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martes, 7 de octubre de 2025

Sobrevivir al horror: entre la Historia y la depresión

 

      De La Jornada SEMANAL.


     “No me importa restaurar la democracia ni la razón occidental. Hoy, la única pregunta que me interesa es saber qué significa desertar”, enfatiza el escritor y filósofo italiano Franco ‘Bifo’ Berardi (1949, Bolonia). En esta conversación, el fundador de la referencial revista ‘A/traverso’ y autor de ‘La fábrica de la infelicidad’ y ‘La segunda venida’, entre otros títulos, reivindica su sitio político y ético en las ciencias sociales: “He enseñado en muchas universidades del mundo pero siempre como profesor visitante: soy un precario de la enseñanza.”


Franco Berardi

El momento Gaza

¿Desertar es la única salida para la humanidad? ‒interrogo al autor del ensayo Desertemos, motivo central de la presente plática.

Hay toda una retórica latinoamericana, izquierdista, acerca de la esperanza, el coraje y el combate, pero cuidado: este discurso puede ofuscar nuestra comprensión sobre el mundo actual. Deserción es una palabra noble, la cual significa “rechazar a participar en algo éticamente inaceptable”; sin embargo, para mí conlleva un sentido más radical: no significa rehusarse a participar en la guerra, sino abandonar la condición histórica. Lo siento mucho, pues eso está en conflicto con mi posición militante, progresista y comunista; pero la experiencia de este momento histórico, el momento Gaza, nos obliga a repensar el concepto mismo de historia como una noción que no es absoluta, sino vinculada a la condición moderna occidental en un contexto epistémico de tipo monoteísta. No hay historia en el pensamiento circular budista o en el taoísmo del Wu wei. La historia es una obsesión bíblica y griega, con un carácter unidireccional finalizado y racional del tiempo. Marcamos el tiempo como historia porque pensamos que existe una meta positiva: ya sea la superación hegeliana-idealista, la marxista, también la mano invisible del mercado e incluso la universalidad normativa kantiana… es decir, los derechos humanos y la razón. Esta forma de reflexionar, indispensable para pensar la noción de historia, se acaba cuando diariamente somos obligados a asistir a un genocidio, a la repetición de Auschwitz: ¡Gaza es la repetición de Auschwitz, pero con cámaras! La historia es un lugar que debemos abandonar.




La derrota del futuro

Desertar es una invitación a la implosión de conceptos occidentales como esperanza y futuro.

La palabra esperanza no me dice nada. Significa algo para quien tiene fe en Dios, pues en el nombre de esa fe, puede esperanzarse. Yo, en cambio, tengo expectaciones: término materialista que invita a imaginar, en el rango de lo posible, a partir de las condiciones materiales, psíquicas y mentales, de un momento preciso como el que actualmente vivimos. Acerca de esto me hago preguntas, y no sobre la esperanza. Habitamos un planeta que, diariamente, se hace más estrecho a causa del cambio climático y la multiplicación de las guerras; asimismo, existe un regreso de la esclavitud, lo cual llamo hípercolonialismo: una sociedad en donde las potencias coloniales occidentales, blancas, se apoderan de la mente global y explotan el trabajo mental de millones de personas. Si sumas cambio climático, guerras y esclavismo, ¿en qué circunstancias se halla la capacidad subjetiva de la sociedad?

El neoliberalismo destrozó la subjetividad social que podía transformar igualitariamente al mundo. La derrota de la clase operaria industrial ha sido la derrota del futuro. Pensemos cómo existiremos en estas condiciones de fragmentación, fragilización y precarización de la subjetividad. Los zapatistas dicen: “Debemos pensar cómo nacerá y vivirá una niña en 120 años.” Comparto eso: ¿cómo viviremos en este siglo si no desertamos ni creamos las condiciones para sobrevivir al horror?

Mirada infantil

En Desertemos, usted pregunta si podemos ser felices en el infierno… ¿Cómo hacer otro mundo habitando el horror?

