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martes, 5 de mayo de 2026

La “Nueva Guerra Mundial”

 

      Fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


Cuesta no alarmarse ante un panorama de veinte potencias nucleares, algunas sumidas en el integrismo religioso, y otras enfrentadas en conflictos no resueltos, y todo ello en ausencia de mecanismos de contención


Aspecto y carácter de las guerras de la nueva era.


     Hay una sensación general de que, probablemente, el mundo está avanzando a marchas forzadas hacia un gran conflicto. Si estalla, ese conflicto dejará muy atrás, en intensidad y amplitud, la actual confrontación porque podría unir sus diversos frentes. Frentes “calientes” en Ucrania y Oriente Medio”, y latentes en Asia Oriental. Pero ¿de qué guerra hablamos? Muchos dan por hecho que hemos entrado en una Tercera Guerra Mundial, pero la realidad más bien apunta hacia otra cosa.


Trump rezando en el Despacho Oval rodeado de su equipo.

El analista ruso Dmitri Trenin, recién promovido presidente del principal think tank del Kremlin, el Consejo Ruso de Asuntos Exteriores, utiliza y desarrolla el concepto de “Nueva Guerra Mundial” , apuntando tanto las diferencias militares y políticas con la anterior gran guerra, la II Guerra Mundial, como la obsolescencia de las reglas escritas y no escritas que las superpotencias observaban durante lo que se denominó Guerra Fría. Estamos en otro universo, un universo nuevo. De ahí el nombre del concepto. (Ver el artículo de Trenin).


La “Nueva Guerra Mundial”.

La guerra mecanizada de tanques, aviones y escuadras está de capa caída. Lo vemos en Ucrania y en el Mar alrededor de Irán. Se consolida una guerra digital de drones, artefactos no tripulados, misiles y defensas antiaéreas. Los conflictos locales se regionalizan. Las alianzas estables se tambalean en beneficio de vínculos ambiguos carentes de firmes compromisos de luchar al lado del socio. El artículo quinto de la Carta de la OTAN en materia de ayuda de todos contra el ataque a uno de los miembros del club es objeto de interpretación. Los socios de Rusia en el Tratado de Seguridad Colectiva, organizado por Moscú, se declaran neutrales a excepción de Bielorrusia, y están más por necesidad que por convicción. “Moscú, Pekín y Teherán están dispuestos a luchar solo por sus propios intereses y no piensan intervenir en guerras ajenas”, dice Trenin.

No hay diplomacia y su caricatura se utiliza como señuelo de ataque militar. La agresión no respeta normas y busca la eliminación física de los dirigentes adversarios con atentados y golpes quirúrgicos. Al mismo tiempo, a la vista del propio perjuicio, la espiral se modera. Trump quiere acabar con una civilización y devolver a los iraníes a la edad de piedra y, al mismo tiempo, levanta sanciones exportadoras a Irán para amortiguar las consecuencias para el mercado energético global. La guerra de Ucrania no impidió que el gas ruso continuara fluyendo durante bastante tiempo hacia Europa a través de ese país. Moscú podría destruir de un plumazo los centros de decisión en Kiev, ministerios, sede de la presidencia, y no lo hace. Se lucha y se negocia al mismo tiempo. “La guerra y la paz coexisten”.

De ello se podría deducir cierto tranquilizador alivio de que las cosas no van a superar un determinado nivel, sin embargo la dinámica apunta claramente hacia todo lo contrario, hacia un peligro creciente: “El ámbito de la paz se reduce, mientras que el campo de batalla se amplía”.

El temor al recurso nuclear, que fue la póliza de seguros de las potencias para que la cosa no fuera a mayores durante la Guerra Fría, se ha desvanecido. “Una guerra nuclear limitada comienza a presentarse como opción perfectamente viable que no conlleva a una catástrofe generalizada”, apunta Trenin. De las nueve potencias nucleares, solo una, China, no participa en acciones militares, directas o indirectas. Pakistán está en conflicto con Afganistán y lo ha estado con India, Estados Unidos guerrea en Ucrania e Irán, país “cuasinuclear”. Rusia combate en Ucrania. Corea del Norte ha ayudado allí a Moscú. Francia e Inglaterra siguen la estela americana tanto con su intervención ayudando a Ucrania como colaborando con Washington e Israel en Oriente Medio. Respecto al régimen genocida israelí es una especie de Estado Islámico con armas nucleares del que se desprenden los máximos peligros, porque su lógica de disuasión nuclear parece estar más cerca del fanatismo bíblico del pueblo elegido que de las consideraciones militares clásicas. 

Como observa el joven jurista italiano Vincenzo Pellegrino, “el momento de mayor peligro –cuando la teología y la estrategia nuclear convergen de forma explosiva –se produce cuando un liderazgo empieza a interpretar su situación desde una perspectiva escatológica.


Dios, la bomba atómica y el fin de la disuasión nuclear racional

No se trata simplemente de creer que el Estado tiene un mandato divino: es la convicción de que las propias acciones son pasos necesarios en un plan que conduce al fin de la historia”.

Si lo de la Guerra Fría era un asunto de dos potencias nucleares, lo de ahora lo es de las ocho sobre las nueve existentes. Sin contar con que el club es una empresa en expansión que podría llegar a una veintena: Japón y Corea del Sur en Asia, Turquía y Arabia Saudí en Oriente medio y Alemania en Europa, coquetean con la idea, mientras que otros –Polonia, los países bálticos, Grecia, Suecia, Holanda y Bélgica– se declaran abiertos a albergar armas nucleares en sus territorios. El mundo multipolar ya se ha convertido en un mundo nuclear multipolar y la proliferación, por no hablar del control de armamentos, ha pasado a mejor vida. Cuesta no alarmarse ante un panorama de veinte potencias nucleares, algunas sumidas en el integrismo religioso, y otras históricamente enfrentadas en conflictos históricos no resueltos, y todo ello en ausencia de mecanismos establecidos de contención.

