Putin y Xi hacen de la cooperación energética el pilar de la alianza sino-rusa, bajo la bandera de una "igualdad" que rechaza el caos geopolítico y económico de Trump
El pacto energético bilateral que han remachado el presidente chino, Xi Jinping, y el ruso, Vladímir Putin, en Pekín ayudará aún más a China a reducir el coste del corte del suministro de hidrocarburos desde el Golfo Pérsico por la crisis de Irán, y a Rusia a mantener su economía de guerra ante Ucrania, donde los más de cuatro años de contienda están haciendo ya mella en Moscú, sin visos de solución a medio plazo.
Cuando aún no se había apagado el eco de la visita del presidente estadounidense, Donald Trump, a Pekín la semana pasada, chinos y rusos consolidaron este miércoles su alianza estratégica sobre la "piedra angular" de la energía, pero con decenas de acuerdos más y una apuesta decidida contra el "unilateralismo", el "hegemonismo" y "la ley de la selva" que, según dijo Xi y tal y como se incluyó en la declaración conjunta de la cumbre, se está expandiendo por el planeta. La alusión al caos comercial, militar y de seguridad global era una referencia directa a Trump y su múltiple estrategia de injerencia y agresión militar.
La decisión de Pekín de recibir en menos de una semana a los líderes de las dos superpotencias fue una jugada maestra que ha vendido mejor la apuesta china por el multilateralismo. Una apuesta en la que el gigante asiático se apunta una victoria diplomática frente a la estrategia avasalladora desplegada por Trump desde que llegó al poder el 20 de enero de 2025.
La visita de Putin coincidió con el 25 aniversario de la firma del tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre China y Rusia, que ampliaron este miércoles, y con el trigésimo aniversario del establecimiento de la asociación estratégica entre los dos países. El viaje estaba calculado al milímetro y el momento también, especialmente por ese hecho de que siguiera en muy pocos días al de Trump y que el contenido de la visita del líder ruso sobrepasara al fausto en torno al presidente estadounidense.
Un nivel excelso de las relaciones sino-rusas
China y Rusia, dijo Xi, se hallan "en el nivel más alto de su historia". Putin vino a decir lo mismo: "Los lazos entre los dos países han alcanzado un nivel sin precedentes". Y todo ello, en parte gracias al escenario que ha dejado sembrado Trump con su caótica y depredadora nueva doctrina de seguridad nacional que pone al resto del mundo a merced de los intereses estadounidenses.
También añadió Xi que Rusia y China guardan "una estrecha comunicación estratégica a todos los niveles" y "se apoyan firmemente" en cuestiones que afectan a sus "intereses fundamentales". Esta asertividad apuntaba una simbiosis de las estrategias china y rusa que debería preocupar mucho a sus contrincantes. Por ejemplo, en su cumbre con Putin, el presidente chino propuso alinear el XV plan quinquenal chino que regirá la economía de su país hasta 2030 con la agenda económica rusa, sobre todo para impulsar la cooperación energética y tecnológica, con la conectividad y la inteligencia artificial en mente.
Xi le está diciendo al mundo que quiere la paz con todos, pero que los auténticos aliados son unos pocos, entre ellos Rusia. Y la confluencia de las actuales circunstancias internacionales, emponzoñadas por la avidez de Trump, da más valor a la estrategia pacífica china. Sobre todo si en la balanza se confrontan la guerra comercial con la que amenaza siempre la Casa Blanca y, por ejemplo, la cooperación energética con Moscú.
En rueda de prensa, Xi insistió en que China quiere erigirse como una "fuerza de estabilidad global". Si se lo permiten las circunstancias, porque en la cumbre con Trump, el presidente chino ya advirtió al estadounidense sobre la tentación omnipresente de EEUU de traspasar la línea roja del apoyo a Taiwán y defender su independencia. La ominosa disputa en torno a esa isla cuya soberanía reclama China fue la mayor espina que marcó la visita del líder republicano a Pekín. Poco después de terminar el viaje, la prensa más conservadora de EEUU empezó a acusar a China de preparar un ataque contra Taiwán en los próximos años.
Una veintena de acuerdos, con el petróleo ruso como "piedra angular"
Xi y Putin firmaron una declaración principal y una secundaria, además de veinte acuerdos y memorandos de entendimiento. En estos documentos, los presidentes chino y ruso reforzaron la cooperación energética de sus dos países, que ambos reconocieron como "la piedra angular" de la relación bilateral, y defendieron un mundo multipolar.
Si en estos momentos, el intercambio bilateral ha superado durante tres años consecutivos los 200.000 millones de dólares, es de esperar que a fin de 2026 esa cifra se dispare, pues ya en los cuatro primeros meses de este año creció un 20%.
China obtenía de los países del Golfo Pérsico, especialmente de Irán, el 45% del petróleo que alimentaba su industria, el transporte y las infraestructuras civiles. El cierre del estrecho de Ormuz y el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes levantó un aparente muro para los intereses chinos. Estos, sin embargo, supieron aprovechar la corriente de compras que desde hace cuatro años habían establecido con el petróleo y el gas rusos, a raíz de las sanciones occidentales tras la invasión de Ucrania y el fin de la venta de crudo de Rusia a Europa. Como este miércoles indicó Putin, Rusia es un proveedor "fiable y estable" para China, suceda lo que suceda en Oriente Medio.