Todos intentamos crear relaciones de cortesía y humanidad, a pesar del fracaso de un proyecto histórico. La Historia nos mata, entonces, multipliquemos las pequeñas historias, así con minúscula. Esto es una expresión del movimiento boloñés en la década de los setenta. No sé si conoces La Historia: es una novela de Elsa Morante, publicada en 1974, muy influyente en la cultura italiana de aquella época. Aborda la experiencia de un niño en Roma, 1944, durante la guerra, el hambre y la destrucción. Él ve lo que pasa y piensa que los soldados alemanes, con sus ropas negras, son personajes de una fantasía: ¡vive el horror con imaginación! Recién releí la novela y me doy cuenta de que la visión del infante al caminar en medio del horror de una ciudad destrozada por la guerra, es una mirada que permite salvar algo porque, en su mente, él no participa de esa crueldad. ¿Podemos recuperar una mirada infantil?

Usted exhorta a que los cambios sucedan aquí y ahora, mientras acontece la infamia.

Así es. No es una novedad en mi biografía porque el movimiento autonomista de 1977, en Italia, ya intentaba mirar inocentemente sin reconocer una verdad en la historia. Hemos hablado de un niño mirando el horror en la novela La Historia; pero, cada día, en las pantallas, observamos a infancias que miran el horror en Gaza. ¿Cuánto queda de humano en el género humano? Hoy esa es la gran pregunta. La última generación, sobre todo las mujeres, han concebido el proyecto de abandonar la historia, de manera radical, al no procrear; asimismo, la concepción de la sexualidad cada vez se hace menos reproductiva. Es cierto: existen causas técnicas, económicas y psíquicas… ¿pero este abandono sólo se trata de depresión o también de una deserción?

La cura fascista

En la pandemia estuvimos solos frente a una pantalla, así que propuse un experimento social a treinta jóvenes amigos míos: discutir sobre cómo expectamos el futuro de nuestra vida sentimental, afectiva y sexual. En la investigación, publicada en el libro El tercer inconsciente, miré un rechazo muy profundo e intencional a la relación con el cuerpo del otro, una sensibilización fóbica hacia los labios del otro. Esa larga percepción, ¿qué efectos produjo? Esto se unió con la virtualización creciente del tiempo en las relaciones humanas. Estamos ante una inversión semiótica o virtual del deseo: el tocamiento del cuerpo del otro es cada vez menos divertido; en cambio, ese deseo es cada vez más investido de una descarga dopaminérgica y electrónica vinculada al placer de una relación sin cuerpo. El deseo humano no es algo natural ni inmodificable.

Asistimos a un proceso de descarnalización del deseo mientras ocurre una reacción a este tipo de fragilización: la cura fascista. El fascismo siempre ha sido una cura contra la depresión: si estás deprimido, el matar a alguien o arriesgarte a ser asesinado, eso te diluye brevemente dicha depresión. La anfetamina cura la depresión, y el fascismo también lo hace: si tomas una anfetamina al estar deprimido, eso provocará que la noche sea alegre; sin embargo, al día siguiente te matarás. Ese es el destino de la generación que se halla entre la depresión y la agresividad, entre la soledad y el fascismo.

Wu wei

La depresión es estar muerto en vida: te has retirado del mundo…

Es una interpretación unilateral de la depresión, aunque claro que es verdad: puede ser una condición de muerte en vida; pero, allí, ¿qué debe hacer el terapeuta o el psicoanalista, y también el poeta o el artista, ante una condición de depresión masiva? Deben interpretar la depresión de un modo diferente: en mi visión, la deserción es una manera de valorizar este tipo de rutas del deseo. Elijamos abandonar el territorio de la competencia; en esto existe mucha influencia budista, sin duda. La depresión no es sólo sufrimiento, tal como dijo el psicoanalista James Hillman: “Es la forma de conocimiento más cercana a la verdad de la caducidad humana, de la irreversibilidad del tiempo, la verdad de estar en el horizonte de la muerte.” La depresión nos muestra una línea de escape con respecto a la historia: podemos perder la vida o inventarla con menos competitividad y agresividad.

El sujeto deprimido es un apestado social. ¿Cómo entonces construir algo comunitario, junto a otros, desde la depresión?

Actualmente, el depresivo no es una minoría psiquiatrizable, sino que estamos ante una condición psíquica masiva, la cual llamo el tercer inconsciente. El primero fue el freudiano, fundado sobre la relación neurótica con la civilización. El segundo se refiere al teorizado por Gilles Deleuze y Félix Guattari: el frenesí del deseo, la aceleración y la experiencia. Hoy vivimos, esencialmente, una sustracción del deseo. En el taoísmo chino, por ejemplo, se considera superior al Wu wei [no hacer] frente a la actividad y la competitividad; quizás debamos aprender de esa visión.

