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jueves, 12 de marzo de 2026

Entrevista a Antonio Turiel: “Si la guerra en Irán se prolonga un mes, va a faltar el 40% del petróleo exportable”

 

 Entrevista de  Diego Delgado   

      Entre Guadalajara y un pueblito de la Cuenca vaciada. Estudió Periodismo y Antropología, forma parte de la redacción de CTXT.


Antonio Turiel (1970, León) lleva muchos años advirtiendo sobre la velocidad a la que nos acercamos al pico máximo de producción mundial de petróleo y, más aún, sobre las consecuencias que ello desencadenará en un mundo incapaz de sacudirse de encima la pulsión del crecimiento infinito.


Retrato del divulgador científico y físico Antonio Turiel.

      El nombre de su blog, The oil crash (que podría traducirse como “la caída del petróleo”), da buena cuenta de la dedicación con la que se ocupa específicamente de esta cuestión.

The Oil Crash.

Hoy, con la actualidad invadida por agresiones y conflictos tras los que asoma, siempre, el afán por controlar lo que queda de petróleo, Turiel se lamenta de llevar “16 años hablando de esto. Y fíjate si me han insultado y me han dicho que eso del peak oil [el pico máximo de petróleo] no es verdad. Pues mira, está aquí”.


Peak Oil Barrel.

¿Cómo se explica la ofensiva de EEUU e Israel contra Irán desde el punto de vista de los recursos energéticos?

Es bastante interesante un informe del Departamento de Energía de Estados Unidos, de finales de 2025, en el que ellos ya reconocen un descenso de la extracción de petróleo en el país, aunque prevén que el ritmo del declive será lento. Yo creo que va a ser algo más rápido, porque el problema que tiene EEUU es que la mayoría del petróleo que extrae es de fracking, que aparte de ser de peor calidad, los pozos duran muy poco. En general, un pozo de fracking produce el 80% de su capacidad en los dos primeros años, y al cabo de cinco la mayoría ya están cerrados, ninguno sobrevive más de diez años.

Para mantener la ilusión de que el fracking era maravilloso, Estados Unidos abrió pozos a un ritmo acelerado para compensar los que iban cayendo; pero llega un momento en el que ya no puedes más. Ya se sabía que estábamos llegando a este punto, se sabía desde hace tiempo, incluso teniendo en cuenta que la Administración de EEUU ha dado muchísimos incentivos y exenciones fiscales a un tipo de explotación que hace tiempo que no es rentable, pero ni por esas: llega un momento en que te topas con el límite físico. Aunque quieras perder dinero, da igual, es que ya no puedes. Y esto yo creo que explica la actitud actual de EEUU.

Donald Trump ve que él va a llegar al final de su mandato en una situación en la que el declive de la producción va a ser severo. Es probable que en dos años veamos un descenso que podría reducir la producción de petróleo estadounidense en un 20%. Y sin contar a EEUU, en el resto del mundo la extracción hace tiempo que está estancada o en caída. Así que empiezan a tener prisa porque ven que van a perder una parte importante de su producción e importación. Siempre conviene recordar que EEUU, aunque ahora mismo es el primer productor de petróleo del mundo, no es autosuficiente y tiene que importar. Esas importaciones son como el 40% de su consumo de petróleo.

Entonces, el Gobierno de Trump no está al margen de todo este lío que está generando; el problema que ellos tienen es que su situación se va a debilitar considerablemente en los próximos años, precisamente por este agotamiento del fracking, que se había vendido como la gran revolución.

Esto es una razón muy poderosa para explicar lo que hicieron en Venezuela. Ahora, con Delcy Rodríguez, se ha aprobado un paquete de medidas absolutamente alucinantes que esencialmente entregan todo el sector petrolero a las empresas y bancos estadounidenses, al punto de que si hay algún conflicto que se tiene que resolver en los tribunales, se resolverá en EEUU. Es una concesión de soberanía total; en la práctica Venezuela se ha convertido en un protectorado de EEUU y evidentemente han pretendido hacer algo parecido en Irán.

El plan era crear una situación de mucho estrés en Irán, golpear fuerte, desestabilizar. Mataron a Jameneí con la intención de que el pueblo se alzase y, aprovechando la confusión del momento, poner a su hombre de paja y tener el control de los recursos petroleros. Yo creo que aquí han subestimado, por una parte, la fortaleza de las estructuras políticas actuales en Irán, y por otra no se han dado cuenta de que es un régimen menos personalista que el de Venezuela. Y, al final, hemos entrado en esta situación de impasse en la que estamos ahora. En resumen, no hay ninguna duda de que hay una motivación fuerte por el petróleo.

¿Vamos a ver un continuo de agresiones estadounidenses para paliar su declive de producción petrolera?

