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miércoles, 5 de agosto de 2026

Tres escenarios para la guerra entre Irán y Estados Unidos

 

 Por Pedro Garcia   
      Periodista en Descifrando la Guerra.


   La reanudación de la guerra entre Estados Unidos e Irán ha devuelto la atención internacional a uno de los espacios marítimos más estratégicos del planeta: el estrecho de Ormuz.


El mapa del estrecho de Ormuz se caracteriza por estar rodeado de hidrocarburos y por la capacidad de Irán de ejercer un bloqueo.

Tras un alto el fuego frágil y sin acuerdos sólidos sobre cuestiones fundamentales, Washington y Teherán han regresado a una dinámica de confrontación abierta en la que la presión militar y la negociación avanzan de forma paralela.


Desde la guerra contra Irak, Irán ha desarrollado un amplio arsenal de misiles como elemento disuasorio frente a Estados Unidos e Israel.

El conflicto ya no se limita a la disputa bilateral entre ambos países. La cuestión central gira en torno al control de las principales rutas marítimas de Oriente Medio, especialmente Ormuz y, de forma indirecta, Bab el-Mandeb.

Ambos corredores concentran una parte esencial del comercio energético mundial, por lo que cualquier alteración de la navegación tendría consecuencias económicas que irían mucho más allá de la región.

La importancia estratégica de estos pasos marítimos convierte cualquier crisis en un problema global. Mientras Estados Unidos intenta reducir la capacidad iraní para utilizar Ormuz como instrumento de presión, Teherán considera que su influencia sobre el estrecho constituye uno de sus principales activos de poder y una cuestión vinculada a su soberanía nacional.

Los dos cuellos de botella

El estrecho de Ormuz es probablemente el cuello de botella energético más importante del mundo. A través de sus aguas transita aproximadamente una cuarta parte del petróleo transportado por vía marítima y una parte significativa del comercio internacional de gas natural licuado.

Su relevancia estratégica deriva de una realidad geográfica simple. Los grandes productores del golfo Pérsico dependen de este corredor para exportar sus hidrocarburos hacia los mercados internacionales.

Aunque algunos países, como Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos, disponen de infraestructuras alternativas, estas no poseen capacidad suficiente para sustituir completamente el volumen que atraviesa el estrecho.

Por esta razón, la capacidad iraní para amenazar la navegación constituye una poderosa herramienta de disuasión. Teherán sabe que no necesita cerrar completamente Ormuz para generar efectos económicos significativos. Basta con incrementar la percepción de riesgo, amenazar el tráfico marítimo o dificultar parcialmente la navegación para afectar a los mercados energéticos internacionales.

La disputa actual entre Estados Unidos e Irán se concentra precisamente en este aspecto. Washington aspira a desarrollar mecanismos que garanticen la libre navegación reduciendo la capacidad de influencia iraní, mientras que Teherán rechaza cualquier fórmula que limite su papel en la gestión del paso marítimo.

No obstante, la importancia de la crisis no se limita a Ormuz. Al otro extremo de la península Arábiga se encuentra el estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de acceso al mar Rojo y al canal de Suez.

Por esta ruta circula alrededor del 12% del comercio marítimo mundial y una parte muy relevante de las exportaciones energéticas destinadas a Europa.


La posibilidad de un bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb, sumado al de Ormuz, complicaría gravemente la situación del comercio mundial.

Su relevancia ha quedado demostrada durante los últimos años, cuando la inseguridad en la zona –tras los ataques de los hutíes yemeníes contra embarcaciones en "solidaridad" con la causa palestina– obligó a numerosas navieras a desviar sus rutas alrededor del Cabo de Buena Esperanza.


Ansar Alá rompe el bloqueo de Arabia Saudí sobre Yemen.

Estos desvíos provocaron incrementos significativos en los costes logísticos, retrasos en el transporte de mercancías y problemas para diversas cadenas de suministro. También afectaron directamente a Egipto, cuyos ingresos por los peajes del canal de Suez disminuyeron como consecuencia de la reducción del tráfico marítimo.

El riesgo para la economía mundial aumentaría considerablemente si ambos estrechos se vieran afectados al mismo tiempo. Mientras Ormuz condiciona la salida de los hidrocarburos del golfo Pérsico, Bab el-Mandeb conecta esos flujos comerciales con Europa y el Mediterráneo. La alteración simultánea de ambos corredores tendría un impacto difícilmente comparable con cualquier crisis marítima reciente.

Los posibles escenarios del conflicto



Los posibles escenarios del conflicto entre Estados Unidos e Irán marcarán el futuro de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb.

La evolución de la crisis dependerá en gran medida de la capacidad de Washington y Teherán para imponer sus intereses en torno al estrecho de Ormuz. A día de hoy pueden identificarse tres escenarios principales.

Escenario 1: retirada estadounidense y acuerdo con Irán

El primer escenario contempla una reducción progresiva de la confrontación y la búsqueda de un acuerdo político, y se fundamenta en el hecho de que Estados Unidos afronta crecientes limitaciones estratégicas.

