lunes, 16 de febrero de 2026

Cómo el ICE se convierte en un Ejército de Ocupación parecido al estadounidense en Irak o Afganistán

 

      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     Los asesinatos de Renee Good y Alex Petris han desatado una verdadera ola de protestas en Minneapolis y un repudio generalizado en todo Estados Unidos. Las encuestas, se ve, que no le han dado buenos resultados a Donald Trump, así que, por eso, removió a Greg Bovino como jefe de las redadas de ICE en la ciudad después de dejar una estela de violencia en Chicago, Los Ángeles, Nueva Orleans y Charlotte.

Bovino es el creador de las redadas rápidas en lugares públicos, comercios y domicilios para arrestos exprés. En su lugar, Trump ha elegido como jefe del operativo en Minneapolis a Tom Homam, número dos del ICE envuelto en varios escándalos de corrupción y conflictos de intereses. Entre su prontuario está el haber trabajado para Geo Group, una de las principales empresas de prisiones de Estados Unidos, y haber creado la política de separación familiar que arrestaba los menores migrantes para desalentar los viajes a suelo estadounidense.

La gran pregunta es si Trump militariza las ciudades demócratas para manipular las próximas elecciones de mitad de término o para provocar una ola de violencia que justifique la suspensión de ellas con la invocación de la Ley anti Insurrección. Como no orbitamos por el pensamiento de Trump, ni participamos de ninguna de sus cenas pagas, lo único que podemos hacer es identificar cómo su Administración cada vez más militariza la persecución migratoria y convierte al ICE en un verdadero Ejército de Ocupación.

Por ejemplo, Jonathan Ross, el agente del ICE que asesinó a Renee Good, observadora legal de 37 años en Minnesota, acumulaba una década de experiencia en un equipo de Respuesta Especial del ICE, el equivalente institucional a las unidades SWAT de élite. Detrás de la formación de oficiales como Ross existe una red de empresas privadas que han obtenido contratos lucrativos bajo la administración Trump. Target Down Group, una de estas contratistas, es propiedad del hermano del representante republicano Nick LaLota (Nueva York), según reveló la revista Wired en septiembre pasado. El curso, diseñado para institucionalizar los nuevos procedimientos del Departamento de Seguridad Nacional, tiene un propósito explícito: "proveer a los agentes de las habilidades y conocimientos necesarios para ejecutar con eficacia operaciones de francotirador policial en entornos de alto riesgo", según revelan los documentos obtenidos por la revista. Por este contrato, Target Down Group obtuvo 30 mil dólares.

El sitio web de Target Down Group identifica a Dan LaLota, francotirador retirado de la Infantería de Marina, como presidente de la compañía. Según la biografía oficial de su hermano publicada en el sitio del Congreso, LaLota prestó servicio durante dos décadas en el Cuerpo de Marines en unidades de élite, entre ellas la Fuerza de Reconocimiento y el Comando de Operaciones Especiales de la Infantería de Marina. Por sus acciones en Faluya, Irak, recibió la Estrella de Bronce al Valor.




El entrenamiento del ICE prepara a sus equipos de tareas especiales para el combate urbano. En Fort Benning, base del Ejército de Estados Unidos, la empresa Strategic Operations, Inc., por ejemplo, construyó un complejo de entrenamiento de $975,000 con réplicas "hiper-realistas" de viviendas y apartamentos para practicar guerra urbana. Para Katya Schwenk de Jacobin; “en julio de 2025, el ICE otorgó un contrato por primera vez de $23,000 a Reticence Group LLC, una empresa de seguridad armada con sede en Texas, para capacitación especializada en pistolas y rifles para agentes del orden. El mismo mes se adjudicó otro contrato por 35.000 dólares a Path Consulting LLC, una empresa con sede en Virginia Beach que, según un aviso de contrato, ofrece “entrenamiento con fuego real en combate cuerpo a cuerpo” y ayuda al equipo de respuesta especial del ICE a “desarrollar nuevos procedimientos operativos estándar. Desde septiembre, el ICE ha gastado casi ocho millones en “equipos nuevos (que incluyen autos chatarra, material de entrenamiento de francotiradores y un edificio modelo) para varios cursos, incluido uno táctico en Fort Benning”, según una revisión de los registros de contratación.