EEUU no tiene muchas opciones. No es casualidad que haya ido a atacar al cuarto productor más importante de petróleo del mundo. El primero son ellos; el segundo es Arabia Saudí, donde ya tienen controlados los recursos, hay una comunión total de intereses y se prioriza siempre abastecer a EEUU; con el tercero, Rusia, ya lo han intentado: hay un plan de la CIA de finales de los noventa para romper Rusia en seis Estados porque es muy grande y controla muchos recursos; ¿quién es el cuarto? Irán.

El quinto es Irak, que ya lo tienen más o menos controlado. Ya si vas al sexto, séptimo, etcétera, no es tan sencillo y empiezas a luchar por cantidades marginales de petróleo. En esa lista, entre los diez primeros está Argelia, que yo creo que es donde Europa tiene intención de meterse, y eso es un avispero con un ejército potente y un país con mucha población, más de 40 millones de personas.

No creo que estas potencias imperiales decadentes tengan una capacidad real para ocupar de manera firme un territorio como Irán o Argelia. Entonces no les quedan muchas opciones. Un aviso a navegantes muy interesante es el bombardeo selectivo que hizo Trump en Nigeria, el principal productor de petróleo de África.

Después de Irán, sus opciones se reducen mucho, porque el volumen que se puede conseguir para exportación ya empieza a ser pequeño. Es que en el mundo ya no queda mucho más, ahí está la cuestión. La realidad es que esto se acaba; o sea, no se acaba de golpe, es un proceso que irá con los años, pero es obvio que esto ahora va a ir continuamente bajando, bajando y a ver cómo lo gestionamos.

Claro, si tenemos a los mandos a gente tan hábil y tan inteligente como Donald Trump, pues bueno, es como poner a un elefante a darle patadas a los mandos de un avión.

Los principales afectados por el conflicto en Irán son los países importadores de petróleo y gas natural licuado. ¿Cómo puede afectar a la UE?

Todavía no estamos viendo los efectos de la escasez. Los vaivenes en el precio a los que asistimos son propios de la situación política, pero el efecto sobre la Unión Europea y sobre España dependerá muchísimo de la duración real y efectiva de la guerra. Si se detiene en los próximos días, habrá cierta repercusión, pero tendrá un alcance limitado. El problema es si se prolonga.

Si el conflicto se prolonga, vamos hacia un desastre que no tiene parangón con nada, ni siquiera con las crisis de los años setenta. El episodio en el que más volumen de petróleo se paralizó fue precisamente en aquella década, con el embargo árabe; en aquel momento se paralizaron cinco millones de barriles de petróleo, que vendría a ser como el 10% de todo el consumo mundial, pero además había mucho más petróleo disponible para la exportación, con lo cual, sobre el petróleo comerciable para la exportación debía de ser como un 15%. Por Ormuz pasan hoy unos 20 millones de barriles de petróleo, que es el 20% del consumo mundial, pero como los países productores consumen la mitad del petróleo ellos mismos, para la exportación solo está disponible la mitad, es decir, se está paralizando el 40% del petróleo comerciable. Esto se combina con la paralización del transporte de gas natural, que ahora mismo es muy importante para el suministro eléctrico y la producción de fertilizantes, por ejemplo.

Si fuéramos a una guerra muy prolongada, yo creo que a partir de un mes vamos a empezar a ver efectos muy severos. Un mes, más o menos, es lo que tarda un petrolero en llegar desde el Golfo Pérsico hasta Europa, ahora que no pasan por el Mar Rojo. De momento no se está notando que no llegan los petroleros, pero evidentemente en un mes se va a empezar a notar. Si esto sigue así, vamos a una crisis de dimensiones colosales, porque de repente va a faltar el 40% del petróleo exportable.

Lo único que pueden hacer los Estados en esa situación de prolongación del conflicto, aparte de echar mano de sus reservas estratégicas –que en los países europeos suelen cubrir unos 90 días del consumo nacional y no pueden usarse como si no pasase nada hasta agotarlas–, es empezar a racionar. Y eso, en un sistema capitalista como este, es una catástrofe sin paliativos. Implicaría el cierre de muchas empresas, encarecimiento de productos, incluso podría llegar a haber problemas con los alimentos porque estamos entrando en la primavera y hay que utilizar los fertilizantes, que requieren del gas natural que sale del Golfo. Si esto sigue así de aquí a un mes, entramos en una depresión económica como seguramente no se ha visto nunca, incluso mayor que la de 1929.

Nosotros lo vemos todo desde la perspectiva europea, pero la UE todavía está bastante protegida. Será algo horrible, pero a mí lo que me preocupa es lo que va a pasar en general en el Sur Global, donde va a haber hambrunas y otro tipo de impactos que van a agravar los problemas. La locura de Trump nos puede llevar al colapso de muchos países.

Incluso si el conflicto se detuviese ahora mismo, hay ya un daño estructural causado por los bombardeos que tendrá sus consecuencias: posiblemente va a provocar que en los próximos seis o doce meses vayamos a tener un déficit importante de producción de petróleo.

Existe la sensación, diría que creciente, de que estamos pagando el precio del seguidismo a EEUU. ¿Empieza a definirse un cambio de bloques que acercaría a la UE y China?

