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sábado, 1 de agosto de 2026

Ceuta, la llave del estrecho de Gibraltar bajo presión permanente

 

 Por Pedro Garcia   
      Periodista en Descifrando la Guerra.


La ciudad autónoma de Ceuta es un punto clave en la geopolítica de España en el Mediterráneo Occidental.


     La ciudad autónoma de Ceuta concentra una de las mayores responsabilidades geopolíticas de España en el Mediterráneo occidental. Su valor militar, político y simbólico contrasta con una vulnerabilidad creciente derivada de la presión híbrida ejercida por Marruecos y de su condición de enclave aislado del territorio peninsular.


El aumento de las llegadas irregulares sitúa a Ceuta ante su peor crisis migratoria desde 2021 y eleva la tensión con Marruecos.

Ceuta: plaza pequeña, importancia estratégica

Ceuta suele aparecer en el debate público asociada a la inmigración irregular o a los problemas fronterizos. Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, su relevancia va mucho más allá.

Situada en la entrada oriental del estrecho de Gibraltar, la ciudad constituye una posición clave para el control de una de las rutas marítimas más importantes del mundo, por donde transitan anualmente miles de buques que conectan el Atlántico con el Mediterráneo.

Su ubicación convierte a Ceuta en un activo de primer orden para España y para la seguridad europea. Se trata de una frontera exterior de la Unión Europea y de un punto de observación privilegiado sobre el tráfico marítimo, los flujos migratorios y los movimientos militares en el Mediterráneo occidental.

Además de su valor geográfico, Ceuta posee una enorme importancia política y simbólica. La ciudad forma parte de España desde el siglo XVII y constituye una expresión tangible de la presencia española en el norte de África. Precisamente por ello se encuentra en el centro de la reivindicación marroquí, que continúa considerando tanto Ceuta como Melilla territorios pendientes de recuperar.

Pese a la persistencia del contencioso, un conflicto militar abierto entre España y Marruecos sigue siendo considerado improbable. Los intereses económicos compartidos, la cooperación en materia de seguridad y la estrecha relación con socios occidentales actúan como importantes elementos disuasorios.

Sin embargo, la principal amenaza para Ceuta no es actualmente una invasión convencional, sino la denominada estrategia de zona gris. Se trata de una combinación de presión diplomática, económica, migratoria y propagandística destinada a debilitar progresivamente la posición española sin llegar a desencadenar una guerra.


La ciudad autónoma de Ceuta.

Los precedentes son numerosos. Marruecos ha reaccionado históricamente con ataques híbridos ante cualquier gesto institucional español en las ciudades autónomas. La retirada temporal de embajadores, las protestas diplomáticas, las restricciones comerciales o los cierres fronterizos forman parte de un patrón de actuación que busca incrementar el coste político de la presencia española en la zona.

La crisis migratoria de mayo de 2021 representó el ejemplo más claro de esta estrategia. La entrada masiva de miles de personas en apenas dos días demostró hasta qué punto los flujos migratorios pueden emplearse como instrumento de presión geopolítica. El episodio evidenció que Ceuta puede convertirse rápidamente en el escenario principal de una crisis internacional sin necesidad de un solo disparo.

La actual escalada, con cerca de 49.000 entradas irregulares registradas según las cifras disponibles hasta la fecha, constituye uno de los episodios de mayor presión sobre la ciudad desde aquellos acontecimientos. Por su impacto político, social y diplomático, se ha convertido además en uno de los momentos más delicados de la relación entre España y Marruecos de las últimas décadas.

En el plano diplomático, Marruecos ha recurrido de forma recurrente a medidas destinadas a cuestionar la normalidad institucional española en ambas ciudades. La llamada a consultas de su embajador tras la visita de los Reyes en 2007, la inclusión de Ceuta y Melilla como territorio marroquí en determinados pasaportes emitidos en 2010 o la prohibición en 2019 de que diplomáticos marroquíes accedieran a las dos ciudades constituyen ejemplos de una estrategia destinada a reforzar la narrativa marroquí y transmitir la idea de que la soberanía española sigue siendo objeto de disputa.

