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lunes, 24 de noviembre de 2025

Venezuela: Un desastre no tan encubierto de la CIA en ciernes

 

 Por Belén Fernández     
      Columnista de Al Jazeera.



Venezuela ni siquiera produce fentanilo, pero Washington sigue adelante con sus esfuerzos de cambio de régimen en Caracas como parte de su "guerra contra las drogas"



     El sábado, la agencia de noticias Reuters publicó un informe exclusivo en el que afirmaba que Estados Unidos estaba "preparado para lanzar una nueva fase de operaciones relacionadas con Venezuela en los próximos días". El informe citó a cuatro funcionarios estadounidenses que hablaron bajo condición de anonimato. Dos de ellos afirmaron que las operaciones encubiertas probablemente serían el primer paso de esta "nueva acción" contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro.


Aviones militares estadounidenses sobrevuelan el Grupo de Ataque del Portaaviones Gerald R. Ford.

Esta noticia no fue nada impactante dado que hace más de un mes, el propio presidente estadounidense, Donald Trump, anunció que había autorizado a la CIA a realizar operaciones encubiertas en Venezuela, un enfoque bastante singular ya que normalmente uno no transmite acciones que se supone que son, digamos, secretas.


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con periodistas sobre el conflicto entre Israel e Irán a bordo del Air Force One.

De todos modos, no es ningún secreto que Estados Unidos ha estado supervisando un masivo despliegue militar en la región, con cerca de 15.000 soldados estadounidenses estacionados allí bajo el pretexto de combatir el narcoterrorismo. Desde principios de septiembre, Trump también ha presidido ejecuciones extrajudiciales sin sentido en el mar Caribe, ordenando repetidamente el bombardeo de lo que él afirma son barcos narcotraficantes.


Paquetes de fentanilo, principalmente en forma de polvo, incautados en la frontera entre Estados Unidos y México.

Además de violar tanto el derecho internacional como el estadounidense, los ataques han producido pocos resultados más allá de aterrorizar a los pescadores locales.

Sin duda, Estados Unidos nunca se ha encontrado con una  “guerra contra las drogas” que no le haya gustado , dadas las convenientes oportunidades que ofrece toda la narrativa de la guerra contra las drogas para causar estragos en todo el mundo, militarizar el hemisferio occidental, criminalizar a los estadounidenses pobres  y todo tipo de otras cosas buenas.


Voluntarios colocan alimentos en vehículos durante una distribución móvil de alimentos en una escuela secundaria en Cedar Creek, Texas, EE. UU.

No importa que las instituciones financieras estadounidenses hayan obtenido durante décadas beneficios del tráfico internacional de drogas, o que “la conexión de la CIA con las drogas sea tan antigua como la agencia”, como lo expresa un artículo en el sitio web del New York Times.

No debería sorprender a estas alturas que el presidente que en su campaña defendió mantener a Estados Unidos fuera de las guerras y luego  bombardeó Irán  haya encontrado ahora otro conflicto en el que involucrar al país. Y como es habitual en la beligerancia imperial estadounidense, la justificación de la agresión contra Venezuela no se sostiene.

Por ejemplo, la administración Trump se ha esforzado por culpar a Maduro de la crisis del fentanilo en Estados Unidos. Pero hay un pequeño problema: Venezuela ni siquiera produce el opioide sintético en cuestión.

Como han señalado NBC News y otros medios poco radicales, los cárteles de la droga venezolanos se centran en exportar cocaína a Europa, no fentanilo a Estados Unidos.

Sin embargo, el 13 de noviembre, el Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth –perdón, Secretario de Guerra de los Estados Unidos, Pete Hegseth, según el  cambio de nombre administrativo–  recurrió a X para  asegurar a su audiencia que el masivo despliegue militar estadounidense en las costas de Venezuela es una misión que “defiende nuestra Patria, elimina a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y asegura nuestra Patria de las drogas que están matando a nuestra gente”.


El sello del Departamento de Defensa se ve en un podio en el Pentágono en 2024.

Esta es la misma administración, por supuesto, que acaba de  amenazar con matar de hambre  a los estadounidenses empobrecidos reteniendo la asistencia alimentaria esencial, lo que sugiere que el bienestar de “nuestra gente” no es realmente la mayor preocupación.

Consideremos también el hecho de que Trump recortó drásticamente los fondos federales para programas de prevención de la violencia armada en un país donde los tiroteos masivos  se han convertido en una forma de vida. Obviamente,  las masacres en las escuelas primarias  están "matando a nuestra gente" de una manera que no tiene nada que ver con Venezuela.


La gente se reúne en la escuela primaria Robb, escenario de un tiroteo masivo en Uvalde, Texas, EE. UU.

