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domingo, 31 de mayo de 2026

Ratas, aguas residuales sin tratar, enfermedades de la piel: el bloqueo israelí está devastando a los desplazados de Gaza

 

Periodista de Gaza que ahora estudia en Italia tras abandonar Gaza en mayo de 2026.



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Periodista independiente de Gaza especializada en reportajes sobre temas sociales, especialmente los que afectan a mujeres y niños.


Mientras Israel continúa restringiendo la ayuda, el maltrecho sistema de salud de Gaza lucha por tratar y contener las enfermedades que se propagan por los campamentos de tiendas de campaña superpoblados


Un niño palestino que padece infecciones cutáneas y desnutrición severa recibe tratamiento en el Hospital Al-Nasser, en Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza.

     Eman Abu Jame consideraba a su familia afortunada. Israel bombardeó su casa en el sur de la Franja de Gaza al comienzo de la guerra, obligándolos a mudarse de un refugio a otro. Pero durante los dos primeros años del genocidio, ni ella, ni su esposo, ni sus hijos sufrieron problemas de salud graves.

Todo eso cambió en octubre de 2025, cuando se refugiaron en un abarrotado campamento de tiendas de campaña en Khan Younis.

Para cuando llegaron, la falta de higiene, la proliferación de insectos y el hacinamiento extremo habían convertido el campamento en un foco de enfermedades. Dos meses después, Mousa, el hijo de 8 años de Abu Jame, y su esposo de 47 años, Abdul Majeed, comenzaron a presentar síntomas: sus cuerpos empezaron a hincharse, acompañados de diarrea severa y fiebre alta.

Debido a las difíciles condiciones económicas y al vertiginoso aumento de los precios de la carne, el pescado y otros alimentos ricos en proteínas, sus niveles de proteínas disminuyeron rápidamente, lo que empeoró su capacidad para retener líquidos.

Éramos incapaces de comprar comida y agua”, declaró Abu Jame a la revista +972. “Todo era carísimo entonces, y simplemente no teníamos dinero. Mi marido no podía permitirse nada; ni siquiera había pan”.


Un niño palestino de seis meses recibe medicamentos en el Hospital Al-Nasser, en Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza.

Los médicos tuvieron dificultades para diagnosticar tanto al padre como al hijo. Al principio, sospecharon una alergia al gluten, pero las pruebas la descartaron. Viajar al extranjero para recibir tratamiento también era imposible debido al cierre de los pasos fronterizos. El único tratamiento efectivo fue la albúmina médica, una solución proteica que ayudó a estabilizar su estado.

Cuando [Mousa] tomaba la medicación, mejoraba”, explicó Abu Jame. “Pero cada vez que la dejaba de tomar, su cuerpo volvía a hincharse”.

Sin embargo, el tratamiento era extremadamente difícil de conseguir. Desde el 7 de octubre de 2023, Israel ha restringido severamente la entrada de medicamentos y ha impedido que las ONG internacionales entreguen suministros médicos a la Franja. Incluso después del anuncio de un alto el fuego en octubre pasado, Israel continuó bloqueando la ayuda; a partir de este mes, según el Ministerio de Salud de Gaza, el 47 por ciento de los medicamentos esenciales, el 59 por ciento de los suministros médicos y el 87 por ciento de los materiales para pruebas de laboratorio están agotados.

A medida que se le acababa la medicación, el cuerpo de Mousa se hinchó aún más debido a la acumulación de líquido, y falleció en enero. Tres meses después, Abdul Majeed también sucumbió a la misma misteriosa enfermedad que los médicos no habían logrado diagnosticar.

Si bien la enfermedad permaneció sin identificar, estaba claramente vinculada a las condiciones del campamento, posiblemente transmitida por la mordedura de un roedor o una infestación de ectoparásitos. Según la ONU, en los primeros cuatro meses de 2026 se registraron más de 70 000 casos de infestaciones similares en Gaza, donde los parásitos viven sobre o debajo de la piel y se convierten en vectores de enfermedades. Más del 80 % de los campamentos de desplazados reportan plagas visibles junto con infecciones cutáneas generalizadas como la sarna, los piojos y las chinches, mientras que Save the Children señaló recientemente que dos de cada tres niños en Gaza viven en campamentos de desplazados afectados por estos riesgos.


Tiendas de campaña que albergan a palestinos desplazados en el oeste de la ciudad de Gaza.

