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martes, 8 de septiembre de 2026

Ante una guerra por los últimos recursos

 

 Por Antonio Turiel   
      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


Ceuta es una pieza más dentro de un tablero que, por desgracia, se desliza peligrosamente a un escenario de conflicto general


     En la crisis de Ceuta hay un conflicto a largo plazo y otro a un plazo más breve en el tiempo. El primero es la disputa por el control del Sáhara Occidental. No olvidemos que ahí están las mayores reservas de fosfatos del mundo. Es algo en lo que Estados Unidos ha puesto muchísimo interés. Estados Unidos va a invertir una enorme cantidad de dinero para hacer una autopista que cruzará todo el Sáhara Occidental para comunicarlo mejor con Marruecos. Esta autopista llevará el nombre de Donald J. Trump. ¿Qué casualidad, eh?

La escasez de fosfatos va a ser crítica en los próximos años, y más en el contexto que tenemos de escasez de agua y temperaturas cada vez más disparadas. Este año las cosechas de cereales van a ser malas en general en todo el mundo, porque el problema de las altas temperaturas ha sido generalizado. El año que viene va a ser mucho peor, porque está empezando un fenómeno de El Niño de una magnitud que no habíamos visto nunca desde que hay registros. Las temperaturas van a subir muchísimo y las cosechas se van a resentir todavía más. Una forma de compensar las malas cosechas es añadiendo más fertilizantes; es estúpido, pero es lo que se suele hacer, añadir más nutrientes, sobre todo nitrógeno, potasa y fósforo. Lo más difícil es el fósforo. Y en el Sáhara Occidental están aproximadamente el 75% de las reservas de fosfatos. Ahora mismo, Marruecos no es el principal productor de fosfatos del mundo, sino China, que los necesita para ella misma. Hay un problema de agotamiento del fosfato y eso va a ser crítico. También explica, por cierto, los proyectos de minería de fosfato que hay ahora mismo en España, una minería muy contaminante y que genera muchísimos problemas. Y sin embargo estamos viendo surgir muchos proyectos mineros, en particular en León.

Aún en relación con el Sáhara, tenemos el conflicto que tiene Marruecos con Argelia, que siempre ha dado apoyo al pueblo saharaui. Hace cuatro años, el Gobierno español, de manera muy sorpresiva, reconoció los derechos de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y esto generó un conflicto diplomático enorme con Argelia, un conflicto en el que se involucró Marruecos y que llevó a una escalada de la hostilidad entre los dos países. Como consecuencia de ese conflicto, Argelia decidió cerrar el gasoducto del Magreb-Europa, que transcurre por tierras marroquíes y lleva gas a España a través del estrecho de Gibraltar, dejando únicamente abierto el gasoducto Medgaz, que va directamente desde Argelia a España por vía submarina.

Esto dejó a Marruecos sin gas, porque el 99% del que consumía venía a través del gasoducto Magreb-Europa. Y generó un problema grande que España ha resuelto diversificando sus importaciones de gas. En su momento llegó a depender en un 70% del gas que venía de Argelia. En este momento, el porcentaje (que no es constante, va cambiando mucho mes a mes) se mueve entre el treinta y el cuarenta y tantos por ciento. Lo que ha hecho España es aumentar enormemente las importaciones de gas de los Estados Unidos, que es un gas muchísimo más caro porque hay que transportarlo en barco y forma parte de la estrategia de dominio de Estados Unidos, que tiene excedentes de gas gracias a la extensión de la técnica del fracking. Como condición para terminar el conflicto en 2022, Argelia impuso a España que no podía reexportar el gas argelino hacia Marruecos. Y es que desde entonces, el gasoducto del Magreb funciona en sentido inverso. Antes, transportaba gas de Argelia hacia España a través de Marruecos –y ahí Marruecos conseguía la mayoría del gas que consumía– y ahora es España la que envía gas a Marruecos, importándolo mayoritariamente desde Estados Unidos.