Ahora mismo en la Unión Europea claramente hay una especie de pugna entre lo que dice Von der Leyen y lo que está diciendo, por ejemplo, el Parlamento. Es decir, hay una contradicción evidente. Von der Leyen hace un seguidismo, yo diría que obsceno, de EEUU, mientras que instancias más democráticamente representativas de lo que es Europa están diciendo que esto no se puede hacer así.

Yo no creo que favorezca el acercamiento a China porque eso implicaría una confrontación directa con EEUU, así que no sé muy bien qué papel le queda a Europa aquí. Europa hace tiempo que cometió el error estratégico de acercarse demasiado a EEUU en vez de intentar ser un contrapeso, quizá porque hay una generación de dirigentes europeos muy tecnócratas y demasiado americanófilos, por no decir demasiado vendidos al capital directamente. Entonces la salida es mala.

Esto lo que podría favorecer es un acercamiento a Rusia, porque Rusia sí que tiene los recursos que necesita la UE, lo que pasa es que yo creo que los rusos ya están un poco hartos de los europeos. La mejor solución que tiene Europa realmente es echar a sus líderes y evidentemente hacer un cuestionamiento muy fuerte de qué es la Unión Europea. Quizá este es el tipo de cosas que nos tendríamos que empezar a plantear ahora mismo.

¿Estas guerras son la expresión última de la negativa del Norte Global a acoplar los ritmos de producción y consumo al frenazo al que nos obligan los límites del planeta? ¿Cómo evitarlo?

Es una situación obviamente de competición creciente por recursos, precisamente porque estamos chocando contra los límites del planeta y hay una incapacidad de mantener este sistema económico orientado al crecimiento. A nivel de diagnóstico lo tenemos bastante claro.

¿Cómo se puede evitar que haya más guerras de este estilo? Esto al final lo tiene que parar la ciudadanía. La única solución es que la ciudadanía comprenda que tiene que parar a estos líderes. Que el pueblo estadounidense se levante y saque a Trump de allí.

Y nosotros, en España y en Europa, tendríamos también que barrer un poquito nuestra casa, pero no vamos en esa dirección. Lo que estamos viendo en toda Europa es un ascenso de las opciones de ultraderecha, que en estos momentos de agitación social, de angustia e incertidumbre tienen un discurso populista que consigue calar bien, también por culpa de que la izquierda no es capaz de ser valiente y proponer análisis y diagnósticos adecuados. La izquierda no se atreve a hablar de cosas de las que hay que hablar, como la necesidad de una revolución social y económica, un cambio completo de paradigma para que haya una vida digna y adecuada para todo el mundo. Se pretende dar una continuidad, hacer un seguidismo de lo actual y eso nos lleva a estas contradicciones continuas y a este desapego de la ciudadanía.

En ese sentido es curioso el papel de Pedro Sánchez. Nadie diría que es una persona con una fuerte orientación ideológica y, sin embargo, mediante meras expresiones de sentido común, de cosas que se considerarían muy básicas hace 20 años, se está convirtiendo en el referente moral de Europa. Yo creo que esto lo que evidencia es la degradación moral de los otros líderes.

La única manera de evitar esta tentación imperialista de la lucha por los últimos recursos es que los ciudadanos de estos países digan basta. Y atención porque, además, en Europa tenemos un riesgo muy claro de deriva militar hacia los pueblos del norte de África por los últimos recursos. Yo llevo muchos años hablando de que el rearme no está dirigido para luchar contra Rusia, que es una lucha imposible, está dirigido claramente a lanzar nuevas guerras coloniales en el norte de África. Esto hay que empezar a pararlo. Solamente la ciudadanía puede llevar a un cambio de paradigma y a que empecemos a construir cosas alternativas que se pueden construir tanto en lo técnico como en lo social.



Fuente: Ctxt

lunes, 5 de enero de 2026

Venezuela y la crisis del modelo imperial estadounidense

 

 Por Antonio Turiel  

       Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     Con el sorpresivo secuestro de Nicolás Maduro en la madrugada del 2 al 3 de enero de 2026, Donald Trump ha inaugurado una nueva etapa del declive energético en el que llevamos ya dos décadas inmersos, desde que en 2005 la producción de petróleo crudo convencional llegara a su máximo histórico y comenzara un proceso de lento declive.




Una etapa que promete ser bastante turbulenta, porque las urgencias de la escasez energética hacen que caigan las caretas y que los países muestren su verdadera cara, lo que están dispuestos a hacer con tal de preservar su situación de dominio económico.

