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sábado, 12 de septiembre de 2026

Un nuevo incendio en un campamento de personas migrantes calcina 42 chabolas en Ceuta

 



Propaganda ultraderechista en Ceuta. Fotografía de Queralt Castillo Cerezuela.

Fuegos declarados en tres puntos de la ciudad autónoma, con chabolas, coches y contenedores ardiendo, se suman a las agresiones de las últimas semanas, espoleadas por los partidos y medios de derecha


Más de 40 asentamientos de migrantes, coches y contenedores quemados esta madrugada en Ceuta.

     Más de 40 chabolas en varios asentamientos de personas migrantes en Ceuta fueron incendiadas en lo que los bomberos de la ciudad autónoma califican de “noche terrible”, según informó Europa Press. Además, ocho vehículos y cuatro contenedores fueron quemados en otros puntos de la ciudad. 

El principal foco se localizó en las Naves del Tarajal, en el polígono industrial de Ceuta, y afectó a 42 chabolas y otros asentamientos informales en el exterior de las naves. El incendio fue declarado a la medianoche y cientos de personas tuvieron que ser evacuadas por el personal de emergencia, que todavía no han informado si se trata de un accidente o de un atentado.

En la madrugada del 8 de septiembre, en la misma barriada se produjo un ataque en el que resultó herido Alí, un niño de ocho años, que recibió un perdigón en la cabeza, muy cerca del ojo derecho.


Un niño marroquí de 8 años recibe varios ‘perdigonazos’ en la cabeza tras ser disparado con un rifle en Ceuta.

Cuando su madre salió de la tienda a rogar a los encapuchados que cesaran su ataque, la amenazaron de muerte, según relataba ante los medios.

Al igual que otras agresiones y ataques realizados en las últimas semanas, este fue perpetrado por personas encapuchadas, según los testigos. 

El 30 de agosto, dos hombres marroquíes recibieron disparos de perdigones en la misma barriada y tuvieron que ser atendidos en el hospital. El 1 y el 2 de septiembre, se produjeron otros ataques con características similares: personas encapuchadas en moto que disparaban con pistolas de aire comprimido y balines de plástico.


Mujeres y menores migrantes en el polideportivo del barrio de El Príncipe, en Ceuta.

Desde Vox, el diputado José María Figaredo instó el pasado 18 de agosto a la población ceutí a “cazar” inmigrantes a los que calificó de “invasores”.


Una niña ceutí que participaba en una protesta en Ceuta es acosada por otros manifestantes: ‘Invasora, tienes tubertucolosis’.





El Ministerio de Igualdad instó este 11 de septiembre a actuar por las declaraciones de José María Figaredo sobre los migrantes en Ceuta.

En el Polígono Virgen de África también ardieron varios coches, un camión y varios contenedores. Un trabajador de la empresa pública de limpieza Servilimpce ha sido detenido, según El País, acusado de provocar este y otros fuegos producidos en la última semana.

Esta madrugada también se registraron fuegos en los alrededores del polideportivo Díaz-Flor pasadas las 4h de la madrugada.


Fuente: El Salto

domingo, 30 de agosto de 2026

La tormenta perfecta de Ceuta: un mes de crisis para alimentar el odio y la violencia contra los migrantes

 

      Redactora de Vivienda y Memoria Histórica en Público.


La crisis humanitaria en Ceuta ha desatado un profundo choque político y social marcado por el repunte de los discursos xenófobos, las críticas a la gestión institucional y la preocupación por el deterioro de la convivencia


Mobiliario urbano y enseres arden en Ceuta durante una manifestación para protestar por la situación provocada por la llegada masiva de migrantes. 27.08.2026.


     Entre el 30 y el 31 de julio, 72.000 personas cruzaron la frontera que separa Marruecos de la ciudad autónoma de Ceuta. Lo hicieron a pie o nadando con pequeños flotadores. La incursión se saldó con 145 fallecidos -según datos de Caminando Fronteras-, confirmándose como una de las mayores tragedias migratorias de la ciudad. Otros tantos se encontraron con una ciudad incapaz de darles asistencia. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) arrastraba días de problemas de sobreocupación, así que calles, playas y parques se convirtieron en campamentos improvisados. El 29 de julio, antes incluso de que se produjera la entrada masiva, el presidente de Ceuta ya hablaba de "colapso".