El Dr. Ayman Abu Rahma, director del Departamento de Medicina Preventiva del Ministerio de Salud, declaró a +972 que los residuos sólidos —incluidos los residuos médicos—, las aguas residuales y los cadáveres enterrados bajo los escombros están contribuyendo a la propagación de roedores y enfermedades.

«La situación medioambiental, lamentablemente, se ha deteriorado gravemente desde el inicio de la guerra y continúa así», explicó. «La crisis ha alcanzado su punto álgido: si bien el problema ya existía en 2024 y 2025, la magnitud de la plaga de este verano no tiene precedentes. Las altas temperaturas han acelerado la reproducción de insectos y roedores, mientras que cientos de miles de toneladas de basura sin recoger se han acumulado alrededor de las tiendas de campaña debido a la destrucción de equipos y la escasez de combustible».

Abu Rahma añadió que la destrucción de la infraestructura de alcantarillado por parte de Israel ha empeorado aún más la situación, y el bloqueo israelí en curso ha dejado al mercado local sin los materiales necesarios para combatir las plagas de roedores. «Los sistemas de alcantarillado dañados han creado charcos de aguas residuales estancadas que sirven de criadero para las plagas, y los escombros generalizados se han convertido en un hábitat natural para las ratas. Las restricciones a la entrada de pesticidas y cebos envenenados han hecho que un control eficaz sea prácticamente imposible».

Abu Rahma señaló que ya se ha registrado un aumento significativo en las quejas sobre ratas por parte de los habitantes de Gaza que viven en tiendas de campaña. «Los roedores han estado mordisqueando las extremidades de los niños mientras duermen y dañando sus pertenencias y ropa. También hay informes de especies de roedores nunca antes vistas y autóctonas de la Franja de Gaza, y algunos especulan que el ejército israelí las trajo durante la guerra».


Niños palestinos desplazados en el campamento de Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza.

En el campamento de desplazados de Khan Younis, Yasser, el hijo de 6 años de Abu Jame, padece la misma enfermedad y los mismos síntomas que su padre y su hermano. Para colmo, cuando acudieron al cercano Hospital Nasser para recibir tratamiento, el sistema inmunitario de Yasser estaba tan debilitado por la enfermedad que contrajo una infección cutánea adicional.

No hay higiene alguna, y las infecciones se propagan fácilmente entre quienes nos rodean”, dijo la madre afligida de 32 años. “Incluso los hospitales están descuidados, las habitaciones son diminutas y los pacientes están hacinados unos junto a otros”.

Afortunadamente, la salud de Yasser muestra leves pero constantes signos de mejoría. Abu Jame espera ahora conseguir una derivación médica para que reciba tratamiento en el extranjero, con la esperanza de que no corra la misma suerte que su padre y su hermano.

Enfermos en los campamentos de tiendas de campaña de Gaza

En mayo de 2024, durante un ataque israelí que duró varias semanas contra Jabalia, en el norte de Gaza, Rital Halawa, de 5 años, estaba jugando fuera de su casa bombardeada en el centro de la ciudad cuando un dron cuadricóptero israelí apareció sobre ella y arrojó una granada.

La niña estaba envuelta en llamas. La vi gritar”, recordó su madre, Samar, de 27 años.


Dos niños palestinos reciben tratamiento por heridas graves tras una explosión causada por un artefacto explosivo sin detonar dejado por las fuerzas israelíes, en el Hospital Al-Shifa, en la ciudad de Gaza.

Rital sufrió quemaduras graves de segundo y tercer grado en la cara, el pecho, el abdomen y las piernas. Desde que su casa en Jabalia fue bombardeada en noviembre de 2023, la familia vive en una tienda de campaña, expuesta a temperaturas elevadas, aguas residuales y enjambres de insectos picadores, condiciones que han empeorado gravemente su recuperación. La falta de electricidad y ventilación impide que Rital respire, según Samar, mientras su cuerpo suda profusamente bajo las ajustadas prendas de compresión que se usan para tratar sus quemaduras.

El calor provoca una picazón intensa, creando un peligroso círculo vicioso de recaídas. «Se rasca sin parar, lo que irrita el tejido, lo desgarra y provoca sangrado», explicó Samar. El tejido expuesto queda entonces expuesto a infecciones peligrosas que agravan aún más la irritación.

