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jueves, 25 de diciembre de 2025

Peligra en Reino Unido la salud de los activistas presos de Palestine Action tras más de 50 días de huelga de hambre

 

      Periodista freelance. Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.


Dos de los activistas presos han precisado ayuda médica en las últimas horas al agravarse su estado de salud

     Los medios de comunicación mainstream británicos están tratando de ignorarla, pero en Reino Unido se está llevando a cabo la mayor huelga de hambre coordinada desde 1982, cuando los presos republicanos irlandeses se negaron a comer para hacer valer sus reivindicaciones.


Manifestación en favor del pueblo palestino en Londres.

Seis son las personas detenidas y en prisión preventiva que se encuentran actualmente en huelga de hambre en Gran Bretaña. Son activistas del grupo Palestine Action, clasificado como “organización terrorista” por el gobierno británico en julio de 2025, después de que varios de ellos allanasen una base aérea en Oxfordshire y vandalizasen una fábrica, cerca de Bristol, de Elbit Systems, uno de los mayores fabricantes de armas israelí.


Marcha masiva en Londres exigiendo el embargo de armas a Israel.

Acerca de la clasificación como organización terrorista, varios grupos de derechos humanos internacionales y Naciones Unidas ya lo han considerado como “desproporcionado”.


'La prohibición de Acción Palestina en el Reino Unido confunde la libertad de expresión con actos de terrorismo' asegura la ONU.

Desde que Palestine Action fuera declarada organización terrorista, la policía británica ha arrestado a más de 1.600 personas relacionadas con el grupo

A los activistas detenidos, algunos de los cuales llevan ya 50 días sin comer —dos han tenido que ser hospitalizados en las últimas horas y dos más tuvieron que abandonar la protesta por motivos severos de salud— se les acusa de daños criminales, robo y disturbios violentos.




Si bien el sistema de prisión preventiva británico prevé una pena de seis meses, si nada cambia, para cuando se lleve a cabo el juicio de estos activistas, habrán pasado más de un año en prisión preventiva. Desde que Palestine Action fuera declarada organización terrorista, la policía británica ha arrestado a más de 1.600 personas relacionadas con el grupo.


La activista Greta Thunberg porta una camiseta en apoyo a Palestine Action.


Greta Thunberg momentos antes de su detención en Londres.



Más de 50 días de huelga de hambre y unas demandas claras

Más de 50 son los días que Qesser ZuhrahAmu Gib y Heba Muraisiestán en huelga de hambre; Teuta Hoxha y Kamran Ahmed encaran sus días en ayuno 45 y 44, respectivamente; y Lewie Chiaramello hace 30 días que no come. Umer Khalid y Jon Cink tuvieron que abandonar la protesta el día 13 y el 45 en ayunas, respectivamente.


Protesta en la plaza del parlamento británico en apoyo a los huelguistas de hambre.

Esta es la manera que estos ocho detenidos, activistas de Palestine Action, han decidido protestar por su detención y por los cargos que se les imputan. Desde Palestine Action se asegura que los detenidos están sometidos a restricciones comunicativas y a interferencias por parte de las administraciones penitenciarias: “La censura dentro de las prisiones es una herramienta de control utilizada para castigar la resistencia. Las cartas, las llamadas telefónicas, las declaraciones políticas, los libros y cualquier otra forma de expresión deben ser respetadas”, se puede leer en su web.


Manifestantes protestan contra el genocidio en Palestina frente al Ministerio de Justicia británico.

También se exige la liberación de las personas presas hasta que se produzca el juicio y que este sea justo. Un juicio que, según dicen, “no podrá realizarse hasta que se publiquen íntegramente todos los documentos relevantes de nuestros casos. Esto incluye todas las reuniones entre funcionarios estatales británicos e israelíes, la policía británica, el fiscal general, representantes de Elbit Systems y cualquier otra persona involucrada en la coordinación de la continua caza de brujas contra activistas y activistas”. El grupo ha pedido que se publiquen todos los registros gubernamentales de todas las exportaciones de Elbit Systems UK de los últimos cinco años. “Tenemos derecho a saber qué armas se fabrican y exportan desde el Reino Unido, especialmente cuando se utilizan para cometer genocidio”, destacan. Una de las demandas con más peso es la retirada de todos los cargos que relacionan a los activistas con el terrorismo y que se saque a la organización de la lista de grupos terroristas, porque “la acción directa no es terrorismo”, insisten desde la organización.




