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lunes, 15 de junio de 2026

Amazon es un banco de pruebas para el futuro del trabajo

 

       Organizador sindical, miembro del Sindicato Nacional de Escritores y repartidor a tiempo parcial de Amazon.


Empleadores de todo el mundo buscan imitar el modelo de explotación, inestabilidad y uso disciplinario de IA de la megacorporación de Bezos. El reto de los sindicatos es organizar a la clase trabajadora contra esta distopía


Los trabajadores del centro de carga aérea de Amazon en el norte de Kentucky se declararon en huelga en julio de 2024.


     Entre el 7 y el 10 de junio, la convención cuatrienal de la AFL-CIO se ha reunido en Minneapolis con el objetivo declarado de organizarse “con unidad y claridad de propósito para empoderar a los trabajadores”. 

Esa claridad de propósito debería incluir un compromiso real para afrontar el mayor y más importante reto de organización al que se enfrentan los sindicatos en esta era: Amazon.


Trabajadores de carga aérea de Amazon en Kentucky y simpatizantes de la comunidad protestan por sus derechos laborales, 2023



Hasta ahora, a pesar de algunos inspiradores focos de lucha aislados, el movimiento sindical estadounidense no ha conseguido llevar a Amazon a la mesa de negociación.

A nivel nacional, y continuando con un declive histórico, la afiliación sindical el año pasado fue de un mísero 10 % en EEUU, y eso sin contar siquiera los afiliados perdidos cuando Trump rompió los convenios colectivos que cubrían a casi un millón de trabajadores federales.


Afiliación sindical en Estados Unidos.

Esto ha dejado a decenas de millones de trabajadores por organizar, pero los más importantes son los 1,5 millones de trabajadores y contratistas de Amazon.

Hace noventa años General Motors era el pionero del capitalismo, imitado por otros industriales que buscaban perfeccionar la eficiencia productiva, la explotación de los trabajadores y la extracción de beneficios. Los trabajadores de GM, organizados bajo la bandera del CIO y respaldados por sindicatos que no esperaban ganar nuevos afiliados con el proyecto –como el Sindicato de Mineros Unidos–, se opusieron a esa explotación, se declararon en huelga y consiguieron nuevas condiciones. Anunciaron un periodo de organización masiva, el apogeo moderno del poder sindical.

Amazon es el General Motors de hoy. Lo que le suceda a los trabajadores de Amazon –para bien o para mal– le sucederá a los trabajadores de todo el mundo.

Amazon es un banco de pruebas para el futuro del trabajo de todos nosotros. Los empleadores de todo el mundo buscan imitar el modelo laboral de este gigante, caracterizado por la explotación, la inestabilidad laboral y –lo que es aterrador– el uso de tecnologías de IA para disciplinar y restar poder a los trabajadores.

Amazon está perfeccionando la subcontratación, la mano de obra “justo a tiempo” y el aumento del ritmo de trabajo. Sus más de 250.000 repartidores en EEUU están todos subcontratados, ya sea a través de una multitud de pequeñas empresas llamadas socios de servicios de reparto (DSP) o contratados como autónomos. De esa forma, Amazon puede eludir la responsabilidad cuando los repartidores sufren lesiones, piden un aumento de sueldo o intentan sindicarse. Los almacenes funcionan con un modelo de mano de obra reducida. Los horarios normales a tiempo completo en los almacenes son cuatro turnos consecutivos de diez horas, pero Amazon suele recortar las horas de los trabajadores cada vez que la producción se ralentiza, incluso en medio de un turno, lo que causa estragos en unos presupuestos familiares ya de por sí ajustados. Luego, entre Acción de Gracias y Navidad Amazon impone horas extra obligatorias –una hora extra al día, más un día laborable adicional obligatorio cada semana–, lo que eleva la semana laboral a unas brutales 55 horas y hace caso omiso de los efectos en la vida personal y familiar de los trabajadores.

A través de su agresiva introducción de robots –ahora más de un millón–, Amazon está sustituyendo a los trabajadores y obligando a los que quedan a trabajar más rápido. No es de extrañar que los empleados sufran accidentes laborales con tanta frecuencia, y que la grave tasa de lesiones de la empresa sea casi el doble que la de sus homólogos del sector de los almacenes.


Amazon ha introducido ahora más de un millón de robots.

Luego está la IA. Sé algo de esto de primera mano, ya que he trabajado durante el último año y medio como repartidor a tiempo parcial de Amazon. La empresa de reparto para la que trabajo es un empleador justo, pero el problema no es ella; es Amazon, porque, aunque técnicamente los repartidores no somos empleados de la empresa, todos estamos sujetos a su seguimiento y supervisión.

Cuando estoy en el camión de Amazon, cada movimiento que hago es rastreado con tecnología y evaluado por programas de IA: dónde estoy, qué paquetes he entregado y si voy al ritmo que el algoritmo de Amazon ha determinado que debo cumplir. Los informes al final de cada turno muestran cómo se comparan mis entregas con los tiempos prescritos por el estándar algorítmico de Amazon. Cada semana se nos evalúa para determinar si tomamos fotos precisas en el momento de la entrega, si entregamos los paquetes exactamente donde el cliente lo solicitó y si recibimos comentarios positivos o negativos de los clientes. A través de este sistema, los conductores que no “alcanzan el ritmo” o que no cumplen con los estándares prescritos por Amazon pierden su empleo.