El Dr. Ibrahim Haboub, especialista en dermatología del Hospital Al-Shifa en la ciudad de Gaza, describió a +972 el creciente brote de enfermedades de la piel entre los desplazados de Gaza. Las picaduras de insectos se han convertido en el problema más extendido, especialmente en la zona de Al-Mawasi, en Khan Younis, y Haboub advirtió que los niños son particularmente vulnerables, ya que el rascado constante suele provocar infecciones bacterianas secundarias y complicaciones más graves.

Haboub también informó de infestaciones generalizadas de piojos y un fuerte aumento de los casos de sarna, debido al grave hacinamiento en albergues, campamentos y escuelas. Otras afecciones cutáneas, incluidas las infecciones por hongos, también se han vuelto más comunes en Gaza, especialmente entre los palestinos detenidos en prisiones israelíes, algunos de los cuales requieren un tratamiento prolongado e intensivo debido a infecciones graves y resistencia a los medicamentos.


El niño palestino que padece infecciones cutáneas y desnutrición severa recibe tratamiento en el Hospital Al-Nasser, en Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza.

Haboub señaló que esta crisis se ha visto agravada por una grave escasez de suministros médicos. Para la familia Halawa, que ya atraviesa dificultades económicas, esta escasez ha hecho que la recuperación de Rital sea prácticamente imposible. Su padre está desempleado y la familia ahora depende de la caridad y los comedores sociales para sobrevivir. Los alimentos nutritivos son caros, y las heridas de Rital empeoraron considerablemente durante el punto álgido de la campaña de hambruna en Israel el verano pasado.

Sus cremas médicas esenciales cuestan 80 NIS (20 dólares), además de los gastos de transporte para sus sesiones semanales de fisioterapia en una clínica de Médicos Sin Fronteras (MSF), lo que obliga a la familia a hacer dolorosos sacrificios. «No compro leche para mi bebé para pagar el transporte a sus sesiones de fisioterapia», dijo Samar.

El impacto psicológico ha sido tan devastador como el dolor físico. Rital sufre acoso con frecuencia debido a sus lesiones, explicó Samar, lo que la sume en una profunda depresión.

El rostro de la niña quedó desfigurado; no puedo ocultarlo”, dijo Samar. “Necesita cirugías plásticas especializadas, que no están disponibles en Gaza”.

'Una crisis totalmente provocada por el hombre'

Para Craig Kenzie, coordinador médico de Médicos Sin Fronteras en Gaza, la Franja sigue sumida en una "crisis humanitaria totalmente provocada y orquestada por el hombre" a causa del bloqueo israelí, a pesar del anuncio de un alto el fuego hace más de siete meses.


Palestinos reciben tratamiento en una clínica de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el Complejo Médico Nasser en Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza.

La organización, que opera con 1500 empleados locales en Gaza, no ha podido incorporar personal internacional ni suministros médicos desde principios de enero debido a las restricciones israelíes. Como explicó Kenzie, esto ha puesto en grave riesgo todos los aspectos de nuestros programas, que podrían verse reducidos o incluso suspendidos por completo en el futuro próximo.

Según indicó, más de la mitad de los medicamentos para enfermedades crónicas están agotados. Los suministros esenciales para apósitos para heridas escasean, mientras que Israel sigue bloqueando, sin explicación alguna, las pomadas tópicas utilizadas para tratar enfermedades de la piel.

En Deir Al-Balah, realizábamos cirugías en tiendas de campaña”, dijo Kenzie. “Cuando el equipo quirúrgico se avería, no hay repuestos porque no podemos conseguir piezas ni equipos de recambio”. 

El bloqueo no solo ha provocado una grave escasez de equipos y personal médico, sino que también ha restringido aún más el acceso al agua potable. Según Médicos Sin Fronteras (MSF), uno de los mayores distribuidores de agua potable en Gaza, Israel ha destruido o dañado el 90% de la infraestructura de agua y saneamiento de la Franja, lo que la organización describe como una forma de castigo colectivo.

Durante toda la guerra, Israel también impidió la entrada de los materiales necesarios para el tratamiento adecuado del agua, lo que obligó a MSF a construir plantas de tratamiento de agua por ósmosis inversa improvisadas con piezas recuperadas. Alimentada por un generador, la unidad purifica el agua subterránea contaminada con sal, tierra y aguas residuales, produciendo 5 millones de litros de agua potable al día.