Pero es mucho más divertido culpar a Maduro de todo, ¿no?

La pobreza en sí misma es una de las principales causas de muerte en Estados Unidos, al igual que la industria farmacéutica nacional (hablando de opioides). Sin embargo, ninguna de estas crisis graves ha merecido una respuesta ni remotamente entusiasta por parte de los valientes defensores de la Patria.

Al igual que su predecesor,  Hugo Chávez , Maduro ha sido durante mucho tiempo una espina en el costado del imperio estadounidense, de ahí la actual campaña para desacreditarlo como "narcoterrorista" y, con ello, preparar el terreno para un cambio de régimen. Además, resulta ser un blanco predilecto del secretario de Estado, Marco Rubio, considerado el principal artífice de los planes de guerra de Washington en Venezuela. Con la posibilidad de postularse a la presidencia en tres años, Rubio busca congraciarse con su electorado de Florida, que incluye a miembros fanáticamente derechistas de las diásporas venezolana y cubana.

Según el informe de Reuters sobre las inminentes operaciones relacionadas con Venezuela, dos de los funcionarios estadounidenses consultados declararon a la agencia de noticias que las opciones que se estaban considerando incluían intentar derrocar a Maduro. Si los planes prosperan, Rubio se uniría a la larga lista de políticos estadounidenses que han sembrado el caos en el extranjero para obtener réditos políticos en su país.

Mientras tanto, The Washington Post informó el sábado que la Casa Blanca había “propuesto una idea para que aviones militares estadounidenses lanzaran folletos sobre Caracas en una operación psicológica” para presionar a Maduro.

Suena como una página –o un folleto– del viejo manual militar israelí .

Y mientras la administración Trump sigue adelante con sus planes no tan encubiertos para Venezuela, esa imprudencia hemisférica no protegerá ni al territorio estadounidense ni a ningún otro.

Fuente: Al Jazeera

jueves, 23 de octubre de 2025

Camino hacia la guerra; cómo los medios de EEUU venden una intervención en Venezuela como una “causa justa”

 

 Por Bruno Sgarzini    
    Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.




     El Cartel de los Soles no nació de un operativo de drogas, ni tampoco de una mega investigación de crimen organizado, sino de un operación de prensa del medio español ABC el 27 de enero de 2015, cuando su corresponsal en Washington, Emili J. Blasco, citó las confesiones del exguardia presidencial de Hugo Chávez, Leamsy Salazar, en las justicia estadounidense, sobre que existía Salazar un “cartel” dirigido por Diosdado Cabello, por entonces presidente de la Asamblea Nacional. “Un operador del “narcoestado en que Chávez convirtió Venezuela”, según la supuesta declaración de Salazar, informante de Estados Unidos, frente a la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York.

Blasco, quien había sacado diversas noticias sobre salud de Chávez basada en informes de inteligencia estadounidense, fue el primero en lanzar una serie de notas donde se hablaba del fantasmagórico Cartel de Los Soles. Meses después, el 18 de mayo, Juan Forero, corresponsal de Wall Street Journal, habló de una investigación de la Administración de Control de Drogas (DEA), y fiscales federales de La Florida y Miami, sobre la “explosión del tráfico de cocaína” en Venezuela desde que “muchos narcos colombianos se mudaran a ese país”. Jackson Dieh, uno de los editores de Washington Post, fue mucho más allá, el 23 de mayo de ese año, al hablar de que que Chávez había convertido Venezuela en un “santuario para narcoguerrilla colombiana porque les permitió traficar con cocaína de Venezuela a los Estados Unidos con la ayuda del ejército venezolano”.


Titular de Wall Street Journal del 18 de mayo de 2015.

El Cartel de Los Soles se lanzó con fuerza este año donde también fueron detenidos por la DEA en Haití, dos sobrinos de Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro, acusados de planificar el tráfico de droga a Estados Unidos. Para buscar el origen del término, en realidad, hay que irse hasta principios de los años 90 cuando el general venezolano Ramón Guillén Dávila, jefe de los Servicios Contra Tráfico de Drogas de la Guardia Nacional venezolana, y su sucesor, Orlando Hernández Villegas, fueron acusados de haber introducido 22 toneladas de cocaína a Estados Unidos en una controvertida operación implementada por la Agencia Internacional de Inteligencia para infiltrar carteles del narco colombianos.