Desertar de la historia

El héroe occidental siempre hace y así salva al mundo.

Claro. Es la visión heroica producida por el romanticismo, y también por el nacionalismo, la agresividad y el fascismo. A mí me interesan mucho más los desertores que los héroes.

Latinoamérica está repleta de héroes que salvan al pueblo. Usted no llama a tomar por asalto el Palacio de Invierno, sino que pregona: ¡Abraza tu depresión!

[Risas] ¡Abraza tu depresión! Sí. Transfórmala en algo feliz y en una herramienta para mirar que hay muchísima vida por fuera de la historia. La riqueza de la cultura latinoamericana está en la fuerza emanada de los movimientos indigenistas que han perdurado, los cuales no han sido borrados y permiten entender que existe mucha vida al exterior de la mitología blanca del heroísmo en la historia. Me alegra que, en México y Brasil, la política siga siendo una dimensión de resistencia posible; pero, ¿esta es la tendencia? ¿El Brasil de Lula es una posibilidad para todo el mundo? Desafortunadamente, no. Entonces, pensemos cómo viviremos si Donald Trump y Vladimir Putin destrozan el mundo que conocemos.





Fuente: ILDISERTORI

sábado, 25 de enero de 2025

El Blue Monday no existe, pero el agotamiento que produce vivir de esta manera sí es real en todo el territorio español

 

 Por Adriana T. 
      Treintañera exmigrante. Vengo aquí a hablar de lo mío. Autora de ‘Niñering’ (Escritos Contextatarios, 2022).


Las encuestas ponen de relieve que la vida es difícil y angustiosa para millones de personas en nuestro país. La crisis de vivienda, la precariedad laboral y los bajos salarios siguen ahí pese a los buenos datos macroeconómicos



La depresión como estrategia de ventas



     En 2005, la agencia de viajes británica Sky Travel ideó el concepto de Blue Monday (‘lunes triste’) como parte de una campaña publicitaria pensada para promocionar paquetes de vacaciones invernales. A tal fin, contrataron los servicios del psicólogo Cliff Arnall, que se sacó de la chistera una fórmula pseudomatemática tratando de determinar de manera científica cuál era el día más triste del año. Tras analizar algunos elementos de la vida occidental postindustrial tales como las deudas acumuladas tras las fiestas navideñas, las escasas horas de luz solar en el hemisferio norte, el regreso a la rutina tras las vacaciones y la sensación generalizada de falta de enfoque y propósito vital que muchas personas experimentan en esta época, Arnall determinó que el día más deprimente se produce cada año en torno al tercer lunes de enero. Este 2025 tocará el próximo día 20. Aunque este cálculo es totalmente pseudocientífico y su valor es anecdótico, el concepto ha hecho fortuna y veinte años después de su invención ha pasado a ser de uso común… Y sospecho que no es del todo por casualidad. Quizá el Blue Monday ha resultado ser una buena excusa para poder renegar de un modo socialmente aceptado, al menos durante un día, de la tóxica positividad obligatoria. Pero los motivos para sentirse deprimido van más allá del frío y la lluvia. Me van a permitir que les aburra un ratito con los datos.


Fotograma de El buen patrón (2021).


El trabajador promedio español dedicó nada menos que 1.686 horas anuales a su actividad laboral

 

Las horas de trabajo


En el año 2023, el último del que encontramos datos disponibles, el trabajador promedio español dedicó nada menos que 1.686 horas anuales a su actividad laboral. El dato contrasta especialmente si se compara con el total anual de otros países europeos. Por ejemplo, en Suiza el número de horas fue de 1.557. En Países Bajos, 1.440. En Alemania, 1.386 horas.




Un estudio reciente elaborado por CC.OO. a partir de datos de la EPA, encontró que en nuestro país 419.000 personas realizan cada semana horas extras no pagadas. No hablamos de quedarse cinco minutitos más a recoger los bolis. De acuerdo con el sindicato, “cada persona explotada con horas extras no pagadas realiza 6,3 horas a la semana de media, con un coste laboral no pagado de 7.370 euros al año”.