La dimensión económica también ha desempeñado un papel relevante. El cierre unilateral de la frontera comercial de Melilla en 2018, las restricciones comerciales impuestas posteriormente a Ceuta y las limitaciones al intercambio transfronterizo no solo tuvieron consecuencias económicas inmediatas, sino que reflejaron una voluntad política de incrementar la dependencia y vulnerabilidad de ambas plazas.

Estas medidas encajan dentro de las herramientas de coerción económica propias de los escenarios de zona gris, donde la presión se ejerce mediante mecanismos aparentemente administrativos o comerciales, pero con una clara finalidad estratégica.

Los precedentes históricos muestran que esta forma de actuación no es nueva. Tanto la Marcha Verde de 1975 como la ocupación del islote de Perejil en 2002 pueden interpretarse como episodios donde Marruecos trató de modificar el equilibrio existente mediante acciones cuidadosamente calibradas para evitar una guerra abierta.


Militares españoles colocan la bandera del país en la isla de Perejil tras la crisis.

Ambos casos ilustran una combinación de presión política, simbolismo nacional y creación de hechos consumados que guarda importantes similitudes con las estrategias de zona gris contemporáneas.

¿Es Ceuta defendible?

Desde el punto de vista militar, Ceuta presenta características que favorecen su defensa. La ciudad se encuentra a escasos kilómetros de la península y puede recibir apoyo naval y aéreo con gran rapidez. Su terreno accidentado y sus accesos relativamente limitados ofrecen ventajas defensivas que dificultarían cualquier intento de ocupación rápida.

La presencia de unidades de la Legión y de otras fuerzas desplegadas en la plaza proporciona además una capacidad de respuesta inmediata ante incidentes de seguridad. A ello se suma la superioridad naval española en el entorno del estrecho de Gibraltar y la capacidad del Ejército del Aire para proyectar fuerza desde bases peninsulares en muy poco tiempo.

En caso de una crisis convencional, España mantendría una importante ventaja en ámbitos como el control marítimo, la guerra antisubmarina, la guerra electrónica y la superioridad aérea cualitativa.

Sin embargo, su principal debilidad deriva de su condición de enclave fronterizo rodeado completamente por territorio marroquí. Cualquier deterioro de las relaciones bilaterales tiene un impacto inmediato sobre la vida económica y social de la ciudad.


Posición estratégica de Ceuta.

La dependencia de las conexiones marítimas y aéreas con la península convierte también a Ceuta en especialmente sensible a escenarios de bloqueo, interrupción logística o crisis prolongadas. Aunque España dispone de medios suficientes para mantener las comunicaciones, una situación de tensión sostenida podría generar importantes costes políticos y económicos.

A ello se suma una vulnerabilidad menos visible: la tan empleada narrativa del Gran Marruecos. Rabat lleva décadas impulsando un discurso internacional que presenta a Ceuta como un vestigio colonial.


Marcha verde para materializar la ocupación del Sáhara por parte de Marruecos.

Aunque esta interpretación carece de respaldo jurídico en Naciones Unidas y no encuentra reconocimiento en el derecho internacional, su repetición constante busca erosionar la legitimidad de la soberanía española.

Esta batalla del relato constituye uno de los principales frentes estratégicos del futuro. La presión no pretende necesariamente modificar la realidad sobre el terreno de forma inmediata, sino crear un clima político favorable a las aspiraciones marroquíes a largo plazo.


Vista aérea del Estrecho de Gibraltar, que muestra la separación geográfica y tectónica entre Europa y África.

Una cuestión de credibilidad nacional

Uno de los principales problemas para España es que Ceuta no figura de manera explícita dentro de las garantías territoriales contempladas tradicionalmente por la OTAN. Aunque una agresión tendría importantes implicaciones para toda la Alianza Atlántica, la ausencia de una cobertura específica genera cierta incertidumbre estratégica.

Por ello, la capacidad de disuasión nacional adquiere una importancia fundamental. Mantener fuerzas permanentes preparadas, reforzar la vigilancia marítima y aérea, mejorar la resiliencia económica de la ciudad y responder eficazmente a las amenazas híbridas son elementos esenciales para evitar cualquier cálculo erróneo por parte de un posible adversario.