Por último, Palestine Action pone en el punto de mira en sus demandas a la filial británica de Elbit Systems, el mayor fabricante de armas de Israel. Según cuentan ellos mismos, desde 2012, Elbit ha obtenido 25 contratos públicos en el Reino Unido por un total de más de 355 millones de libras. A pesar del genocidio iniciado el 7 de octubre de 2023 y de saberse que esas armas se usan en Gaza contra la población Palestina, el Ministerio de Defensa británico tiene intención de continuar firmando contratos con la empresa mencionada. A este respecto, la organización pide que se rescindan los contratos con Elbit y que se deje de usar “el dinero de los contribuyentes para financiar la maquinaria genocida”, además del cierre de todas las instalaciones de Elbit Systems en el Reino Unido.

En peligro el derecho a la protesta

En el Reino Unido, las manifestaciones contra el genocidio en Gaza han sido, como también ha sucedido en otras capitales europeas, masivas. Las marchas para exigir el embargo de armas israelíes y el fin de las relaciones con Israel han tomado Londres y otras ciudades británicas en diferentes ocasiones a lo largo de estos más de dos años de campaña genocida de Israel en Gaza.

Si bien el pasado 21 de septiembre, en una declaración coordinada, el Reino Unido, Canadá y Australia reconocían oficialmente a Palestina, en el caso del primero, la represión contra la ciudadanía que defiende la causa ha sido titular en los medios de comunicación en varias ocasiones. La consideración de Palestine Action como grupo terrorista no solo afecta a la protesta contra el genocidio, destacan juristas y sindicalistas, sino que interfieren en el derecho a la protesta pacífica.


Mural de Banksy sobre la represión 'legal' en el Reino Unido sobre quienes portan carteles en apoyo al pueblo palestino.

La prohibición de Acción Palestina en el Reino Unido confunde la libertad de expresión con actos de terrorismo”, aseguró el pasado 25 de julio el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, quien instó a las autoridades del país a revocar la decisión. 

El Reino Unido prohibió Palestine Action bajo la Ley de Terrorismo del año 2000. Según esto, ser miembro de la organización o expresar apoyo de manera pública puede ocasionar sanciones penales, incluyendo multas y penas de prisión de hasta 14 años. En aquel momento Türk advirtió que la decisión le parecía “desproporcionada”, “innecesaria” e “inadmisible” y que contravenía “las obligaciones internacionales del Reino Unido en materia de derechos humanos”.

También en Alemania se está produciendo una situación similar: el pasado 8 de septiembre, cinco personas entraron en las instalaciones de Elbit Systems en la ciudad de Ulm, en el sur del país. La acción no violenta consistió en grabar una una serie de vídeos a rostro descubierto con varias demandas. La principal era el cierre de la fábrica de Elbit Systems en Ulm.


La represión de la policía alemana contra el movimiento en favor del pueblo palestino ha sido una constante desde octubre de 2023.

Los activistas, de diferentes nacionalidades —irlandesa, británica, alemana y argentino-española— fueron detenidos el mismo día y no opusieron resistencia. Desde entonces permanecen encerrados en prisión preventiva y han denunciado abusos y denegación de derechos, como la obligación de permanecer sólo con ropa interior, la ausencia de abogados durante los interrogatorios o incluso la imposibilidad de reunirse con ellos. También vienen denunciando condiciones de aislamiento, trato inadecuado y una estricta vigilancia de sus comunicaciones, entre otros.


Fuente: EL SALTO




Madrid se moviliza por las activistas de Palestine Action en huelga de hambre en cárceles británicas



     Decenas de personas se concentraron el pasado lunes frente al British Council en Madrid para denunciar el encarcelamiento y las condiciones inhumanas de detención de las activistas de Palestine Action, recluidas en prisiones británicas por su oposición activa a la complicidad del Reino Unido con el genocidio en Palestina.


Concentración en Madrid frente al British Council en solidaridad con las activistas de Palestine Action encarceladas en Reino Unido.