Pero, ¿cuál es el contexto más global de la situación actual? ¿Qué está pasando? Que está empezando una lucha por los últimos recursos. El problema que ha habido primero en Venezuela y luego en Irán tiene que ver con que Estados Unidos se está quedando sin petróleo– o, mejor dicho, que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya está tocando techo y va a empezar a caer con fuerza en los próximos años. Dentro de ese contexto, debido al bloqueo del estrecho de Ormuz hay un problema con el suministro global de gas, porque el principal exportador de gas natural a través de buques, Omán, ahora no puede exportar y sus infraestructuras han quedado gravemente dañadas. Toda Europa está teniendo muchos problemas para comprar gas por la guerra en Irán. Y eso afecta también a España, aunque antes de la guerra importaba muy poco gas desde el golfo Pérsico, porque todos los países buscan gas donde sea, disputándoselo los unos a los otros. Por ejemplo, España se encontró que en el mes de junio no llegaron el 40% de los buques que se esperaban porque otros países pagaron más dinero y los barcos cambiaron de rumbo. Los problemas de abastecimiento de gas y, en menor medida, de petróleo que ha originado la guerra de Irán motivaron que Pedro Sánchez viajara a Argelia para aumentar las exportaciones de gas a España, cosa que a Marruecos no le interesa, porque se arriesga a que Argelia vuelva otra vez a exportar el 70% del gas que consume España.

Marruecos puede tener un problema serio en ese caso, porque España no va a poder reexportar gas hacia Marruecos. A Marruecos le interesa que sigamos importando gas caro de Estados Unidos para que ellos tengan gas. Esto es un motivo de conflicto, y aparte está la cuestión de que ese acuerdo significa un acercamiento entre España y Argelia.

La otra pieza del puzzle, el otro gran contexto, es que evidentemente Estados Unidos se ha aliado a Israel y a Marruecos, y tiene sobre la mesa toda una estrategia de redefinición del mapa geopolítico mundial en el cual Marruecos juega un papel muy importante.


Trump y Netanyahu hablando en privado en una reunión en la Casa Blanca en julio de 2025.

Primero, por su control del Sáhara Occidental y de los fosfatos, que van a ser estratégicos dentro de unos años porque son fundamentales para la agricultura internacional y en lo que Estados Unidos está invirtiendo muchísimo dinero para garantizarse la hegemonía. A Estados Unidos no le interesa que España controle Ceuta, porque si vemos las demarcaciones marinas, las aguas territoriales que se expanden desde Ceuta conectan con las aguas territoriales que se expanden desde la península y cuando quieres atravesar el Estrecho de Gibraltar, en algún momento por fuerza tienes que pasar por aguas territoriales españolas.

España tiene la jurisdicción absoluta sobre sus aguas territoriales, y eso a Estados Unidos no le interesa porque están pensando a largo plazo. En el Estrecho de Gibraltar ya hay muchos movimientos de tropas y armamento, y lo que le interesa a Trump es tener un canal seguro para mover todo lo que quiera. A EEUU le interesa que Marruecos “recupere” –como dicen ellos– pronto Ceuta y Melilla, para que la zona sur del Estrecho de Gibraltar esté controlada por un socio más fiable por su total dependencia de los EE.UU.

El papel de Europa, Rusia y la vía militar

En un plazo más largo, hay otra cuestión que se arrastra desde hace tiempo. Y es que, desde el punto de vista de la Unión Europea, asegurarse el acceso a los recursos es prioritario y, si es preciso, se va a hacer por la vía militar. Es bastante terrible. Una gran parte de la estrategia actual de ‘Rearmar Europa’, que apareció de repente el año pasado, no es para luchar contra Rusia, que es una guerra absurda que nadie tiene interés en librar. Tú no puedes pelearte con una potencia nuclear, eso no tiene ni pies ni cabeza. Y tampoco Rusia tiene mayor interés, porque ¿qué va a venir a buscar en Europa? A Rusia le interesa Europa como cliente, sobre todo para exportar su gas y su petróleo que, por cierto, sigue llegando a pesar de las sanciones que nominalmente están en vigor. Por ejemplo, en el caso concreto de España, del 10% del gas consumido que ya habitualmente estaba llegando de Rusia, el último mes subió hasta el 17%.

En cualquier caso, yo tengo bastante claro que dentro de Europa se está creando una situación en la que, llegado el momento, se va a utilizar el ejército para ir a buscar recursos que en Europa van a faltar y empiezan a faltar en todo el mundo. Y particularmente, puesto que ahora mismo es lo que está creando más problemas, el gas y el petróleo. Si hablas recursos energéticos y del norte de África, está bastante claro hacia dónde se está apuntando. Son tres países en concreto. Níger, porque de ahí es de donde Francia sacaba el 40% del uranio que consumía hasta que el golpe de estado de agosto de 2023 forzó la salida de Francia, y porque el Gobierno de Níger lleva denunciando desde hace tiempo que Francia está preparando una incursión militar para hacerse con el control de las minas de uranio. El segundo es, otra vez, Libia, porque tiene una gran capacidad de producción de petróleo que no se desarrolla plenamente porque el país está inmerso en una guerra civil imparable desde que se depuso a Gadafi. Y el tercero es Argelia. Todo esto es demostración de la inmoralidad profunda de las élites europeas, que se plantean utilizar la guerra como vía de acceso a los recursos, lo que es una aberración moral y algo absolutamente ignominioso.