El desgaste de determinados recursos militares, la necesidad de concentrar esfuerzos en otros escenarios internacionales y los costes políticos internos de una guerra prolongada reducen el margen para mantener indefinidamente la presión sobre Irán.

En estas circunstancias, ambas partes podrían alcanzar un compromiso basado en una gestión coordinada de la navegación en Ormuz junto a Omán. El acuerdo podría incluir mecanismos de supervisión compartida y algún sistema de compensación económica derivado del tránsito marítimo.

Esta opción permitiría estabilizar temporalmente la región. Sin embargo, también supondría un reconocimiento implícito de la influencia iraní sobre el estrecho de Ormuz, fortaleciendo su posición negociadora en Oriente Medio.

Escenario 2: guerra regional ampliada

El escenario más peligroso contempla una nueva escalada militar. Si las negociaciones fracasan y la presión iraní sobre Ormuz aumenta, Estados Unidos podría intensificar sus operaciones militares y favorecer una mayor implicación de Israel en el conflicto.

En ese contexto, la confrontación dejaría de limitarse al golfo Pérsico para extenderse a otros escenarios regionales. Líbano, Yemen e incluso Irak podrían convertirse en nuevos frentes de una guerra más amplia, involucrando a los principales aliados de Teherán.


Irak se ha convertido durante la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán en un escenario más del conflicto regional.

La consecuencia más grave sería el bloqueo simultáneo de Ormuz y Bab el-Mandeb. La interrupción de dos de los mayores puntos de estrangulamiento del comercio marítimo mundial provocaría fuertes aumentos en los precios de la energía, graves alteraciones en las cadenas de suministro y un incremento significativo de los costes del transporte internacional.

Yemen desempeñaría un papel especialmente relevante. Aunque los hutíes no han reanudado de forma generalizada sus ataques contra el tráfico marítimo internacional, mantienen la capacidad de hacerlo si consideran que el conflicto ha entrado en una nueva fase de escalada.

Escenario 3: inestabilidad controlada

El tercer escenario contempla la continuidad de la situación actual. Ni Estados Unidos ni Irán parecen dispuestos a realizar las concesiones necesarias para alcanzar un acuerdo duradero. Sin embargo, tampoco tienen incentivos suficientes para asumir los riesgos de una guerra regional de gran escala.

Como resultado, ambas potencias continuarían aplicando estrategias de presión mutua mediante demostraciones de fuerza, negociaciones intermitentes y acciones limitadas destinadas a mejorar sus posiciones sin cruzar determinados umbrales de escalada.


Posibles escenarios de la guerra.

En este contexto, Ormuz seguiría siendo el principal foco de tensión. La navegación permanecería sometida a episodios recurrentes de amenazas, inspecciones, restricciones parciales e incidentes de seguridad, aunque sin llegar a un cierre completo del estrecho.

La política interna de ambos países refuerza esta dinámica. En Irán, el fortalecimiento de los sectores más conservadores dificulta cualquier concesión relevante sobre una cuestión considerada estratégica y soberana. En Estados Unidos, donde en noviembre se celebran elecciones de mitad de mandato, las presiones políticas internas y la dificultad de aceptar un acuerdo que pueda interpretarse como una victoria iraní limitan igualmente el margen de maniobra.

Por ello, el escenario más plausible no parece ser ni una gran guerra regional ni una reconciliación duradera, sino una prolongación de la inestabilidad. Una situación en la que la tensión se mantenga bajo control, pero en la que cada incidente en Ormuz o Bab el-Mandeb pueda volver a poner en riesgo la seguridad energética mundial y la estabilidad de los mercados internacionales.

Israel, decisivo en la escalada

Israel sigue siendo uno de los actores más relevantes en la dinámica de seguridad regional. La situación actual le resulta relativamente favorable, ya que no está implicado directamente en una confrontación abierta con Irán mientras mantiene la presión sobre otros adversarios, especialmente en Líbano. Esta posición le permite evitar los costes de una guerra regional de gran escala al tiempo que continúa desarrollando sus objetivos estratégicos.

Desde la perspectiva de Tel Aviv, resulta prioritario que Estados Unidos mantenga una política de presión sostenida sobre Teherán. Esto le permitiría concentrar recursos en otros frentes considerados esenciales –como el debilitamiento de Hamás en la Franja de Gaza, la anexión paulatina de Cisjordania o la lucha contra Hezbolá en Líbano– mientras limita la capacidad de influencia regional iraní.


El Estado de Israel acelera su conquista y colonización de Cisjordania

La ausencia de una intervención israelí directa contra Irán puede interpretarse como una señal de contención y de voluntad de evitar una escalada inmediata. Sin embargo, esta postura no implica una renuncia definitiva al enfrentamiento.

Si Israel percibe que Washington está dispuesto a aumentar la presión militar sobre Teherán o considera que existe una oportunidad favorable para debilitar significativamente a la República Islámica, podría adoptar una actitud más agresiva y favorecer una nueva escalada regional.

Por ello, la posición israelí constituye uno de los principales factores de incertidumbre del conflicto. Mientras Tel Aviv considere que la presión estadounidense sobre Irán es suficiente, es probable que mantenga una estrategia indirecta.