Durante las últimas semanas, la administración Trump ha alimentado el discurso de que Venezuela es una gran plataforma del narcotráfico hacia los EE.UU., responsabilizando personalmente al presidente de Venezuela de este tráfico de cocaína. Las acciones de los EE.UU. han sido progresivamente más agresivas con Venezuela: primero, la destrucción de algunas embarcaciones de narcotraficantes; luego, el cierre del espacio aéreo venezolano; más tarde, el apresamiento de varios petroleros; y ahora el secuestro en su palacio presidencial en Caracas de Nicolás Maduro y su mujer por medio de un grupo especial de ejército americano. Lo cierto es que no se entiende este nivel de agresividad y urgencia con un problema que obviamente hace décadas que dura, y además del cual Venezuela solo es una ruta, mientras que el origen de la cocaína está obviamente en Colombia y Bolivia. Ítem más, se hace extraño que personalice el problema en el presidente del país, que probablemente tenga poca o nula relación con todo esto, pero que en todo caso no se ha aportado ningún elemento de prueba que demuestre que efectivamente está implicado. E incluso si lo estuviera, las relaciones entre los países no se pueden gestionar ni se gestionan de manera expeditiva cargando contra sus representantes, por múltiples motivos pero, entre otros, porque tal manera de hacer difícilmente puede despertar las simpatías de la población. La acción de los EE.UU. ha sido una clara violación del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, y algo absolutamente extemporáneo e injustificable.

Pero toda la cuestión del narcotráfico pasó rápidamente a segundo plano cuando Donald Trump compareció delante de los medios el día 3 para explicar la operación. Sin solución de continuidad, Donald Trump explicó que las empresas petroleras de EE.UU. van a invertir miles de millones de dólares en el sector petrolífero de Venezuela, de manera que en pocos años puedan garantizar que la producción de petróleo venezolano suba desde los lánguidos 900.000 barriles diarios de hoy en día hasta los 4 ó 5 millones de barriles por día (Mb/d). En su alocución, el presidente Trump mencionó la palabra "petróleo" un total de 29 veces, más del doble de las que mencionó "narcotráfico", dejando meridianamente claro de qué iba todo esto.

La clave de todo está, por supuesto, en la Faja del Orinoco, una zona en la que se supone que hay unas reservas que se publicitan como de hasta 300.000 millones de barriles de petróleo (aunque el geólogo Art Berman siempre insiste que la mayoría de éstas son las famosas "reservas de papel", de la época en la que la OPEP infló sus números, y que en realidad hay más bien unos 100.000 millones de barriles - igualmente, una cantidad nada desdeñable).

La Faja del Orinoco es una región dentro de la cuenca hidrográfica del río Orinoco, situada a una distancia de entre 150 y 300 kilómetros de la costa, en plena selva y en territorio con una pendiente importante. La Faja del Orinoco limita al sur con el Arco Minero, donde hay importantes depósitos de diamantes, níquel y torio y muchos otros minerales estratégicos como el oro.




En la Faja del Orinoco hay petróleo extrapesado, bitumen de características similares al que se explota en Canadá.


Arenas asfálticas de Canadá.

Venezuela tiene otros yacimientos con petróleo de mejores características, más convencional, sobre todo en la Bahía de Maracaibo, pero esos yacimientos han pasado ya hace mucho tiempo su máximo de extracción. La razón principal por la que la producción petrolífera de Venezuela ha bajado de los 3,5 Mb/d de finales del siglo pasado a menos de 1 Mb/d actualmente es precisamente el agotamiento de sus pozos de aguas poco profundas - y es que Venezuela, efectivamente, hace tiempo que pasó su peak oil. Es cierto que las continuas sanciones y el deterioro económico han perjudicado a la industria local y que posiblemente podría producir más de lo que produce ahora mismo, pero también es cierto que la única manera de aumentar de manera creíble la producción venezolana es mediante el petróleo extrapesado. De hecho, desde hace ya muchos años la producción de petróleo extrapesado representa aproximadamente dos tercios de todo el petróleo extraído en Venezuela.

Al igual de lo que pasa con el bitumen canadiense, el petróleo extrapesado de la Faja del Orinoco es una sustancia muy viscosa y para nada fluida, semejante al alquitrán. Su extracción es muy compleja y costosa, más que en Canadá porque mientras que en el país del arce las arenas bituminosas están en la superficie, en la Faja del Orinoco están enterradas a centenares de metros. Así pues, su extracción y procesado directo tal y como se hace en Canadá (que es más una operación de minería) es inviable en Venezuela, y la única solución es abrir un pozo que inyecte ingentes cantidades de vapor de agua para fluidificar un poco los lodos bituminosos, y al tiempo, desde otros pozos auxiliares, inyectar gases para incrementar la presión y obligar a los lodos a subir a la superficie. Una vez en superficie, se debe de lavar el bitumen para separarlo de la arena. Pero, de nuevo, estamos hablando de algo parecido al alquitrán, que no fluye, así que generalmente lo que se ha hecho es mezclarlo con petróleos ligeros o bien con agua con surfactantes (la famosa Orimulsión) para poder introducirlo en los oleoductos y llevarlo a las refinerías de la costa o bien para ser quemado en centrales térmicas. Venezuela importó durante muchos años petróleo ligero de Argelia para mezclarlo con su bitumen porque con el petróleo que extraían en Maracaibo no tenían suficiente para mover todo el bitumen que producían en la Faja.