Varias de ellas mantienen huelgas de hambre prolongadas, algunas desde hace más de 50 días, lo que supone un grave peligro para sus vidas.


De las prisiones británicas a las cárceles israelíes: globalizar el movimiento para liberar a las y los prisioneros.

La concentración, convocada por Samidoun – Red de Solidaridad con los Prisioneros Palestinos, se celebró a pesar de las bajas temperaturas y la cercanía de las fiestas, y contó con una destacada participación popular que volvió a evidenciar que la solidaridad internacionalista no se detiene ante la represión ni el silencio institucional.

Durante el acto se denunció la profunda hipocresía de los gobiernos occidentales, que se presentan como defensores de los derechos humanos y las libertades mientras castigan de forma ejemplar a quienes se atreven a confrontar su complicidad directa con los crímenes del sionismo. El Estado británico, lejos de garantizar derechos fundamentales, ha optado por criminalizar la solidaridad, aplicando un régimen de castigo político contra activistas que denunciaron el papel de Elbit Systems, empresa clave en el suministro de armas utilizadas contra el pueblo palestino.

Las personas asistentes recordaron que la represión no se limita a las activistas actualmente encarceladas: miles de personas han sido arrestadas, investigadas o perseguidas en Reino Unido por mostrar apoyo a Palestine Action o participar en acciones de protesta contra la industria armamentística israelí. Este contexto confirma el uso del aparato judicial y penitenciario como herramienta de intimidación, con el objetivo de desmovilizar y silenciar la solidaridad con Palestina.

La convocatoria contó con la colaboración de numerosas organizaciones aliadas, entre ellas AlkaramaMasar BadilAlyudurTariq al-TahrirMarea PalestinaAcampada por Palestina y Madrid con Palestina, reflejando un amplio respaldo unitario.

Durante la concentración se leyó el manifiesto de Samidoun y se compartieron dos cartas enviadas desde prisión por las propias activistas en huelga de hambre, en las que alertan sobre el deterioro de su salud y subrayan la urgencia de mantener la presión popular y la movilización internacional.

Desde Samidoun se reiteró que la solidaridad no es un delito, y que existe un deber político y moral de visibilizar las graves violaciones de derechos humanos y civiles que sufren las activistas encarceladas. Frente al intento de criminalizar la resistencia y normalizar el genocidio, la red reafirma su compromiso de seguir organizando acciones, difundiendo información y exigiendo la liberación inmediata de las presas, así como el fin de toda colaboración con la maquinaria de guerra israelí.


Fuente: KAOSENLARED

viernes, 4 de octubre de 2024

Tecnofascismo, tecnoterrorismo y guerra global

  

Doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale y catedrático de Sociología en la Universidad de Coimbra.



        La mayoría de los países del mundo pretenden tener regímenes democráticos, pero ningún partido con relevancia electoral, desde la izquierda a la derecha, considera la guerra un peligro inminente y asume la lucha por la paz como su principal bandera. La paz no gana votos. La guerra trae muertos y los muertos no votan. Ningún partido se imagina haciendo propaganda electoral en cementerios o fosas comunes. Tampoco se imagina que sin vivos no hay partidos. Todo esto parece absurdo, pero el absurdo ocurre cuando la razón duerme, como nos advirtió Francisco de Goya hace 225 años en su cuadro El sueño de la razón produce monstruos. No necesitamos remontarnos tan atrás.



Las lecciones (o ilusiones) de la historia


    Volvamos a 1900. Inglaterra era entonces el país más poderoso del mundo. Pero como todo apogeo significa el comienzo del declive, la competencia pacífica de EEUU empezaba a ser temida. El crecimiento económico de EEUU era vertiginoso, los últimos inventos de la revolución industrial se estaban produciendo allí y, entre las muchas ventajas sobre Europa, una era especialmente valiosa: EEUU gastaba muy poco dinero en armamento. Según los informes de la época, un país de 75 millones de habitantes tenía un ejército de 25.000 hombres y un presupuesto de defensa ridículo para un país de ese tamaño. Por otra parte, los países europeos más desarrollados (Inglaterra, Alemania y Francia) competían cada vez más entre sí por el reparto colonial y la superioridad industrial (Alemania estaba cada vez más en el punto de mira) y entraban en la carrera de armamentos. Además, entre 1899 y 1902, Inglaterra libraba en Sudáfrica una sórdida guerra colonial contra los bóers. Estaba en juego el control de la producción de oro y el sueño imperial de Cecil Rhodes: desde el ferrocarril entre Ciudad del Cabo y El Cairo hasta el control total del mundo para que «las guerras fueran imposibles por el bien de la humanidad». La dominación imperial capitalista exigía la guerra y la carrera armamentística, supuestamente para hacer imposible la guerra en el futuro.