Como dice Trenin, las guerras de nuestro tiempo son un reflejo de la crisis del orden mundial. La humanidad nunca había vivido un momento más peligroso que el actual. Y eso sin contar con el tiempo perdido al no afrontar los dilemas planetarios existenciales del cambio global.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

sábado, 5 de julio de 2025

Los ataques de Estados Unidos contra Irán aumentarán la proliferación de armas nucleares

 

 Por Vijay Prashad  
      Historiador, editor y periodista indio.


     El 21 de junio, Estados Unidos atacó tres lugares en Irán con su enorme fuerza militar: Fordow, Isfahán y Natanz, tres zonas donde Irán tiene sus instalaciones de energía nuclear. Cabe aclarar que las instalaciones de energía nuclear de Irán son legales y siguen siendo inspeccionadas y validadas por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).




Irán se unió al OIEA en 1958, poco después de la creación de la agencia de las Naciones Unidas. Ha sido miembro del OIEA desde entonces y ha seguido las líneas generales de las normas establecidas para el uso pacífico de la energía nuclear. A pesar de la inmensa presión ejercida sobre el OIEA por parte del Norte Global para que sancionara a Irán, los informes del OIEA han sido claros en cuanto a que Irán no ha violado las normas ni es un Estado con armas nucleares. Irán tampoco ha amenazado a Estados Unidos ni ha atacado a este país ni a sus activos. Al mismo tiempo, ninguna resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en virtud del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, permite a Estados Unidos atacar a Irán. Por lo tanto, Estados Unidos e Israel han violado el derecho internacional al llevar a cabo una guerra de agresión contra Irán.


De la sesión informativa del Pentágono después del ataque estadounidense – Secretario de Defensa de EE. UU.

Irán ha declarado que no hay contaminación nuclear en la zona de las instalaciones, lo que significa que Estados Unidos no pudo penetrar en estos centros altamente protegidos. Hasta el momento, la administración Trump parece poco dispuesta a ampliar esta campaña de bombardeos y a extender su guerra agresiva a las ciudades iraníes, como hizo la administración Bush en Irak.

Pero no hay garantía de que la guerra no se amplíe ni de que no vaya más allá de los ataques a las instalaciones nucleares. Si Irán no se rinde en las conversaciones previstas, Estados Unidos e Israel podrían bombardear Teherán e intentar asesinar a los líderes iraníes y derrocar al gobierno.

Tanto Estados Unidos como Israel han malinterpretado a Irán. La Encuesta Mundial de Valores muestra que los iraníes responden con claridad y en gran número a las preguntas que reflejan orgullo nacional: el 83 % afirmó estar orgulloso de su país y el 72 % afirmó estar dispuesto a luchar por él (en Estados Unidos, este último porcentaje es de tan solo el 59 %). En las manifestaciones anuales por la Revolución del 11 de febrero, una gran cantidad de personas asiste y marcha con entusiasmo. Los ataques contra Irán no han debilitado esta determinación, sino que parecen haberla fortalecido.

A pesar de los ataques, la gente ha salido a las calles para manifestar su ira y su determinación de luchar contra cualquiera que ataque a Irán y su soberanía. No será fácil para Estados Unidos e Israel desmantelar la República Islámica y llevar al poder a sus aliados, como Reza Pahlavi, descendiente del Sha de Irán, residente en Los Ángeles, Estados Unidos.

El alto nivel de patriotismo en Irán y la determinación del pueblo iraní frenarán el intento de Estados Unidos de invadir Irán (la población de Irán es de 90 millones, mientras que la de Irak es de 45 millones, y dado que Estados Unidos no pudo someter a Irak, es improbable que pueda someter a una población el doble de grande y muy joven, con una edad promedio de 33 años). Un bombardeo cobarde de Irán ya es una cosa, pero una invasión militar de Irán está fuera de discusión para países que simplemente no quieren enfrentar una resistencia vigorosa en todas las calles.

El mayor acicate para la proliferación de armas nucleares será este ataque contra Irán. La destrucción del Estado libio por parte de Estados Unidos y la OTAN (2011) y este ataque estadounidense-israelí contra Irán demuestran ahora a países como Corea del Norte la necesidad del escudo nuclear. De hecho, la negativa de Corea del Norte a desnuclearizar su aparato militar muestra a los países del Sur Global que, si quieren proteger su soberanía, construir un ejército convencional es insuficiente. Es probable que Irán se retire del Tratado de No Proliferación Nuclear (1968), cese su cooperación con el OIEA y construya un arma nuclear. Egipto, Arabia Saudita y Turquía probablemente seguirán este proceso y desestabilizarán totalmente Oriente Medio, mientras que Myanmar probablemente incrementará su cooperación con Corea del Norte para obtener misiles y un arma nuclear. Es un escudo lógico para los países que observan de cerca la violación de la soberanía de Irán, no porque posea un arma nuclear, sino porque no la posee.

Poco a poco, grupos cada vez más numerosos de personas han comenzado a salir a las calles, horrorizados por las implicaciones de este ataque hiperimperialista de Israel y luego de Estados Unidos. Grupos de todo el mundo han declarado que condenan estos ataques y afirman que la paz y el desarrollo son los deseos de los pueblos del mundo, no la guerra ni el atraso. No hay duda entre los pueblos del Sur Global de que este ataque de Israel y Estados Unidos no tiene nada que ver con la conducta de Irán, sino con los objetivos bélicos del Norte Global de dominar Asia Occidental.


Protesta contra las inversiones en empresas de armas nucleares.


Fuente: Globetrotter