Hasta el día de hoy, el Departamento de Justicia mantiene una acusación contra Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López de liderar este cartel, que tiene como pruebas, por ejemplo, el testimonio del exjefe de inteligencia venezolano, Hugo Carvajal, y el exgeneral chavista (devenido en opositor) Clíver Alcalá. Sin embargo, no existen ni grandes decomisos de droga asociados al presuento cartel, ni tampoco se ha logrado una condena ni una sentencia contra ninguno de ellos. Más bien toda la investigación federal se sostiene como una forma de darle credibilidad al despliegue de Donald Trump contra el “narcotráfico” en El Caribe. Para el consejo editorial del Wall Street Journal es claro que: “el régimen de Maduro es dueño del Cártel de los Soles, llamado así por las insignias que los generales venezolanos obtienen al ascender de rango. Estados Unidos lo considera un grupo terrorista extranjero y es conocido por dirigir una operación de cocaína integrada verticalmente, desde la hoja de coca hasta su distribución en las calles estadounidenses. Un beneficio geopolítico de una política estadounidense de vigilancia más agresiva del Caribe es que probablemente interrumpirá, al menos a corto plazo, los ingresos en dólares de la dictadura de Maduro provenientes del narcotráfico, de los cuales depende para mantenerse en el poder, incluso más que del petróleo”.




La narrativa, por supuesto, va alineada con las acusaciones del secretario del Pentágono, Peter Hegseth, de que Maduro es un “capo de un narcoestado, no elegido por los venezolanos, y los dichos del secretario de Estado, Marco Rubio, de que Maduro es “un líder que inunda de cocaína las calles estadounidenses”. Para Tom Rogan de Washington Examiner, un medio pro Trump; “Maduro es el jefe de facto de dos importantes grupos del crimen organizado responsables del contrabando de drogas y la violencia en suelo estadounidense. Estos grupos son el Cártel de los Soles y el Tren de Aragua”. Por eso, el Pentágono, según Rogan, considera que tiene suficientes fuerzas desplegadas en el Caribe “para tomar y mantener instalaciones estratégicas de Venezuela, como puertos y aeródromos, para ejercer presión sobre Nicolás Maduro”. Para Fox News, un medio que con frecuencia entrevista a altos funcionarios estadounidense, “Venezuela se ha convertido en la mayor amenaza para la seguridad estadounidense”. Brandan Buck, analista del ultraderechista Cato Institute, sostiene que parece que Estados Unidos está inmerso en una versión del siglo XXI de la diplomacia de las cañoneras”.

Desde que el 5 de septiembre, la CNN reveló que Trump consideraba ataques dentro de Venezuela para presionar a Maduro, el ciclo de noticias en Estados Unidos busca sostener la tesis de una acción militar inminente, mientras los funcionarios trumpista se debaten el momento para concretar tal amenaza.

Buena parte de las líneas editoriales de los medios estadounidenses respaldan la justificación legal, presentada por la Administración Trump frente al Congreso, para invocar la ley “de conflicto armado” que permite al presidente ordenar al Pentágono ataques en el extranjero, como el bombardeo a cuatro lanchas venezolanas acusadas de llevar drogas. Según los abogados de Trump, Estados Unidos “está en guerra contra los carteles que trafican drogas a Estados Unidos”. El argumento es que Venezuela es el responsable, en parte, de las muertes por sobredosis de 76 mil estadounidenses en 2023, la mayoría por consumo de fentanilo. Venezuela, sin embargo, no es ni un gran proveedor de esta droga, ni tampoco lo es de cocaína según The New York Times, quien cuestiona la teoría legal esgrimida por la Administración Trump. Para el diario estadounidense, por las aguas venezolanas solo sale el 8% de la cocaína que llega a Estados Unidos, y ni un gramo de fentanilo.




The New York Times, alineado, en general, con la línea demócrata, ha cuestionado la credibilidad de la teoría legal esgrimida por la Administración Trump y la veracidad de las acusaciones contra Maduro. Varios reportajes sobre el tema, además, han precedido los esfuerzos de la bancada demócrata en el Senado, liderada por Adam Schiff, de California, y Tim Kaine, de Virginia, para restringir los poderes de “guerra” auto adjudicados por Trump debido a que la Administración Trump no ha presentado pruebas creíbles y pasado por encima, de la autoridad del Congreso. “Si bien compartimos con el poder ejecutivo la necesidad imperiosa de prevenir y disuadir que las drogas lleguen a nuestras costas, hacer estallar barcos sin justificación legal corre el riesgo de arrastrar a Estados Unidos a otra guerra y provocar hostilidades injustificadas contra nuestros propios ciudadanos. Este uso no autorizado e ilegal de nuestras fuerzas armadas debe cesar”, argumentó Schiff. Si bien el proyecto de ley presentado por los demócratas fue derrotada por 51 contra 49 votos en el Senado, demuestra los cuestionamientos más agresivos contra el plan trumpista.

