Las
revueltas en Irán y su brutal represión evidencian la quiebra del
régimen de los ayatolás y vaticinan su posible colapso, acelerado
por la coacción de EEUU a Teherán y sus aliados
Los expertos en Irán, y algunos líderes internacionales, coinciden en que esta vez, con las protestas populares extendidas por todo el país y una sangrienta represión que ha dejado ya al menos 2.000 muertos, la dictadura islámica instaurada en 1979 puede tener los días contados, aunque de momento no tenga una alternativa sólida que pueda reemplazarla.
La actual revuelta se diferencia de anteriores protestas en su amplitud, pues ha levantado a hombres, mujeres, estudiantes, trabajadores, miembros de etnias y regiones muy diferentes, y en que se está desarrollando bajo la amenaza de un ataque a gran escala por parte de Estados Unidos, como reiteró este martes el presidente Donald Trump.
El marco exterior no favorece al régimen, que ha recurrido a la violencia extrema para intentar atajar las protestas, pues, literalmente, percibe que el poder se le escurre entre los dedos, aunque no haya un único enemigo interno al que culpar, de ahí que demonice a EEUU y a Israel como los artífices de la revuelta.
El escudo externo de Irán se desvanece
Y en parte el régimen islámico podría tener razón sobre esa presión externa. Irán ha sufrido en los últimos dos años la caída de sus principales apoyos militares regionales, con el derrocamiento en diciembre de 2024 de Bachar el Asad en Siria, las derrotas de Hizbulá en el Líbano o la reducción drástica de la presencia rusa en Oriente Medio.
La llegada hace un año de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, el 20 de enero pasado, multiplicó la presión sobre Teherán, con más sanciones económicas y un humillante y masivo bombardeo el junio pasado, que pudo ser el prólogo simbólico de una inminente guerra abierta de Washington contra el régimen de los ayatolás.
Por otra parte, la ofensiva lanzada en Gaza por Israel a raíz de las matanzas de judíos en su territorio por células de Hamás el 7 de octubre de 2023, con el genocidio bajo las bombas hebreas de más de 70.000 palestinos, dio al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el ánimo preciso para arremeter contra todos los enemigos de Tel Aviv en la región, desde los sirios de Al Asad, los guerrilleros de Hizbulá hasta los propios iraníes,.
Teherán sintió también en los últimos dos años la ira israelí lanzada contra el Eje de Resistencia forjado por el ejército iraní entre fuerzas chiíes islamistas en Oriente Medio. Los asesinatos selectivos por las bombas y drones israelíes en él
Líbano, Siria y el propio Irán dejaron claro al Gobierno chií de Teherán que la guerra total contra Israel había comenzado, golpe a golpe y sin pausa, y que ni siquiera el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, habría estado a salvo si Netanyahu hubiera decidido eliminarlo.
Fueron cayendo los líderes del Eje, uno tras otro: Ismail Haniya, cabeza de Hamás, en julio de 2024 en la misma Teherán, y Hasán Nasralá, el secretario general de Hizbulá, en septiembre de ese mismo año en Beirut. Israel también acabó en la corta guerra de junio de 2025 contra Irán con los generales Qolamali Rashid y Alí Shadmani, nombrados sucesivamente jefes del Estado Mayor de su país.Todos ellos fueron asesinados por Israel siguiendo una pauta que el propio Trump había puesto de moda en enero de 2020, en su primer mandato (2017-2021), cuando ordenó el asesinato del general Qasam Soleimani. Era el número uno del ejército de Irán y jefe supremo del brazo armado iraní en el exterior, al frente de las fuerzas Al Qud. Sigue siendo la mayor pieza que se ha cobrado hasta el momento Trump en su guerra personal contra Teherán.
Israel incluso humilló a los iraníes atacando su consulado en Damasco en abril de 2024. Irán respondió con un intento de bombardeo masivo del territorio israelí ese mismo mes. Ataque que quedó reducido a unos fuegos artificiales, gracias a las férreas defensas antiaéreas israelíes y, sobre todo, a los aviones y misiles estadounidenses y británicos, que defendieron al estado judío. Hubo un contraataque aliado israelí-estadounidense contra Irán, pero tampoco fueron mayores los daños causados.
Sí lo fueron los ocasionados con el bombardeo masivo estadounidense de las infraestructuras nucleares iraníes el 22 de junio de 2025, en las ciudades de Fordow, Natanz e Isfahán. Este ataque siguió al intercambio de bombardeos que durante casi dos semanas enfrentó a israelíes e iraníes, y dejó claro que EEUU no dejaría solo a Israel en la confrontación con Irán.
El trasfondo del petróleo
Ahora, tras la operación lanzada por EEUU contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, el líder estadounidense ha hinchado pecho en Oriente Medio, al igual que en la “aliada” Europa con sus amenazas para quedarse con Groenlandia. Trump ha puesto de nuevo a Irán en su mirilla, aprovechando el pretexto de la sangrienta represión desencadenada por el Gobierno iraní contra los manifestantes, pero con el trasfondo real del control del petróleo y el gas producidos por Teherán, así como sus repercusiones en China, auténtico rival de EEUU.
Irán es el séptimo productor mundial de petróleo y China su principal comprador de crudo, además de su mayor socio comercial. De ahí que en Pekín se siga con mucha atención lo que está ocurriendo en las calles de las ciudades iraníes, pero más aún lo que puede trascender de los despachos del Pentágono y la Casa Blanca.
En medio de esta creciente debilidad exterior del régimen, las protestas populares se desencadenaron el 28 de diciembre, inicialmente por razones económicas, ante la inflación desbordada, el desplome de la moneda iraní, el rial, la asfixia por las sanciones internacionales y la terrible gestión oficial. En apenas dos semanas, las protestas han logrado poner contra las cuerdas al régimen. Y por primera vez en mucho tiempo la población de Irán ha podido vislumbrar el fin de la dictadura islámica.