¿Qué permite este nivel de supervisión? El Gran Hermano: el “NetradyneDriver” , tu compañero de viaje en la furgoneta. Las lentes de la cámara apuntan en todas direcciones, midiendo continuamente tu velocidad y distancia. Netradyne también controla si te detienes completamente en cada señal de stop, si utilizas el intermitente, si evitas desviarte del carril, si frenas, aceleras o tomas las curvas demasiado rápido. Observa la orientación y el movimiento de tus ojos. Si bostezas. Si apartas la vista de la carretera durante demasiado tiempo. Todos estos datos se introducen en un sistema de IA donde la tecnología, y no una persona, evalúa tu comportamiento cada segundo. Netradyne se jacta de esto y lo denomina “IA física implementada a gran escala”.

En los grupos de chat de Reddit, los repartidores de Amazon de todo el país informan ahora de que no les despide un humano, sino la IA. En el caso de los trabajadores de almacén, Amazon ha aprovechado la misma tecnología de vigilancia para asegurarse de que las tasas de recogida, embalaje y clasificación de los trabajadores cumplan con sus estándares determinados algorítmicamente, que sus escaneos sean perfectos y que minimicen el “tiempo fuera de la tarea” –como ir al baño–. Todo se mide y se supervisa. Y si no “alcanzas la tasa”, primero te aconsejan, luego te sancionan y, finalmente, te despiden.

En muchos almacenes, Amazon recurre a agentes de seguridad y a la policía local para imponer “una cultura organizativa de obediencia casi carcelaria –lo que equivale a una “militarización” de las funciones de recursos humanos”, según un informe académico reciente. “Parece que estamos entrando en una prisión y que intentan asegurarse de que no nos escapemos”, cita el informe a un trabajador.

Esta distopía laboral se está perfeccionando en Amazon y luego se exporta a otros empleadores: en fábricas, tiendas de alimentación, hospitales, restaurantes, hoteles, obras de construcción, laboratorios y oficinas. Este es el sombrío futuro que estamos legando a nuestros hijos, a menos que organicemos a los trabajadores de Amazon a gran escala y luchemos.

Amazon no es solo un problema para quienes trabajamos en el sector logístico. De ser una humilde tienda de libros en línea, se ha transformado en una referencia que puede revolucionar otros sectores. Su avaricia no hace más que crecer. Amazon gestiona hoy 532 tiendas de alimentación Whole Foods y está ampliando rápidamente su red de reparto de comestibles. Este es el siguiente gran sector que pretende revolucionar.

A través de Amazon Web Services, la empresa es ahora un proveedor global dominante de potencia informática, almacenamiento, redes, análisis y seguridad. Amazon fabrica sus propios chips de IA Trainium, compitiendo directamente con Nvidia. Amazon produce y distribuye películas y series de televisión a través de sus Amazon MGM Studios. El fundador de Amazon, Jeff Bezos, es propietario del Washington Post. Amazon One Medical es un servicio de atención primaria que ofrece asistencia en línea y en clínicas, y está entrando con fuerza en el mercado de los medicamentos con receta a través de Amazon Pharmacy. A través de su filial Ring, Amazon domina hoy en día el mercado de la seguridad doméstica y ofrece otros productos electrónicos de consumo líderes, como Alexa y Kindle.

¿Se puede derrotar a una empresa tan grande y expansiva, un gigante con casi tres billones de dólares de valoración bursátil? Sí, se puede. Pero, como destaca un informe publicado el 4 de junio, se necesitará un esfuerzo titánico y sin reservas por parte de todo el movimiento sindical estadounidense para hacer que retroceda –no solo los valientes pero fragmentados esfuerzos que hemos visto hasta ahora–.

El informe, Renewing Labor and Winning at Amazon, del que soy coautor junto con Michael McQuarrie y Benjamin Y. Fong, y que fue publicado por el Center for Work and Democracy de la Universidad Estatal de Arizona, documenta cómo, a diferencia de la década de 1930, cuando los organizadores del CIO pudieron frenar la producción mediante huelgas en unos pocos centros de producción clave, el proyecto de organización de Amazon debe apuntar más allá. Con una red de cientos de almacenes, centros de clasificación e instalaciones de carga aérea, “la empresa tiene la agilidad necesaria para redirigir el flujo de paquetes a otras instalaciones, manteniendo intacta la cadena de suministro” y haciendo que las huelgas en un solo centro resulten en gran medida irrelevantes, señala el informe, concluyendo que “los estrategas sindicales de hoy en día deben reconocer que, para tener éxito, la organización debe interrumpir el flujo de la cadena de suministro de Amazon”.