Y de ese modo se empieza a entender el interés de los EE.UU. por el petróleo venezolano. Porque, a priori, Venezuela no debería ser el objetivo principal de los norteamericanos, dada la mala calidad (y bajísima TRE) de la mayoría de la producción petrolífera venezolana. Además, EE.UU. es ahora el principal productor de petróleo del mundo, con 13 Mb/d, así que, ¿por qué perder el tiempo con el petróleo de baja calidad de un país cuya producción es cada vez más marginal?

La clave es que, aunque EE.UU. haya conseguido  gracias al fracking aumentar de manera espectacular su producción en los últimos años, el tipo de petróleo que está produciendo no es tampoco de buena calidad. De los 13 Mb/d que produce los EE.UU., algo más de 4 Mb/d provienen de pozos tradicionales que producen petróleo de buena calidad, en tanto que más de 9 Mb/d son de petróleo ligero de roca compacta extraído con el fracking. Ese petróleo está formado por hidrocarburos de cadena corta y tiene un menor rendimiento a la hora de producir diésel... justo en el momento en que empezamos a tener problemas con la producción mundial de diésel.


Rendimiento óptimo comparativo de diversos tipos de petróleo, en producción de nafta (gasolinas), destilados medios (gasoil, diésel, keroseno) y residuales.

En general, el petróleo ligero de roca compacta proporciona alrededor de la mitad de diésel que el petróleo convencional, lo que lleva a una sobreproducción de gasolina y un defecto de producción de diésel, comprometiendo la viabilidad económica de las refinerías y creando un problema logístico muy grande. A este problema los EE.UU. le dieron una solución sencilla hace años: importar petróleo extrapesado de las arenas bituminosas de Canadá, que se puede hacer circular por los oleoductos tras mezclarlo con la fracción más ligera de su petróleo extraligero de fracking (en una proporción de 2 a 1, el doble de petróleo extrapesado que de condensado ligero). De hecho, EE.UU. ha adaptado muchas de sus refinerías para trabajar con esa mezcla, con buenos resultados. Pero Canadá hace tiempo que tocó techo con su producción de petróleo extrapesado, con una producción de algo más de 4 Mb/d, y eso se queda lejos de las necesidades de EE.UU. para producir diésel y para aprovechar su petróleo ligero de baja calidad. Recordemos, además, que en EE.UU. se consumen 21 Mb/d, es decir, quen aún tiene que importar de manera neta 8 Mb/d o el 40% de su consumo.

Por eso mismo, el petróleo extrapesado de Venezuela les resulta interesante: porque les permitiría rentabilizar su petróleo de fracking y resolver el acceso al diésel. Y esto también explica la urgencia de los EE.UU: la producción mundial de diésel hace tiempo se está moviendo entre un 10 y un 15% menos que el máximo de producción que se consiguió entre 2015 y 2017. Falta diésel en muchos países (miren los problemas en Bolivia, Nigeria o incluso en Irán), y dentro de poco comenzará a faltar también en los países occidentales. 

Hay un bonus para los EE.UU. de su intervención en Venezuela, y es intentar barrer a China fuera de lo que consideran su hemisferio, el hemisferio occidental, en una reedición de la doctrina Monroe. Probablemente no por casualidad, el día antes de que Maduro fuera apresado, éste recibió en Caracas al enviado especial de China.

Pero en realidad toda la maniobra de EE.UU. lo que revela con más claridad es la debilidad de su sistema imperial. Una acción tan precipitada, con una violación tan descarada de la legalidad internacional, no es propia de un país que controla el relato de "garante de la paz" y "faro de la democracia universal". La manera tan grosera con la que directamente Trump relacionó la acción con el petróleo venezolano, sin intentar disimular un poco, dejó claro que ahora lo que mandan son las prisas y no hay tiempo para guardar las formas. Pero es que además es dudoso que el plan les salga bien. De entrada, tienen que conseguir que Venezuela se someta a sus dictados, cosa que no está tan clara que puedan conseguir. Pero incluso si Venezuela abre la mano y permite a las empresas estadounidenses campar a sus anchas en la Faja del Orinoco, la complejidad de la operación en esa zona, con los lodos bituminosos enterrados a centenares de metros, en medio de la selva, en lugares escarpados, hacen que los costes sean astronómicos. Encima, tendrían que transportar el petróleo de fracking en grandes cantidades desde los EE.UU. para disolver el bitumen y poder moverlo hacia la costa. Es dudoso que las empresas petroleras hagan esto si no reciben copiosas subvenciones del estado, y eso obligará a los EE.UU. a implementar nuevas formas recaudatorias, seguramente a imponer al resto del mundo, para poder financiar toda la operación. Hay demasiadas cosas que pueden salir mal, y encima, como dice Art Berman, se necesitaría al menos una década para desarrollar toda la infraestructura necesaria. Y una década parece demasiado en la situación actual. En la práctica, lo mejor que podría hacer los EE.UU. es mejorar la extracción en los yacimientos de Maracaibo y resto de yacimientos convencionales, y poco más.