Los sueldos


Si bien el salario mínimo interprofesional se ha revalorizado en un 54% desde 2018, pasando de 735 euros a 1.134 euros por 40 horas de trabajo semanales (o 15.876 euros anuales), sigue siendo una cantidad muy insuficiente para cubrir los costes actuales de alimentación y vivienda. Se prevé que este año el SMI suba entre un 5 y 6,5%, cuando se alcancen los acuerdos pertinentes. Si finalmente se consigue implantar la semana laboral de 37,5 horas (medida que apoyan el 49% de los españoles), el salario mínimo por hora trabajada pasará de los 8,28 euros actuales a 9,75 euros.

Si consultamos el INE, en 2022 el salario medio anual fue de 26.948 euros por trabajador. Para las mujeres la media fue de 24.359,82 euros y para los hombres de 29.381 euros. Sin embargo, si nos fijamos en cuál fue el salario modal o salario más frecuente, hubo tres cifras que se repitieron especialmente: un 4,2% de los asalariados gana en torno a los 14.586 euros. Tuvieron una frecuencia similar los salarios de 16.495 euros (4,2% del total de asalariados) y de 18.494 euros (4,1%).


La precariedad se manifiesta esencialmente a través de las jornadas atípicas, la sobrecualificación, la inestabilidad en el empleo y los bajos salarios

 

Pobreza y precariedad laboral



Según estimaciones de 2023, el 46,9% de los asalariados españoles (8,1 millones de personas sobre un total de 17 millones) están atrapados en un empleo precario. Si a ello se le suman las personas que tienen un trabajo autónomo precario y quienes se encuentran en situación de desempleo (dos millones y medio de personas), se contabilizaban casi doce millones de personas en situación de precariedad. CC.OO. explica que la precariedad se manifiesta esencialmente a través de las jornadas atípicas –tanto por horarios reducidos involuntariamente como por jornadas excesivamente largas–, la sobrecualificación, la inestabilidad en el empleo y los bajos salarios.


Precariedad laboral en España y su impacto en la salud mental de las personas trabajadoras.

Un informe publicado por Intermon Oxfam hace apenas tres meses señalaba que el 29% de las personas en riesgo de exclusión social en 2022 tenía trabajo, pero su empleo era de tan baja calidad que resultaba insuficiente para salir de la pobreza.


La salud mental


España es líder mundial en el consumo de benzodiacepinas. Un informe publicado en 2023 señalaba que el 9,7% de la población española ha consumido estos medicamentos para el tratamiento de la ansiedad en los últimos treinta días, mientras que el 7,2% de la población los toma a diario.

Otro informe muy reciente, en el que se relacionaba la salud mental y la precariedad laboral, apuntaba a que un total de 170.000 casos de depresión en nuestro país se habrían podido evitar si la población precarizada hubiera tenido un empleo estable. De las personas que trabajan, un 45,9% teme perder su empleo y al 39% le preocupa no poder hacer frente al pago del alquiler o la hipoteca.


La edad media de emancipación ronda ya los 30,4 años en nuestro país

 

La vivienda


El precio de la vivienda en 2024 ha aumentado de media un 8%, aunque en algunas comunidades ha llegado a rozar el 11%. Si hablamos del precio de los alquileres, el porcentaje de subida en los últimos años es todavía mayor. De acuerdo con el portal inmobiliario Idealista, la tasa de esfuerzo (el porcentaje de salario que se debe dedicar a los gastos de vivienda) en la España de 2024 fue de un 36% para el alquiler y un 23% para la compra. La previsión es que en 2025 los precios sigan subiendo.

Según el último informe elaborado por el Observatorio de Emancipación, organismo dependiente del Consejo de la Juventud, en el segundo semestre del año 2023 solo el 17% de la población menor de 29 años estaba emancipada, y siete de cada diez jóvenes que trabajan siguen viviendo con sus padres porque no pueden asumir los costes de vivir de manera independiente. Como se explicaba en el informe, una persona joven tendría que dedicar el 92,1% de su salario para alquilar una vivienda en solitario. La edad media de emancipación ronda ya los 30,4 años en nuestro país.