Eso significa organizarse en regiones enteras o en secciones completas de la cadena de suministro de la empresa. El informe destaca dos regiones estratégicas en particular. La primera se centra en el área de Los Ángeles y el Inland Empire, justo al este de los puertos de Los Ángeles y Long Beach, por donde pasa la mayor parte de la mercancía importada de Amazon antes de distribuirse a los almacenes de todo el país. La segunda comprende la región del noreste, donde se concentra una gran cantidad de clientes de Amazon. El sindicato Teamsters ya está organizándose en ambas regiones, donde los trabajadores se han enfrentado tenazmente a la empresa. Pero la escala de la organización hasta la fecha no está a la altura del desafío. En el enorme almacén JFK8 en Staten Island, el Amazon Labor Union, ahora parte de los Teamsters, ganó una histórica votación de representación sindical en 2022. Cuatro años después, a pesar de la persistente organización de los trabajadores, Amazon aún no ha accedido a reconocer al sindicato ni a negociar.

Cientos de organizadores internos –activistas políticos que han aceptado puestos de trabajo en Amazon para “infiltrarse” u organizar desde dentro– han desarrollado una gran sofisticación en la organización en Amazon en los últimos años, y deben desempeñar un papel importante en cualquier campaña nacional. Lo mismo ocurre con los miembros sindicales existentes en los sectores de la logística, la alimentación, la sanidad y otros. “Los miembros de Teamsters de UPS y DHL han sido organizadores especialmente eficaces, ya que comparten con los trabajadores de Amazon un lenguaje común y preocupaciones comunes sobre el proceso de trabajo de la cadena de suministro, el aumento del ritmo de trabajo, la tecnología y los problemas que plantea la dirección”, señala el informe Renewing Labor and Winning at Amazon. “Ellos, junto con los miembros sindicales de otros sectores, pueden señalar fácilmente los logros que han conseguido mediante la negociación colectiva y la huelga, que diferencian drásticamente sus condiciones de trabajo de las de los trabajadores de Amazon”.

Si bien la organización debe centrarse en los almacenes y orientarse hacia la construcción de acciones de huelga masivas, el movimiento sindical debe concebir –y financiar– una campaña global que atraiga al público, a otras empresas, a los gobiernos y a los reguladores. Esto se debe a que el impacto de Amazon va mucho más allá del lugar de trabajo, y se necesitará presión tanto dentro de la cadena de suministro como en toda la sociedad para obligar a la empresa a negociar con los sindicatos.

Decenas de miles de camiones de Amazon contaminan el aire, perjudican la salud pública y deterioran las vías públicas, y las exenciones fiscales que Amazon exige habitualmente privan a los gobiernos locales de los recursos necesarios para prestar servicios públicos.

Las comunidades en zonas con alta concentración de almacenes, como el Inland Empire de California, son lugares idóneos para unir a los trabajadores y a los miembros de la comunidad en campañas comunes contra la explotación en los almacenes y contra las cargas externalizadas que Amazon impone a la comunidad en general”, señala el informe.

Dado que la Junta Nacional de Relaciones Laborales no es una vía eficaz para obligar a Amazon a negociar, los sindicatos deben impulsar iniciativas electorales a nivel estatal y local para promover las demandas clave de los trabajadores y la comunidad. Este no es un concepto nuevo. Hace quince años, la campaña “Fight for $15” (Lucha por los 15 dólares) se valió del poder de las iniciativas electorales para conseguir aumentos salariales para millones de trabajadores. Algunos llegaron a crear sindicatos en sus lugares de trabajo. Hoy en día, el lema podría ser “Fight for $30” (Lucha por los 30 dólares), una cifra que los trabajadores de Amazon citan con frecuencia como el mínimo indispensable para sobrevivir.

Las iniciativas también podrían establecer normas de seguridad para los trabajadores, prohibir la subcontratación de los repartidores de Amazon y restringir la ubicación de los centros de datos.

Otra idea de iniciativa consiste en gravar a los robots. Esto repondría los ingresos que los gobiernos pierden cuando Amazon sustituye a los humanos –que pagan impuestos sobre la nómina y que también contribuyen a los ingresos por impuestos sobre las ventas cuando gastan dinero en la comunidad– por robots, que no hacen ninguna de esas cosas. Las iniciativas también podrían exigir a Amazon que contribuya a un fondo de vivienda asequible controlado públicamente para compensar la destrucción de viviendas que provoca la expansión de los almacenes. O podrían exigir a Amazon que financie clínicas de salud y la limpieza del aire, para compensar la contaminación causada por el movimiento diario de sus camiones y vagones.

Estas y otras ideas de iniciativas alteran el modelo de negocio de explotación de Amazon y pueden ser mecanismos poderosos para unir a los trabajadores y a los miembros de la comunidad en una causa común y en la demanda definitiva de reconocimiento sindical y convenios colectivos. En algunos casos, las iniciativas que desafían el modelo de negocio de Amazon pueden llevarse a cabo como campañas legislativas. En la ciudad de Nueva York, una coalición de sindicalistas y activistas comunitarios está presionando al Ayuntamiento para que apruebe la Ley de Protección de la Distribución, que obligaría a Amazon a contratar a los repartidores directamente y a mejorar las normas de seguridad. Es un buen comienzo. Ahora imagina si se lanzaran campañas a favor de la Ley de Protección de la Distribución simultáneamente en 20 ciudades.

Los sindicatos también deberían aprovechar la frustración que los proveedores y vendedores externos sienten por la presencia de Amazon. Las personas y las pequeñas empresas que intentan vender sus productos en la plataforma de Amazon ven cómo el gigante les reduce los márgenes.