La mayoría eran chicos jóvenes y menores, aunque también cruzaron niñas y familias enteras que se encontraron con la misma problemática. Ante la falta de recursos, en los días siguientes se produjo un gran flujo de retorno, aunque un mes después todavía son miles las personas que siguen durmiendo al raso y que subsisten gracias a la ayuda de vecinos y ONG.

Uno de los mayores asentamientos se concentró en la playa de El Trampolín, donde el pasado jueves un grupo de ceutíes quemó las camas improvisadas y los pocos enseres que tenían los migrantes. El grupo violento se había concentrado en esta zona tras acudir a una manifestación en contra del Gobierno. Minutos antes de este incidente habían tratado de evitar que voluntarios de Cruz Roja repartieran comida en la zona. Este viernes otro grupo se acercó o a la misma zona con consignas como “Invasores, expulsión”, pero no hubo brotes de violencia.

La crispación y la polarización no han hecho más que aumentar en estas cuatro semanas, convirtiendo a esta pequeña ciudad de 84.000 habitantes en una olla a presión. La normalidad está lejos de retomarse, como admitió a finales de semana Félix Bolaños, ministro de la Presidencia. El Gobierno central no puso en marcha el mando único hasta el martes pasado y todavía no se ha podido trasladar a la Península a los miles de menores que llegaron esos días a Ceuta, entre ellos al menos 500 niñas. Esta semana también se conocía la denuncia de 16 agresiones sexuales en lo que va de mes, algunas con estas menores como víctimas.

En medio de toda esta situación, desde la derecha han aprovechado para atacar al Gobierno y su política migratoria. El Partido Popular se ha negado en todo momento al reparto obligatorio de menores migrantes, una postura compartida también por Vox. Los populares piden reformar la ley de Extranjería para garantizar el rechazo en frontera y plantean como única alternativa la repatriación de todos los migrantes. Ante el aumento de la tensión social y mensajes ambiguos de sus dirigentes, finalmente los populares hicieron un "llamamiento firme a la calma" el viernes, aunque sin dejar de dirigirse a los migrantes como "invasores". "Quien piense que con la violencia ayuda a Ceuta se equivoca. Solo da alas a los que pretenden señalar a los invasores como víctimas cuando las víctimas verdaderas somos los ceutíes", afirmaba el diputado popular Jesús Celaya Brey. 

Una crisis humanitaria lejos de resolverse

En cuestión de horas la entrada masiva de personas en Ceuta se convirtió en una emergencia sanitaria y social aguda, con todos los servicios al límite. Precisamente las posibles instalaciones para albergar a quienes han decidido quedarse o están pendientes de que avancen sus peticiones de asilo fueron motivo de discusión con el Gobierno de la ciudad. Juan Jesús Vivas, presidente de la ciudad autónoma, se ha negado a facilitar polideportivos y otros emplazamientos elegidos por el Gobierno al contar con baños y duchas, entre otros motivos. "Si intentan usarlos, van a tener que sacarme a mí de ellos", llegó a decir. Este viernes, el mando único aprobó un listado de espacios para la reubicación de los migrantes.

La falta de salubridad de los asentamientos ha provocado también ciertos brotes de gastroenteritis y otras infecciones, aunque desde la comunidad médica descartan que se pueda hablar de epidemia. Si bien, en los días posteriores al 30 de julio los sindicatos denunciaron que tanto el Hospital Universitario como los campamentos a pie de calle se encontraban al límite. Desde el Partido Popular se han utilizado estas noticias para llegar, incluso, a pedir el confinamiento en Ceuta por "enfermedades infectocontagiosas". Algunos militares denunciaron casos de sarna, que ellos mismos achacaban a la falta de higiene de las bases.


Migrantes acampados en las naves del Tarajal.

Entre los migrantes que lograron cruzar la frontera había muchos hombres jóvenes, pero también un número inusualmente alto de menores no acompañados y de familias con niños. El Gobierno asegura que actualmente hay unos 2.000 menores en el sistema de acogida de Ceuta; de ellos, más de 500 son niñas o chicas adolescentes. Este último grupo, el más vulnerable a sufrir violencias, será próximamente trasladado a la Península. El resto también será repartido entre las diferentes comunidades autónomas, otro de los temas de confrontación entre Gobierno y oposición.