Sin embargo, incluso el funcionamiento de este sistema básico plantea difíciles cuestiones éticas y operativas, explicó Kenzie.

¿Siguen suministrando agua hoy a quienes la necesitan, sabiendo que el generador necesita mantenimiento y que si lo ponen en marcha hoy, podría averiarse mañana y entonces no habrá forma de repararlo?”, preguntó. “¿O lo cierran y les dicen a las personas: ‘Lo siento, hoy no tengo agua potable para ustedes’?”.

Lo que más le duele a Kenzie es saber que la ayuda que se necesita con urgencia está a solo unos kilómetros de distancia, mientras Israel sigue bloqueando su entrada. «Es simplemente inaceptable», dijo, «que el gobierno que comete este genocidio sea también el que pueda bloquear y restringir la respuesta humanitaria».

Fuente: +972


viernes, 8 de agosto de 2025

Palestina libre, desde el río hasta el mar…

 

 Por Rafael SM Paniagua    
      Docente, investigador y artista.



O no sólo desaparecerá la Franja de Gaza sino también toda Europa y el mundo entero. La ruina de Palestina es la ruina del futuro del mundo si no torcemos el plan de quienes sólo viven para dominarlo



Jóvenes palestinos esperan a que una organización benéfica distribuya alimentos en Rafah, en diciembre de 2024.


     Es mediados de julio del verano de 2025 y en el minúsculo pedazo de la Franja de Gaza donde se acumulan dos millones de palestinos, los soldados del ejército del Estado sionista de Israel están disparando contra las personas hambrientas que se agolpan en los cuatro puntos de distribución de comida que se han autorizado. Un anciano ha caído fulminado de inanición justo cuando el voluntario le ha servido un cazo de aguaza blanca en un recipiente abollado. El hambre –que es el arma de guerra más antigua– matará a miles de personas pronto si Israel no desbloquea los accesos a la Franja, donde se acumulan víveres que podrían sostener por varios meses a los gazatíes. El pueblo judío que rechaza el sionismo se ha manifestado de nuevo en Tel-Aviv portando sacos de harina y fotografías de los niños hambrientos. El Estado sionista trata de esconder la lucha interna en Israel, donde viven judíos por miles que piden que pare el genocidio en su nombre del pueblo palestino, desposeído y cercado en un inmenso campo de concentración no reconocido como tal, pero nunca un pueblo rendido a la fatalidad. Los palestinos quieren comer, quieren beber, quieren vivir. Es verano en el Mediterráneo y ellos también estarían en sus playas, disfrutando del paisaje, la familia y la amistad.


Familias palestinas en la playa de Ciudad de Gaza,  27 de agosto de 2023.

En ese frágil gesto de arriesgar la vida para conseguir un puñado de harina, se condensa toda su resistencia y toda la determinación política de permanecer en su tierra, que los colonos y quienes los apoyan quieren convertir en un resort vacacional de lujo.

Palestina libre, desde el río hasta el mar. Está escrito en cada una de las células de cada cuerpo hambriento, de cada vida martirizada en Palestina. Un mensaje de despedida del personal médico del complejo Nasser en Khan Younis de hace una semana: “Ahora mismo estamos trabajando en el hospital, y los tanques están a sólo unos metros de nosotros. Estamos más cerca de la muerte que de la vida. Los soldados no tienen compasión por un niño, ni por un anciano, ni por un médico, ni por un enfermero. Nos quedamos aquí porque somos seres humanos, y porque nuestra misión es profundamente humanitaria. Si estos cuervos nos arrebatan el alma... no nos olviden, no nos conviertan en cifras. Amamos la vida, tenemos sueños como ustedes. Tenemos hijos y esposas a quienes amamos. Pero ser realmente humano significa no abandonar a quien necesita tu humanidad. Cuéntenle al mundo sobre nosotros... Díganles que fuimos más humanos que aquellos que sólo lo fingieron. Díganles que elegimos la muerte antes que renunciar a nuestra noble misión. No digan que fuimos héroes, sólo digan que entendimos lo que significa ser verdaderamente humanos”. No hay humanidad alguna sino a través de la ayuda a quien –despojado de toda humanidad para ser más fácilmente eliminado– necesita de la nuestra. No somos humanos sino en virtud de cómo tratamos a los otros. Unos niños consiguieron salvar sus pececillos de los bombardeos. Los llevan en un tarro de cristal a falta de una pecera en condiciones. “Y ahora vamos a salvar a los pájaros”.