     ¿Hay similitudes con los actuales discursos bélicos de EEUU y la Unión Europea para derrotar a Rusia y China? Las hay, pero también hay diferencias.


Imagen de David Merrett

    En la primera década del siglo XX se observaron dos movimientos: uno en la opinión pública y otro en el mundo empresarial. En la opinión pública predominaba una apología de la paz frente a los peligros de una guerra que sería fatalmente mortal. El siglo XX iba a ser el siglo de la paz, sin la cual no sería posible la prosperidad que se anunciaba. En 1899 se celebró en La Haya la primera Conferencia Internacional de la Paz y, al año siguiente, el Congreso Mundial de la Paz. A partir de entonces, hubo muchos congresos y reuniones internacionales sobre la paz. Se deploró que la cooperación internacional se profundizara en todos los ámbitos (correos, ferrocarriles, etc.) excepto en el político. Entre 1893 y 1912 se publicaron 25 libros contra la carrera armamentística. Se publicó Quién es Quién en el Movimiento por la Paz

      Se decía que los recientes inventos en material bélico (pólvora sin humo, fusiles de tiro rápido, sustancias explosivas como la lidita, la melinita y la nitroglicerina, etc.) hacían que la guerra no sólo fuera muy mortífera, sino imposible de ganar para cualquiera de los bandos en conflicto. La guerra siempre acababa en tablas y tras muchas muertes y devastación. Un periodista del Echo inglés dimitió del periódico para no tener que defender la guerra contra los bóers, y 200 intelectuales ingleses de alto nivel organizaron una cena en su honor. Entre 1900 y 1910 se celebraron más de mil congresos pacifistas: obreros, anarquistas, socialistas, librepensadores, esperantistas, mujeres. Se decía que el crecimiento de la democracia en Europa y Estados Unidos era incompatible con la guerra y que el gran número de acuerdos de arbitraje era la mejor demostración de ello. El sociólogo ruso Jakov Novikov demostró que el bienestar de las masas nunca había mejorado con las guerras, sino todo lo contrario. Se escribía sobre «la ilusión de la guerra» y las publicaciones vendían muchos miles de ejemplares.

    Existía la corriente de opinión de que la verdadera ilusión sería la «ilusión de la paz» si no se reorientaba la lucha contra el capitalismo. Si esto no ocurría, la guerra sería inevitable. Esta era la posición de socialistas, anarquistas y del movimiento obrero, que socialistas y anarquistas trataban de controlar. La guerra era el gran obstáculo para la revolución social. La huelga general y el rechazo del servicio militar eran dos de las formas de lucha más mencionadas.

    Pero una cosa es el mundo de la opinión pública y otra el de los negocios. En el mundo de los negocios, desde 1899 la carrera de armamentos avanzaba a un ritmo rápido pero discreto. En el Congreso Internacional de los Trabajadores celebrado en Stuttgart en 1907, Karl Liebknecht reveló el extraordinario crecimiento del gasto en armamento, lo que significaba que los países se estaban preparando de hecho para la guerra. Los beneficios de las grandes empresas armamentísticas así lo reflejaban: Krupp en Alemania, Vickers-Armstrong en Inglaterra, Schneider-Creusot en Francia, Cockerill en Bélgica, Skoda en Bohemia y Putilov en Rusia. Estaba claro que la acumulación de armas conduciría a la guerra. De hecho, las grandes empresas empezaban a utilizar una nueva arma propagandística: pagar a periodistas y propietarios de periódicos para que publicaran noticias falsas sobre el creciente armamento de sus probables adversarios en la guerra que se avecinaba, con el fin de justificar un mayor gasto en armamento. ¿Suena familiar a los oídos de hoy? Sí, pero hay diferencias y para peor, mucho peor.