"La crisis de Ceuta muestra con especial crudeza cómo ser mujer, niña o adolescente, estar en movilidad y encontrarse sin alojamiento estable multiplica las situaciones de riesgo", subraya en conversación con Público Oussama Chakkor, psicólogo social experto en migraciones en la organización ActionAid España. Una de las caras más amargas de esta crisis es la violencia sexual. Según ha informado la Fiscalía, se han contabilizado 16 agresiones sexuales en el último mes, con 17 víctimas, de las que 16 son mujeres. La mayoría no llegan a la mayoría de edad.


Mujer migrante en Ceuta, reubicada en el campo de fútbol del colegio Reina Sofía.

El psicólogo explica que la situación actual es particularmente grave porque muchas de estas personas se han encontrado con semanas de "incertidumbre, recursos improvisados y situaciones de calle", que han podido documentar ONG como Human Rights Watch. "Cuando falta identificación individual, aumentan las posibilidades de que una niña desaparezca de los mecanismos de protección. Cuando no existen espacios seguros para mujeres, aumenta la exposición a la violencia sexual", añade. Bajo su punto de vista, la respuesta a las menores no ha sido "ni correcta ni suficiente". "La protección llegó tarde y, durante semanas, muchas niñas y adolescentes quedaron expuestas a situaciones que nunca deberían haberse normalizado", concluye.

En la misma línea, Helena Maleno, defensora de los derechos humanos, periodista e investigadora especialista en migraciones y trata de seres humanos, cree que, un mes después, España no ha estado a la altura que la situación requería. "Todavía no se está garantizando el acceso a ayuda humanitaria, no se está pudiendo proteger a todos los niños y a todas las personas demandantes de asilo... Hay un fracaso del sistema y un abandono de las autoridades, y esto está alimentando el malestar y los discursos de odio", lamenta.

Odio y racismo disparados

"Nos estamos encontrando con que no se da una respuesta gubernamental adecuada y sobre todo con que se está propagando el discurso del odio, y ese odio está haciendo mucho daño en Ceuta. Se está atacando a los migrantes y a los musulmanes ceutíes", denuncia a este periódico Abdelah Mustafa, presidente de la asociación de vecinos de la Barriada de la Reina. Junto con sus vecinos se organizó desde el primer día para habilitar el polideportivo como refugio para mujeres y menores. Otros muchos voluntarios y ciudadanos anónimos se han encargado de llevar comida, mantas o hasta abrir las puertas de sus casas a familias y personas necesitadas.

En el lado contrario, según pasan los días ganan más terreno los mensajes de odio y la hostilidad hacia la comunidad árabe y subsahariana. Aunque el suceso más grave se vivió el jueves con la quema de enseres en la playa, la ultraderecha llevaba semanas caldeando el ambiente. El secretario general de Vox en el Congreso, José María Figaredo, llegó a afirmar que había que "cazar uno por uno" a los migrantes que habían entrado irregularmente en Ceuta. Sus palabras provocaron denuncias ante la Fiscalía, pero el diputado no ha dado marcha atrás.


Varias personas intentan bloquear la ayuda humanitaria en la playa de El Espigón.

En tan solo dos días -el 30 y 31 de julio-, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), detectó más de 9.500 mensajes de odio en redes sociales contra la entrada masiva de finales de julio. Según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, este "pico" de mensajes de odio ligado a la crisis migratoria en Ceuta ha impulsado el repunte de publicaciones de odio en redes durante julio, con 57.406 contenidos frente a los 40.800 de junio. El 68% de los contenidos analizados tenían foco en el odio a las personas procedentes del norte de África.

"Cuando se repite diariamente que existe una invasión, una amenaza o una ciudad tomada, se alimenta una sensación de emergencia permanente que puede aumentar la hostilidad hacia los migrantes, las agresiones racistas o la ruptura de la convivencia. En una ciudad como Ceuta las consecuencias pueden ser muy peligrosas", advierte Chakkor. El psicólogo alerta de los riesgos de convertir una crisis de gestión y protección en un conflicto identitario entre cristianos y musulmanes "si no se pone freno a ciertos discursos". En el caso de la violencia sexual, recuerda que "no tiene pasaporte", pero las víctimas sí tienen "rostro, cuerpo, historia y derechos": "Cuando utilizamos una agresión para construir odio contra miles de personas, corremos el riesgo de volver a ejercer una segunda violencia: quitar a la víctima su historia y convertir su dolor en propaganda".

