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domingo, 11 de enero de 2026

Trump, Venezuela, Groenlandia y el petróleo que debe quedar bajo tierra para evitar un planeta inhóspito

 

 Por Andrés Actis   

      Periodista licenciado en Comunicación Social (UNR-Argentina). Colabora en diferentes medios, entre ellos El Salto.


Mientras la geopolítica global y las agresiones estadounidenses centran el debate, el mundo ignora las advertencias de la comunidad científica sobre las consecuencias de quemar las ingentes reservas de crudo de Venezuela


     El secuestro de Nicolás Maduro y la intervención de Donald Trump en Venezuela ha generado un sinfín de especulaciones sobre qué hará Estados Unidos con las reservas de petróleo que tiene el país sudamericano, una de las más grandes del planeta. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), este crudo equivale a aproximadamente 303.000 millones de barriles, lo que representa el 17 % de las reservas mundiales. La geopolítica ha monopolizado un debate que, a una semana del bombardeo, sigue obviando las advertencias científicas sobre el impacto climático y ambiental de estas futuras emisiones de CO2 cuya conclusión es clara: el petróleo de Venezuela debe quedar bajo tierra para evitar un planeta inhóspito.


Panorama energético de Venezuela, 2021.

Así lo revela el atlas del petróleo no extraíble en el mundo, un mapa diseñado en 2024 con criterios medioambientales y sociales que alerta sobre qué recursos petroleros no deben explotarse para evitar que la temperatura del planeta aumente por encima del 1,5 ºC respecto a la era preindustrial, una línea roja que pronto va a sobrepasarse. Según este estudio, dirigido por el profesor Martí Orta-Martínez, de la Facultad de Biología y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona, el 71% de los recursos existentes de petróleo convencional debe permanecer sin quemarse para no cruzar este crítico umbral.

El atlas identifica las regiones del planeta donde la explotación de petróleo sería altamente incompatible con los objetivos climáticos. Estas incluyen: áreas naturales protegidas, zonas prioritarias para conservación de biodiversidad y regiones con alta riqueza de especies endémicas. Dos cuencas de Venezuela, la oriental y la de Maracaibo, figuran en este mapa.


Planta de distribución de la empresa petrolera estatal de Venezuela (PDVSA).

Nuestro trabajo revela cuáles son los recursos petroleros que deben mantenerse bajo tierra y sin explotación comercial, con especial atención a aquellos yacimientos que se superponen a zonas de alta riqueza de endemismos o bien coinciden con valores socioambientales destacados en diferentes regiones del planeta”, explica el profesor Martí Orta-Martínez. “Los resultados muestran que la explotación de los recursos y reservas seleccionados es totalmente incompatible con la consecución de los compromisos del Acuerdo de París”, continúa.

Los puntos de no retorno del sistema Tierra

Existe un amplio consenso entre la comunidad científica sobre la necesidad de limitar el calentamiento global a 1,5°C si se quiere evitar que se llegue a los conocidos como “puntos de no retorno” del sistema climático terrestre. Es el caso del deshielo del permafrost, la pérdida de hielo marino ártico y la capa de hielo antártico y de Groenlandia, los incendios forestales de los bosques boreales, etc. “Si se superan estos umbrales, podría provocarse una emisión brusca de carbono a la atmósfera. Esto amplificaría los efectos del cambio climático y desencadenaría una cascada de efectos que comprometen al mundo con cambios irreversibles y a gran escala”, agrega el científico.


Circos glaciares en Groenlandia.

Paasha Mahdavi, profesora asociada de ciencias políticas en la Universidad de California en Santa Bárbara, es otra de las expertas que en estos días de agitación política mundial está poniendo la lupa en los impactos de aumentar la producción del petróleo venezolano. Su cálculo es que si el país recupera su pico máximo de extracción —3,7 millones de barriles diarios, más del triple de los niveles actuales— “socavaría aún más el ya vacilante esfuerzo mundial para limitar el peligroso calentamiento global”.

Con un aumento de 500.000 barriles diarios —el país produce entre 900.000 y 1,1 millones de barriles por día, según las últimas cifras de la empresa estatal PDVSA— se generarían más de 550 millones de toneladas de dióxido de carbono al año al quemar este combustible. Esto representa una mayor contaminación de CO2 que la que emiten anualmente algunas de las principales economías, como el Reino Unido y Brasil.

Si hay millones de barriles diarios de petróleo nuevo, eso agregará una gran cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera y la gente de la Tierra no puede permitírselo”, ha resumido esta semana John Sterman, experto en clima y economía del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en diálogo con The Guardian.