Leamos qué dice el medio Lever;

Estas empresas se encuentran entre las muchas entidades privadas, junto con las compañías de prisiones privadas y las empresas de vigilancia de las redes sociales , que hacen fila para recibir su tajada del bombardeo de gastos de deportación de la administración Trump, que casi triplicó el presupuesto anual de ICE con la promulgación del proyecto de ley One Big Beautiful Bill del Partido Republicano en julio.
La fuerza laboral del ICE se ha disparado un 120 % desde la toma de posesión del presidente Donald Trump, en medio de un frenesí de contrataciones sin precedentes. La agencia ha reducido drásticamente sus requisitos de capacitación y flexibilizado los estándares de contratación para contratar al mayor número posible de nuevos reclutas.
Los nuevos contratos con empresas poco conocidas que anuncian entrenamiento en “técnicas avanzadas que antes eran exclusivas de las unidades de protección militar” son otra ventana a la actual militarización del ICE, una subagencia del Departamento de Seguridad Nacional.

La militarización del ICE está en marcha en un momento donde hay serias preocupaciones de que sea el comienzo de una estrategia de seguridad para controlar conflictos internos en Estados Unidos. No son solo es el memorándum interno del ICE que permite el allanamiento de domicilios con una orden administrativa si los agentes buscan el arresto de una persona con orden de deportación, sino también documentos del Departamento de Seguridad Nacional que califican de “terroristas internos” a las personas que cometen “agravios económicos y financieros”, una categoría tan laxa y gaseosa que puede alcanzar a Luigi Mangione por asesinar al CEO de una empresa de salud, como a cualquier persona que proteste contra una corporación, según el periodista Ken Klippenstein.

La segunda administración Trump ha convertido al ICE en una fuerza paramilitar sin precedentes en la historia estadounidense. El presupuesto de la agencia se triplicó hasta alcanzar 29 mil millones de dólares anuales, cifra que la coloca por encima del gasto militar de naciones enteras. El salto en armamento resulta especialmente revelador: el gasto en armas y equipamiento aumentó 700% en 2025 respecto al año anteriorsegún reveló Latin Times. La agencia adquirió drones Predator —antes reservados para teatros de guerra en Medio Oriente—, helicópteros Black Hawk de asalto táctico, y sistemas de vigilancia con inteligencia artificial por cientos de millones de dólares. En esencia, el ICE opera ahora con capacidades tecnológicas y arsenales comparables a los de una fuerza de ocupación militar, pero sin las restricciones legales que limitan al Pentágono en suelo estadounidense, según Latin Times.




Los contratos revelan una lista de compras propia de un teatro de guerra: rifles de asalto SIG Sauer por 10 millones de dólares a través de Quantico Tactical, armas largas de Geissele Automatics por 9 millones, y equipamiento láser para rifles suministrado por ADS Tactical. El ICE acordó gastar casi 140 millones de dólares en armas, municiones y otros equipos para sus oficiales, reportó Bloomberg.

La flota de vehículos blindados constituye otro indicador de esta militarización acelerada. El ICE opera MRAPs Golan de fabricación israelí —vehículos antiminas de 16.5 toneladas originalmente diseñados para zonas de combate— junto con vehículos Senator STANAG para sus equipos de respuesta táctica, según reveló American Special Ops. Para operaciones aéreas, la agencia emplea helicópteros UH-60 Black Hawk cedidos por el Ejército, documentados durante la Operación Midway Blitz en Chicago en septiembre de 2025, cuando agentes descendieron en rappel sobre vecindarios civiles desde estas aeronaves militares, de acuerdo a la revista Neewsweek.