El consultor político y analista Jordi Sarrión también incide en declaraciones a Público en la influencia que puede tener el discurso político en estallidos violentos como el del jueves -aunque no sea el único responsable directo- "al ir radicalizando progresivamente a una parte de la sociedad". Por otro lado, afirma que "cada día hay un ejército digital que se levanta en las redes para sembrar el caos": "Hay cuentas, perfiles y actores que amplifican cada incidente, cada imagen y cada mensaje de confrontación, y contribuyen a generar una sensación de conflicto permanente. No podemos ser ingenuos ante el papel que está jugando este ecosistema digital en la crisis de Ceuta".

Crisis política

La crisis humanitaria en Ceuta ha pasado a ser una crisis política de primera magnitud. Dos días después de la entrada masiva, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que la crisis "estaba resuelta". Este jueves 27 de agosto Bolaños reconocía que no se había recuperado la normalidad y que todavía quedaba un largo camino por delante. En los últimos días han comparecido varios ministros sobre el tema, aunque lo más llamativo ha sido la confrontación de versiones sobre el papel del CNI en la detección de la entrada masiva por parte de Interior y Defensa.

Tanto la oposición como los organismos sociales y los vecinos de Ceuta llevan semanas denunciando "lentitud" a la hora de actuar en la ciudad autónoma. Este martes entró en vigor el real decreto por el que se ha establecido el mando único, una medida que el Gobierno ceutí pidió desde el minuto uno. Javier de Lucas, catedrático de Filosofía del Derecho y exsenador del PSOE, considera que el mando único puede optimizar la gestión y acelerar en lo posible la puesta en marcha de soluciones inmediatas. "Evidentemente, hemos perdido varias semanas, preciosas", apostilla. Entre otras cuestiones, el experto no entiende por qué se rechazó la petición unánime de los políticos ceutíes para activar mecanismos extraordinarios previstos o la tardanza de algunos ministros en personarse en la ciudad. "Sumemos el hecho de que no se ha dotado de medios y recursos extraordinarios a los servicios de Policía y administración de justicia que tienen que gestionar los varios miles de expedientes de retorno, los de acogida y los de traslado en el caso de los menores", explica a este medio. 

Todo esto, opina el experto, ha contribuido decisivamente a esa reacción de violencia que estamos viendo, "al haber una presión constante de discursos xenófobos" por parte de la extrema derecha que han sido incorporados "no solo por Vox, sino también en parte por el PP": "Se ha llegado a utilizar un lenguaje casi bélico, y se piden actuaciones que no solo infringen la legalidad vigente, sino que tratan a todos esos grupos que se encuentran en Ceuta no como personas con derechos, sino como grupos peligrosos que hay que expulsar o incluso eliminar".

Por su parte, Sarrión cree que hay que distinguir entre cómo se gestionó el inicio de la crisis y la reacción actual. De acuerdo a su análisis, los esfuerzos iniciales por transmitir tranquilidad podrían haber sido acertados —teniendo en cuenta el revuelo político interno y global— si la crisis se hubiera cerrado rápidamente. "El problema es que el Gobierno se confió, no estaba preparado para que el problema se prolongase durante semanas y afectase a la convivencia en Ceuta", añade. Además, considera que la presencia del Estado en el terreno debería haber sido mucho mayor desde el principio. 

En cuanto a la reacción de la oposición, al igual que De Lucas, lamenta que estemos viendo cómo se cruzan "líneas rojas que no deberíamos normalizar". "Todos los partidos tienen una responsabilidad enorme en este momento. Se puede exigir al Gobierno que recupere el control, que dé soluciones y que proteja a los ceutíes sin convertir a las personas migrantes en el enemigo", concluye.

El papel de Marruecos y las redes sociales

Otra de las cuestiones que se ha reprochado al Ejecutivo es la ausencia de crítica hacia Rabat. "Sembrar sospechas sobre un gobierno de un país vecino con el que hay que cooperar y con el que hay que tener buenas relaciones de vecindad no es un buen camino", decía Bolaños esta semana recetando a la oposición un curso acelerado de diplomacia básica. Lo cierto es que hasta ahora todo apunta a que detrás de la entrada masiva estaban las redes sociales, aunque las imágenes parecen confirmar que la gendarmería marroquí no opuso gran resistencia los días 30 y 31 de julio, como sí hizo ante el intento de entrada fallido del 15 de agosto.