Además, la defensa de Ceuta trasciende el ámbito militar. Su protección está ligada a la credibilidad del Estado español, a la integridad de sus fronteras y a la estabilidad del Mediterráneo occidental.

Más que una plaza periférica, Ceuta representa una posición estratégica de primer orden en el flanco sur europeo. Su fortaleza dependerá tanto de las capacidades militares desplegadas como de la voluntad política de mantener una presencia firme, coherente y sostenida frente a las presiones externas.

En un contexto internacional cada vez más competitivo y marcado por las amenazas híbridas, la ciudad autónoma sigue siendo una de las piezas fundamentales de la seguridad española. Y precisamente por ello continuará siendo uno de los espacios geopolíticos más sensibles del Mediterráneo.

El principal desafío para España en Ceuta y Melilla no es militar. La amenaza más probable procede de una acumulación de presiones diplomáticas, económicas, migratorias e informativas destinadas a desgastar progresivamente la posición española. 

La defensa de las ciudades autónomas exige, por tanto, una respuesta integral que combine capacidades de disuasión, inteligencia, resiliencia institucional y gestión estratégica de la información.

En un escenario donde la confrontación rara vez adopta la forma de una guerra convencional, la capacidad para identificar y contrarrestar las acciones desarrolladas en la zona gris se ha convertido en un elemento fundamental para garantizar la estabilidad y la soberanía española en el norte de África.



Fuente: Descifrando la Guerra

viernes, 13 de febrero de 2026

La cutrificación

 

 Por Antonio Turiel    

      Físico, matemático y experto en energía. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


     Empiezo este post a bordo de un tren, de Madrid a Barcelona, reflexionando sobre los eventos que han marcado las últimas semanas.  

Para mi personalmente han sido días muy complicados por los problemas de movilidad que se están experimentando en Cataluña. Dependo del tren para ir a trabajar, y a pesar de contar con dos opciones para desplazarme (convencional y alta velocidad), los retrasos y cancelaciones de trenes han sido estos días la tónica. Han bastado unas lluvias persistentes en Cataluña para agravar el deterioro de una infraestructura, la del tren convencional, que lleva muchos años desatendida. El accidente mortal en Gelida, con el desprendimiento de un muro de contención que impactó contra un tren, desencadenó la protesta masiva de los maquinistas y del resto del personal de RENFE y ADIF, que llevan años denunciando el abandono de las instalaciones, y que ha abierto una grave crisis institucional que ha llevado al caos actual. La reducción generalizada de velocidad y la multiplicación de incidencias solo han servido para confirmar que, efectivamente, las instalaciones están en muchos puntos en un estado precario y peligroso.


'El curso del imperio, destrucción' - Thomas Cole, 1836.

Mientras mi tren, de alta velocidad, avanza, recuerdo también el otro accidente ferroviario, aún más grave, en Adamuz, éste en la infraestructura de alta velocidad. Se da la paradoja de que la razón siempre alegada por la que ADIF destina menos dinero al tren convencional es porque dedicaría más a la alta velocidad. Lamentable excusa, pero es que a raíz del accidente de Adamuz se han establecido limitaciones de velocidad en diversos tramos de la línea de alta velocidad, originando cambios de horarios y supresión de algunas circulaciones. Lo cual evidencia, de nuevo, que efectivamente también hay un problema de mantenimiento en la vía de alta velocidad.

Mi tren sigue avanzando. Es un Iryo, no un AVE. Mi reunión en el Ministerio acabó más temprano de lo previsto y yo, que tengo otro viaje a Alicante mañana, pensé que me merecía la pena cambiar el billete y no llegar al filo de la madrugada a Figueres, como estaba previsto. Pero la aplicación de RENFE no permitía comprar billetes, el servicio estaba "momentáneamente" no disponible. Me he acercado en Atocha a la oficina de venta de billetes, y estaba desbordadísima: tenía 100 personas por delante de mi para comprar billete para hoy. Así que me he ido al stand de enfrente y me he sacado un billete para el siguiente Iryo, a Barcelona, no a Figueres, pero teniendo en cuenta lo barato que ha costado me sale más que a cuenta. No me lo he sacado con el móvil porque la aplicación de Iryo tampoco funcionaba correctamente, en su caso porque se encallaba pidiéndome que confirmara si tenía un título de familia numerosa que no tengo.