No obstante, un cambio en los cálculos estratégicos israelíes podría acelerar la transición desde la actual confrontación contenida hacia un escenario de mayor inestabilidad regional.


Fuente: Descifrando la Guerra

sábado, 1 de agosto de 2026

El polvorín del Mar Rojo, cada vez más cerca de prenderse

 

 Por Faisal Ali   
      Periodista independiente que cubre noticias sobre Somalia y África Oriental.


Con la excepción de Yibuti, todos los Estados ribereños están inmersos en una guerra civil, participan directamente en un conflicto vecino, han sido atacados como consecuencia de conflictos regionales o afrontan alguna combinación de estas tres circunstancias


El nuevo puerto de Berbera, en Somalilandia, financiado en su mayor parte por Emiratos Árabes.


     A principios de julio, un avión aterrizó en Saná, la capital controlada por los hutíes, marcando el primer vuelo directo entre Saná y Teherán en más de una década, antes de trasladar a una delegación de funcionarios hutíes hasta Teherán para asistir al funeral del ayatolá Jameneí, líder supremo de Irán.


Una joven con el retrato del ayatolá durante la ceremonia fúnebre en Teherán.

El vuelo vulneró un acuerdo por el cual el gobierno yemení —internacionalmente reconocido, con sede en Adén y respaldado por Arabia Saudí— mantiene el control del espacio aéreo del país.

Un intento fallido de detener el vuelo de regreso de la delegación, unas dos semanas después —que incluyó bombardeos sobre Saná reivindicados por el gobierno yemení— provocó una represalia hutí contra Arabia Saudí. El intercambio desencadenó la escalada de hostilidades más intensa entre ambas partes desde la tregua negociada en 2022.

Desde entonces, los hutíes han cumplido su amenaza de atacar petroleros saudíes en el mar Rojo, reproduciendo el bloqueo que impusieron al transporte marítimo vinculado a Israel en solidaridad con Gaza desde finales de 2023 hasta 2025.

El medio libanés Al Mayadeen, alineado con Hizbulá, informó de que, hasta el lunes 27 de julio, se había denegado el paso a 16 buques saudíes. Además, los hutíes han lanzado ataques contra instalaciones petroleras saudíes.


El número de buques saudíes a los que se les ha denegado el paso desde el lunes ha alcanzado los 16, sin que ningún petrolero saudí haya cruzado Bab al-Mandab en ninguna dirección desde que comenzó el bloqueo.

Se trata de su primera intervención armada en el mar Rojo desde que comenzó la guerra con Irán a principios de este año. La República Islámica, aliada de los hutíes, ha instado al diálogo mientras las tensiones siguen e en aumento. El sábado 25 de julio, un alto cargo hutí se reunió con una delegación saudí en Omán.

Los ataques han reavivado la preocupación por la vulnerabilidad de Bab el-Mandeb, un estrecho estratégico que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y se estrecha hasta unos 26 kilómetros en su punto más angosto, entre Yibuti, Eritrea y Yemen.


Alrededores de la mezquita central en el casco histórico de la ciudad de Yibuti.

Estos incidentes se producen apenas unas semanas después de que Irán y Estados Unidos reanudaran las hostilidades y de que Teherán anunciara el cierre del estrecho de Ormuz, otro paso marítimo crucial por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una parte significativa del suministro global de gas natural licuado.

Jatin Dua, académico de la Universidad de Michigan y especialista en movilidad y seguridad marítimas, explica a El Salto que, durante las dos últimas décadas, las tecnologías necesarias para interrumpir el transporte marítimo —desde drones hasta sistemas GPS— se han vuelto mucho más accesibles, lo que ha erosionado las ventajas tradicionales de las grandes armadas y los portaaviones. “Lo que estamos viendo son formas relativamente sencillas y de bajo coste mediante las cuales actores no estatales, y también actores estatales, en este caso Irán, pueden hacer que los puntos de estrangulamiento marítimos se plieguen a su voluntad”, asegura Dua. El experto añade que esto tiene un impacto significativo sobre los mercados energéticos, el comercio internacional y cualquier sector que dependa de un suministro energético estable, generando un “efecto dominó” que se deja sentir desde América hasta Asia y en todos los lugares intermedios.

En su último informe anual sobre seguridad alimentaria, publicado este mes, la ONU advirtió que las tensiones en torno al estrecho de Ormuz añadían “una capa adicional de vulnerabilidad” a la seguridad alimentaria mundial. Los precios del diésel y de los fertilizantes ya habían aumentado más de un 50 % a principios de este año, un impacto que la organización vinculó directamente al conflicto extendido en Oriente Próximo. Una interrupción similar en Bab el-Mandeb —la Puerta de las Lágrimas en árabe, en alusión a sus peligrosas aguas— podría sacudir aún más una economía mundial ya de por sí frágil.

El mar Rojo: de rivalidades episódicas a la competencia estructurada

En los últimos años, el mar Rojo se ha convertido en uno de los principales centros de conectividad del mundo. Como asegura Federico Donelli, politólogo italiano y autor de Power Competition in the Red Sea, la región ya no es un espacio periférico situado en los márgenes del Golfo y de África Oriental.  Se encuentra en la “intersección de las principales rutas marítimas, los flujos energéticos y los proyectos de infraestructuras”, señala Donelli. En su libro sostiene que el Golfo y el noreste de África deben entenderse como una única región debido a la densidad de las conexiones políticas, económicas y sociales que existen entre ambos. Pero lo que también los une es su relación con una vía marítima de importancia crítica para el mundo.