"Creo que lo que está a nuestro alcance no es tanto establecer inequívocamente la responsabilidad directa de Marruecos en la entrada masiva, sino sostener la verosimilitud de la hipótesis de que, sin el conocimiento por parte de Marruecos de lo que se preparaba, sin la omisión de medidas de control en la parte marroquí de la frontera, en esos dos días, es imposible que ocurriera un acontecimiento de esas dimensiones", analiza De Lucas, que sostiene que es "difícil creer" que 8.000 personas se pongan de acuerdo espontáneamente en acudir el mismo día a Ceuta. También apunta al posible interés de potencias extranjeras en erosionar la imagen de España y sembrar desunión en la UE.

En este sentido, tanto el catedrático como el resto de voces consultadas por este medio insisten en la importancia de tener fronteras seguras. "Es evidente que la externalización de fronteras abre la puerta a estas consecuencias. Cuanto más se amurallan los Estados, más muestran su incapacidad de ser soberanos en asuntos que son de rango global y por lo tanto exceden a la competencia de un solo Estado; incluso de una asociación de Estados como la UE", concluye.

Esta estrategia de política migratoria, además, ha resultado ineficaz para frenar las llegadas irregulares y eventos tan trágicos como el vivido este julio. Las entradas irregulares a través de Ceuta se han multiplicado por cinco, de acuerdo con los datos que periódicamente publica el Ministerio del Interior: han pasado de 753 en 2021 a 3.323 en 2025. En lo que llevamos de 2026 (hasta julio y sin contar la entrada masiva de los días 30 y 31) han sido ya 4.182 personas las que han logrado sortear las concertinas.

Hay desaparecidos y fallecidos sin identificar

Los últimos de los que nadie habla en esta crisis son los fallecidos. Caminando Fronteras cifra en 145 las víctimas mortales de esta crisis migratoria, aunque, según señala a Público Helena Maleno, aún hay un número importante de personas que continúan desaparecidas y que podrían estar o no entre los cadáveres recuperados.


Entierro de varios migrantes en el cementerio musulmán de Ceuta.

El pasado jueves, mientras se producían los disturbios en las playas de Ceuta, en el cementerio de la mezquita de Sidi Embarek se daba sepultura a los últimos once cuerpos que quedaban por enterrar. Solo nueve de los fallecidos rescatados por España han podido ser identificados; el resto descansan en bolsas blancas con un número identificativo. Maleno pide más ayuda para que las familias, especialmente las de terceros países, puedan recuperar los restos mortales, "para lo que sería fundamental la colaboración de los consulados".


Fuente: Público

viernes, 21 de agosto de 2026

El inmigrante de los informativos

 

 Por Marco Alagna Morales   
      Colaborador de CTXT.


En 1993, con un 1 % de población migrante, casi la mitad de los encuestados ya los consideraba demasiado numerosos. Treinta años después, el mapa del empleo extranjero y el del voto a Vox no coinciden. Salvo cuando se baja al municipio


Recorte de la portada del Diario de Cádiz del 2 de noviembre de 1988. La fotografía es de Ildefonso Sena.


     Aigues-Mortes, Francia, 1893. Las salinas de Peccais emplean cada verano a varios cientos de hombres para recoger sal bajo un calor que hace casi imposible el esfuerzo. Se paga a destajo. Quienes acuden allí no son trabajadores especializados. Son temporeros del Macizo Central, a los que la región llama trimards, y piamonteses a los que la miseria agraria ha arrojado a los caminos del sur. Estos últimos trabajan en cuadrillas organizadas y consiguen una mayor producción de sal.

El 16 de agosto de 1893, se produce un altercado junto a uno de los depósitos de agua dulce. No es más que una riña entre hombres exhaustos. La noticia circula sin embargo por el pueblo durante la noche y, al día siguiente, se forma una turba. Cientos de franceses, a los que se suman habitantes de Aigues-Mortes que no trabajan en las salinas, persiguen a los italianos por el campo. Ese día, trabajadores franceses matan a golpes y pedradas a trabajadores italianos. El balance oficial asciende a ocho muertos, aunque nunca podrá establecerse con exactitud, ya que algunos cuerpos desaparecieron en las lagunas. En diciembre de ese mismo año se celebra un juicio en Angulema que termina con absoluciones.