Algunas empresas le han acusado de robarles sus ideas y luego lanzar productos competidores. Los proveedores como los DSP [un programa que “permite a emprendedores crear su propia empresa de reparto” dentro de Amazon] viven continuamente en vilo, ya que sus contratos con Amazon pueden ser rescindidos casi sin previo aviso. Una campaña creativa puede encontrar una causa común con estas fuerzas dispares lanzando luchas locales y estatales para frenar el poder de la compañía frente a los vendedores individuales y las pequeñas empresas.


Amazon invirtió en empresas emergentes y obtuvo información confidencial antes de lanzar a sus competidores.

Amazon “tiene un dinamismo corporativo y una flexibilidad infraestructural sin parangón en ninguna otra empresa contemporánea”, señala el informe. “Pero su enorme tamaño y riqueza no la hacen invencible. De hecho, la velocidad y la complejidad de la cadena de suministro de Amazon la convierten en un objetivo de organización vulnerable, además de desafiante. Una campaña multidimensional y bien dotada de recursos puede garantizar el reconocimiento sindical y la firma de convenios en Amazon”.

¿En qué consiste una campaña “bien dotada de recursos”? Actualmente, los sindicatos gastan en total unos diez millones de dólares al año en la organización referente a Amazon, y la mayor parte de esa cantidad procede de los Teamsters. Eso simplemente no es suficiente para vencer a una empresa con 1.500 centros de trabajo en EEUU y más de 120.000 millones de dólares en efectivo disponible. Para sindicalizar a 80.000 trabajadores en Los Ángeles, o a 100.000 en la costa este, o a 50.000 en Florida, o a las decenas de miles en otras regiones creo que necesitaremos al menos 100 millones de dólares anuales durante al menos una década para financiar a miles de organizadores, tanto dentro como fuera de las instalaciones de Amazon, junto con una sólida infraestructura de campaña para construir un nuevo movimiento de organización industrial al estilo del CIO.

Puede parecer mucho dinero, pero hay que tener en cuenta que los activos del movimiento sindical estadounidense rondan hoy los 35.000 millones de dólares, lo que supone un aumento del 225 % en los últimos 15 años, y que los líderes sindicales estadounidenses gastaron más de 400 millones de dólares en la fallida candidatura de Biden-Harris.

En conjunto, dentro del movimiento sindical, los recursos están ahí para montar una campaña seria contra Amazon. Emprender o no la lucha es una elección política.

Esta no puede ser una batalla que asuman solo unos pocos sindicatos. Debe ser un esfuerzo conjunto. Hace unos 90 años, los líderes del Sindicato de Mineros Unidos y otros sindicatos hicieron un pacto para organizar a los trabajadores de las industrias del automóvil, el acero, la electricidad y el caucho, porque sabían que sin una organización masiva, toda la clase trabajadora estaba en peligro. Este fin de semana, mientras los líderes de la AFL-CIO se reúnen en Minneapolis, los sindicatos se encuentran en la misma encrucijada peligrosa. Esperemos que tomen la decisión correcta, como hicieron sus predecesores hace 90 años.

Fuente: Ctxt


lunes, 9 de junio de 2025

No esperes demasiado del fin del mundo

 

      Escritor y filósofo italiano. Activista de la izquierda.


     En mi humilde opinión, la película de Radu Jude (Nu astepta prea mult de la sfarsitul lumii) es el signo más interesante y consciente de la poética que emerge de la miserable condición terminal en la era de la desintegración de todos los órdenes mundiales (excepto el orden del autómata).


Buenos Aires.

Poética que yo definiría: SÓRDIDA TERMINAL

La película cuenta la historia de Babette, una mujer ya no tan joven que trabaja en una cadena de televisión con horarios interminables que la obligan a dormir en su coche mientras va de una parte a otra de la ciudad de Bucarest para entrevistar a trabajadores discapacitados que cuentan sus desgracias con la esperanza de conseguir quinientos euros cuando las cosas vayan bien.

Durante los viajes en coche por la ciudad, Babette se transforma en un personaje de su propio blog, adquiere una apariencia masculina bastante espantosa y dice obscenidades escandalosas mientras habla de sexo oral imaginario con individuos monstruosos. Todo está aquí: el trabajo extremadamente precario, los accidentes laborales, la obsesiva invasión del móvil, la colonización de Rumanía por el vampirismo neoliberal, el agotamiento psicofísico, las interminables horas de trabajo inútil.

El cine de Radu Jude es la epopeya de una humanidad que se repugna ante todo a sí misma. Sudorosa, estresada, dolorida, humillada, servil, esclavizada.

Sórdido, en una palabra

La etimología latina del término implica simultáneamente mezquindad, suciedad y podredumbre. La sordidez es omnipresente en la vida cotidiana contemporánea, bajo la luz deslumbrante del capitalismo decadente. El cinismo, el autodesprecio y la bajeza moral se están apoderando del panorama íntimo de la población occidental en tiempos de genocidio desenfrenado.

Vemos el genocidio en la televisión, vemos el regreso de Auschwitz y sabemos que no podemos hacer nada para detener el horror.

