Integrante
del Grupo de Socialistas Judíos de Gran Bretaña y del comité
editorial de la revista Jewish
Socialist.
El
siguiente discurso fue pronunciado por David Rosenberg en un evento
del Día del Recuerdo del Holocausto organizado por Na'amod: Judíos
británicos contra la ocupación sionista de Palestina el 27 de enero
de 2024.
Es
imposible hacer justicia a millones de tragedias personales, por eso
quiero contarles principalmente la historia de una persona, Szmul
Zygielbojm: un judío polaco socialista, antifascista,
internacionalista y ardiente antisionista. Su repentina muerte en
Londres en mayo de 1943 estuvo íntimamente relacionada con la
destrucción de los judíos en Varsovia. Así que para mí eso suma
seis millones y uno.
Szmul
Zygielbojm
No
habrá leído sobre él en el Jewish Chronicle ni oído hablar de él
en boca de nuestro Gran Rabino o incluso de Rachel Riley. Obrero de
fábrica desde los 10 años, dormía en los bancos de los parques en
su adolescencia, fue organizador sindical a los 30 años y un
destacado socialista judío bundista a los 40, cuando los nazis
invadieron Polonia.
Cuando
los nazis anunciaron los primeros pasos para encerrar en guetos a los
judíos de Varsovia en noviembre de 1939, Zygielbojm dijo en una
multitudinaria reunión: “No os vayáis voluntariamente al gheto.
No perdáis el coraje. Permaneced en vuestras casas hasta que os
expulsen por la fuerza”. Este acto de desafío le puso en la mira.
Temiendo
por su vida, sus camaradas lo ocultaron, consiguieron documentos de
viaje falsos y lo sacaron de Polonia en enero de 1940 con una misión:
contar a los que tenían poder en Occidente lo que estaba sucediendo
bajo la ocupación nazi y persuadirlos para que tomaran medidas
extraordinarias para salvar a los judíos. Presentó informes
detallados en Bélgica, Francia y muchas ciudades de Estados Unidos.
En marzo de 1942, fue invitado a representar al Bund en el gobierno
polaco en el exilio en Londres.
Allí
recibió noticias sobre el genocidio en curso a través de canales
clandestinos y las transmitió a políticos, diplomáticos y la
prensa. Escribió artículos y habló en la radio de la BBC. En
septiembre de 1942, contó en una reunión multitudinaria del Partido
Laborista cómo los nazis habían utilizado por primera vez gas
venenoso para asesinar en masa, en Chelmno, donde 40.000 judíos y
algunos gitanos fueron asesinados en siete semanas. En ese momento,
creía que los nazis ya habían asesinado a 700.000 judíos en los
centros de exterminio.
Szmul
Zygielbojm con su hijo mayor, Yossel.
A
finales de 1942, Jan Karski, un rebelde clandestino polaco no judío,
le entregó personalmente un mensaje de los bundistas del gueto de
Varsovia, implorando a Zygielbojm que pidiera a los líderes judíos
de Londres que se encadenaran a las puertas del Parlamento para
iniciar una huelga de hambre hasta la muerte a menos que Gran Bretaña
actuara. Zygielbojm le dijo a Karski que nunca harían eso, pero
prometió hacer todo lo que pudiera.
A
principios de abril de 1943, había agotado casi todos los canales.
En una carta dirigida a su hermano Fayvel, que había abandonado
Polonia antes de la guerra, escribió: “Estoy casi al límite de
mis fuerzas. Según las últimas noticias que me han llegado esta
semana, 300.000 judíos siguen vivos en Polonia [de los más de 3
millones que había antes de la guerra], pero la matanza continúa…
Aquí la gente pronuncia hermosos discursos para promover su política
partidaria. Los sionistas están utilizando el martirio judío como
parte de su campaña de recaudación de fondos para Palestina”.
«Mi
vida pertenece al pueblo judío de Polonia y, por eso, se la doy»
El
19 de abril se iniciaron dos acontecimientos trascendentales. En el
gueto de Varsovia, cientos de bundistas, comunistas y sionistas de
izquierdas lanzaron un levantamiento increíble en un solo cuerpo,
utilizando armas improvisadas y de contrabando. Mientras tanto, en
Bermudas, diplomáticos británicos y estadounidenses iniciaron 11
días de conversaciones sobre la situación en Polonia. Pero las
conversaciones concluyeron sin ofrecer prácticamente nada práctico
para los posibles refugiados judíos, y el 10 de mayo, Zygielbojm
recibió la noticia de que el levantamiento del gueto había sido
aplastado.
Al
día siguiente escribió una serie de cartas y luego tomó una
sobredosis de amital sódico. En sus cartas explicaba que su suicidio
era un acto de protesta contra las potencias aliadas cuya
indiferencia y falta de acción permitieron el exterminio de los
judíos de Polonia.
Todos
podemos escuchar los ecos de eso hoy.