Los italianos de Peccais llevaban años trabajando en el lugar. Su número no había aumentado bruscamente durante el verano de 1893 y sus salarios tampoco habían caído de repente. Lo que había cambiado era la rivalidad habitual entre dos grupos de jornaleros, que había adquirido otra naturaleza. Una simple disputa laboral se volvió de repente una oposición entre franceses e italianos. Los socialistas usaron los hechos de Aigues-Mortes para defender una de las medidas que pedían. Querían un salario mínimo para todos los trabajadores, sin importar su nacionalidad. Así buscaban evitar que los extranjeros compitieran de manera injusta con los trabajadores franceses. Édouard Drumont, periodista y escritor de extrema derecha, acusaba a los italianos de aceptar salarios de miseria y pensaba que la solución era expulsar a los extranjeros. Lo decía en La Libre Parole, su periódico antisemita y nacionalista. 

En el Midi, los trabajadores franceses también se enfrentaban a la competencia de trabajadores extranjeros. En Marsella, desde 1888, obreros franceses iban a los barcos donde trabajaban italianos y pedían que los despidieran; en algunos casos lo lograron. En 1893, los trabajadores de la Joliette exigieron que las empresas que trabajaban para el Estado, la provincia o el municipio tuvieran que limitar al 10 % el empleo de extranjeros. El lenguaje era claramente económico. Se acusaba a los extranjeros de quitarles el trabajo a los franceses y de aceptar sueldos más bajos. Un boletín obrero marsellés de 1891 resumía este rechazo hablando de “ese obrero italiano o español” que venía a ocupar un puesto en el taller junto al trabajador francés. 

Posteriormente se registraron incidentes entre trabajadores franceses y españoles en Limoux, en 1894; Perpiñán, en 1897; y Narbona, en 1900. Los expedientes de los Archivos Nacionales franceses recogen así los “incidentes entre obreros franceses y españoles” de Limoux (ref: BB18 1972) y los “desórdenes entre obreros franceses y españoles” de Narbona (ref: BB18 2170). Lo que se repite de un conflicto a otro es menos una hostilidad vinculada a una nacionalidad concreta que un mismo lenguaje de la competencia: el extranjero es presentado como aquel que ocupa el lugar del francés y amenaza su salario.

La historiografía francesa ha documentado con minuciosidad estos episodios poco gloriosos de la historia social del país. Pero este mecanismo no se limita a la Francia de finales del siglo XIX ni a los enfrentamientos entre trabajadores de distintas nacionalidades. Aparece, bajo formas y en contextos muy diferentes, cada vez que una competencia real o supuesta con los extranjeros se transforma en una percepción más general de amenaza económica. La España de comienzos de los años noventa ofrece, a este respecto, un caso paradigmático de percepción ampliamente imaginaria de la competencia extranjera.

El 1 de enero de 1993, España contaba con 393.100 inmigrantes, aproximadamente el 1 % de su población.

Ese mismo año, un estudio del CIS concluía que el 45 % de quienes respondieron a la pregunta, una vez excluidas las respuestas sin opinión (n=2080), consideraba excesivo el numero de inmigrantes (CIS nº 2051).

La proporción era idéntica dos años antes. A la vista de los datos, no puede atribuirse estos resultados a ninguna experiencia de saturación ni a ningún pueblo desbordado por la inmigración, puesto que aquello que los encuestados consideraban excesivo no formaba parte de su experiencia cotidiana. Las demás respuestas del mismo barómetro apuntan en la misma dirección. En 1993, también según el CIS, el 74 % de los encuestados estaba de acuerdo con la idea de que los inmigrantes quitaban trabajo a los españoles, y el 67 % con que hacían bajar los salarios. El estereotipo de la competencia laboral estaba, por tanto, ampliamente extendido en nuestro país a comienzos de los años noventa, aunque esa competencia no se producía materialmente.

Hay que distinguir, por tanto, entre la presión migratoria real y la presión transmitida. Esta última parece estar estrechamente relacionada con el tratamiento mediático, cuyos efectos pueden observarse en los propios sondeos: aquellos en los que la inmigración ocupa el tercer lugar entre los problemas del país coinciden con anuncios de regularización, con su aplicación o con su restricción. Es decir, con los momentos en que la inmigración se convierte en noticia, no con aquellos en los que aumenta. En 1993, además, una mayoría de los encuestados identificaba al inmigrante con el marroquí, aunque los marroquíes ni siquiera constituían el grupo mayoritario entre los extranjeros residentes.