La tecnología de vigilancia militar resulta particularmente reveladora del alcance de esta transformación. El ICE tiene acceso a drones MQ-9 Predator B/Reaper de General Atomics a través de las Operaciones Aéreas y Marítimas de La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), según informó Flying Magazine. Estos sistemas no tripulados, operados desde bases en Grand Forks (Dakota del Norte), Sierra Vista (Arizona) y San Angelo (Texas), vuelan a 20,000 pies de altitud con cámaras infrarrojas, video de alta definición y el sistema VaDER (Vehicle and Dismount Exploitation Radar), que emplea inteligencia artificial para rastrear vehículos y personas en movimiento. Estos mismos drones fueron desplegados sobre Los Ángeles durante protestas en junio de 2025: esto difumina por completo la línea entre el control policial doméstico y las operaciones militares.

Veamos lo que cuenta Bloomberg;

En las últimas semanas del año fiscal 2025, las agencias de control de inmigración de la administración Trump se lanzaron a una ola de gastos para equipar a los oficiales a medida que se desplegaban por las ciudades estadounidenses: 12,2 millones de dólares en rifles, 11,3 millones de dólares en pistolas Taser y 3,7 millones de dólares en municiones químicas y material menos letal.
Estos se encontraban entre una gran cantidad de armas, municiones y equipos de protección fabricados o vendidos por empresas que han visto un enorme aumento en los ingresos del Departamento de Seguridad Nacional, incluidas varias que generalmente venden sus productos a los militares.
Por ejemplo, Geissele Automatics , un fabricante de armas con sede en Pensilvania que tiene contratos con el Departamento de Defensa y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), acordó vender 9,1 millones de dólares en armas largas de precisión y accesorios al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y 3,1 millones de dólares en rifles a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) en septiembre, dos de los acuerdos más importantes de la compañía con el gobierno federal. (El fundador de Geissele Automatics, William Geissele, declinó hacer comentarios, alegando un acuerdo de confidencialidad).
Ese mismo mes, cuando la administración Trump comenzó a centrar su ofensiva migratoria en Chicago, el ICE acordó gastar casi 140 millones de dólares en armas, municiones y otros equipos para sus oficiales. De esa cantidad, más de 7 millones se destinaron a capacitación para apoyar el aumento masivo de contrataciones prometido por la administración. La CBP encargó otros 65 millones de dólares en dicho equipo, que abarca desde uniformes hasta máscaras de gas y chalecos antibalas.
El resultado ha sido claramente visible en los barrios de Chicago y otras ciudades de todo el país, donde agentes armados y enmascarados de agencias policiales federales han estado arrestando a inmigrantes y ciudadanos por igual, disparando a los manifestantes con bolas de pimienta y lanzando botes de gas lacrimógeno a las multitudes.

La operación cuenta, además, con los sistemas de inteligencia artificial, creados por Palantir, para rastrear migrantes y cruzar sus datos, entre muchos otros. Una de las últimas “innovaciones” es, por ejemplo, es el armado de una base de datos maestra por parte de la empresa Parlantir y Databricks que cruzaría la información de organismos como el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), como la Administración del Seguro Social (SSA) y el Servicio de Impuestos Internos (IRI). “Uno de sus objetivos es utilizar estas bases de datos para impedir que los inmigrantes participen en la economía y forzar que abandonen el país”, según Wired.