Pero, aparte de todo, yo no creo que la Unión Europea tenga ninguna capacidad de entrar en un conflicto armado con Argelia, que es un país muy poblado y con un ejército potente, aparte de que Argelia hace tiempo que se prepara para este tipo de escenario. Pero lo que es bastante probable es que en un momento dado interese azuzar una guerra entre Marruecos y Argelia precisamente para conseguir mejorar el acceso a estos recursos. El caso es particularmente interesante porque Argelia es el gran suministrador de gas de Europa. Suministra a España, a Francia y a Italia. La producción de gas de Argelia lleva ya unos cuantos años estancada, lo que impide que pueda aumentar sus exportaciones. Aún peor, Argelia es un país en fuerte desarrollo económico y cada vez consume más de su propio petróleo y su propio gas, como es lógico. Y una de las estrategias habituales que ha aplicado Estados Unidos para conseguir que un país aumente sus exportaciones de petróleo y de gas es destruir el país, porque si tú destruyes su industria, lógicamente su consumo cae. Una guerra de desgaste supondría menos capacidad industrial, menos capacidad de consumo, y además, para conseguir recursos para sostener la guerra, el país tendría que vender más petróleo y más gas al extranjero. Esto sin duda le interesa a Europa. Otra cosa es el papel que juegan Estados Unidos o Israel en esta historia, que suelen decir que Argelia es aliada de Rusia. El fortalecimiento de la alineación entre Marruecos y la administración Trump está fomentando una carrera belicista y creo que existe una posibilidad de que al final acabemos en un conflicto abierto entre Marruecos y Argelia.

Por eso cabe cuestionar cuál es el papel de las instituciones europeas en todo esto. En Europa hay un ascenso de la extrema derecha, una simplificación de los debates y algo que a mí me molesta particularmente: la falta de profundidad en la discusión de los graves problemas en nuestro futuro, y más en particular en cuanto a los recursos y la energía. Estamos viendo que empieza a faltar diésel en Europa. En Alemania el precio del litro de diésel ya roza los 3 €, en Italia 2,5 euros, en Francia poco menos. Aquí estamos cerca ya de los 2 €, porque España está mejor colocada por una serie de motivos (fundamentalmente que ha mantenido la mayoría de sus refinerías, mientras que en Europa cerraron el 40% durante los últimos 20 años). La inflación va a causar más malestar entre la población europea, cosa que va a aprovechar  una maquinaria mundial muy bien engrasada para dar financiación y favorecer el ascenso de opciones populistas de ultraderecha en toda Europa.

Como he dicho antes, estamos en un momento histórico, porque estamos entrando en una fase nueva de la historia del capitalismo global, que es la guerra por los últimos recursos, porque realmente se están empezando a agotar. En medio de todo esta algarabía y este follón, y en esta situación geopolítica tan compleja, de esta situación de conflictividad bélica creciente, la pregunta es qué hará la derecha y la ultraderecha española. ¿Van a entender cómo se tienen que posicionar, van a tener un perfil propio, van a comprender qué es lo mejor para el interés de España? No seré yo el que defienda, en general, la acción del gobierno de Pedro Sánchez, pero es cierto que muchas de las decisiones que se han tomado en los últimos tiempos han sido correctas desde el punto de vista del mantenimiento de la industria española. Se ha conseguido capear el problema de Ormuz bastante bien. Hay cierta pérdida de importaciones de petróleo, pero se está consiguiendo compensar a base de reducir las exportaciones de productos refinados. Se ha diversificado la procedencia del gas. Sin duda, lo mejor para mitigar el cambio climático sería reducir lo más rápidamente posible nuestro consumo de combustibles fósiles, pero desde un punto de vista convencional se tiene que reconocer que la mayoría de las acciones del Gobierno de Sánchez, de manera muy discreta, han sido las que defendían mejor los intereses de España. Creo que, en parte, es por esa prudencia que Sánchez se resiste a señalar con el dedo al gobierno de Marruecos a pesar de su más que probable implicación en el salto masivo de inmigrantes en Ceuta.