Hermanos: ¡No disparéis!


Los socialistas tenían razón: 

la lucha es contra el capitalismo


    El apogeo del capitalismo global dirigido por Estados Unidos llegó en 1991 con el fin del bloque soviético. Al igual que cien años antes, el apogeo de la potencia más poderosa significó el comienzo de su declive. Y al igual que antes, la industria más rentable en periodos de declive es la que produce bienes cuyo uso consiste en destruir y ser destruido. Tales bienes tienen que ser sustituidos incesantemente por otros mientras dure la guerra. Cuanto más dura la guerra, mayores son los beneficios. La guerra eterna es, por tanto, la más rentable. Ahora las grandes empresas armamentísticas ya no son europeas, son estadounidenses, y EEUU, a diferencia de hace cien años, es con diferencia el país que más gasta en armamento y, por tanto, el que más necesidad tiene de utilizarlo (es decir, de utilizar destruyendo y sustituyendo). Estados Unidos gasta un billón de dólares en armamento, pero sin duda no es suficiente porque los empresarios de la guerra inventan desventajas para Estados Unidos en relación con sus enemigos que hay que superar rápidamente.

    La lucha por la paz es ahora más que nunca una lucha contra el capitalismo. ¿Por qué más que nunca? Si, siguiendo la estela de Immanuel Wallerstein, tomamos el mundo como unidad de análisis, podemos decir que entre 1917 y 1991 el mundo vivió un periodo de intensa guerra civil transnacional. Fue una guerra civil porque tuvo lugar dentro de un único sistema: el sistema mundial moderno. Aunque dominante a escala mundial, el capitalismo tuvo que enfrentarse a otro sistema económico fuertemente competidor, el socialismo de Estado, cuya influencia se extendía mucho más allá de la Unión Soviética. Esta guerra civil se libró por múltiples medios, entre ellos la contrainsurgencia, la ayuda al desarrollo de los países dependientes y las guerras por poderes (guerra de Corea, guerra de Vietnam, etc.).




    La Segunda Guerra Mundial fue un periodo de calma en esta guerra civil, ya que Estados Unidos y la URSS eran aliados contra el nazismo alemán. Con el fin de la Unión Soviética y las transformaciones que se habían producido entretanto en China, que integrarían la economía china en la economía capitalista mundial, aunque con algunas especificidades (mantenimiento del control nacional del capital financiero), terminó la guerra civil transnacional entre capitalismo y socialismo. Hubo un interregno, que duró algo más de diez años, en el que Rusia era un país capitalista de desarrollo intermedio como cualquier otro y China un socio económico, también de desarrollo intermedio, pero con valor estratégico para las multinacionales estadounidenses empeñadas en la conquista monopolística del mundo.

    Tras la crisis financiera mundial de 2008, comenzó una nueva guerra civil transnacional, esta vez entre el capitalismo de las multinacionales estadounidenses y el capitalismo de Estado de China. Para neutralizar a China, era necesario bloquear su acceso a Europa por dos razones: Europa era, junto a Estados Unidos, el otro gran consumidor rico del mundo; mediante la cooperación con China, Europa podría tener alguna pretensión de escapar al declive cada vez más evidente de Estados Unidos en la economía mundial y convertirse en un factor adicional de competencia y debilidad para Estados Unidos. Para bloquear el acceso de China a Europa y someter a ésta a Estados Unidos, era necesario separar política y económicamente a Europa de Rusia (cuyo territorio se encuentra en su mayor parte en Europa). Rusia, con sus miles de kilómetros de fronteras con China, no es sólo la vía de acceso de China a Europa, sino también el territorio estratégico de Eurasia. La idea de que quien controla Eurasia controla el mundo existe desde hace mucho tiempo. Esto ha dado lugar a una nueva guerra civil transnacional, cuyas primeras guerras indirectas son la guerra entre Rusia y Ucrania y la guerra entre Israel y Palestina.