Quedó en el aire, en esta visita, el cierre de un acuerdo definitivo sobre el plan de trasiego de gas ruso a China denominado Fuerza de Siberia-2, que contempla el despacho de 50.000 millones de metros cúbicos de ese hidrocarburo a través de Mongolia. Pekín es muy cauteloso al respecto y prefiere no correr mucho. Una cosa es una alianza energética de iguales con Rusia y otra pasar a depender totalmente del gas de este país. Hay otros lugares de suministro de gas natural, como Turkmenistán, y China prefiere diversificar. Pekín ha aprendido bien la lección de Irán y el Golfo Pérsico, y no quiere riesgo alguno en las fuentes de abastecimiento de hidrocarburos.
Condena expresa a EEUU e Israel por la guerra de Irán
Precisamente, en este encuentro entre Putin y Xi hubo críticas a la guerra desatada por el Pentágono e Israel contra Irán, que ha puesto patas arriba el tablero económico y geopolítico mundial, con Trump presionado por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el lobby judío en EEUU en un caos del que el líder republicano se ve ahora incapaz de salir.
"Rusia y China subrayan la necesidad de un pronto retorno al diálogo y a las negociaciones de todas las partes implicadas en el conflicto para evitar una ampliación de la zona de conflicto", apuntó la declaración conjunta de Xi y Putin. Ambos compartieron "la opinión de que los ataques militares de EEUU e Israel contra Irán violan el derecho internacional y las normas fundamentales de las relaciones internacionales, y minan gravemente la estabilidad en Oriente Medio".
Si durante la visita de Trump a Pekín la semana pasada Xi evitó cargar las tintas sobre la agresión a Irán, con Putin al lado sí acentuó la ilegalidad de la agresión al país persa, cuyo cese "es imperativo", así como "el asesinato de dirigentes de países soberanos, la desestabilización de la situación política interna, la instigación de un cambio de poder y el descarado secuestro de líderes nacionales para su enjuiciamiento", en referencia al secuestro de Nicolás Maduro.
Este ha sido uno de los ataques verbales más duros lanzados contra la estrategia filibustera de Trump en Oriente Medio, junto a su pretoriano Netanyahu, en realidad el mayor instigador de este crimen internacional, continuado con más saña por Israel en el Líbano con la experiencia del genocidio cometido en Gaza desde octubre de 2023.
Sobre esta franja palestina, Xi y Putin abogaron por la consecución de una "tregua sólida", con lo cual estaban diciendo que la actual "paz" preconizada falsamente por Trump solo es una farsa en la que continúan los asesinatos de gazatíes y el asedio con el hambre de ese territorio palestino. En este sentido, los dos líderes reclamaron "el acceso ininterrumpido de la ayuda humanitaria a todos los necesitados".
Sin insistir en la guerra de Ucrania
No hubo, sin embargo, en el encuentro entre Xi y Putin muchas alusiones a la otra gran crisis que sacude a la comunidad internacional. Ambos apoyaron una solución política para la guerra en Ucrania, pero sin mayores pretensiones y con la sospecha de que Pekín también ve en esta crisis demasiados intereses, no solo los del expansionismo ruso.
Y al contrario que con el ataque a Irán, Pekín adolece de una definición precisa sobre el conflicto de Ucrania y no ha planteado una condena sin paliativos a la invasión rusa, lo que añade dudas a su voluntad real para ayudar a poner fin a esa guerra.
Una guerra que se encuentra estancada y que no parece que vaya a variar en los próximos meses, salvo que una ofensiva rusa desatascase en el verano el actual empantanamiento del frente. Hace tiempo que Rusia debería haber tomado las ciudades de Sloviansk y Kramatorsk, en la parte de la región de Donetsk que aún controlan los ucranianos (un 20%), para completar la conquista de todo el Donbás, ese territorio ucraniano que Moscú considera ruso.
Putin exige la entrega de todo el Donbás y parte de otras regiones invadidas para empezar a negociar con seriedad. Sin embargo, los éxitos militares rusos no acompañan en estos momentos a estas reclamaciones. Aunque la desventaja en tropas de Ucrania es evidente, Kiev ha sabido convertir la guerra en un tablero donde los drones son los protagonistas. El dinero europeo ha permitido a los ucranianos hacerse con miles de ellos dotados de una eficacia que iguala o supera incluso a los rusos, alcanzando diariamente refinerías, bases militares e infraestructuras muy en el interior de Rusia. Incluso Moscú está en el radio de acción de estos aparatos y de la inteligencia militar que los emplaza, procedente del propio Pentágono o de la tecnológica Palantir, aliada de Trump.
La cautela china sobre este conflicto en la visita de Putin debería, no obstante, remover en sus sillas a los dirigentes ucranianos. La renovación de la asociación estratégica y de amistad, y la apuesta por ese entente energético entre Moscú y Pekín sugieren que habrá muchos miles de millones de dólares más para apuntalar la operación militar rusa en Ucrania.
Y lo que parece claro es que termine cuando termine la guerra, con China a su lado Rusia no será el estado proscrito en el que los países europeos de la OTAN pretenden convertirla alegando que Moscú es el mayor peligro para Europa, incluso cuando las mayores y más concretas amenazas contra la Unión Europea han venido de Trump, con la guerra arancelaria, sus intentos de apoderarse de Groenlandia o las humillaciones constantes a las que somete a Bruselas y a muchos de los Veintisiete.
La cumbre entre Xi y Putin ha remarcado que existe una voluntad de romper el actual statu quo de subordinación a EEUU, que China será uno de los pivotes del nuevo paradigma de seguridad mundial y que contará con Rusia para imponer con mecanismos económicos capaces de derribar los gobiernos más poderosos esa multipolaridad que no desean ni Washington ni sus lacayos europeos.
Fuente:
Público




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