Ceuta es una pieza más dentro de un tablero que, por desgracia, se desliza peligrosamente a un escenario de guerra general. Una cosa que está clara es la involucración de Estados Unidos e Israel. Negarlo no tiene ningún sentido. Varios ministros israelíes y el hijo de Netanyahu llevan meses haciendo declaraciones en el sentido de que Ceuta y Melilla tienen que ser marroquíes, que España tiene colonias en Marruecos. Por un lado, se trata de castigar a España por su posición en temas como Gaza o el rearmamento, pero también de tener control sobre el Estrecho. Es muy importante para Estados Unidos circular por aguas territoriales de una potencia aliada que necesiten de ellos para todo. Y esa es obviamente Marruecos. Si tuviera que circular por aguas territoriales españolas, y se genera una situación de enemistad entre Estados Unidos y Europa, cosa que veo inevitable en el largo plazo, Estados Unidos podría tener problemas para transportar vaya Dios a saber qué por la zona del Estrecho. Así que, por desgracia, creo que la presión sobre Ceuta va a seguir aumentando, y como pasa con el petróleo, como pasa con el cambio climático, lo ideal sería que hubiera un pacto de Estado en el que los partidos políticos dijeran: aquí hay que ir con una única política, un único mensaje, tener muy claro hacia dónde vamos.

Por desgracia, el contexto político en el que estamos instalados desde hace ya muchos años no permite eso. Es evidente que hay que definir una política estable, con unas directrices estratégicas, porque si no, vamos a ir dando bandazos y, mientras, ocurrirán infinidad de desgracias y no sabremos por qué. Y recordemos que además a veces hay que pararle los pies incluso a la Unión Europea, cuando sus acciones comprometen los intereses estratégicos de España. En ese sentido, hay que madurar y perder el miedo a plantarle cara a la Comisión: no hay ningún problema ni ninguna contradicción entre estar en la Unión Europea y a la vez defender intereses nacionales legítimos. Y ésta es una lección que nuestros líderes tienen que aprender. Pero para eso primero tendría que haber una comprensión profunda de las complejidades de la realidad (técnica, energética, de recursos, geopolítica….) actual por parte de nuestra clase política, que para muchas cosas, por desgracia, creo que es bastante analfabeta e irresponsable.


Fuente: Ctxt

lunes, 10 de marzo de 2025

El temporal perpetuo

 

 Por Juan Bordera  
      Guionista, periodista y activista en Extinction Rebellion y València en Transició.


Hay un desconocimiento enorme y fatal de la realidad a la que nos vamos a enfrentar ya mismo en el litoral del mar que vio nacer a la civilización moderna


     No me gusta estar escribiendo esto. Tampoco me gusta, a veces, saber lo que sé. Sin embargo, aún me gusta menos, mucho menos, que, sabiendo lo que sé, no lo supiera más gente, porque lo que nos estamos jugando es absolutamente incalculable. Cuando hay tanto en disputa, el silencio cómodo de quien sabe puede ser tan elocuentemente traidor como la peor de las mentiras.


Imagen de la península ibérica captada por el satélite MODIS de la NASA el 1 de noviembre de 2024, durante la DANA en la periferia sur de Valéncia.

Estamos viviendo inundaciones cada vez más recurrentes y fenómenos cada vez más extremos por toda Europa y el norte de África, cuyo origen está en el Mediterráneo. Esa balsa sobrecalentada que está mutando a jacuzzi. Buena prueba de ello es que cuando aún hay gente que no ha podido volver a habitar la que era su casa, tras la dana del 29 de octubre, volvemos a vivir otra alerta, de menor virulencia, que afecta a partes del territorio español tan alejadas como Gran Canaria, Málaga o Castellón.

Habrá quien diga que Gran Canaria no está en el Mediterráneo… y no le faltará razón, pero quizá no por lo que cree. Efectivamente, no es sólo el mar más importante para Europa el que se está revolviendo, es todo el inabarcable mar de la Tierra, que está batiendo récord tras récord de temperatura. Es la circulación atmosférica desequilibrada. Son las corrientes oceánicas. Es el deshielo abrupto. Es el equilibrio climático del que dependemos el que se está alterando.

Desde que hay registros, sólo ha habido dos años en los que la temperatura del mar del planeta entero haya estado por encima de los 21ºC a estas alturas del año: el imborrable 2024 y este 2025, que comienza fuerte.




Este año en el que ni la influencia de La Niña en acción (la parte fría del ciclo ENSO, la oscilación más determinante de la Tierra, que calienta o enfría las aguas del Pacífico con repercusión en el planeta entero) es capaz ya de enfriar nada.

Esta circunstancia resulta determinante porque fue la desestabilización de esta anomalía la que causó la peor extinción masiva de la historia de la Tierra. Y cada vez hay más estudios, y pruebas, para quien quiera ver, que apuntan a que ya estamos empezando a desestabilizarla. Las “Niñas” vienen débiles, y cada vez menos; los “Niños” vienen crecidos y cada vez más fuertes. El punto final de esta desestabilización son alternancias entre sequías perennes y temporales perpetuos. Algo de poesía tiene el asunto.