El mar Rojo alberga una parte significativa de los cables submarinos de fibra óptica del planeta: transmite algo menos del 20 % del tráfico mundial de internet y prácticamente todos los datos intercambiados entre Europa y China. Del mismo modo que el canal de Suez, ha convertido a la región en una arteria fundamental del comercio global. Según algunas estimaciones, cerca del 15 % del comercio mundial pasa por el mar Rojo. Por ello, el ministro somalí Ali Omar sostuvo en un artículo publicado por Al Jazeera que lo que ocurre en el mar Rojo “ya no permanece como un asunto local.


Una torre de control de tráfico aéreo y un buque mercante se ven en el aeropuerto de Mogadiscio, Somalia.

Configura la seguridad económica de todo el mundo árabe y mucho más allá”. Japón —la cuarta economía del mundo— exporta alrededor de una quinta parte de sus vehículos por esta ruta; unos 1.800 buques vinculados al país transitan cada año por el mar Rojo, según un informe gubernamental publicado en marzo. También es la ruta más rápida entre Europa y China: por aquí pasan aproximadamente el 60% de las mercancías en ambas direcciones.

Al mismo tiempo, el mar Rojo se encuentra en el corazón de una de las regiones más inestables del planeta. Con la excepción de Yibuti, todos los Estados ribereños están inmersos en una guerra civil, participan directamente en un conflicto vecino, han sido atacados como consecuencia de conflictos regionales o afrontan alguna combinación de estas tres circunstancias.

La importancia estratégica de la región ha atraído desde hace mucho tiempo a las principales potencias mundiales. Durante la época colonial, Francia, Italia, el Imperio otomano, Etiopía y el Reino Unido compitieron por el control de territorios en las costas de este mar. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética hicieron lo propio para ampliar su influencia. Mientras la mayoría de los Estados del Golfo permanecieron alineados con Washington, los países africanos ribereños del mar Rojo mantuvieron relaciones mucho más cambiantes con sus respectivos patrocinadores. Egipto pasó de la órbita soviética a la estadounidense con el respaldo de Henry Kissinger, seguido por Sudán y, posteriormente, Somalia. Etiopía, que conservó una salida al mar Rojo hasta la independencia de Eritrea (1991), tomó el camino contrario tras el derrocamiento del emperador Haile Selassie por el dirigente marxista Mengistu Haile Mariam. Mientras tanto, Yemen permaneció dividido durante toda la Guerra Fría entre un sur socialista y un norte conservador y de orientación religiosa.

Nuevos actores regionales, mismos retos

En la actualidad, una nueva generación de actores regionales y globales trata de gestionar esos mismos riesgos mediante un despliegue ampliado de fuerzas navales y militares. China y Estados Unidos, junto con varios países europeos y Japón, mantienen acuerdos con Yibuti para albergar bases navales. Rusia intenta reactivar un acuerdo con Sudán, paralizado desde hace años con el objetivo de establecer una base militar. Turquía y Egipto han intensificado sus relaciones con Somalia, que posee una de las costas más extensas de la región. Ankara ha prorrogado por otros dos años el despliegue de sus tropas en el país, donde apoyan la lucha contra Al Shabaab, filial local de Al Qaeda, y entrenan al ejército somalí. Los Emiratos Árabes Unidos han invertido considerablemente en los territorios somalíes autónomos de Somalilandia y Puntlandia. Israel, recién incorporado a esta dinámica, reconoció a finales del año pasado la declaración de independencia de Somalilandia y desde entonces ha avanzado rápidamente en el establecimiento de una cooperación en materia de seguridad, para disgusto del gobierno somalí. Irán, por su parte, mantiene desde hace tiempo vínculos con los hutíes de Yemen, lo que le proporciona una influencia considerable sobre la evolución de la región y la capacidad de utilizar Bab el-Mandeb como instrumento de presión estratégica.

Muchos de estos actores persiguen agendas enfrentadas y, en algunos casos, respaldan a bandos opuestos en conflictos como los de Yemen, Sudán y, en menor medida —aunque de forma más compleja—, Somalia. Fault Lines in the Horn of Africa, un informe del American Enterprise Institute con sede en Washington, describe la compleja red de alianzas que está surgiendo en la región y la divide entre lo que denomina “un eje de actores estatales y no estatales revisionistas respaldado por Emiratos Árabes Unidos y apoyado por Israel”. En este bloque se incluirían las Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán, Somalilandia, Puntlandia y Etiopía. Frente a él estaría “una coalición de Estados africanos defensores del statu quo [Sudán, Eritrea y Somalia], alineados con Egipto, Arabia Saudí y Turquía”. La Fundación Mediterránea para Estudios Estratégicos, un centro de estudios francés, ha advertido de que el mar Rojo se encuentra en un “punto de inflexión estratégico”, pasando de “rivalidades episódicas” a una “competencia estructurada”, una tendencia que vincula a acontecimientos como el reconocimiento israelí de Somalilandia.