Trump: "La ayuda está en camino"
"La ayuda está en camino", afirmó Trump este martes, tras anunciar que cancelaba los contactos con las autoridades iraníes y con una llamada a los manifestantes a seguir resistiendo. Por primera vez, las autoridades iraníes dieron cifras y hablaron de al menos 2.000 muertos. Y no solo civiles. La ONG Human Rights Activists in Iran (HRANA) citó el mismo número de muertos y estableció que 1.847 eran manifestantes y 135 policías y militares.
Una diferencia de estas revueltas con anteriores protestas es que la gente empezó a defenderse y a atacar a los policías y militares, incluso con armas de fuego. Por eso el régimen islámico está calificando a los manifestantes como “terroristas” y “mercenarios” de EEUU e Israel, y está dispuesto a aplicar la pena de muerte a muchos de los más de 10.000 detenidos en las refriegas. Radio Free Europe Radio Liberty citó a testigos sobre ejecuciones de heridos en los hospitales.
El alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, afirmó que son “extremadamente preocupantes” esas intenciones de las fuerzas de seguridad iraníes para convertir a los detenidos en las manifestaciones en reos de muerte. "Etiquetar a los manifestantes como 'terroristas' para justificar la violencia contra ellos es inaceptable", indicó Türk. Y acusó a Irán de "infligir una fuerza brutal para reprimir las demandas legítimas de cambio".
Merz: "Es el fin del régimen iraní"
En Europa, el canciller alemán, Friedrich Merz, se destacó en tales críticas y acusó a Irán de lanzar una represión "desproporcionada" y "brutal", que solo ponía en evidencia "la debilidad” del régimen iraní. Este martes, Merz fue más allá y vaticinó el inminente colapso de la dictadura de los ayatolás. "Creo que estamos viendo los últimos día o semanas del régimen iraní", dijo ante periodistas alemanes durante una visita a la India. Y subrayó que "un régimen que sólo puede mantenerse en el poder a través de la violencia está de hecho acabado".
Pero, aunque esta revolución popular se vaya extendiendo por todo Irán, desde Mashhad a Tabriz, desde Shiraz a Kermán, la fuerza represora de las autoridades chiíes es aún indiscutible y no hay una cohesión entre los manifestantes que pudiera aunar y coordinar fuerzas. Especialmente cuando tiene en frente al millón de efectivos de la Guardia Revolucionaria, la policía, las unidades paramilitares Basich y otros cuerpos de ejército duchos en la represión.
Ni siquiera Reza Pahleví, heredero del sha depuesto en 1979 por el ayatolá Jomeini y su revolución islámica, tiene capacidad de aglutinar esfuerzos desde su dorado exilio en EEUU. De momento, Trump no se fía de él y solo ve un advenedizo que quizá pueda ser útil en algún momento gracias al protagonismo que está consiguiendo a través de las redes sociales fuera de Irán y al puñado de banderas de la monarquía iraní que están siendo enarboladas en las manifestaciones.
Por eso, en estos momentos todo puede depender de los pasos que dé Trump en torno a esta crisis. Y de la respuesta a la desesperada que presente el régimen de los clérigos islámicos cuando vea poner rumbo hacia las aguas del Golfo Pérsico a los portaaviones estadounidenses, cada uno de ellos capaz de borrar del mapa regimientos enteros iraníes.
Rusia y China
También es preciso tener en cuenta a los países aliados de Irán como Rusia y China. Si bien los acuerdos militares de Teherán con Moscú no implican la defensa mutua, Rusia tiene en Irán muchos intereses estratégicos. Pero a nadie se le escapa que la buena sintonía entre Trump y el presidente ruso, Vladímir Putin, podría materializarse en algún acuerdo extraño en el que el peso del Kremlin en un eventual proceso de paz en Ucrania pudiera verse reforzado a cambio de cerrar los ojos en torno a Irán. De momento, sin embargo, Moscú ha condenado toda injerencia extranjera en Irán.
China es otra cuestión y un factor internacional mucho más correoso para la estrategia de seguridad estadounidense en Oriente Medio. Este martes, Pekín llamó a "preservar la estabilidad de Irán" y reaccionó con firmeza ante la amenaza de Trump de imponer aranceles de hasta el 25% a los países que hagan "negocios" con Teherán, una penalización, evidentemente, dirigida contra las empresas chinas.
Pekín prometió proteger sus intereses ante semejante "sanción unilateral ilícita". Sean cuales sean esos pasos que dé China para salvaguardar esos intereses, no serán un asunto baladí. En la cruzada arancelaria que Trump lanzó en los primeros meses de su mandato contra todo el planeta, solo un puñado de países se levantó ante semejante coerción y China fue el que mayor fuerza opuso y al que la Casa Blanca tuvo mayores reparos de seguir presionando.
"La coacción y la presión no pueden resolver los problemas", aseveró el portavoz de la Embajada china en Washington, Liu Pengyu. Pekín sabe perfectamente que dos de las razones que impulsan a Trump en Irán son el control del flujo de petróleo procedente del Golfo Pérsico hacia Asia y el daño que le pueda infligir a la economía china. De ahí que, en estos momentos, al gigante asiático le interese muy poco la caída de la dictadura iraní.
Nota Editorial.- Quienes desde Occidente no han dejado de apoyar, negociar y servir a los intereses de las dictatoriales monarquías teocráticas y antifeministas de Oriente Medio y el Magreb (Arabia Saudí y Marruecos, por ejemplo) apovechan ahora para exigir al feminismo que apoye a los Estados Unidos e Israel en su ataque contra el régimen de Irán.
Fuente: Público





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