Hasta la propia Hillary Clinton, la exsecretaria de Estado responsables de desastres como Libia, sostuvo que no existen pruebas de que los barcos bombardeados fueron de pesca, crucero, o de drogas. En su opinión, Trump usa como pretexto el “narcotráfico” para sentar las bases para una “acción militar” en Venezuela; “y quién se hará cargo, y responsable, si nos deshacemos de Maduro. Podríamos tener una Somalía gigante en la costa de América Latina. Esto ni siquiera está bien pensado; si el objetivo es detener el flujo de fentanilo, ni siquiera viene de Venezuela sino de China y México”. La crítica forma parte de las diferencias de visiones entre demócratas y republicanos de cómo lidiar con el chavismo: que orbita entre las negociaciones (para relanzar movimientos civiles insurreccionales en Venezuela) y el uso de la fuerza, de forma respectiva). Otros antiguos funcionarios de la Administración Biden, como Juan González, exjefe para América Latina del Consejo de Seguridad, han afirmado que no existen prueba que Maduro lidere un cartel del narcotráfico. “Esto nos puede llevar a un cambio de régimen que corre el riesgo de arrastrar a los soldados estadounidenses a otra guerra eterna”, aseguró González.

Pero no es el único lugar donde hay cuestionamiento; dentro del movimiento MAGA, para Steve Bannon, antiguo estratega de Trump, “existe controversia por la operación de drogas porque, quizás, el fentanilo viene más de México y del Partido Comunista chino que de Venezuela”. Según él; “Fox ha centrado su atención en Venezuela ya que hay que iniciar una guerra en algún lugar. No es que Maduro no sea brutal. Pero hay asesinos por todas partes. ¿Es eso lo que se supone que debemos hacer; vagar por el planeta provocando guerras? ¿Es esto lo que hacemos ahora?”. Para Laura Loomer, una influencer cercana a la Casa Blanca, por ejemplo, el premio Nóbel de la Paz a María Corina Machado es para alguien; que está fomentando y promoviendo activamente un cambio de régimen violento en Venezuela, y aparece en Fox News todos los días esperando que paguemos por ello, a pesar de estar llena de dinero. ¿Cómo es que nadie habla nunca de lo rica que es esta mujer? ¿De dónde sacó su dinero? ¿Cómo es que su impulso a un cambio de régimen es pacífico? Me parece increíblemente inapropiado que Fox News esté transmitiendo segmento tras segmento pidiendo una invasión estadounidense a gran escala de Venezuela para derrocar a Maduro”.




Esta discusión pública se refleja en las pujas internas que hay entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado especial para Venezuela, Richard Grenell, alineado con MAGA y los intereses petroleros que ven en una intervención la posibilidad de perder el petróleo venezolano a manos de China. Después de que Trump cancelara las negociaciones con Venezuela, que según New York Times habían incluido la oferta de Maduro de condiciones preferenciales para las empresas energéticas, el columnista de Político, la mayoría de medios hablan de una supuesta directiva al Pentágono para que planifique ataques dentro de Venezuela y una supuesta frustración de Trump porque el presidente venezolano no ha decidido irse por su propia cuenta. Para el columnista de Político, Nahal Toosi; “Trump tiene muchos planes, incluyendo algunos que contemplan ataques aéreos contra objetivos del narcotráfico en territorio venezolano, pero no ha dado ninguna orden para eliminar directamente a Maduro. Pero no está convencido de enviar una fuerza de invasión total para derrocar a Maduro porque podría las alarmas en la base del MAGA, que tiene una fuerte inclinación aislacionista. ¿Pero una fuerza menor que persiga solo a Maduro, el capo de la droga? Quizás. La base de MAGA apoya mucho más la lucha contra los cárteles .

Para Toosi, además, “mantener una campaña antiMaduro sin etiquetarla oficialmente como “cambio de régimen” tiene otras ventajas. Trump se vería débil si proclamara abiertamente que intenta derrocar a Maduro, pero no funciona (la última vez no dio buena imagen). Estados Unidos también sería menos responsable de las consecuencias potencialmente costosas en Venezuela si evita una invasión total y se atiene a una misión de aplicación de la ley”. Para Peter Feaver, exasesor de seguridad nacional de la administración de George W. Bush, lo que “busca Trump es una operación de cambio de régimen de bajo costo que le permita no aplicar la regla de Pottery Barn’”, un aforismo usada por el exsecretario de Estado Colin Powell, responsable de inventar que Saddam Hussein tenía armas químicas para justificar la invasión. Según esta regla, si un país destruye otro, es responsable después de su reconstrucción y su seguridad.

Trump, en definitiva, buscaría que los propios venezolanos paguen por los costos de cualquier desastre causada por su operación, vendida por los medios como una causa justa para apoyar la lucha de una Nobel de la Paz. Por eso, para el columnista de The Washington Post, Ishaan Tharoor, es un “premio a la sombra de la guerra”.



Fuente: Bruno Sgarzini