Más recientemente, Estados Unidos ha tratado de influir en la evolución de la región en un contexto de creciente frustración entre sus aliados por las consecuencias que la guerra con Irán tiene sobre su seguridad y sus economías. El enviado estadounidense para África, Massad Boulos, reunió recientemente en El Cairo a los ministros de Asuntos Exteriores de Somalia, Egipto y Eritrea, cuyos intereses han convergido cada vez más debido a sus respectivas tensiones con Etiopía. La aspiración histórica de este país, sin salida al mar, de obtener acceso al litoral ha alimentado las tensiones con Somalia y Eritrea, mientras que su disputa con Egipto gira en torno a las aguas del Nilo.

Una decisión que ha resultado mucho más trascendental para Donald Trump ha sido su acuerdo para impulsar un pacto de cooperación nuclear civil con Arabia Saudí, otorgándole, como escribió el columnista de The Guardian Kenneth Roth, “las mismas opciones nucleares que juró que Irán nunca tendría”. La decisión ha generado alarma en Estados Unidos y ha llevado a Trump a tratar de suavizar su impacto condicionando el acuerdo a que Riad se incorpore a los Acuerdos de Abraham y reconozca a Israel, algo que Arabia Saudí había afirmado previamente que no haría hasta que Israel alcanzara un acuerdo de paz con Palestina.

Toda esta situación ha convertido el mar Rojo en un entorno cada vez más congestionado, diplomáticamente complejo y estratégicamente competitivo. Como consecuencia, tanto China como, anteriormente, la administración Biden nombraron enviados especiales dedicados exclusivamente a coordinar la diplomacia en la región. Sin embargo, a medida que los conflictos se han multiplicado y se han ido entrelazando entre sí, las relaciones históricamente más constructivas entre los países de la zona han dado paso a intentos mutuos de debilitarse y fragmentarse.


Al mediodía del 3 de marzo, Estados Unidos e Israel atacaron el barrio de Ferdowsi, en Teherán. Como consecuencia de este ataque, muchos civiles y personas de a pie resultaron muertos y heridos.

En el pasado, estas disputas permanecían relativamente contenidas; hoy, en cambio, representan una seria amenaza para el comercio y la seguridad mundiales.


Fuente: El Salto

jueves, 23 de julio de 2026

Caos calculado: así gestiona Israel el traslado de cuerpos palestinos a Gaza

 

 Por Frances Brogan   
      Estudiante de último año en la Universidad de PrincetonNew Jersey, y editora jefe del Daily Princetonian.


Miles de gazatíes siguen desaparecidos. Los trabajadores humanitarios denuncian un sistema opaco y desordenado para la repatriación de personas vivas o muertas por parte de Israel


Cadáveres de palestinos en un contenedor cerca de Karem Abu Salem – Kerem Shalom en Gaza.


     A las seis de una gélida mañana de diciembre de 2023, un camionero de Gaza abrió la tapa de un contenedor metálico de 12 metros de largo. En su interior, apilados de manera ordenada y envueltos en nailon azul brillante sujeto con bridas, encontró los restos de 80 hombres, mujeres y niños palestinos.

Funcionarios de la Administración de Coordinación y Enlace (CLA) para Gaza –la delegación local de COGAT, la unidad militar israelí que gestiona los asuntos civiles de los palestinos bajo la ocupación israelí– habían llamado a los trabajadores de la ONU esa misma mañana para pedirles que organizaran la recogida del contenedor en una terminal cercana al paso fronterizo de Karem Abu Salem (también llamado Kerem Shalom), entre la Franja de Gaza, Israel y Egipto. Ariel, una persona trabajadora de la ONU destinada en la zona (que solicitó ser citada con seudónimo y sin mencionar su género por temor a represalias por parte de Israel), envió un conductor a la terminal, quien a su vez transportó el contenedor hasta el lado gazatí del cruce fronterizo.

Aunque la CLA se había negado a dar detalles, Ariel sabía lo que había dentro. La reticencia de los funcionarios despertó sus peores sospechas; había agujeros en las paredes metálicas del contenedor del que emanaba, a 30 metros de distancia, el hedor putrefacto de cuerpos en descomposición. Pero Ariel no quería verlo con sus propios ojos; tenía que supervisar entregas urgentes de ayuda humanitaria, y ocuparse de cadáveres no formaba parte de sus funciones. Fue un alivio cuando el personal del Ministerio de Sanidad de Gaza vino a recoger el contenedor a la mañana siguiente. Como los cadáveres llegaron sin identificar y en diversos estados de descomposición –y dado que Israel ha bloqueado continuamente la entrada en Gaza de herramientas de identificación forense, incluidos los kits de pruebas de ADN–, resultó imposible contactar con las familias de los fallecidos.

Ariel y sus compañeros habían ayudado previamente a repatriar a decenas de detenidos palestinos procedentes de prisiones israelíes y campos de detención militares a través de Karem Abu Salem. No estaban seguros de si los cadáveres de este contenedor pertenecían a detenidos que habían fallecido bajo custodia israelí o a personas que habían sido asesinadas en Gaza y posteriormente trasladadas a Israel. Se desconocen los nombres de los fallecidos y las circunstancias de su muerte.