Las aplicaciones informáticas fallan continuamente, es verdad. Todo está cada vez peor programado: los formularios se reinician, borran opciones, se visualizan de manera incompleta, se atascan sin botón de escape en opciones imposibles... No se invierte mucho en el desarrollo, muchas veces la mayor parte de la programación se externaliza a macrofactorías en la India, donde se tiene que producir tantas líneas de código al día, y falla la verificación, la adaptación, a veces la traducción... Pero da igual, todo se va a aceptando y se tira para adelante. Todo es cada vez de peor calidad, todo es cada vez más cutre, pero se acepta. La sociedad se cutrifica.

Y no solo fallan las aplicaciones orientadas al consumidor: en estos días de caos, el centro de gestión de cercanías de Catalunya ha colapsado varias veces, bloqueando todos los trenes. De vez en cuando, caes en una página web de una gran compañía que no funciona, que no carga... Muchos servicios están alojados en servidores de Amazon, lo cual es más barato pero también menos resiliente: si algo falla, de golpe fallan muchas empresas y servicios, a veces incluso gubernamentales.


0 Dias.

Hace unos días tuve que hacer los preparativos para un viaje en breve a Glasgow. Asistiré a una reunión de la Asociación Geofísica Americana. Este año han decidido hacerla fuera de EE.UU., probablemente para evitar problemas de visado y alguna que otra experiencia desagradable a los colegas que vienen de fuera de los EE.UU. - también la situación geopolítica es más cutre, como lo es la situación interna de ese país. Como de costumbre, tuve que usar el poco intuitivo y bastante pesado procedimiento de la Administración General del Estado española. Como de costumbre, tuve que guiar a la agencia de viajes contratada por la AGE (y de uso obligatorio) para que me proporcionara los billetes de avión a horarios razonables y evitar también que los facturara al doble de precio por el que yo los podía conseguir en la web. Como de costumbre, tuve que proponerle una lista de hoteles y escoger el más barato. Como de costumbre, el precio del hotel - para nada lujoso - se sale del límite que marcó el Ministerio en 2002 y que aún no ha actualizado, así que tendré que hacer otro formulario explicando que eso es lo que me da la agencia y que necesito que me cubran la diferencia. Más papeleo cutre para cubrir un control cutre y sin sentido, cuando yo soy el primero que busco la opción más barata en todo y poder así estirar los recursos de los proyectos que manejamos.

Pero sí que hay una cosa nueva: ahora, para ir al Reino Unido, hay que rellenar un formulario nuevo, una autorización electrónica de viaje (en inglés, ETA). No lo había hecho nunca, así que busqué por Google la página y fui rellenando los campos hasta que, en el momento de ir a pagar - porque, sí, tienes que pagar unas 20 libras para que te hagan ese papel -, por instinto me fijo en la dirección de la web y me doy cuenta de que no es ninguna dirección institucional del gobierno del Reino Unido. Afortunadamente no dí ningún dato bancario, pero desde ese día recibo mensajes de los estafadores avisándome de que no he completado el trámite. Todo tipo de cutreces para conseguir sacarte el dinero. Por cierto que, cuando entré en la página correcta, te obligan a descargarte una app para el móvil y después de marearte un rato con fotos y reconocimientos electrónicos, te toca pagar pero tienes que usar tarjeta de crédito, no de débito. Lo cual implica que lo tienes todo, móvil y tarjeta de crédito. Y 20 libras. Total, para que a los 5 segundos te llegue un mail que dice que, efectivamente, no eres ningún criminal y que puedes viajar al Reino Unido. Cutre, todo cutre.

En Glasgow hablaremos de la AMOC y de poner en marcha iniciativas para usar todos los datos disponibles para su monitoreo. Si tenemos suerte, conseguiremos dinero para avanzar en esto. 


Circulación de la AMOC.