Una central de energía eléctrica en el sur de Alemania.

Los analistas del mercado mundial de petróleo son más cautos respecto al aumento de la producción del crudo de Venezuela, tanto por las inversiones de infraestructura que se necesitan como por una demanda que decrece año a año. “El mundo probablemente no necesite mucho más petróleo contaminante y costoso. El sueño de una inundación transformadora de crudo venezolano probablemente seguirá siendo ilusorio”, aclara Robert Cyran, columnista de Reuters, magíster en Economía por la Universidad de Birmingham.

Faja del Orinoco, uno de los mayores humedales de Sudamérica

Cyran, no obstante, revela que las reservas de Venezuela son enormes, en especial las que se encuentran en la Faja Petrolífera del Orinoco, que se estima que representa más de un billón de barriles.

La Faja Petrolífera del Orinoco es parte de un sistema petrolero dentro de la cuenca de Venezuela Oriental. Se extiende por unos 50.000 km², con depósitos petrolíferos muy pesados. El crudo es de muy alta viscosidad, lo que hace que su extracción sea más compleja y dependiente de técnicas especiales, según un informe técnico de la U.S. Geological Survey (USGS), una agencia científica de la Casa Blanca dedicada a estudiar la Tierra, sus recursos naturales y los riesgos naturales.

Esta región está ubicada al norte del caudaloso río Orinoco y se extiende por cinco Estados venezolanos: Guárico, Anzoátegui, Monagas, Delta Amacuro y norte de Bolívar. Según datos de la propia PVDSA, la zona tiene bajo tierra petróleo para extraer una cuota de 3 millones de barriles diarios de crudo (10.808 pozos) durante los próximos 300 años.

Cuando se habla de esta franja se suele omitir que es uno de los mayores humedales que existe en Sudamérica, como detalla un estudio técnico elaborado por especialistas en biodiversidad, geografía y planificación ambiental del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Universidad Simón Bolívar (USB).

Este enorme humedal cuenta con sistemas inundables que conectan ríos y lagunas, esenciales para la migración de peces, aves y otros animales. Es un área importante para aves migratorias como los playeritos (Calidris) y otros grupos de aves que viajan desde el Ártico hacia Sudamérica. También es el hábitat de especies emblemáticas y amenazadas como el caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius), clasificado en peligro crítico de extinción, y la tortuga arrau (Podocnemis expansa).

Los datos recabados en este informe muestran que una parte significativa de la Faja Petrolífera está asociada a “zonas de alto valor ecológico” especialmente vinculadas a los sistemas de drenaje e inundación que sostienen la biodiversidad. La cuenca alberga más de un millar de especies de peces documentadas. También incluye especies emblemáticas como el delfín de río (Inia geoffrensis), el manatí, jaguares, aves como las guacamayas y otras de alto interés biológico y conservacionista.

Asimismo, la Faja Petrolífera del Orinoco está enclavada en una zona que fue creada por la acumulación de los sedimentos provenientes de la Cordillera de los Andes y en donde el gran protagonista es el agua. “Allí se forma una dinámica biológica que es clave para todo el planeta”, explican los autores de este trabajo.

Groenlandia y un deshielo que permitirá la extracción de petróleo y minerales

Groenlandia, territorio autónomo que pertenece a Dinamarca, que Trump ha amenazado con invadir tras la intervención de Venezuela, también tiene petróleo bajo sus enormes capas de hielo.


Groenlandia responde a las amenazas: 'No queremos ser estadounidenses'

Un estudio de USGS publicado en 2019 estimó que esta región tiene reservas que pueden alcanzar los 31.400 millones de barriles equivalentes de petróleo, gas natural y líquidos de gas natural, algo que en dinero rondaría los dos billones de dólares. Se trata de una estimación geológica de recursos aún no descubiertos que podrían ser técnicamente recuperables si se exploraran.

Además de petróleo, el subsuelo groenlandés contiene materias primas estratégicamente críticas como uranio, gas natural, níquel, cobre, oro y grafito. Para hacerse con ellos se necesita que el hielo desaparezca, proceso que está ocurriendo por el calentamiento global.

Las últimas mediciones revelan que Groenlandia se está acercando a tres décadas de pérdida anual continua de hielo

Según el informe Estado de la criosfera 2024: pérdida de hielo, daños globales, publicado el año pasado y firmado por más de 50 científicos que estudian las regiones de nieve y hielo de la Tierra, Groenlandia pierde 30 millones de toneladas de hielo por hora y sufre hoy una merma de hielo cinco veces mayor que hace 20 años por el calentamiento global.