En todo caso, mientras no haya una verdadera revolución o guerra en Venezuela, no parece que vaya a haber ninguna influencia en el precio del petróleo. La cuestión es demasiado local, y Venezuela hoy en día no es un actor tan importante a escala global. En realidad, los mayores riesgos para el mercado global de petróleo, y en particular para España, están en otros lugares: en la inestabilidad de Nigeria, en las incipientes revueltas en Irán y en las refinerías rusas bombardeadas por drones ucranianos.

Para concluir mi análisis, no puedo dejar de mencionar que he visto con cierta sorpresa como algunos de los más significados industrialistas o griniudileros patrios (todos ellos ácidos y desabridos detractores de mi persona) han creído oportuno gritar a pleno pulmón que el petróleo tiene poco o nada que ver con lo que ha pasado en Venezuela (para su desgracia, ay, pocas horas antes de que la rueda de prensa de Trump dejara claro que obviamente, sí, tiene todo que ver con el petróleo).


Negar el decrecimiento.

En su batiburrilo de argumentos mal hilados y peor pensados insisten en que el triunfo del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) hace que el petróleo sea cada vez más irrelevante. Por desgracia para ellos, las muchas contradicciones internas del REI están haciendo que el sector se esté hundiendo, por más que ellos neciamente insistan en lo contrario. Durante 2026, veremos quebrar a muchos promotores de proyectos solares y fotovoltaicos, y muchos proyectos ser abandonados, y poco a poco será cada vez más claro que el REI ha fracasado, que el REI está muerto. Pero ellos necesitan seguir gritando con porfía, incluso cuando la realidad nos demuestra que, por desgracia, el petróleo sigue moviendo el mundo y que la preocupación ambiental ocupa un lugar cada vez más relegado en la agenda de los gobiernos. Aunque es normal que griten. Les va literalmente su sueldo en ello. Sinceramente, me parecen dignos de lástima. Ojalá en algún momento reconozcan su error y pidan perdón por el daño enorme que han causado.


Fuente: The Oil Crush

domingo, 4 de enero de 2026

Trump es ya la mayor amenaza al orden global movido por la codicia y lejos de su falsa imagen de pacificador

 

      Periodista y analista para Público en temas internacionales. Especialista universitario en Servicios de Inteligencia e Historia Militar.


El ataque de EEUU a Venezuela y el secuestro de Maduro refuerzan la nueva doctrina de seguridad anunciada hace un mes por el presidente de EEUU y apuestan por la aplicación 'manu militari' de una visión hegemonista basada en el poder económico global de Washington


     La injerencia militar directa de Estados Unidos en Venezuela, con el bombardeo de este país y el secuestro y detención de su presidente, Nicolás Maduro, acusado de narcotráfico y corrupción, esconde un calculado plan, marcado por el intento de echarle mano a las inmensas reservas de crudo venezolano, cercar la influencia de China en Latinoamérica, poner coto a la presión rusa en el Caribe y someter cualquier atisbo de desafío izquierdista en América Latina.


Una persona se manifiesta contra Trump en la embajada de EEUU en Buenos Aires.

Trump desveló sus planes horas después de que bombardeara Venezuela, defenestrara a Maduro y lo despachara, incomunicado, rumbo a Estados Unidos a bordo de un buque de guerra. En la rueda de prensa ofrecida tras el ataque, Trump ya apuntó por dónde irán los tiros en los próximos tiempos. “Vamos a dirigir el país para poder hacer una transición segura y adecuada”. Y EEUU “se quedará” en Venezuela hasta que eso suceda, afirmó.


Trump y el director de la CIA, John Ratcliffe, siguen en vídeo la operación contra Maduro en Mar-a-Lago.

Los pasos dados por Trump, atacando a un Estado soberano, derrocando a su principal dirigente (con todas las dudas que pudiera haber sobre éste) y vulnerando todo el marco de la legalidad internacional, no deberían sorprender a nadie. Refuerzan la nueva doctrina de seguridad anunciada hace un mes por el presidente de EEUU y apuestan por la aplicación manu militari de una visión hegemonista basada en el poder económico global de Washington y su intervencionismo en cualquier punto del planeta.


Donald Trump. Marco Rubio y Pete Hegseth siguen los ataques de Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro.

Desde Nigeria a Irán, desde Venezuela a Groenlandia, no hay punto ya en la tierra que no pueda ser enarbolado Trump como nueva bandera de ese intervencionismo estadounidense, ya adelantado en 2025 con la cruzada arancelaria que incendió el comercio y la diplomacia globales, y que parapetó con la falsedad de haber parado al menos ocho conflictos internacionales.