Mientras tanto, la ola reaccionaria que avanza por el mundo lleva a cuestionar a las instituciones científicas por recordar que el mundo es finito y que no se puede sacrificar todo en aras de  crecimiento económico cada vez más imposible. Pero en mi actividad de divulgación me encuentro con cada vez más frecuencia en foros donde se cuestiona lo que es evidente, donde se porfía en contra del cambio climático o se gañanea diciendo que eso del peak oil no está claro (cuando la AIE zanjó completamente el debate el septiembre pasado, y por si había alguna duda ahí está Trump). Del otro lado, se porfía en favor del fallido modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, y en medio de la retirada masiva de las grandes empresas, se tiran millones de euros públicos para apuntalar algo que no va a ninguna parte. Mientras tanto, el capital entra en masa hacia la nueva burbuja renovable, el biogás y la biomasa, que prometen causar nuevos problemas ambientales y sociales sin dar un rendimiento económico ni energético. Las discusiones son absurdas y vacías. Nadie entra en el fondo de las cuestiones. Nadie quiere realmente buscar soluciones viables. El nivel del debate público es cada vez más bajo y más vacío. Todo es cutre.


Planta de biomasa en Puertollano inaugurada en 2020.

Estoy saliendo de un Madrid tomado por los agricultores que protestan por el tratado de la UE con Mercosur, y llego a una Cataluña donde los profesores de infantil, primaria y secundaria han cortado las carreteras para protestar por un nuevo atropello y el viejo abandono del sector. Los médicos también están de huelga estos días, en toda España. Sé por mi mujer que se están planteando una huelga indefinida. Mi mujer misma visita 60 pacientes al día y vuelve a casa siempre tarde, muy tarde, porque ella es una de esos muchos profesionales que intentan mantener esto a flote en medio de un mundo cutre, de cutrez desbordante. De desidia y de abandono. De primacía de unos intereses cortos de miras y centrados solamente en el sector económico.

Recuerdo mi conversación hoy en el Ministerio. Una de las personas asistentes trabaja para la Comisión Europea, como técnica. No he podido evitar tener muchas fricciones con ella, y eso que he querido morderme la lengua, no ser la nota discordante. Pero no puedo. Los bosques no son plantaciones, son ecosistemas. La gestión del bosque va mucho más allá de su rentabilización económica. El problema sí es, siempre ha sido, el capitalismo: no hay solución viable dentro de él. Y no porque lo diga yo: lo dice la Agencia Europa del Medio Ambiente. También el sentido común, pero de esto andamos más escasos últimamente.

Hablando de sentido común, mañana hay previsión de fuertes vientos en Cataluña: quizá no podré tomar mi tren a Alicante. La Generalitat suspenderá la actividad educativa y las operaciones sanitarias no urgentes. Es la nueva (a)normalidad en la que estamos instalándonos, una en la que las emergencias se convierten en la tónica. Que se lo digan a las comarcas más castigadas de Andalucía durante la oleada de temporales que les azotaron la semana pasada. Y ahora viene una nueva tempestad. Y este sábado, una impresionante bajada de presión en el Mediterráneo Occidental puede dar lugar a una ciclogénesis muy peligrosa, de devenir incierto. La aceleración del aumento de la temperatura de la atmósfera y del océano, la mayor cantidad de agua precipitable en la atmósfera, los ríos atmosféricos y los crecientes meandros de la Corriente de Chorro Polar están llevando a patrones más agresivos de precipitación, viento y a ratos sequías. Olas de calor se suceden con olas de frío, sin solución de continuidad, en un clima cada vez más descabalado en un planeta que cada vez se parece menos a aquél en el que yo crecí. Un planeta donde la dureza ambiental se combina con la creciente dejadez y cutrez para hacer un cóctel explosivo de decadencia y degradación.




He hablado de lo que ha pasado en España porque es donde vivo, pero España no es particular. La tormenta Harry, que hizo colmar el vaso de la degradación ferroviaria en Cataluña, en realidad azotó con mayor fuerza a Sicilia y el sur de Italia, causando grandes destrozos. Las tormentas que dieron lugar a las inundaciones de Andalucía fueron las mismas que han asolado el noroeste de Marruecos, dejando un peaje de decenas de muertos. Muy lejos de aquí, diversas oleadas polares han martilleado los EE.UU. En Argentina han encadenado terribles fuegos forestales con tempestades inauditas. Mientras, la Europa Central pasa el invierno más seco y cálido en décadas.

