaza central.

El objetivo del bombardeo es sacudir el suelo bajo las casas, para que si hay un túnel se colapse sobre las cabezas de quienes están dentro”, afirmó al-Dabash, detallando lo que él y otros residentes vieron cuando huían de Rafah. “Después de la voladura de las casas parecía que se hubieran vuelto del revés y las bombas dejaban esos grandes cráteres que se habían tragado las casas”.

«La rotonda de al-Jarba y las zonas de Awni y Masbah, al norte de Rafah, estaban en buen estado. Ahora los residentes de Deir al-Balah oyen allí el ruido de las explosiones, y los residentes de Jan Yunis ven el humo que sale constantemente de ellas como consecuencia de los bombardeos diarios», declaró al-Dabash.

El corredor Morag atraviesa Gaza de este a oeste, paralelo a los corredores Netzarim y Filadelfia. Debe su nombre a un asentamiento israelí ya desaparecido que existía entre Rafah y Jan Yunis antes de la retirada unilateral de Israel de la Franja de Gaza en 2005.

«Volvieron a las zonas en las que estaban antes de 2005. Sus posiciones militares y asentamientos estaban ahí mismo. Conocen bien esas zonas y volvieron a ocuparlas», explicó al-Dabash.

La enorme ruta tiene cientos de metros de ancho y discurre por terrenos que desde entonces han sido arrasados, lo que ha supuesto la pérdida de sus hogares a miles de familias y ha garantizado que nunca volverán. Según los residentes, la ruta parte de la zona de Baraksat de Rafah, donde tuvo lugar la masacre de los socorristas, y discurre por la zona de Shakoush, cerca de al-Mawasi, al oeste de Rafah, y hacia el cruce de Kerem Shalom, en el extremo oriental de la ciudad.

Los residentes creen que las operaciones de Israel sobre el terreno demuestran una clara intención de mantener la ocupación prolongada de Gaza. El establecimiento de rutas e instalaciones militares, el hecho de que no se retirara del corredor Filadelfia durante el alto el fuego y la ruptura del acuerdo indican que Israel había estado planeando este final de partida desde el principio, dijeron los residentes a Mondoweiss.

La ocupación israelí quiere hacer la vida imposible en la Franja de Gaza, y eso es exactamente lo que ha conseguido”, afirmó al-Dabash. “Sus objetivos están claros: la ocupación no nos dejará vivir en paz y seguirá intentando expulsarnos de nuestra tierra”.




Fuente: Rebelión