Palestina libre, desde el río hasta el mar. Está escrito también en cada píxel. No más discusiones sobre la supuesta anestesia que deviene de las imágenes del horror. Los médicos del hospital Baptista al-Ahli al-Arab de Gaza hicieron el 18 de octubre de 2023 una rueda de prensa rodeados de algunos cadáveres, muchos niños, de los cientos que provocó el ataque israelí al hospital esa misma noche (“No nos conviertan en cifras… no somos números”). Esa toma de posición debería zanjar el falso debate en el que nos encallamos en Occidente para no mirar nuestra connivencia con la barbarie. Sontag defendió en Ante el dolor de los demás la fuerza política de las imágenes que aún no entendía e incluso rechazaba en Sobre la fotografía. Tuvo la honradez de escribir un libro para rebatir otro que ella misma había escrito. Los palestinos no se pueden permitir el lujo de relacionarse con su genocidio como si fuera un problema de la representación y las imágenes. Sólo hace falta escuchar y atender a lo que hacen las propias víctimas que lo están sufriendo, y escuchar y atender lo que nos piden hacer. Toman imágenes, las difunden como pueden y nos piden que las distribuyamos. No dejéis de hablar de Palestina. Forensic Architecture ha reconstruido con infografías el testimonio situado del Doctor Ghassan Abu-Sittah, quien hizo la rueda de prensa en el hospital rodeado de cadáveres.


El doctor Abu-Sittah, rodeado de compañeros sanitarios, durante la rueda de prensa posterior al ataque israelí contra el hospital Baptista al-Ahli al-Arabi, en Gaza.

Varias carpetas con más de 700 GB de Evidence Task circulan por internet y los grupos de Telegram y podemos descargarnos en nuestros ordenadores portátiles las pruebas de la barbarie antes de que algún tipo de juicio a estos crímenes contra la humanidad sea una posibilidad real. No terminamos de creernos que vivimos en un mundo en que podemos conocer, mientras está sucediendo, un proceso de colonización y un genocidio. Debemos resistirnos a que el imperio colonice nuestra percepción y nos desgarre aún más de la acción. Nadie sabe lo que una imagen puede detonar en un momento de posibilidad. Quienes afirman que nuestra capacidad de acción está limitada por la hiper-representación del genocidio, tan sólo están decretando la impotencia de las imágenes, su incapacidad de ser afectados por ellas y admitiendo indirectamente su connivencia con esa violencia que querría escapar de toda representación, volverse opaca, oscura, sin pruebas, sin testimonios, por eso los perpetradores se esconden y no muestran su rostro. Pero está ocurriendo, a los ojos de todos, como está teniendo lugar un inmenso ecocidio a gran escala. No sabemos qué hacer, no sabemos cómo hacer, pero tampoco sabemos lo que pueden las imágenes y voces que nos lo cuentan. Disparadas al vacío mediático, distribuidas con la esperanza de que encuentren su momento

Palestina libre, desde el río hasta el mar. O no sólo desaparecerá la Franja de Gaza sino también toda Europa y el mundo entero. La ruina de Palestina es la ruina del futuro del mundo si no torcemos el plan de quienes sólo viven para dominarlo, explotarlo y monetizarlo a cualquier coste ecológico y humano. “Los valores de Occidente ya no significan nada” dice un joven palestino. El joven sabe que muchos occidentales se manifiestan en la calles de sus ciudades, arriesgándose a la represión policial y judicial, de intensidad dispar según el apoyo de sus gobiernos al sionismo, pues no es lo mismo manifestarse con una bandera palestina en Zaragoza que en Berlín. La universidad de Columbia, que vivió un levantamiento estudiantil hace unos meses para denunciar el genocidio en el que participan los EU, ha expulsado a 80 estudiantes por su activismo pro-palestino, ha aceptado las sanciones de Trump por antisemitismo y pagará 200 millones de multa al Gobierno si quiere recibir otros 400 millones de fondos estatales. Las prestigiosas universidades que han marcado el rumbo al resto, a los pies del sionismo, del colonialismo y del capitalismo que sustenta sus estructuras institucionales. En España, la Red Universitaria por Palestina vigila las relaciones de las universidades del país con el Estado sionista, en muchos sentidos aún turbias. La economía de la ocupación y el genocidio, la maquinaria corporativa al servicio de la colonización, sigue dando sus réditos y enriqueciendo a los que ya tienen mucho y les da igual que otros mueran para tener aún más. El capitalismo global necesita el genocidio. Las IA que utilizamos para hacer chorradas han multiplicado la capacidad de atacar objetivos de los drones. Para entender el genocidio de un antiguo pueblo del Mediterráneo necesitamos observar el proceso a escala global. La vida está en peligro y todo en el mundo está en peligro desde que los hombres decidieron organizarlo todo en torno al poder del dinero, que es el fascismo de cada día, estando el mundo lleno de riquezas y fortunas que no son dinero, la tierra cuya “voluntad es dar frutos para todos”, la amistad, el amor.  Esto no comenzó el 7 de octubre del 2023. El New York Times del 20 de junio de 1899, recoge la noticia de la conferencia anual de la Federación de Sionistas Americanos en Baltimore “We will colonize Palestine”, decía hace 126 años el siniestro titular. La Agencia Judía de Colonización se había fundado en 1891, y el primer Congreso Mundial Sionista en 1897.