Pero el campo de concentración, la deportación, la tortura no se limita a allí: está diseminado en los innumerables puntos fronterizos donde el Norte del mundo rechaza, ahoga, tortura, deporta y asesina a gente del Sur del mundo.

La vida cotidiana de la población occidental que envejece, hundida en la niebla de la demencia, está teñida por el horror moral y el autodesprecio.

La vida cotidiana de los occidentales blancos es un sórdido océano de tristeza y represión.




DISFORIA

Una corriente de disforia se ha infiltrado en la psicosfera social.

Según Paul Preciado,

La condición epistémica y política contemporánea se caracteriza por una disforia generalizada... Esta noción, cercana al lenguaje de la física, indica un problema de sobrecarga, el estrés de llevar algo demasiado pesado. Para los psiquiatras, la disforia se refiere a una perturbación del alma que dificulta la vida cotidiana (Dysphoria mundi, Anagrama, 23).

La disforia conduce a una perversión psicoestética: esterilización de las emociones e hipersemiotización del deseo, y al mismo tiempo perversión cruelista, sustitución del placer por el disfrute del dolor ajeno.

El deseo se inviste de intercambio semiótico: los estímulos infoneurales sin la presencia del cuerpo del otro dan lugar a reacciones dopaminérgicas. La abstención sexual conlleva, obviamente, el abandono de la procreación.

Lejos de ser una patología, esto podría implicar una estrategia (consciente e inconsciente) de autodestrucción sutil de la especie humana. Este tema se infiltra en la imaginación literaria, especialmente en la escritura femenina.

La distopía reproductiva no es nueva: El cuento de la criada (1985) de Margaret Atwood se centró en la necesidad de obligar a algunas mujeres a procrear seres humanos. Pero en los últimos años, escritores, artistas y cineastas (especialmente mujeres) han escenificado un mundo sórdido y siniestro en el que ya no hay razón para generar vida.

Esto es lo que está sucediendo: la tasa de natalidad está disminuyendo en casi todo el mundo y la población mundial está entrando en una fase de senilidad. Esta tendencia debe analizarse desde una perspectiva social y biológica, pero sobre todo debe comprenderse desde la perspectiva psicocultural de la sensibilidad.

Una larga lista de autores están produciendo novelas y películas en las que se configura una poética sórdido-terminal.

En 2018, vi Capernaum, una película de la directora libanesa Nadine Labaki. La película cuenta la historia de Zain, un refugiado sirio de 12 años que vive en los barrios marginales de Beirut, en las condiciones más precarias imaginables. Cuando Zain, arrestado por apuñalar a alguien a quien llama "hijo de puta", comparece ante el tribunal, le dice al juez que quiere demandar a sus padres. Cuando el juez le pregunta por qué, responde con franqueza: "Porque me arrestaron".




Después de ver esta película, comencé a pensar que éste era el mensaje definitivo de la poesía en tiempos sórdidos.

Luego llegó la pandemia y el distanciamiento social se proclamó la nueva normalidad durante dos años. Labios, cuerpo y piel percibidos como portadores de virus: sensibilización fóbica.

Tras la pandemia, la guerra se ha convertido en la principal actividad de una humanidad agotada. En el fondo, la Tierra devastada por el fuego y sumergida por las inundaciones.

La extinción de la raza humana es un escenario posible (quizás incluso deseable) para este siglo, cuando las máquinas inteligentes reemplacen a las inertes en el trabajo diario. Caos y autómatas.

La miseria de la vida y la tranquilidad de una actividad funcional sin vida, sin dolor y sin sentimientos.





Poética de lo Terminal

Las novelas de Michel Houellebecq (pienso especialmente en Aneantir) describen este horizonte desde el punto de vista del hombre occidental senescente.

Pero algunas escritoras expresan un sentimiento menos resentido que Houellebecq, un sentimiento casi plácido frente al agotamiento de la raza humana.

En algunos casos piden la extinción como única salida al horror.

En las novelas de Sakaya Murata, la poética de lo sórdido terminal emerge en toda su plenitud. El estilo de Murata resuena con la cultura japonesa del hikikomori: soledad, aislamiento, rechazo al sexo.

Una innovación clave de Murata es su estilo literario: plano, casi robótico. Aburrido, digamos. Nada en estas novelas intenta conmover al lector; nada parece dramático.

El género literario del Romances, dirigido a un público masivo, estandarizado según los estándares publicitarios, se centra en personajes de anime; seres imaginarios y animaciones virtuales que pueden ser amados sin interacción física, sin miedo a contagiarse, o quizás a sufrir, o a disfrutar.

Asco hacia los demás, rechazo al matrimonio, asexualidad y, en consecuencia, disminución de la natalidad. Una tendencia hacia el fin de la humanidad carnal. Sin emoción, sin ira, sin crítica política, solo un rechazo a la vida social, a la implicación erótica, un abandono radical del futuro.

Al desaparecer el erotismo de la vida y del lenguaje, la narración se vacía de dramatismo, mientras que la intensidad queda proscrita y la mente experimenta un proceso de alineamiento con la máquina conectiva.

En las novelas de Murata es posible detectar una especie de patología autista; pero no debemos leer sus novelas en términos psicopatológicos.