No se trata de un caso aislado. Entrevistas con más de 15 trabajadores humanitarios, la mayoría de los cuales hablaron bajo la condición de mantenerse en el anonimato por temor a ser objetivo de los ataques de Israel, revelan un sistema en el que el retorno por parte de Israel de gazatíes, tanto muertos como vivos, durante los primeros meses del genocidio se llevó a cabo con poca antelación, sin transparencia y prácticamente sin un registro fiable.

Los testimonios de Ariel y otros trabajadores humanitarios arrojan nueva luz sobre por qué la ONU y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) han tenido dificultades para dar cuenta del paradero de los miles de palestinos detenidos por Israel desde el inicio del genocidio en octubre de 2023, incluidos aquellos que podrían haber fallecido bajo custodia. Estos relatos también plantean dudas sobre la exactitud de los datos publicados, lo que sugiere que el destino de los desaparecidos –tanto vivos como muertos– podría no conocerse jamás.


Palestinos entierran cadáveres en una fosa común en Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza.

Cientos de cadáveres no identificados

Después de que Israel lanzara su invasión terrestre de Gaza, a finales de octubre de 2023, el ejército detuvo a miles de palestinos y los trasladó a centros de detención militares dentro de Israel, incluida la tristemente célebre base de Sde Teiman. Allí, los detenidos permanecieron recluidos sin cargos y totalmente aislados del mundo exterior, privados de comida, torturados y sometidos a violencia sexual.

Los centros de detención militares están concebidos para servir como lugares de retención temporal antes de que los detenidos sean trasladados al sistema penitenciario israelí y registrados formalmente. Sin embargo, muchos palestinos, a los que testigos vieron por última vez bajo custodia militar, nunca aparecieron en los registros oficiales penitenciarios o militares, según la organización israelí de derechos humanos HaMoked, lo que frustra cualquier esfuerzo por localizar su paradero.

Si bien todas las violaciones de derechos humanos imaginables se denuncian de forma insuficiente, esto es aún más evidente en el caso de las desapariciones forzadas”, afirma Grażyna Baranowska, miembro del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias. Según la ONU, ninguna guerra ni situación de emergencia puede justificar la desaparición forzada de personas; cuando se practica de forma generalizada o sistemática, puede constituir un crimen contra la humanidad.

En mayo de 2024, el personal de la ONU en Karem Abu Salem había facilitado el regreso de más de 1.500 detenidos palestinos con vida a Gaza y había recibido un total de 227 cadáveres no identificados en tres entregas distintas: 80 en diciembre de 2023, 100 en enero de 2024 y 47 en marzo de 2024. Según Zaher Al-Wahidi, un responsable sanitario de Gaza, el Ministerio de Sanidad trasladó los cadáveres que recibió al hospital Mohammed Yousef El-Najar, en la cercana ciudad de Rafah. Los fallecidos fueron finalmente enterrados en una fosa común en la ciudad, sin ningún tipo de placa que conmemorara la pérdida.

El seguimiento sistemático de la ONU finalizó en marzo de 2024, cuando la incursión de Israel en Rafah restringió drásticamente el acceso humanitario al paso fronterizo (Israel devolvió otros 100 cadáveres en agosto de 2024 y 88 en septiembre, que el Ministerio de Sanidad transportó al Complejo Médico Nasser, en Jan Yunis, antes de que fueran enterrados en el Cementerio Austriaco). Sin embargo, incluso antes de eso, la labor de seguimiento era fragmentada y puntual, ya que recaía en los trabajadores humanitarios, cuyas responsabilidades formales no incluían la recepción de detenidos o fallecidos, y la notificación por parte de Israel de las devoluciones inminentes era mínima o inexistente.

La cifra total de 415 cadáveres depositados en Karem Abu Salem entre diciembre de 2023 y septiembre de 2024 coincide con las estimaciones de los trabajadores humanitarios que participaron en los traslados. Muchos de los cadáveres estaban en estado de descomposición, les faltaban extremidades o presentaban mutilaciones; algunos estaban decapitados o habían sido desollados. Los envíos también contenían partes de cuerpos desmembrados, lo que hizo imposible determinar el número exacto de cadáveres devueltos. Desde entonces, ninguno de los cadáveres ha sido identificado.


Los cuerpos de palestinos yacen en una fosa común en Rafah, al sur de la Franja de Gaza.

La ocupación israelí se negó a facilitarnos cualquier información que indicara sus identidades o circunstancias”, lamenta Zaher Al-Wahidi. No identificar a los fallecidos, no tratar los restos humanos con dignidad y no proteger a las personas detenidas constituyen violaciones del Derecho Internacional Humanitario.

La última entrega clandestina conocida de palestinos fallecidos, por parte de Israel, se produjo en septiembre de 2024. El ejército devolvió cientos de cadáveres palestinos más como parte del acuerdo de alto el fuego del pasado mes de octubre, y ha seguido liberando pequeños grupos de detenidos con vida a través de Karem Abu Salem y Kissufim, principalmente en coordinación con el CICR.