Palestina libre, desde el río hasta el mar. Porque vivimos, en mayor o menor intensidad bajo el orden de un imperio colonial capitalista, clasista y racista. El dilema no es sólo cómo desertamos, cómo nos fugamos, cómo boicoteamos y resistimos a este orden del mundo y a ese argumentario que sostiene las falacias del sionismo, que nos acusa de antisemitas por oponernos a su plan colonial. El dilema también es cómo percibimos esta amenaza común, cómo desaprendemos la estructura del mundo que perpetúa el desastre y cómo vivimos el hecho de que “todos somos palestinos” como en otro tiempo fuimos “judíos alemanes”. “Cada niño muerto es un hijo nuestro” puede oírse en las manifestaciones, que antes que un desplazamiento o apropiación de la singularidad gazatí, podría ser un proceso de agencia colectiva a través de la solidaridad en el sufrimiento. “El genocidio palestino es un tipo de vanguardia del fascismo contemporáneo y la sociedad de control que extiende sus formas de saqueo, borrado y desertificación de la experiencia por todo el planeta. En parte porque existen lugares como Gaza en los que poder llevarlas al extremo”. Son extractos de un correo electrónico de d-0, un proceso transcomunitario, iniciado hace unos meses en distintos lugares del mundo que nos convoca a “salir, destituir, abolir, desvincularse de las culturas de negación de la Nakba”, que significa en árabe ‘catástrofe’, ‘desastre,’ y refiere la destrucción del Estado palestino tras la Segunda Mundial para el establecimiento del Estado de Israel, que mediante la destrucción de medio millar de pueblos, se hizo con casi la totalidad del territorio obligando a éxodo a  miles de palestinos. El orden del mundo, todas las instituciones que forjó Occidente como las Naciones Unidas y la Corte Internacional de Justicia (1945) o la Declaración Universal de los Derechos humanos (1948) se basan en la Nakba de 1948 y su negación.