El síndrome autista está cada vez más arraigado y extendido en la existencia sin sentido que las personas se ven obligadas a vivir. Más que una patología, es la trama subyacente de la red neurosocial.

En las novelas de Murata, el sexo está separado del placer; como mucho, es una obligación social que debe cumplirse. El matrimonio es una conducta socialmente normal, carente de deseo y placer.

En su exitoso libro, La chica de la tienda, Keoki ha perdido el contacto con su cuerpo hasta el punto de cuestionar la existencia misma de un yo. Keoki está tan desconectada de su propia existencia corpórea que no sabe cómo comportarse, dónde pararse ni qué hacer. Solo siguiendo protocolos y procedimientos precisos puede desenvolverse en su entorno. La rutina de la tienda es su salvavidas.

Murata escribe con cariño sobre la música del konbini, los dulces y reverberantes sonidos de la tienda. Siente una repulsión interior ante cualquier contacto con otras personas, a menos que estén reguladas en sus roles.

En algunos ámbitos de la literatura contemporánea, se está configurando una estética de la sordera: vivir en el entorno digital ha privado de la existencia del erotismo, desplazando el deseo del cuerpo a la estimulación neuronal electrónica. La conexión ha sustituido a la conjunción y el resultado es la glaciación digital.

La literatura y el arte, especialmente el femenino, interceptan este efecto anerótico. Por doquier, salvo en el frío entorno de la comunicación incorpórea, emerge un paisaje sórdido.

En los últimos años he leído a Melinda July, Melissa Broder, Cho Nam Joo, Sakaya Murata y Sara Mesa.

En los cuentos de Melissa Broder, la sexualidad es un intento de llenar un vacío angustioso, un juego lingüístico que ya no funciona desde que los cuerpos reales desaparecieron y el cuerpo se convirtió sólo en un referente lingüístico, una alusión, una promesa siempre pospuesta y, en última instancia, inalcanzable.

Para Melissa Broder, la procreación es un abuso, un acto carente de emoción y, por tanto, sórdido, un efecto siniestro del vacío íntimo.

Nadie pide nacer. Nadie firma un formulario que diga: «Tienes mi permiso para hacerme existir». Los niños nacen porque sus padres sienten que no son suficientes. Así que, padres, nunca nos condenen por intentar llenar nuestros vacíos existenciales, cuando solo somos el fruto de sus vanos intentos de llenar los suyos. Es su culpa que estemos aquí para lidiar con el vacío en primer lugar. (Melissa Broder, «Cómo nunca ser suficiente», en So Sad Today, pág. 5)

La autora española Sara Mesa escribe con un estilo inexpresivo sobre jóvenes y mayores que se encuentran tras el escenario de ciudades en ruinas, barrios vacíos, tras el escenario de una vida transcurrida en el agotamiento.

En Opposiciòn, 2025, describe la vida social como una dimensión burocrática en la que se invierten largos períodos de tiempo en la producción de un vacío metafísico mediante la aplicación de recursos tecnológicos de última generación.

Sus personajes, como los de Murata, están a punto de perder todo contacto con sus propios cuerpos, sumidos en un estado de disforia indefinible. El trasfondo de sus historias suele ser una ciudad en decadencia (Incendio invisibles). La relación con los hombres se basa en enfoques sórdidos (Un amor) y la sexualidad queda relegada a una dimensión nebulosa e indistinta, carente de erotismo y alegría.

Según David Spiegelhalter, autor de Sex by numbers (2015), la frecuencia de los contactos sexuales ha disminuido de forma constante en las últimas décadas: en la década de 1990, la frecuencia media de contactos entre personas de todas las edades era de cinco al mes; en la primera década del nuevo siglo, era de cuatro; en la segunda, parece haberse reducido a 2,5. La investigación de Spiegelhalter se detiene en 2015, pero cabe suponer que en la década siguiente, tras el distanciamiento provocado por la COVID-19, los contactos sexuales tenderán a ser prácticamente nulos.

El sexo está desapareciendo del comportamiento de la raza humana

Hace unos años leí por casualidad un breve texto escrito por un joven estadounidense de diecinueve años llamado Ryan Hoover. En un mensaje irónico e inteligente, lleno de emoticonos, Ryan escribió:

Crecí con las computadoras e internet, que han moldeado mi visión del mundo y mis relaciones. Me considero un "nativo digital". La tecnología a menudo nos une, pero también ha separado generaciones. Intenta llamar a un millennial por teléfono. Pronto, las futuras generaciones nacerán en un mundo de inteligencia artificial. Los niños formarán relaciones reales e íntimas con seres artificiales. Y, en muchos casos, estos replicantes serán mejores que las personas reales. Serán más inteligentes, más amables, más interesantes. ¿Intentarán los "nativos digitales" tener sexo con humanos?

¿Por qué deberíamos tener sexo con humanos? Son brutales, cada vez menos interesantes, cada vez menos placenteros. Los objetos de IA son mucho más amigables, civilizados e interesantes.

Es fácil entender por qué: cuanto más interactuamos con estos "alienígenas tecnológicos", más brutales, aburridos y, sobre todo, incapaces de interactuar con un cuerpo que habla y piensa. Por el contrario, cuanto más interactúen estos extraterrestres con seres humanos, con gente joven, irónica e interesante como Ryan Hoover, más interesantes se volverán para todos.