Lo mismo pasa con la cutrez. Es algo generalizado, universalizado, mundial. Los anglosajones tienen un término para designar algo parecido: shitification. En todas partes se degradan los productos, los servicios, las infraestructuras, la acción del gobierno, el debate político y la discusión pública. Todo se degrada. Todo es decadente, peor. Sin solución y sin esperanza.

La cutrificación está en todos los ámbitos de la vida. Es la balda de la puerta de mi nevera que se cayó cuando hacía dos años que la había comprado, porque la puerta de la nevera está hecha de una espuma cutre recubierta de plástico, y la tuvimos que arreglar clavando dos tornillos. Son todas las piezas críticas de tantos productos, hechas de un plástico rígido y poco duradero que se rompe a la primera de cambio. Es esa leche que compras y está cortada. Es esa red eléctrica doméstica que hace picos de tensión que rompe los LEDs, y luego en la tienda te los cambian sin más porque están en garantía, pero no los paga la empresa sino el estado porque es consciente de la mala regulación de la red. Son esos transformadores municipales que se queman. Son esos electrodomésticos que se queman, en parte por la red mierdosa, en parte porque ellos mismos son cutres. Es ese bote de suavizante que ha cambiado de forma porque ahora por el mismo precio te dan 100 mililitros menos. Es ese paquete de pasta que ya hace tiempo es de 450 gramos en vez de 500. Es ese cajero que no da billetes o que se traga la libreta.

Me acaba de llamar la persona del Ministerio que ha organizado la reunión de hoy y que se ha ocupado de gestionar mi viaje. Mi AVE ha sido cancelado. Da igual, yo ya estoy cerca de Barcelona. Qué haré una vez allí, no lo sé. Pero no importa. Recuerdo la máxima los días de la erupción volcánica del Eyjafjallajökull en abril de 2010, que fue la misma cuando la tormenta de nieve en Cataluña en marzo de ese mismo año, o cuando cayó la nevada de la tormenta Filomena en enero de 2021. Keep on moving: sigue moviéndote. Es la única manera de sobrevivir a la cutrez: seguir moviéndote. Tener un propósito, una dirección, un anhelo de vida, para ser capaz de moverte con la mierda llegándote a los tobillos, a la cintura o al cuello. Ten convicción y sepas a dónde vas.




Nada de lo que pasa, por supuesto, es casual. Toda esta decadencia física y moral tiene su origen en el necrocapitalismo terminal. Un sistema económico que necesita del crecimiento infinito en un planeta finito. Un sistema económico que ya está chocando con fuerza contra los límites biofísicos de este planeta, tanto ambientales como de recursos o sociales. En el intento desesperado de mantener la tasa de ganancia del capital, se recorta en todo, se sacrifica todo. Por eso los materiales son más cutres, el servicio es más cutre, se paga peor a los trabajadores que hacen el trabajo con desgana o sin poder dedicarle el tiempo suficiente o sin tener la cualificación requerida pero son más baratos. Todo este proceso de cutrificación tiene su origen en la creciente dificultad de que el capital consiga las tasas de ganancia históricas. Y para poder mantener este estado de cosas, es también necesario cutrificar toda la discusión, tanta la política como la pública, para que nadie ponga el dedo en la llaga, para que nadie plantee las preguntas incómodas. Por eso la discusión se llena de ruido sin sentido, incoherente. En el mundo físico navegamos entre mierda, y en el de las ideas, entre ruido.

Decía Marc Badal en la reunión de hoy una frase que me ha gustado mucho, aunque sé que no es de él: No podemos dedicarnos a la administración del desastre. No tiene sentido que sigamos remando dentro de este paradigma que se autoderrota, que no puede menos que hacernos nadar en la cutrez y entre la mierda. No se trata de elegir el mal menor, unas medidas un poco menos cutres en frente de otras medidas todavía más cutres. Se trata de cambiar totalmente de dirección y salir de en medio de este lodazal en el que estamos. El primer paso para ello es comprender que estamos en un lodazal. El segundo, saber hacia dónde queremos ir.