Zygielbojm
continuó: “La responsabilidad… recae, en primera instancia,
sobre los perpetradores, pero indirectamente también recae… sobre
los pueblos y gobiernos que no han hecho ningún esfuerzo… para
poner fin a este crimen.
“No
puedo permanecer en silencio. No puedo vivir mientras los restos del
pueblo judío, del que soy representante, están siendo exterminados.
Mis camaradas del gueto de Varsovia perecieron con las armas en las
manos en su última batalla heroica. No era mi destino morir como
ellos, junto a ellos. Pero les pertenezco a ellos y estoy en sus
fosas comunes.
“Con
mi muerte deseo manifestar la más enérgica protesta contra la
pasividad con la que el mundo permite el exterminio del pueblo judío…
Mi vida pertenece al pueblo judío de Polonia y, por tanto, se la
entrego. Deseo que los supervivientes… puedan vivir para ver, junto
con la población polaca, la liberación que podría conocer en
Polonia, en un mundo de libertad y en la justicia del socialismo”.
“Luchamos
por dignidad y libertad, no por territorio ni por una identidad
nacional”
La
historia de Zygielbojm es desconcertante para un estado británico
que acogió a tan pocos refugiados antes de la guerra, no actuó en
base a información creíble durante la guerra y admitió a un número
tan pequeño de sobrevivientes del Holocausto después de la guerra.
También
debería avergonzar a la clase dirigente judía británica, que no
hizo ningún esfuerzo por conmemorar a Zygielbojm. Fue necesaria una
acción popular en la década de 1990 por parte de un comité de
supervivientes bundistas en Londres que habían conocido
personalmente a Zygielbojm, y de socialistas judíos más jóvenes
(yo incluido), para lograr que se inaugurara una placa conmemorativa
en 1996, con la presencia de miembros de la familia superviviente de
Zygielbojm. Él no lo sabía, pero uno de sus tres hijos, Yossel,
sobrevivió como partisano del Ejército Rojo.
Una
placa descubierta en 1996 cerca de donde vivía Szmul Zygielbojm en
Paddington, Londres.
Yossel
leyó sobre la muerte de su padre en circunstancias que resultan
conmovedoras esta noche, dado nuestro debate. Yossel me escribió en
1994 sobre su grupo partisano que había liberado la ciudad de Gorny
Vakuf, en Bosnia, de los nazis. En el cuartel general nazi encontró
un periódico alemán, fechado el 21 de mayo de 1943, que publicaba
un artículo burlón sobre el suicidio de su padre. “Los relatos
televisados de los sangrientos combates en Bosnia traen de vuelta
esos terribles recuerdos”, añadió Yossel.
En
el trabajo educativo, los bundistas de nuestro comité –como
Esther, que sobrevivió a Auschwitz; Wlodka, que sobrevivió al gueto
de Varsovia (y sigue vivo hoy); y Majer– siempre hicieron hincapié
en la variedad de víctimas del Holocausto, especialmente los
gitanos, de quienes, según ellos, “murieron de la misma manera que
los judíos por las mismas razones”. Estos bundistas insistieron en
extraer lecciones universales del khurbn
(Holocausto
en yiddish),
la destrucción: combatir todo
racismo,
acoger a
todos los
refugiados y crear un mundo basado en el respeto de los derechos
humanos de todos.
Marek
Edelman, compañero de Zygielbojm en Varsovia y segundo al mando del
levantamiento del gueto, que murió en Polonia en 2009, mantuvo hasta
su muerte su política socialista, antisionista y antifascista. A sus
70 años participó en un convoy que transportaba ayuda a Bosnia.
Edelman
desafió abiertamente las mentiras de los políticos israelíes, que
deshonestamente intentaron vincular la resistencia del gueto de
Varsovia con la guerra para establecer Israel. “Luchamos por la
dignidad y la libertad”, les recordó Edelman, “no por territorio
ni por una identidad nacional”.
Quisiera
terminar con las palabras de un israelí de izquierdas, ya no vivo,
llamado Boaz Evron. En 1983, tras la estela de destrucción que dejó
Israel en el Líbano, tan similar a la Gaza actual, escribió sobre
“dos tragedias” que le sucedieron al pueblo judío en el siglo
XX: “el Holocausto y las lecciones que de él se extrajeron”,
especialmente por parte de los líderes de Israel y de muchos
israelíes.
Describió
“una extraña ceguera moral en la que el mundo siempre es concebido
como un mundo que odia y persigue, en el que los israelíes se
consideran libres de toda obligación moral en su relación con él…
libres de contraer acuerdos con los regímenes más opresivos del
mundo, de negociar acuerdos de armas con los peores gobiernos y de
oprimir a los no judíos sujetos a su gobierno”.
Esta
noche aquí mostramos lo contrario: nuestro deseo de liberar tanto a
los palestinos como a los judíos de esa mentalidad nacionalista
reaccionaria, para construir un mundo de igualdad y dignidad para
todos.
Fuente:
VASHTI