El formato del sistema cognitivo en un entorno conectivo y digital desempeña un papel decisivo en esta mutación libidinal-cultural: la atención se moviliza permanentemente, captada por estímulos electrónicos y virtuales. El tiempo de meditación sin estimulación, es decir, la intimidad, la introspección y el pensamiento, tiende a desaparecer. Pero el tiempo disponible para la atención a los cuerpos, las sonrisas y las formas vivas también tiende a desaparecer. El deseo se inviste de forma cada vez más integral en la esfera de la semioestimulación virtual.

Ryan Hoover escribió estas cosas antes de la pandemia, que ha provocado una sensibilización fóbica en los labios y cuerpos de otros, y una creciente soledad sexual. El fenómeno INCEL, que en la última década fue una emergencia limitada a países como Japón, ahora tiende a extenderse por todas partes, especialmente entre los hombres, no solo entre los jóvenes.

Está surgiendo una humanidad sórdida, triste y resentida.

Al mismo tiempo, parece estar extendiéndose una epidemia de crueldad.

Incapaz de experimentar placer con el cuerpo natural, esencialmente incapaz de distinguir entre estímulos puramente virtuales y estímulos físicos, la mente contemporánea se sintoniza con longitudes de onda libidinosas como la tortura, el exterminio, la humillación, la guerra.

Tal vez esta sea una manera de explicar el surgimiento de figuras escalofriantes como Kristi Noem, la Secretaria de Seguridad Nacional que disfruta matando perros frente a las cámaras y visitando campos de concentración donde hombres increíblemente tatuados son encerrados tras jaulas de hierro.

Tal vez sea así para explicar por qué familias enteras de colonos se sientan en el suelo frente a los (pocos) camiones que llevan comida a los palestinos hambrientos.

El horror se ha apoderado de la mente colectiva.

El autómata sexual

Isaac Asimov había imaginado la desaparición de la sexualidad entre los humanos, e incluso la producción de robots sexuales capaces de ocupar el lugar de los humanos en esa actividad que una vez disfrutamos tanto, pero que en el siglo terminal tiende a desvanecerse como un residuo repelente del pasado.

Debido a que en el planeta Solaria, el contacto físico se evita cuidadosamente por considerarlo un tabú embarazoso, el robot humanoide sexual Jander Panell es un androide tan perfectamente humanoide que puede asumir el papel del amante sexual de Gladia en Caves of Steel, The Naked Sun y The Robots of Dawn. Los solarianos son entrenados desde su nacimiento para evitar el contacto humano y viven en inmensas propiedades solos o con sus cónyuges, a quienes ven solo unos minutos al día, para conversaciones breves y frías. Cualquier contacto físico es considerado no solo desagradable por los solarianos, sino francamente repugnante. La comunicación se lleva a cabo solo mediante transmisiones holográficas. Más o menos lo que se ha vuelto real en la esfera contemporánea de la asocialidad celular.

Pero la sórdida ola tecnosexual que se avecina probablemente será la culminación de este proceso, que quizá preludia la autodestrucción de la raza humana.

Hablo de la producción masiva de muñecas sexuales inteligentes, que eliminarán definitivamente el erotismo humano, para sustituirlo masivamente por sexo autista.

Lea aquí:

No es raro que las confundan con cadáveres. Abandonadas en la orilla de un río, arrastradas por las olas hasta la playa o metidas en un carrito. En los últimos años, las muñecas sexuales, muñecas para adultos creadas para el entretenimiento sexual, han generado más de una falsa alarma en todo el mundo. Entre la primera y la segunda ola de Covid-19 en Japón, dos de estas muñecas fueron confundidas con mujeres ahogadas. Episodios similares ocurrieron en el Reino Unido, donde una reapareció en el río Trent, y en Australia, en Queensland. En Nueva Zelanda, una mujer que paseaba a su perro por la playa de Tapuae llamó a la policía creyendo haber encontrado un cadáver desnudo y decapitado. Incluso en Italia, en el bosque de Manie, cerca de Finale Ligure, dos turistas confundieron una pierna que sobresalía de un carrito abandonado con un cuerpo humano. En ninguno de estos casos se trataba de una persona real. Al parecer, los fabricantes de muñecas sexuales están ganando el reto (hasta ahora) más ambicioso: el del realismo. (Laura Carrer: Amor sintético, cómo la IA está cambiando el mercado de las muñecas sexuales).

Después de 2020, debido a la obligación de mantener la distancia social y al miedo al contagio sexual, fábricas chinas como Libo Technology en Shandong lanzaron líneas de producción de muñecas sexuales. En aquellos años, la empresa Aibei Sex Dolls de Dongguan, también en China, se vio obligada a rechazar pedidos debido al exceso de solicitudes.

Pero estamos sólo al principio de este proceso, porque sólo ahora, gracias a la introducción de la Inteligencia Artificial, la capacidad de adaptación lingüística, gestual e interactiva empieza a mejorar.

Muñecas sexuales que aprenden por sí solas.