Groenlandia, la isla que pierde 30 millones de toneladas de hielo por hora.

Las plataformas de hielo en el norte de Groenlandia han perdido el 35% de su volumen total desde 1978, según se describe en este documento. Tres de ellas ya se han derrumbado por completo. También han aumentado las precipitaciones, un 33% desde 1991, otro factor que acelera la fusión del hielo.

Las últimas mediciones revelan que Groenlandia se está acercando a tres décadas de pérdida anual continua de hielo, siendo el periodo 1995-96 el último en que la gigantesca capa de hielo aumentó en tamaño. En la temporada 2024/25, el territorio perdió 105 mil millones de toneladas de hielo, según datos de Carbon Brief. El derretimiento se extendió durante septiembre, mes del año en que la capa de hielo gana nieve en la superficie.


Comportamiento de la capa de hielo en Groenlandia en 2025.

El inicio de la temporada de deshielo, definida como el primero de al menos tres días consecutivos con derretimiento de más del 5% de la capa de hielo, tuvo lugar el 14 de mayo. Esto supone 12 días antes que el promedio del período 1981-2025. En el balance general, el período 2024-25 fue el vigésimo noveno año consecutivo con pérdida de masa total de la capa de hielo de Groenlandia. La última vez que Groenlandia experimentó una ganancia neta anual de hielo fue en 1996.

La estadística debe ser motivo de festejo en la Casa Blanca. Trump está convirtiendo cada advertencia climática y ecológica en una nueva oportunidad de negocio.


Fuente: El Salto

lunes, 10 de marzo de 2025

El temporal perpetuo

 

 Por Juan Bordera  
      Guionista, periodista y activista en Extinction Rebellion y València en Transició.


Hay un desconocimiento enorme y fatal de la realidad a la que nos vamos a enfrentar ya mismo en el litoral del mar que vio nacer a la civilización moderna


     No me gusta estar escribiendo esto. Tampoco me gusta, a veces, saber lo que sé. Sin embargo, aún me gusta menos, mucho menos, que, sabiendo lo que sé, no lo supiera más gente, porque lo que nos estamos jugando es absolutamente incalculable. Cuando hay tanto en disputa, el silencio cómodo de quien sabe puede ser tan elocuentemente traidor como la peor de las mentiras.


Imagen de la península ibérica captada por el satélite MODIS de la NASA el 1 de noviembre de 2024, durante la DANA en la periferia sur de Valéncia.

Estamos viviendo inundaciones cada vez más recurrentes y fenómenos cada vez más extremos por toda Europa y el norte de África, cuyo origen está en el Mediterráneo. Esa balsa sobrecalentada que está mutando a jacuzzi. Buena prueba de ello es que cuando aún hay gente que no ha podido volver a habitar la que era su casa, tras la dana del 29 de octubre, volvemos a vivir otra alerta, de menor virulencia, que afecta a partes del territorio español tan alejadas como Gran Canaria, Málaga o Castellón.

Habrá quien diga que Gran Canaria no está en el Mediterráneo… y no le faltará razón, pero quizá no por lo que cree. Efectivamente, no es sólo el mar más importante para Europa el que se está revolviendo, es todo el inabarcable mar de la Tierra, que está batiendo récord tras récord de temperatura. Es la circulación atmosférica desequilibrada. Son las corrientes oceánicas. Es el deshielo abrupto. Es el equilibrio climático del que dependemos el que se está alterando.

Desde que hay registros, sólo ha habido dos años en los que la temperatura del mar del planeta entero haya estado por encima de los 21ºC a estas alturas del año: el imborrable 2024 y este 2025, que comienza fuerte.




Este año en el que ni la influencia de La Niña en acción (la parte fría del ciclo ENSO, la oscilación más determinante de la Tierra, que calienta o enfría las aguas del Pacífico con repercusión en el planeta entero) es capaz ya de enfriar nada.

Esta circunstancia resulta determinante porque fue la desestabilización de esta anomalía la que causó la peor extinción masiva de la historia de la Tierra. Y cada vez hay más estudios, y pruebas, para quien quiera ver, que apuntan a que ya estamos empezando a desestabilizarla. Las “Niñas” vienen débiles, y cada vez menos; los “Niños” vienen crecidos y cada vez más fuertes. El punto final de esta desestabilización son alternancias entre sequías perennes y temporales perpetuos. Algo de poesía tiene el asunto.