El falso pacificador

En ninguna de estas crisis, la acción de Trump fue decisoria para determinar el fin de las confrontaciones. Ni entre azerbaiyanos y armenios, como tampoco entre kosovares y serbios, ruandeses y congoleños, camboyanos y tailandeses, etíopes y egipcios, o indios y pakistaníes. En ningún caso, la mediación de Trump asentó una concordia duradera entre los contrincantes. Menos aún en la confrontación de los propios EEUU e Israel con Irán, pese a los bombardeos masivos estadounidenses de sus instalaciones nucleares y críticas en junio. Tras el ataque a Venezuela, los iraníes deberían estar inquietos, porque serán de nuevo los próximos en sufrir la ira de Trump y con una planificación similar: ataques quirúrgicos a sus centros críticos y decapitación de su cúpula de poder.

Pero donde más ha fracasado Trump a la hora de “traer la paz” ha sido en Gaza. Solo ha logrado trocar los bombardeos israelíes generalizados por ataques más pausados, mientras alienta al primer ministro Benjamín Netanyahu a incidir en el asedio del hambre y la miseria como punta de lanza de una cada vez más real anexión de la Franja palestina por parte de Israel

Mejor no decir nada de Ucrania y su guerra, que pretendía finiquitar en 24 horas, después en cien días y ya, pasado más de un año de aquella apuesta, dejar el asunto sine die. Ucrania no es tan apetitosa para EEUU como Venezuela y los rusos están demasiado cerca.

Además, Moscú se ha revelado como un hueso imposible de roer por la ignorancia de la Administración Trump sobre ese país, que no está dispuesto a creerse una de sola de las patrañas de la errática diplomacia estadounidense en torno a este conflicto. Un país que tiene el poder suficiente (sobre todo el nuclear) para mirar a EEUU a los ojos y hacer que el hegemonismo de Washington se lo piense dos veces a la hora de tratar con el Kremlin. Igual ocurre con China, el otro único Estado que ha plantado cara a la Casa Blanca y le ha hecho recalcular su ruta.

Necesidad de hinchar pecho cuando nadie te cree

Por eso le era tan necesario a Trump dar este golpe en la mesa con Venezuela. No solo es una advertencia a los vecinos díscolos latinoamericanos, como México, Cuba o Colombia, cuyos gobiernos condenaron sin ambages el ataque.


Un bombardeo alcanzó un edificio residencial de tres plantas y derribó una pared exterior durante la ofensiva estadounidense en Venezuela.

La llamada de atención estaba destinada a todo el orbe, tanto para amedrentar, como para agrupar voluntades en torno al nuevo paradigma geopolítico y geoeconómico estadounidense basado en un intervencionismo con cierto tufo a Doctrina Monroe. América para los americanos, pero solo para los de EEUU.

La tibia respuesta en Europa a la agresión estadounidense a Venezuela remarca esa visión conservadora que Trump lidera en Occidente y que valida las acciones de fuerza con un marcado trasfondo económico. En esta ocasión, al contrario de lo que ocurrió cuatro años atrás con la invasión rusa de Ucrania, Europa ha evitado lanzar una condena firme al ataque estadounidense.

Al contrario, ha subrayado más el ostracismo en el que estaba sumido el régimen de Maduro y ha prestado más atención a las repercusiones económicas (y las oportunidades) que pueda tener el paso dado por Trump, antes que a la vulneración del orden legal internacional, obviando que el presidente estadounidense se ha convertido en el mayor perturbador de la paz mundial desde que asumió el poder hace un año.

Cuando a principios del pasado mes de diciembre, Trump proclamaba la nueva estrategia de seguridad nacional de EEUU, aún no se podía calibrar con certeza que la esencia de esta hoja de ruta sería seguir los pasos dados por Rusia al invadir Ucrania en febrero de 2022 o de Israel al lanzar su genocidio sobre Gaza en octubre de 2023, es decir, romper los últimos resquicios del multilateralismo y hacer del uso de la fuerza el motor de las relaciones internacionales.

Ahora, como señaló este sábado el medio estadounidense Axios, “bajo el emblema de América Primero, el presidente Trump está atacando países por todo el mundo”. Según esta prestigiosa web de información, “el intervencionismo estadounidense está de vuelta, en un tecnicolor trumpiano, como se podía ver en los ataques de madrugada en Caracas y en la extradición forzada del presidente Nicolás Maduro”.


Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos: América primero... Latinoamérica después.

Unos ataques precedidos en los últimos meses por una treintena de ataques a lanchas venezolanas acusadas de llevar droga, por el asesinato de un centenar de sus tripulantes, por el abordaje y captura de dos petroleros, o por el bombardeo de instalaciones en tierra firme. Con la detención de Maduro, muchos recordaron el arresto del presidente panameño Manuel Antonio Noriega en 1989 y la operación lanzada al respecto.