Hoy, tras casi tres años de genocidio, alrededor de 8.000 habitantes de Gaza siguen desaparecidos, según el Centro Palestino para Personas Desaparecidas y Desaparecidas Forzosamente. Pero esas cifras se basan principalmente en las denuncias de los familiares. La cifra real es casi con toda seguridad mayor, ya que en Gaza han sido asesinadas familias enteras, sin dejar a nadie que denuncie su desaparición.

De las 5.400 solicitudes de localización presentadas por familias gazatíes a través de HaMoked, más de 1.800 residentes siguen sin aparecer, sin que el ejército israelí haya dado indicación alguna de que hayan sido arrestados o detenidos.

Tal Steiner, director ejecutivo de HaMoked, cree que es probable que la mayoría de los que siguen desaparecidos hayan fallecido, aunque aún no está claro si murieron en centros de detención improvisados ​​dentro de Gaza, bajo custodia del ejército israelí, en zonas de combate, como consecuencia de haber sido utilizados por el ejército israelí como escudos humanos, o si siguen sepultados bajo los escombros de los ataques aéreos israelíes. Es posible que algunos de ellos se encontraran entre los cadáveres no identificados que posteriormente fueron devueltos a Gaza.

La incertidumbre se ve agravada por el largo y documentado historial de Israel de retener los cadáveres de palestinos. En enero de 2026, el Estado mantenía en su poder los restos mortales de al menos 776 palestinos desde 1967, incluidas 88 personas que fallecieron bajo la custodia del Servicio Penitenciario de Israel (IPS) o del ejército después del 7 de octubre.


Cuerpos de palestinos que murieron a causa de los ataques aéreos israelíes durante la noche, en el marco de los nuevos bombardeos israelíes sobre Gaza. Hospital Europeo, Khan Younis, sur de la Franja de Gaza. 18 de marzo de 2025.

Todo es espontáneo, y eso forma parte de su plan”

El carácter aleatorio de la devolución de detenidos y cadáveres ayuda a explicar por qué no existe un recuento fiable. Aunque el CICR tiene un mandato exclusivo, en virtud del Derecho internacional humanitario, para facilitar la liberación de prisioneros y la repatriación de restos mortales, los tres primeros envíos de cadáveres no identificados fueron recibidos en su totalidad por personal de la ONU. Según Ariel, los responsables de la CLA inicialmente solo notificaron a los trabajadores de la ONU –y no al CICR– tanto la liberación de detenidos como la llegada de contenedores con cadáveres, lo que obligó al personal humanitario a improvisar una respuesta y a solicitar la ayuda del CICR a posteriori.

La ofensiva israelí de mayo de 2024 en Rafah destruyó el almacén destinado a la recepción de detenidos y limitó de forma permanente las operaciones humanitarias de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) en la zona. En última instancia, la gestión del retorno de los detenidos recayó en el CICR. Sin embargo, los trabajadores humanitarios e investigadores de otras agencias entrevistados para esta investigación se mostraron escépticos sobre si el CICR llegó a tener alguna vez la capacidad o el acceso suficientes para asumir la tarea de documentar con precisión las liberaciones y prestar un apoyo adecuado a los detenidos.

Según varios trabajadores humanitarios familiarizados con el proceso, el personal del CICR solía llegar a los almacenes de recepción, situados en el lado gazatí del paso fronterizo, cuando los detenidos ya habían recibido asistencia de los trabajadores de la ONU, o con personal insuficiente para entrevistar adecuadamente a los repatriados. En algunas ocasiones, el personal no acudió a la hora acordada, alegando falta de personal y de recursos.

¿Dónde estaba el CICR en todo esto?”, se pregunta un antiguo alto cargo de la UNRWA que pidió permanecer en el anonimato. “[Estaban] ausentes. ¿Por qué no vinieron?”.

Al no intervenir nadie más, fue el personal de la UNRWA quien, durante los primeros meses de la guerra, asumió la responsabilidad de recibir a los detenidos que regresaban y los cadáveres. Describen ese proceso como totalmente improvisado.

Antes de que se reanudara la ayuda humanitaria a través de Karem Abu Salem el 17 de diciembre de 2023, Israel liberaba a los detenidos en el paso fronterizo sin previo aviso, y los trabajadores de la ONU a menudo solo se enteraban de su llegada después de que hubieran cruzado de vuelta a Gaza.

La ONU no comenzó a registrar sistemáticamente el regreso de los detenidos hasta ese mes, después de que Ariel se encontrara con la llegada inesperada de 70 detenidos traumatizados y maltratados. “Estaban histéricos”, dijo Ariel. “No se les podía consolar. No sabían dónde estaban ni qué estaban haciendo”.


Detenidos liberados en un almacén temporal de la ONU cerca del cruce de Karem Abu Salem – Kerem Shalom en Gaza.

Entre este grupo de detenidos se encontraban un hombre de 85 años que había sido torturado, un hombre ciego al que habían privado de alimentos y un hombre con las piernas destrozadas sujetas con clavos.