Palestina libre, desde el río hasta el marLas amigas de d-0 hablan de “la Nakba como un régimen planetario de ordenación del mundo”, un desastre global que sucede en diferentes intensidades y velocidades. Incontables procesos de expulsión, de destrucción, de colonización, de borrado, pues “cada Estado ha hecho (y sigue haciendo) las Nakbas que ha podido hacer”, como dijo una compañera en una de las asambleas. Esta perspectiva nos obliga a preguntarnos por los procesos de expulsión, destrucción, borrado y asesinato que han sucedido en nuestro país. Es imposible que no nos venga a la cabeza el pacto internacional de no intervención en la Guerra de España, como la llamaban los brigadistas voluntarios que llegaron de todas partes del mundo en 1936, también de Palestina, judíos y árabes, a luchar contra el fascismo. Durante tres años, el mundo conoció por la prensa el horror de lo que estaba sucediendo en España, las huidas de las ciudades, los fusilamientos masacreslas fosas, los bombardeos sobre la población civil, al servicio del golpe de estado fascista y su dictadura nacional-católica. Los trabajadores intentaron vencer al fascismo haciendo la revolución social y los trabajadores de otras naciones se solidarizaron con ellos boicoteando la fabricación de bombas destinadas a España, como atestiguan las notas dejadas por ellos en el interior de las bombas que no llegaban a detonar. “La causa de España es la causa de la humanidad” dijo Pasionaria en Barcelona en el recibimiento de los voluntarios brigadistas internacionales. Pero el relato por ganar la guerra, y no el de la revolución social que impugnaba el orden del mundo que la había pergeñado, se impuso. En vista de los resultados en España, el negocio de la guerra se transformó a escala europea y global a partir de septiembre del 39, cuando los nazis invadieron Polonia, tras 8 años en el gobierno. En España el franquismo implantó entonces su plan colonial interno de disciplinamiento del territorio y la sociedad. El mundo igualmente se convino con una dictadura, de la que sacaban provecho económico y militar con el negocio de la re-construcción, y que seguía condenando y asesinando a miles de presos políticos a trabajos forzados en los campos del régimen. Esta es una de nuestras Nakbas. También hubo hebras de paz viva en este país, como las hay en Tel-Aviv, NYC o Medellín. Quienes debían hacer de delatores, de sancionadores o perpetradores de la violencia, encontraron formas de no hacerlo, de ayudar a quien se supone había que atacar o del que había que defenderse. Cortocircuitos al régimen de la hostilidad que se dan cada día, de forma cotidiana, entre quienes deciden que se imponga lo humano, la convivencia y la hospitalidad.

Los jóvenes brigadistas judíos de Palestina, que formaban parte de la Unidad Botwin que luchó en España, eran casi todos miembros del Partido Comunista de Palestina que luchaba contra el imperialismo británico y sionista. Unos 200 jóvenes salieron de una Palestina donde se imponía la política de “un  judío sólo da trabajo a un judío”, defendida tanto por sionistas de derechas como de izquierdas. Una colonización y expulsión de los árabes de la esfera del trabajo que no era invisible a los ojos de los jóvenes comunistas palestinos judíos. Ellos volvieron a España, un lugar del que habían sido expulsados los judíos hace siglos. Muchos españoles tenían ideas antisemitas como recuerda uno de los brigadistas, Shmuel Stamler: “Un soldado español que servía en mi unidad me dijo que antes de la guerra pensaba que todos los judíos eran mercaderes y ladrones. Y ahora que he visto a los voluntarios judíos luchar por la libertad hombro con hombro con los soldados españoles está orgulloso de ser nuestro compañero”. El Centro Sefarad-Israel de Madrid (inaugurado en 2011 por los entonces reyes de España junto a Simón Peres, el artífice de la limpieza étnica en Galilea y de la buen relación entre Israel y la Sudáfrica del apartheid), organizó una exposición este año que trataba de ocultar la filiación comunista y antisionista de estos brigadistas, con la intención de recabar apoyos para la supuesta lucha antiterrorista del Estado de Israel, pero una fuerza de ocupación no tiene derecho a ninguna defensa.


La intervención de los judíos en la guerra española de 1936 se realizó a partir de su propio batallón, la Unidad Botwin, que estuvo nueve meses en combate activo.

También hubo palestinos árabes como Nayati Sidqi y no sólo Guardia Mora de Franco. Árabes del norte de África brigadistas antifascistas, muchos trabajadores emigrados a Francia, enrolados como voluntarios en las milicias populares y columnas anarquistas, como Sail Mohamed, que formó parte de la Columna Durruti. “¿Por qué no te unes a nosotros?”. Le preguntó el jefe de un grupo de milicianos a Nayati Sidqi en Barcelona: “Soy un voluntario árabe y he venido para defender a Damasco en Guadalajara, a Jerusalén en Córdoba, a Bagdad en Toledo, a El Cairo en Cádiz y a Tetuán en Burgos”. Es el sentimiento Pachequero.


“La independencia y la libertad de España dependen de la libertad y la independencia de los otros pueblos. Hermanos marroquíes: apoyad al gobierno republicano legítimo”. Agrupación Antifascista Hispanomarroquí, fundada en octubre de 1936 en Madrid por el palestino Nayati Sidqi / madridislámico.org.