Propósitos vitales


La tasa de natalidad en España lleva descendiendo de manera ininterrumpida desde el año 2010. Aunque las causas no son solo de índole económica, llama la atención el dato de que el 10,7% de los nacimientos en 2023 fueron de bebés cuyas madres tienen cuarenta años o más frente al 6,8% de esos nacimientos en 2013. En una encuesta realizada por el INE en 2018, dos millones y medio de mujeres en nuestro país reconocían haber tenido menos hijos de los deseados. En esa misma encuesta, aducían como principal causa para no tener hijos motivos económicos, laborales o de conciliación. En el grupo de mujeres de entre 35 y 39 años, una edad que roza el límite biológico para la maternidad, el 21% de las encuestadas seguían en esa situación. Seis años más tarde, en una encuesta del CIS de octubre de 2024, las cifras eran todavía más llamativas: al 58,9% de los encuestados que no tienen hijos les hubiera gustado tenerlos y un 77,3% achaca la baja natalidad a “la falta de medios económicos”.


El Blue Monday no existe, pero el agotamiento que sufrimos sí es real


La sensación de asfixia y falta de horizonte vital que muchos jóvenes (y no tan jóvenes) experimentan en nuestro país, no solo durante los terceros lunes de enero, sino probablemente durante cualquier otro momento del año, es cada vez más real. Y las encuestas parecen respaldar esa sensación, por mucho que los datos macroeconómicos sean positivos y el ministro Carlos Cuerpo anuncie un nuevo crecimiento para el año que empieza.

La cultura del esfuerzo y la meritocracia que tanto les gusta sacar a relucir a muchos sectores de la derecha es una estafa. Un estudio exhaustivo publicado en 2022 detallaba que el 68% de la desigualdad en España se explica por las herencias. Y la situación no va a mejorar: se espera que dentro de unos años, cuando a los baby boomers les llegue su hora, se produzca la que se ha llamado la mayor transferencia de riqueza y recursos entre generaciones de toda la historia, que, previsiblemente, aumentará todavía más la desigualdad en nuestro país.

Cuando a los baby boomers les llegue su hora y se produzca la transferencia de riqueza entre generaciones aumentará todavía más la desigualdad en nuestro país

 

Si el esfuerzo personal no permite salir de la pobreza, ni alcanzar ningún propósito vital que importe (tener estabilidad, disponer de independencia económica, disfrutar de la vida sin angustia o formar una familia, ya sea con o sin hijos), la apatía y el desinterés se convierten en el único estado de ánimo posible. Podría parecerlo, pero el objetivo de glosar todas estas penurias no es proporcionar motivos a mis lectores para lanzarse a las vías del tren, sino más bien lo contrario. Necesitamos tener bien claro de dónde procede nuestro malestar para poder enfocarlo correctamente.

Es posible que algunos de ustedes se sientan muy mal estos días y no consigan encontrar la causa. Sin duda, el mal tiempo, las epidemias de virus respiratorios (¿están yendo a trabajar enfermos?), los cargos que se empiezan a acumular en la tarjeta de crédito y la falta de luz solar no son de gran ayuda. Pero antes de correr a comprar una lámpara de fototerapia, probar la dieta antiinflamatoria, escuchar el enésimo podcast de emprendimiento y autoayuda o dejarse seducir por los cantos de sirena de la ultraderecha que prometen arreglarlo todo a través de la misoginia y el fascismo, les sugiero que empiecen por tirar de este hilo y hagan un poco de autorreflexión. ¿Cuántas horas al día dedico a trabajar, a prepararme para trabajar y a recuperarme del trabajo? ¿Mi empleo me permite pagar el alquiler y llevar una existencia digna? ¿Disfruto con mi labor en algún momento durante las largas horas diarias que paso trabajando? ¿Pago un precio justo y razonable por el lugar que habito? ¿Tengo un ocio de calidad? ¿Paso el tiempo suficiente con mi familia, amigos y seres queridos? ¿Qué perspectivas de futuro se me presentan si todo sigue como hasta ahora? ¿Algo de todo esto es culpa mía? ¿Lo podría resolver esforzándome más?

Les deseo un feliz 2025 y un Blue Monday luminoso. Pero, sobre todo, les animo a cansarse lo menos posible. Lo dicen las encuestas: autoexprimirse ha demostrado ser del todo ineficaz.

Fuente: ctxt