La iconografía que sustenta el estereotipo del inmigrante en nuestro país es, además, anterior a las propias encuestas. En noviembre de 1988, una embarcación naufraga en la playa de Los Lances, en Tarifa; mueren ahogadas once personas y la fotografía tomada por Ildefonso Sena deja una profunda huella en la opinión pública española. La palabra patera empieza a difundirse a partir de 1992, cuando las restricciones derivadas de Schengen modifican las condiciones de entrada, y durante la década se convierte en el símbolo por excelencia de la inmigración, hasta llegar a designar cualquier tipo de embarcación. La opinión pública de 1991 disponía ya, por tanto, de una representación del inmigrante, fijada, casi encuadrada, cuando su presencia real apenas había alcanzado el umbral de visibilidad.

Es lo que el sociólogo Jean Baudrillard denominaba la “desrealización del mundo”. A fuerza de circular, la imagen de lo real termina imponiéndose sobre aquello que pretendía representar. Deja de ser una representación de la realidad para convertirse en la realidad misma, hasta el punto de que la representación de la cosa representada se vuelve más real que la propia cosa. El marroquí o el subsahariano de los informativos españoles, la patera interceptada, la cifra anual de entradas, ya no son, a comienzos de los años noventa, una representación de la inmigración: son la inmigración misma.

España cuenta hoy con unos siete millones y medio de residentes extranjeros (14,9 %), según el censo del INE a 1 de julio de 2026, muchos de ellos empleados en la agricultura intensiva, la hostelería, la construcción y los cuidados a domicilio. La sensación de competencia laboral que los encuestados de comienzos de los años noventa describían sin haberla experimentado tiene ahora sectores, áreas de empleo y salarios concretos. El gráfico que sigue cruza dos variables para diecinueve territorios: en el eje horizontal, la proporción de extranjeros entre los afiliados a la Seguridad Social en cada CCAA; en el eje vertical, el porcentaje obtenido por Vox en las elecciones generales de 2023 en cada CCAA. Si la presencia extranjera alimentara el voto de rechazo, los puntos deberían disponerse siguiendo una pendiente clara. La medida utilizada se limita por comodidad metodológica a los afiliados a la Seguridad Social y deja fuera a desempleados, jubilados, menores y a toda la inmigración irregular. 

El coeficiente de correlación es de r= 0,15 (Bravais-Pearson), con p = 0,53: un resultado sin significación estadística. Conviene precisar su alcance. Con diecinueve territorios, la prueba solo detectaría un vínculo fuerte, y el intervalo de confianza deja abierto un abanico que va de una ligera relación inversa hasta una correlación moderada. Estos datos no permiten, por tanto, descartar cualquier relación entre ambas variables; indican únicamente que no bastan para establecerla. Lo que el gráfico muestra sin necesidad de inferencia es otra cosa: la nube de puntos no dibuja pendiente alguna y los casos extremos se reparten en todas las direcciones.


Porcentaje de extranjeros sobre el total de afiliados a la Seguridad Social, en el eje horizontal, y voto a Vox en las elecciones generales de 2023, en el vertical, para 19 territorios.

Ceuta registra el porcentaje más alto de voto a Vox del país, un 23,3 %, con una presencia extranjera entre los afiliados del 11,4 %, similar a la de Andalucía –aunque su condición de enclave fronterizo con un desempleo masivo la convierte en un caso aparte–. Baleares presenta la proporción más elevada del conjunto, un 26,3 %, y se queda en un 15,2 % para Vox, apenas por encima de la media. En Cataluña casi uno de cada cinco afiliados es extranjero y Vox obtiene un 7,8 %; en Canarias, con un 15,5 % de afiliados extranjeros, se queda en un 7,6 %. Extremadura invierte la lógica: la menor presencia extranjera del conjunto, un 5,7 %, y un 13,6 % de voto a Vox. Murcia y la Comunidad Valenciana, donde ambos valores son altos, no son casos ejemplares sino uno más entre los diecinueve. 

Así pues, el mapa del empleo extranjero y el del voto a Vox no se superponen. Lo que separa a Cataluña de Murcia o al País Vasco de Ceuta escapa a la demografía laboral. La explicación más plausible remite a la historia política de cada territorio y, en varios de ellos, al peso de un nacionalismo periférico que ocupa ya el terreno identitario y deja poco espacio a una formación centralista.

La relación aparece, en cambio, con mayor nitidez cuando descendemos a la escala municipal. Un estudio dedicado a los municipios de la región de Murcia, publicado en 2019 por elDiario.es, encuentra una correlación positiva de r= 0,54 entre la proporción de población extranjera y el voto a Vox, que alcanza 0,58 cuando se considera específicamente la población inmigrante extracomunitaria. El modelo presentado por los autores atribuye a esta variable, tomada de forma aislada, cerca de un tercio de la varianza del voto a Vox.