Y habrá que repetirlo las veces que haga falta. El mar era la componente lenta del calentamiento global: hace falta 3.000 veces más energía, más calor, para calentar el mismo volumen de agua que de atmósfera, ergo, si algo se rompe, como se ha roto desde 2023 en el termostato marino, prepárense, porque, sin duda, la cosa se acelera. No hay tiempo para contarnos mentiras cómodas sobre avances tecnológicos. Hay que seguir investigando, sí, pero con menos tecno-optimismo, más principio de precaución y conciencia del momento histórico.

Todos los países con litoral mediterráneo formamos parte de la lista de lugares que van a salir peor parados con el caos climático que hemos desatado, y que nos empeñamos en menospreciar. Nos mentimos pensando que existe alguna forma de ponerle freno sin cambiar de manera radical el modelo de consumo y, sobre todo, de producción.

Aunque alguna vez la metralleta sin puntería apunta más lejos de la costa (Alemania y otros países de Europa Central sufrieron en 2021 un evento atroz con 242 víctimas), lo habitual es que los peores fenómenos se produzcan en los lugares que bordean los mares y océanos, y, más aún, en aquellos más frecuentemente inundables que, testarudos e inconscientes, nos hemos empeñado en robarle a la naturaleza. Albufera quiere decir “el lago” y Alzira, “la isla”, por alguna razón que no debimos olvidar para beneficio de cuatro constructoras.

Los modelos climáticos, en general, están fallando, pecando de optimistas”

Grecia y Libia también comprobaron la furia creciente del Mediterráneo en 2023, con uno de los peores temporales que se recuerdan y que fue 50 veces más probable debido al caos climático que prácticamente nadie asume en las políticas que se implementan. Hubo más de 10.000 afectados, entre víctimas y desaparecidos.

Los mapas de peligrosidad, zonas inundables y periodos de retorno de inundación están absolutamente desfasados. Anacrónicos. Basados en un clima que ya no existe. Y esto no es una frase hecha, es que literalmente son modelizaciones estadísticas que se basan en un pasado que no puede servir como modelo, cuando hasta el mismo presente ya es tan diferente. De hecho, los modelos climáticos, en general, están fallando, pecando de optimistas, de moderación, para sorpresa de nadie que sepa cómo funcionan.

Del futuro mejor no hablemos ahora, aunque por el título ya se pueden imaginar por dónde va la previsión del asunto. Más aún si seguimos confiando en que la canalización, la obra dura, la ingeniería, nos van a sacar de esta encrucijada sin tocar nada más. Habrá que hacer canalización donde haya que hacerla, pero es más crucial renaturalizar y quitar hormigón que poner nuevo.


Imágenes captadas por el satélite US Landstat-8 de la periferia sur de Valencia el 8 de octubre (izq.) y el 30 de octubre, durante la DANA (dcha).

De todas formas, por si a alguien le interesa el futuro, quizá solo tiene que aprender del pasado, del de hace unos 12.000 años –un periodo inestable diferente, pero que comparte rasgos con el que vamos a vivir, llamado Younger Dryas–; ya comentamos aquí con más acierto del que querríamos, dos meses antes de la tragedia en la periferia valenciana, algunas claves de lo que se nos viene literalmente encima, pero hay más. Mucho más. Hay un desconocimiento enorme y fatal de la realidad a la que nos vamos a enfrentar ya mismo en el litoral del mar que vio nacer a la civilización moderna. Y tiene mucho que ver con la radiación creciente que está absorbiendo la Tierra y con el deshielo acelerado en ambos polos.


Barcos destrozados tras el paso dos meses antes de una dana por las Islas Balerares.

Pero, sobre todo, que no reaccionemos, que se siga asumiendo construir aún más cerca de la playa después de una dana como la del 29 de octubre, que no se haga apenas nada de nada de lo que habría que hacer, tiene que ver con que el sistema económico que hemos construido es alérgico a la verdad.

A saber cuántos puestos de trabajo y billones de euros en inversiones y propiedades dependen de que no se asuman los límites reales que marcan la física, la geografía, la biología y el sentido común. Y el mayor problema es que esa avidez de mentiras que tiene el sistema económico –porque se asienta sobre la gran mentira de que es posible crecer eternamente en un planeta finito– nos está contagiando al resto, y poco a poco nos lleva hacia el crecimiento del fascismo, debido al fascismo que esconde la mentira del propio crecimiento.


Fuente: Ctxt