Fuente: The Oil Crush

viernes, 4 de julio de 2025

Yo acuso

 

 Por Antonio Turiel  

      Físico, matemático y experto en Energía del CSIC.


*En vísperas de la tormenta que destruirá la ciudad de Barcelona.


      Acuso a las administraciones, pasadas y actuales, que en medio del caos climático creciente, decidieron que no era un tema lo suficientemente importante como para tomar medidas adecuadas para prepararnos.




Pero acuso principalmente al actual Govern de la Generalitat y al actual consistorio de l'Ajuntament de Barcelona de vivir de espaldas a los crecientes signos del peligro. Los acuso por ser los que conozco mejor, pero también acuso con ellos a todos los gobiernos municipales, autonómicos y del estado español, por la misma temeridad e imprudencia.

Cuando tenemos, ahora mismo, un mar Mediterráneo con una temperatura superficial 3 grados superior a la que tenía en 1980, y en algunas zonas llegando a 5 grados. Cuando estamos sufriendo una de las peores olas de calor marina, en extensión, duración y amplitud, en el Mediterráneo Occidental.

Cuando sufrimos una terrible DANA en la ciudad de Valencia hace 8 meses, lo cual pudo ser tan destructiva, entre otros motivos, por un mar anómalamente cálido, que proporcionó más energía y más agua precipitable a las tempestades.

Cuando los estudios recientes nos muestran que la tasa de calentamiento global se ha multiplicado por cuatro durante la última década y que se está alterando completamente la circulación del océano y la atmósfera, con consecuencias que aún no somos capaces de anticipar. 

Cuando se están ignorando todos los avisos de la comunidad científica, de los grupos ecologistas, de la payesía y de la ciudadanía en general, que dicen que así no, que por aquí no.

Por todo eso, yo les acuso.

Yo les acuso de promover obras que solo sirven para acrecentar el desastre, como la ampliación del aeropuerto de Barcelona o el desbroce de amplias zonas para el paso de nuevas líneas de alta tensión para la evacuación de una hipotética energía eléctrica renovable que no tiene demanda. Simplemente porque solo son capaces de pensar en hacer negocios como siempre, cuando nuestro mundo ha cambiado para siempre y es algo completamente diferente ahora mismo.

Yo les acuso de, a pesar de tener, en este mismo momento, avisos meteorológicos muy claros, como la actual ola de calor y los nada alentadores pronósticos para las próximas semanas, de no haberse lanzado a una campaña de protección de la población, sobre todo la más vulnerable.

Yo les acuso de no haberse preparado para una necesidad masiva de refugios bioclimáticos, y máxime en una situación de interrupción del servicio eléctrico después de una catástrofe. Y de no haber previsto cómo ofrecer agua, alimentos, cobijo y asistencia médica oportuna en medio de la catástrofe prevista.

Yo les acuso de no haber previsto, ni para Barcelona ni para ninguna otra parte, de medidas para disminuir las pérdidas humanas en caso de grandes avenidas, de no haber estudiado qué zonas serían más vulnerables, qué edificios o calles se hundirían.

Yo les acuso de no haber gobernado para la mayoría, para la gente que les ha escogido para representarles.

Pero, por encima de todo, yo les acuso de todas y cada una de las muertes que podían haber evitado y no quisieron evitar por primar una visión miope centrada en el beneficio económico de unos pocos.

Y mi rencor será eterno por el dolor de todas esas personas a las que conozco y que quiero, y que perderán la vida porque ustedes estaban más pendientes de complacer al rico que de servir a los ciudadanos. 


* No hay que tomar esa frase inicial, impactante, al pie de la letra. Obviamente, la tempestad no llegará mañana, si no en un período indefinido de tiempo aunque en todo caso no será de muchos años. Y por supuesto Barcelona no quedará completamente destruida, pero sí que sufrirá daños importantes que la afectarán durante años (o hasta que la siguiente tormenta haga aconsejable ir abandonando cosas). Por último, quizá Barcelona tenga suerte en el futuro más inmediato y sea otra ciudad la que reciba el castigo: poco importa.


Fuente: The Oil Crush