Este resultado no contradice el observado a escala de las comunidades autónomas. Sugiere más bien que la relación entre presencia extranjera y voto de rechazo puede manifestarse a una escala territorial reducida muy concreta y desaparecer cuando los datos se agregan a otra escala más amplia. La Región de Murcia constituye, a este respecto, un caso especialmente interesante: varios municipios combinan una presencia inmigrante superior a la media regional y un elevado voto a Vox. 

Los casos concretos de dos municipios que se han distinguido por los conflictos locales que han experimentado, como Torre Pacheco en Murcia y El Ejido en Andalucía, ilustran así la verdadera dimensión del fenómeno: los enfrentamientos entre españoles y extranjeros toman forma en espacios geográficos reducidos, a escala del municipio, allí donde la convivencia, la competencia por el empleo y los recursos y las tensiones sociales se vuelven concretamente perceptibles. Es a esta escala donde las relaciones entre poblaciones pueden transformarse en relaciones de competencia, conflicto o rechazo, mucho más que a la escala, necesariamente más abstracta, de las comunidades autónomas.

Este descenso a la escala municipal tampoco invalida lo que mostraba ya la España de los años noventa. Permite, al contrario, precisar su alcance. Si en determinados municipios una fuerte presencia extranjera puede coincidir efectivamente con un mayor voto de rechazo, también ocurre lo contrario: en territorios donde los extranjeros son poco numerosos, la sensación de una presencia masiva puede llegar a imponerse. Extremadura, Asturias o Cantabria ofrecen ejemplos de ello. 

De todo lo que hemos visto hasta aquí se desprende que la percepción de la inmigración no se mide únicamente por su presencia. Cuando la realidad local ofrece pocos contactos con una población extranjera que, sin embargo, es presentada como omnipresente, una parte de esa percepción procede necesariamente de algo distinto de la experiencia cotidiana.

A diferencia del siglo XIX, cuando la percepción del extranjero descansaba más en la experiencia directa y en una circulación de la información mucho más limitada, hoy la presencia extranjera y su percepción son dos realidades distintas. La imagen del extranjero no se construye únicamente a partir de la experiencia directa: también se forma mediante las categorías, los relatos y las imágenes que dan un rostro a esa presencia.

Esta representación puede recuperar, en un contexto contemporáneo, el lenguaje de la competencia económica que ya era visible en los conflictos del siglo XIX. En España, la investigadora López Talavera observa que, a partir de 2010, en el contexto de la crisis económica, los medios conceden mayor espacio al temor a la competencia de los inmigrantes por el acceso al mercado laboral y a las prestaciones sociales. Algunas informaciones presentan al colectivo inmigrante como parte implicada o incluso como responsable del conflicto económico, mientras que uno de los estereotipos señalados en la literatura sobre el tratamiento mediático consiste en asociar la inmigración al desempleo de la población activa española. El extranjero no aparece así únicamente como un otro demográfico o cultural: también puede ser construido como aquel que ocupa el lugar del nacional, compite por su empleo o pesa sobre los recursos colectivos.

De todo ello se desprenden dos exigencias políticas. La primera concierne a los medios de comunicación. La construcción reiterada del inmigrante como amenaza, delincuente o competidor económico no carece de consecuencias sobre la percepción colectiva. Los trabajos dedicados al tratamiento periodístico de la inmigración llevan tiempo reclamando un refuerzo de las normas deontológicas y una mayor contextualización de las informaciones.

La segunda concierne a las políticas públicas. Es urgente replantear las políticas de vivienda, urbanismo y ordenación del territorio para evitar fenómenos de hiperconcentración territorial que pueden transformar una presencia demográfica en una experiencia cotidiana de competencia o de separación. No se trata de negar las realidades de la inmigración ni de imponer una dispersión administrativa de las poblaciones, sino de evitar que determinados territorios acumulen de forma duradera concentración migratoria, precariedad, dificultades de acceso a los servicios y escasa mezcla social. De lo contrario, dejamos en manos de los conflictos locales, de los discursos políticos y de las representaciones mediáticas la tarea de dar sentido a una realidad territorial que los poderes públicos deberían haber anticipado mejor.



Fuente: CTXT