Conmocionado por lo que vio, Ariel presionó a la CLA para que avisara con antelación de futuras liberaciones. Aunque esto quedaba muy fuera del ámbito de sus responsabilidades oficiales, Ariel y otros trabajadores humanitarios convirtieron un almacén en un centro de acogida improvisado y se apresuraron a conseguir comida, mantas, cepillos de dientes y cualquier otra cosa que pudieran obtener para facilitar la transición de los detenidos.

Pero, aunque Ariel y sus compañeros movilizaron recursos para apoyar a los detenidos, el sistema de repatriación siguió siendo irregular debido a la negativa de Israel a cumplir con su obligación de proporcionar información suficiente. Cuando, en algún caso, se notificaban los retornos, la CLA solía informar al personal de la ONU a altas horas de la noche de que los detenidos llegarían a las seis de la mañana del día siguiente, a menudo facilitando cifras inexactas del número de personas. En ocasiones, las liberaciones programadas se cancelaban sin explicación alguna.

Todo es espontáneo, y eso forma parte del plan”, afirmó Ariel, expresando su convicción de que el caos administrativo estaba calculado para impedir que los trabajadores humanitarios atendieran de forma integral a los detenidos que regresaban.

En ocasiones, se permitía a los trabajadores humanitarios llevar autobuses hasta el paso fronterizo. Pero en otras, la CLA obligaba a los detenidos –todos los cuales mostraban signos de desnutrición, maltrato y negligencia médica– a cruzar descalzos el corredor de tres kilómetros que separa los lados israelí y palestino de Karem Abu Salem.

Durante una de las liberaciones, la CLA impidió a los trabajadores humanitarios llevar una silla de ruedas para transportar a un niño de 12 años al que le habían disparado en las piernas mientras buscaba comida para su familia. En ocasiones, los soldados israelíes que custodiaban el paso fronterizo disparaban al suelo para incitar a los detenidos a correr, según varios trabajadores humanitarios que lo observaron de primera mano.


Trabajadores palestinos de la Franja de Gaza, detenidos en Israel desde el 7 de octubre, llegan al paso fronterizo de Kerem Shalom – Karem Abu Salem.

¿Es mi hermano? ¿Es mi padre?”

Como consecuencia del caótico proceso de retorno, el registro ha sido incompleto desde el principio.

Los trabajadores de la ONU destinados en el lado de Gaza del paso fronterizo de Karem Abu Salem ayudaron a facilitar las liberaciones de detenidos durante los primeros seis meses de la guerra; el último recuento exhaustivo de la UNRWA se remonta a abril de 2024, poco antes de que perdiera el acceso fiable al paso fronterizo y a la zona circundante. La frecuencia de las liberaciones varió considerablemente, oscilando entre dos veces por semana y una vez cada tres semanas, según varios empleados de la UNRWA. Los grupos oscilaban entre cinco y 100 detenidos y, en ocasiones, incluían a mujeres, personas mayores y niños de tan solo 12 años.

Incluso después de que se hubiera establecido un sistema ad hoc, los trabajadores humanitarios contaron que algunas liberaciones se produjeron al margen del mismo, por lo que habrían quedado sin registrar. El personal humanitario informó de que había visto a detenidos no registrados regresando a pie desde el paso fronterizo de Erez –que estuvo cerrado a los trabajadores humanitarios durante toda la guerra– y desde el paso fronterizo de la Puerta 96, que la invasión de Rafah hizo inaccesible. “Tiene que haber una diferencia sustancial entre el número de personas que se registraron y las que recibieron asistencia”, afirma un miembro del personal de la ONU que prefiere permanecer en el anonimato por temor a represalias profesionales.

La falta de transparencia sobre las liberaciones es imposible de separar de la ocultación por parte de Israel de información mucho más básica sobre quiénes habían sido detenidos en primer lugar, dónde se encontraban recluidos y cuántos habían fallecido bajo custodia. Según Naji Abbas, director del departamento de presos y detenidos de Médicos por los Derechos Humanos-Israel (PHRI), el ejército israelí tardó siete meses solo en responder a la solicitud de la organización sobre el número de detenidos que habían fallecido en centros de detención militares.

Hasta la fecha, se ha confirmado que 104 palestinos, incluidos 70 de Gaza, han fallecido bajo custodia del IPS y del ejército, según Abbas. Pero PHRI cree que la cifra real es mucho mayor, en parte porque el ejército se negó a facilitar información sobre los detenidos bajo su custodia durante los primeros nueve meses de la guerra. En ese periodo, según declaró Abbas a +972, Israel llevó a cabo “una política sistemática de asesinato de palestinos [bajo custodia israelí]”.

Tanto el sistema de registro de detenidos como el de difusión de información son muy, muy desorganizados y defectuosos”, afirmó Avshalom Matalon, investigador de desapariciones forzadas de palestinos para HaMoked. Matalon añadió que el proceso debería haber sido supervisado por el CICR, pero Israel prohibió a la organización visitar a los detenidos palestinos en las prisiones israelíes y ocultó información sobre su paradero durante toda la guerra, lo que impidió el funcionamiento de uno de los únicos mecanismos de rendición de cuentas.


Fuente: Ctxt