Y habrá que repetirlo las veces que haga falta. El mar era la componente lenta del calentamiento global: hace falta 3.000 veces más energía, más calor, para calentar el mismo volumen de agua que de atmósfera, ergo, si algo se rompe, como se ha roto desde 2023 en el termostato marino, prepárense, porque, sin duda, la cosa se acelera. No hay tiempo para contarnos mentiras cómodas sobre avances tecnológicos. Hay que seguir investigando, sí, pero con menos tecno-optimismo, más principio de precaución y conciencia del momento histórico.

Todos los países con litoral mediterráneo formamos parte de la lista de lugares que van a salir peor parados con el caos climático que hemos desatado, y que nos empeñamos en menospreciar. Nos mentimos pensando que existe alguna forma de ponerle freno sin cambiar de manera radical el modelo de consumo y, sobre todo, de producción.

Aunque alguna vez la metralleta sin puntería apunta más lejos de la costa (Alemania y otros países de Europa Central sufrieron en 2021 un evento atroz con 242 víctimas), lo habitual es que los peores fenómenos se produzcan en los lugares que bordean los mares y océanos, y, más aún, en aquellos más frecuentemente inundables que, testarudos e inconscientes, nos hemos empeñado en robarle a la naturaleza. Albufera quiere decir “el lago” y Alzira, “la isla”, por alguna razón que no debimos olvidar para beneficio de cuatro constructoras.

Los modelos climáticos, en general, están fallando, pecando de optimistas”

Grecia y Libia también comprobaron la furia creciente del Mediterráneo en 2023, con uno de los peores temporales que se recuerdan y que fue 50 veces más probable debido al caos climático que prácticamente nadie asume en las políticas que se implementan. Hubo más de 10.000 afectados, entre víctimas y desaparecidos.

Los mapas de peligrosidad, zonas inundables y periodos de retorno de inundación están absolutamente desfasados. Anacrónicos. Basados en un clima que ya no existe. Y esto no es una frase hecha, es que literalmente son modelizaciones estadísticas que se basan en un pasado que no puede servir como modelo, cuando hasta el mismo presente ya es tan diferente. De hecho, los modelos climáticos, en general, están fallando, pecando de optimistas, de moderación, para sorpresa de nadie que sepa cómo funcionan.

Del futuro mejor no hablemos ahora, aunque por el título ya se pueden imaginar por dónde va la previsión del asunto. Más aún si seguimos confiando en que la canalización, la obra dura, la ingeniería, nos van a sacar de esta encrucijada sin tocar nada más. Habrá que hacer canalización donde haya que hacerla, pero es más crucial renaturalizar y quitar hormigón que poner nuevo.


Imágenes captadas por el satélite US Landstat-8 de la periferia sur de Valencia el 8 de octubre (izq.) y el 30 de octubre, durante la DANA (dcha).

De todas formas, por si a alguien le interesa el futuro, quizá solo tiene que aprender del pasado, del de hace unos 12.000 años –un periodo inestable diferente, pero que comparte rasgos con el que vamos a vivir, llamado Younger Dryas–; ya comentamos aquí con más acierto del que querríamos, dos meses antes de la tragedia en la periferia valenciana, algunas claves de lo que se nos viene literalmente encima, pero hay más. Mucho más. Hay un desconocimiento enorme y fatal de la realidad a la que nos vamos a enfrentar ya mismo en el litoral del mar que vio nacer a la civilización moderna. Y tiene mucho que ver con la radiación creciente que está absorbiendo la Tierra y con el deshielo acelerado en ambos polos.


Barcos destrozados tras el paso dos meses antes de una dana por las Islas Balerares.

Pero, sobre todo, que no reaccionemos, que se siga asumiendo construir aún más cerca de la playa después de una dana como la del 29 de octubre, que no se haga apenas nada de nada de lo que habría que hacer, tiene que ver con que el sistema económico que hemos construido es alérgico a la verdad.

A saber cuántos puestos de trabajo y billones de euros en inversiones y propiedades dependen de que no se asuman los límites reales que marcan la física, la geografía, la biología y el sentido común. Y el mayor problema es que esa avidez de mentiras que tiene el sistema económico –porque se asienta sobre la gran mentira de que es posible crecer eternamente en un planeta finito– nos está contagiando al resto, y poco a poco nos lleva hacia el crecimiento del fascismo, debido al fascismo que esconde la mentira del propio crecimiento.


Fuente: Ctxt