    Esta guerra civil es totalmente diferente de la anterior. En la anterior, la lucha era entre dos sistemas económicos (capitalismo frente a socialismo), mientras que ahora es entre dos versiones del mismo sistema económico (capitalismo multinacional frente a capitalismo de Estado). Nada garantiza que esta guerra sea menos violenta que la anterior. Al contrario, como hemos visto, a principios del siglo XX, la disputa tenía lugar entre países con un largo pasado común situados en un pequeño rincón de Eurasia. Hoy es una lucha por la dominación global que se extiende más allá del planeta. El capitalismo monopolista nació en 1900, cuando el capital financiero estadounidense comenzó a expandirse hacia los ferrocarriles y, de ahí, a muchos otros sectores y, potencialmente, a todos los países del mundo.

  Para el capitalismo monopolista, la idea de un mundo multipolar es tan amenazadora como la idea de la competencia con otros sistemas económicos, y el mismo impulso destructivo está presente en ambos casos. Es más, el potencial y el grado de destrucción son ahora inmensamente mayores que antes. No me refiero a la existencia de armas nucleares, una innovación tecnológica destructora de vidas que hace ridícula la preocupación de los comentaristas de principios del siglo pasado por los inventos bélicos de su época. Me refiero a la naturaleza del capitalismo y la (des)gobernanza globales actuales, y a la aparición de dos de sus consecuencias. Estamos entrando en una era en la que formas de poder potencialmente destructivas y sin límites son lo suficientemente fuertes como para neutralizar, eludir o eliminar cualquier proceso democrático que pretenda ponerles límites.


Tecnofascismo global: Elon Musk




    A principios del siglo XX vimos que la lucha por la paz y la resolución pacífica de los conflictos consideraba a los Estados soberanos como las unidades de análisis y los actores políticos privilegiados. Sabemos que la soberanía era un bien abstracto del que sólo podían disfrutar realmente los países más desarrollados, y que gran parte del mundo estaba sometida al colonialismo o a la influencia tutelar de Europa. Hoy, sin embargo, el desarrollo tecnológico, la globalización neoliberal y la concentración de la riqueza hacen que el poder de controlar la vida humana y no humana ya no esté sujeto al escrutinio democrático. A principios del siglo XX, la ilusión de paz se basaba en el auge y fortalecimiento de los gobiernos democráticos. Al fin y al cabo, la democracia se basaba en la sustitución de enemigos a los que derrotar mediante la guerra por adversarios políticos a los que derrotar mediante el voto. De ahí la capacidad movilizadora de la lucha por el sufragio. Para muchos, la democracia tenía la capacidad no sólo de promover la resolución pacífica de los conflictos, sino también de regular el capitalismo para neutralizar sus «excesos».

    Hoy en día, la mayoría de los gobiernos nacionales se consideran democráticos, pero la democracia, si alguna vez fue capaz de regular el capitalismo en algún país, ahora está estrictamente regulada por él, y sólo se tolera en la medida en que es funcional para la expansión infinita de la acumulación capitalista. Sin duda, los Estados nacionales más poderosos siguen ejerciendo el poder formal, pero el poder real que controla sus decisiones se concentra en un número muy reducido de plutócratas, algunos con el rostro a la vista, otros, la mayoría, sin rostro. El poder real se ve reforzado hasta límites difíciles de imaginar por una fusión tóxica de la capacidad tecnológica de controlar la vida humana de vastas poblaciones hasta el más mínimo detalle y con independencia de su nacionalidad, con la capacidad financiera de comprar, cooptar, chantajear u obliterar cualquier obstáculo a sus propósitos de dominación.

    Se trata de un nuevo tipo de poder fascista, un tecno-fascismo global que no conoce fronteras nacionales. Elon Musk es la metáfora de este nuevo tipo de poder. A diferencia de Adolf Hitler o Benito Mussolini, la personalidad específica de Musk, aunque repugnante, es de poca importancia, ya que lo que importa es la estructura de poder que él comanda hoy y que mañana puede ser comandada por otro individuo. La fuerza de este nuevo tecnofascismo global se expresa bien en la dramatización mundial de la lucha de un Estado nacional relativamente poderoso contra un simple individuo extranjero por el simple hecho de ser tecnofascista global. Cuando, el 31 de agosto de este año, la red X fue suspendida en Brasil por decisión del Tribunal Supremo porque su propietario se negaba a eliminar cuentas en la red que llegaban a millones de personas y cuyo contenido difundía noticias falsas, violaba gravemente los valores democráticos más básicos e incitaba al odio, la violencia e incluso el asesinato, fue noticia en todo el mundo. ¿Era imaginable hace diez años que un individuo solitario, y además extranjero, pudiera enfrentarse a un Estado soberano?