En Madrid y Barcelona hubo varios encuentros enmarcados en el proceso de d-0. En una azotea de la única capital europea de fundación árabe –,مَايْرِيط ‘Mayrīṭ’– se juntó un grupo pequeño de personas venidas de Argelia, Italia, Brasil, Egipto, España, Estados Unidos… Es un grupo variopinto, pero tenemos en común que venimos de profesiones artísticas, culturales, académicas. En mayor o menor medida participamos ya de otros procesos y colectivos. Las formas de protestas y vías de solidaridad con el pueblo palestino son muchas alrededor, por eso no nos reunirnos en torno a la afirmación militante sino para abrir preguntas desde nuestra acción restringida, compartir reflexiones, estudiar o escribir juntas, comer y beber, también, para celebrar la vida de quienes resisten al otro lado del Mediterráneo, en África, en Latinoamérica o cualquier otro lugar del mundo amenazado por la nakba planetaria, porque no sólo se espejean las catástrofes, también se conectan las luchas por la liberación. Las amigas de d-0 nos enseñan dos nociones árabes: فزعة [faza’a] y عونة [o’neh]. “فزعة [faza’ai] implica una acción, se podría decir de solidaridad, que responde a una emergencia y busca detenerla.  عونة [o’neh] es una acción de solidaridad que apoya una visión a más largo plazo, construyendo algo juntxs, como por ejemplo cuando hay una amiga que necesita construir una casa y la comunidad se une para prestar todo lo que puede para hacerlo realidad”. Pese a la dispersión que impone el verano y las distancias, queremos compartir el camino del d-0 y ver qué podríamos aportar, los próximos meses y años, a un frente cultural común e intercomunalista para desvincularnos de las culturas de la perpetración y la negación de la Nakba. Universidades, escuelas, museos, centros patrimoniales, bibliotecas, editoriales, galerías, archivos. Todo ha sido destruido en Gaza. ¿Será que la cultura y el arte importan? El borrado de las culturas palestinas, del pasado vivo, permite la escritura colonial del sionismo. La mayoría del contenido de este texto surge del aprendizaje que surge del reconocimiento de la ignorancia propia, del no saber lo más concreto, lo más material, las historias de la vida en Palestina, que fueron, son o serán. Porque Palestina libre vencerá, desde el río hasta el mar. Y en esa azotea de Madrid se ha constituido un Comité del Mediodía.


Niños palestinos jugando.

El mediodía. He tenido que enfrentarme al reto de hablar de ello en varias ocasiones desde 2022, cuando leí por primera vez el término en los libros de Rodolfo Gil-Benumeya, a propósito de un proyecto que estaba desarrollando en La Madraza de Granada. El mediodía –midi, mezzogiorno– nos pareció una idea cargada de pasado y de futuro, y por lo tanto útil para un presente vivido, sentido, pensado e imaginado desde los sures, por muchas personas que cuya mirada no puede apartarse de allí donde en el mundo es la medianoche, como lo es en Gaza. Y así, en la Casa de Porras del Albaicín –una antigua casa de vecinos que fueron expulsados de un barrio que ha vivido desde hace siglos sucesivos vaciamientos y colonizaciones internas– ahora vibra una utopía, la Universidad Popular del Mediodía, un espacio en crecimiento y transformación desde hace dos años que quiere resistirse a las inercias de la universidad neoliberal del capitalismo académico –a convertir el mediodía en un mero juguete intelectual o artístico– en complicidad con los saberes y artes que despreciamos por su carácter social, popular, menor y conectando con un pasado andalusí que nos haga más libres. Madraza en árabe significa ‘escuela’. En la Casa de Porras pensamos que una escuela ha de servir al conocimiento que nos ayude a vivir más felices, no a acumular saberes, lujos y privilegios, para situarnos por encima de los otros. Una escuela debe propiciar que se generen lazos de fraternidad, igualdad y emancipación social. Como toda utopía, puede ser tomada por cualquiera, como sucede con el Comité del Mediodía, que es una fabulación que permite contenernos a muchas del espectro meridional y que sólo podemos inventar juntas para contrarrestar los relatos de (sin)sentido de un mundo basado en la hostilidad. “Mediodía: un pequeño mundo psicográfico en transición, con una continuidad humana y cultural propia que no es ni África ni Europa, ni oriente ni occidente”. Una geografía y una temporalidad imaginaria, y por eso puede afectar a la realidad y sus vectores de deseo que buscan rozar lo material. Y así seguimos, Porque desde el río hasta el mar, Palestina libre, vencerá.


Birzeit - Muro


Fuente: Ctxt