Una “genialidad” de ataque, dice Trump

En sus palabras a Fox News tras el ataque a Venezuela, Trump acudió a su típico humor, también “trumpiano”, para darle a toda esta tragedia un aire de tragicomedia: “Ningún otro país podría haber hecho esta maniobra”, que “fue simplemente una genialidad”, aseveró.

“Lo vi, literalmente, como si estuviera viendo un programa de televisión. Y si hubieras visto la velocidad, la violencia”, aunque el hecho de “que no muriera nadie fue asombroso”, dijo muy ufano el presidente estadounidense en esa entrevista en la que comentó los bombardeos quirúrgicos estadounidenses en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira, o la operación de la Delta Force del ejército de EEUU que capturó a Maduro y su esposa, Cilia Flores.


Delta Force, la furtiva unidad de operaciones especiales de EEUU que secuestró a Maduro, fracasó en Teherán y capturó a Noriega.

No entró Trump en menudencias tales como que la operación se realizara sin la aprobación del Congreso estadounidense (le informó una vez completada) o sin ningún respaldo legal internacional. El argumento de Trump es que Maduro es un auténtico jefe del narco y que no tiene legitimidad política para ocupar el cargo de presidente de Venezuela tras el cuestionamiento de las elecciones presidenciales celebradas en este país el 28 de julio de 2024.

De nuevo, pues, la arbitrariedad como palanca de Trump para aplicar la estrategia de seguridad nacional estadounidense en cualquier lugar del planeta. Axios lo definió muy bien: “es improbable que Estados Unidos se quedara de brazos cruzados si otro país destituyera a un líder mundial en funciones en circunstancias similares, especialmente si ese líder estuviera ideológicamente alineado con Trump”.

“La nueva Doctrina Trump establece que, al menos en el hemisferio occidental, la fuerza estadounidense da la razón. Y Maduro tuvo la mala suerte de estar dentro de la esfera de influencia autoproclamada por Trump”, agregó Axios.

EEUU llega para no marcharse… Sobre todo si hay petróleo

En su entrevista a Fox News, Trump, dejando la sospecha de que la operación contra Maduro contó con apoyo desde el interior, adelantó que Washington no puede arriesgarse a dejar que “otra persona se haga cargo (de Venezuela) y simplemente continúe donde él lo dejó”. Y apuntó que desde luego para EEUU la operación no había terminado, pues había muchas cuestiones sobre la mesa. Y no solo el tema del narcotráfico.

“Nos involucraremos mucho en ello. Y queremos dar libertad a las personas con las que queremos tener una buena relación”, dijo el presidente estadounidense. A continuación dejó caer el punto clave: EEUU va a participar “de forma muy activa” en la industria petrolera de Venezuela. “Tenemos las mayores compañías petroleras del mundo, las más grandes, las mejores, y vamos a participar muy activamente en ella”, aseveró.


El petróleo venezolano siempre ha sido relevante en la política energética de Estados Unidos y en su agenda injerencista en el Caribe.

Chinos y rusos condenan el ataque y el hegemonismo de EEUU

Queda ahora por ver cuál será la reacción de Rusia y de China, las dos potencias con más implicación en Venezuela. No solo la reacción formal, que ya ha sido de condena a la “agresión militar” estadounidense, sino su respuesta ante un previsible intento de cambio de régimen en el país caribeño con el que Moscú y Pekín tenían buenas relaciones, marcadas, sobre todo en el caso chino, por la economía.

Un portavoz del Ministerio chino de Asuntos Exteriores indicó que China está “profundamente conmocionada por la utilización por EEUU de la fuerza de forma temeraria contra un estado soberano y que haya actuado contra el presidente de otro país”. Pekín condenó “enérgicamente” tal “comportamiento hegemónico” que “viola gravemente el derecho internacional, viola la soberanía de Venezuela y amenaza la paz y la seguridad de América Latina y el Caribe”.

Las circunstancias podrían complicarse en lo que se refiere a la respuesta china a lo ocurrido en Venezuela este 3 de enero. Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso por delante de cualquiera de los países de Oriente Medio con yacimientos de crudo. También hay amplios yacimientos de gas y de minerales críticos. Pero, al igual que ocurre con el petróleo, su explotación está muy lejos de la deseada y precisa de multimillonarias inversiones.

China había mostrado su interés en involucrarse en este negocio en Venezuela, no solo como comprador de crudo y gas, sino como participante en su extracción y comercialización. Pero ya la mirada de las petroleras estadounidenses y de la Casa Blanca estaba muy atenta y hacía sus propios planes.

Pensar en que la única intención de Trump con esta operación fue derribar a Maduro para procesarlo en EEUU por narcotráfico y corrupción es absurdo. Hay mucho más detrás y el negocio del petróleo embadurna esta agresión a Venezuela, tanto como la creciente patina neoimperialista de Washington. Y, como señaló Axios, “el anuncio de Trump de que EEUU tomaría temporalmente el control de Venezuela y su infraestructura petrolera es posiblemente la afirmación más descarada del imperialismo estadounidense desde la invasión de Irak”.


Fuente: Público