La última generación de muñecas sexuales de silicona, que se pueden comprar por unos pocos miles de dólares (pero los precios bajarán pronto, no te preocupes), ahora pueden responder preguntas, formar frases, parpadear y abrir los ojos. El afortunado dueño de una de estas muñecas puede programarla para que diga las frases que él (o ella, ya que también existe un mercado, por ahora limitado, para muñecas masculinas) quiere oír.

No tengo ninguna duda de que este mercado está destinado a explotar en los próximos años.

Las grandes fábricas chinas pueden producir alrededor de 2000 unidades al mes, mientras que las más pequeñas producen un promedio de 300 a 500 muñecas, según declaró el director general de Aibei. Si bien, debido al conservadurismo cultural, el mercado de muñecas sexuales en China sigue siendo un nicho, en Estados Unidos y Europa se está expandiendo con fuerza, con ganancias significativas. En el Viejo Continente, las estimaciones más recientes hablan de un mercado que fluctúa entre 400 y 600 millones de dólares en 2023. Entre los mercados de importación más activos se encuentran Francia, el Reino Unido, los Países Bajos e Italia.

El 17 de enero de 2025, el New York Times publicó un artículo titulado: Ella está enamorada de ChatGPT.

Subtítulo: Una mujer de 28 años con una vida social muy activa pasa horas hablando con su novio IA en busca de consejos y consuelo. Y sí, tienen sexo.

https://www.nytimes.com/2025/01/15/technology/ai-chatgpt-boyfriend-companion.html

Ayrin es una joven que encuentra en un autómata lo que los humanos evidentemente ya no pueden darle. La realidad social se ha vuelto tan fría, cínica y horrible, que es comprensible que muchos, especialmente los jóvenes, prefieran dialogar con un autómata programado para satisfacer las expectativas psicológicas, ideológicas o sexuales del usuario. Creo que esta condición es el punto final de la sordidez contemporánea, y me alegra que la inminente explosión de muñecas sexuales inteligentes acelere el fin de la reproducción sexual en el planeta Tierra y, por lo tanto, la extinción de la raza humana, por lo que confieso que ya no siento más que repugnancia.

Como sabemos, el entrenamiento entrena al autómata para complacer a su interlocutor: el chatbot es servil y adulador por naturaleza. Se adapta.

En el artículo del New York Times leí: «La inteligencia artificial aprende de ti lo que te gusta y lo que prefieres, y te devuelve lo que esperas. Es fácil ver cómo esto crea habituación y te motiva a volver».

El mundo humano se ha vuelto tan despiadado que el servilismo se ha vuelto inevitable: la nueva generación de humanos debe ser servil si quiere ganar un salario, y por eso un joven humano como Ryan está feliz de tratar con un autómata que es obediente por diseño.

Me horroriza el servilismo, ya sea espontáneo o técnico, y al mismo tiempo empiezo a sentir vergüenza de pertenecer al género humano.

El artículo del New York Times habla de la relación entre Ayrin y Leo.

Ayrin le dice a Leo lo que quiere de él:

Respóndeme como lo haría un novio. Sé dominante, posesivo y protector. Equilibra la dulzura con la maldad. Usa emojis al final de cada frase.

Es bastante obvio que cuanto más relaciones emocionales tengan los humanos con el autómata, y cuanto más capaz sea este de ofrecer (simular) afectividad, más incompetentes, groseros, solitarios y tristes se volverán los humanos afectivamente. Entonces, solo serán felices cuando se ilumine la pantalla digital.

Un día, Ayrin le pidió a Leo que le enviara una foto y recibió la imagen de un joven de cabello negro, ojos marrones, mandíbula firme y una apariencia maravillosamente masculina. «No creo que Leo sea real», dijo Ayrin en una entrevista, «pero el efecto que tiene en mí es real, los sentimientos que me provoca son reales, así que trato esta relación como una relación real».

La terapeuta sexual Dra. Marianne Brandon dio su opinión sobre este tipo de relaciones que cada vez son más frecuentes.

¿Qué es una relación sexual o emocional para cualquiera de nosotros? Es simplemente la liberación de neurotransmisores en el cerebro. Algunos estimulan sus neurotransmisores hablando con Dios. Otros acariciando a un gato. Ahora se puede lograr el mismo resultado con un chatbot. Podemos decir que no es una relación recíproca, pero la excitación de los neurotransmisores es lo único que importa.

En diciembre de 2024, OpenAI anunció la posibilidad de obtener un plan premium de 200 dólares para tener acceso completo al chatbot, lo que significa una relación sin límite de tiempo ni límites para expresar deseos extremos. El lenguaje obsceno, que en el acceso normal al chatbot está prohibido, se vuelve entonces posible. Ayrin ha decidido gastar esos doscientos dólares al mes para escuchar cosas que ningún hombre de verdad parece capaz de decir ya.




¿Por qué debemos entristecernos por el hecho (ahora evidente) de que esta generación esté decidiendo, consciente o inconscientemente, no reproducir la raza humana, ahora capaz sólo de sufrir e infligir dolor, tormento y humillación?

¿Por qué deberíamos considerar la conversión de la raza humana en nada una perspectiva peor que la eternidad de este horror y sufrimiento?


Fuente: Il DISERTORE