Tecnoterrorismo global:

del Caballo de Troya a los buscapersonas asesinos


    El 18 de septiembre, miles de buscapersonas y walkie-talkies explotaron en Líbano, matando a decenas de personas (incluidos niños) e hiriendo a miles. Estos transmisores habían sido comprados por Hezbolá aparentemente porque son dispositivos seguros que permiten las comunicaciones sin localizar a los usuarios. Este acto terrorista se ha atribuido a los servicios secretos de Israel y su origen fue la implantación de una sustancia explosiva junto a la batería, codificada para estallar por control remoto.

    Los buscapersonas asesinos no son sólo una nueva edición del Caballo de Troya, el enorme caballo hueco de madera construido por los griegos para entrar en Troya durante la guerra de Troya. El caballo fue construido por Epeius, un maestro carpintero y boxeador. Los griegos, fingiendo abandonar la guerra, navegaron hasta la cercana isla de Ténedos, dejando atrás al falso desertor Sinón, que persuadió a los troyanos de que el caballo era una ofrenda a Atenea (diosa de la guerra) que haría inexpugnable Troya. A pesar de las advertencias de Laocoonte y Casandra, el caballo fue llevado al interior de las puertas de la ciudad. Esa noche, los guerreros griegos bajaron del caballo y abrieron las puertas para dejar entrar al ejército griego. La historia se relata con detalle en el Libro II de la Eneida.

    La similitud entre el Caballo de Troya y los buscapersonas asesinos radica únicamente en que el término «Caballo de Troya» ha pasado a designar la subversión introducida desde el exterior. La visibilidad y transparencia del artefacto, encarnado en un objeto que no era de uso común, impedía reproducirlo de forma realista (si es que lo hacía alguna vez) con eficacia en el futuro. Por el contrario, los localizadores asesinos significan un cambio cualitativo en la tecnología de la guerra y el control de la población. La misma tecnología y la misma complicidad asesina que insidiosamente instaló material explosivo en estos aparatos podría mañana instalar en cualquier otro dispositivo electrónico (teléfono móvil u ordenador) cualquier sustancia que, en lugar de matar, pudiera dañar la salud, crear pánico o alterar el comportamiento de su usuario, sin posibilidad alguna de control por parte de éste. Con el desarrollo y la difusión de la inteligencia artificial, cualquier aparato cotidiano puede utilizarse con este fin, ya sea un coche o un microondas.

    Las convenciones internacionales contra el terrorismo, que el genocidio de Gaza redujo a papel mojado, dejarán de tener sentido en el futuro, cuando cualquier ciudadano que no luche en ninguna guerra esté condenado a vivir en una sociedad en la que el acto de consumo más trivial puede traer consigo, además de la garantía y la fecha de caducidad, su certificado de defunción, su certificado de demencia mental o su compulsión a delinquir.


La división internacional del trabajo de guerra

y la maldición de Casandra


    En un entorno de tecnofascismo y tecnoterrorismo global, el capitalismo euro-norteamericano se prepara activamente para pasar de la guerra fría a la guerra caliente. Ante la mirada inexpresiva o repugnantemente impotente de sus ciudadanos, se prepara un extraño reparto internacional del trabajo de matar: Europa se ocupará de vencer a Rusia mientras que Estados Unidos se ocupará de vencer a China. Casi al mismo tiempo, el primer comisario de Defensa de la Unión Europea, Andrius Kubilius, ex primer ministro de Lituania, afirma que Europa debe estar preparada para una guerra con Rusia dentro de 6-8 años, y un oficial de alto rango de la Marina estadounidense declara que EEUU debe estar preparado para una guerra con China en 2027.

    No tiene mucho sentido predecir que la guerra tendrá lugar, sino que su resultado será muy diferente del imaginado por estos empresarios de la guerra intoxicados por los think tanks financiados por los productores de armas. La maldición de Casandra se cierne sobre los pocos que se atreven a ver lo que es evidente.



Fuente: El Viejo Topo