Palantir Technologies se ha convertido en el arquitecto digital de la deportación masiva. La empresa, fundada con capital inicial de la CIA, ha obtenido más de 900 millones de dólares en contratos federales desde la inauguración de Trump en enero de 2025, según documentó el American Immigration Council. Su contrato ImmigrationOS de 30 millones de dólares, firmado en abril de 2025, proporciona “visibilidad casi en tiempo real sobre objetivos de deportación”. La vigilancia biométrica ha alcanzado escala industrial. Clearview AI recibió 9.2 millones de dólares para su sistema de reconocimiento facial (Brennan Center for Justice, Biometric Update), una plataforma alimentada por miles de millones de imágenes extraídas de internet y redes sociales sin consentimiento. La aplicación Mobile Fortify permite a los agentes escanear rostros en campo y cotejarlos contra 200 millones de fotografías en segundos. El sistema BI2 captura imágenes de iris para verificación biométrica instantánea. Además, el ICE tiene un contrato de dos millones de dólares con Paragon, una empresa israelí de cybervigilancia relacionada con el exprimer ministro israelí Ehud Barak, cuyo principal servicio está dedicado a penetrar en teléfonos inteligentes y recuperar sus chats en aplicaciones como Signal o Whatsapp.




La vigilancia digital del ICE llega hasta el punto de haber contratado una herramienta de IA, conocida conocida como ONYX., que mapea las publicaciones de redes sociales para ubicar personas que representen un “peligro” para la agencia. “El software analiza publicaciones y redes sociales anteriores para identificar a cualquier persona que considere con tendencias violentas o que guarde rencor contra la agencia. Esto crea un estado de vigilancia preventiva donde el tono en línea de un individuo podría desencadenar una investigación en el mundo real”, de acuerdo al periodista Daniel Joshua Flores.

Unos de los ejemplos más distópicos es el sistema Elite armado por Palantir; una ventana al futuro sobre cómo puede servir la IA para perseguir a las personas;

A principios de este mes, 404 Media informó sobre una herramienta de rastreo empleada por el ICE y desarrollada por Palantir Technologies , el gigante del software con sede en Denver. La herramienta, denominada ELITE, recopila datos de Medicaid y otras bases de datos gubernamentales para generar expedientes y pistas sobre personas que el ICE considera que podrían ser deportables. Esta herramienta forma parte de la consolidación de los vínculos entre la empresa tecnológica y el ICE.
Según el informe de 404 Media, ELITE funciona utilizando datos de Medicaid para ayudar a la agencia a identificar y arrestar a personas para su deportación, mapeando posibles objetivos y proporcionando un “puntaje de confianza” sobre la dirección actual de cada individuo. La herramienta, que se basa en la larga trayectoria de Palantir como proveedor clave de infraestructura de datos para el control migratorio, subraya cómo la información sobre salud y prestaciones, que muchos estadounidenses dan por segura, se está reutilizando cada vez más con fines de vigilancia y control.
El año pasado, el ICE y los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid firmaron un acuerdo de intercambio de datos que permitiría al ICE recibir los datos personales de casi 80 millones de pacientes de Medicaid. El acuerdo fue reportado inicialmente en julio por Associated Press, y los documentos se publicaron a principios de este mes como resultado de una demanda interpuesta por 404 Media y la Fundación para la Libertad de Prensa contra el DHS.
Palantir también participa en un contrato independiente por menos de 100.000 dólares con el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS), organismo que gestiona las solicitudes de ciudadanía y tiene estrechos vínculos con el ICE, según documentos revisados ​​por Fortune en diciembre pasado. En ese momento, Palantir se negó a comentar sobre la naturaleza del contrato.

Este Estado Policial de hipervigilancia contra los migrantes está cada vez más militarizado al punto que solo en 2025, el Pentágono destinó dos mil millones de dólares para la detención de “migración”. Además, por primera vez, se usaron más de diez mil tropas de la Guardia Nacional para localizar y detener migrantes, según documentos obtenidos por la Radio Pública Nacional de Estados Unidos. Los congresistas demócratas, , determinaron en un informe que el Departamento de Defensa destinó; “1.300 millones de dólares para el despliegue de tropas y recursos en la frontera, al menos 258 millones de dólares para apoyar las órdenes de Trump de desplegar tropas en Los Ángeles, Chicago, Portland y Memphis, al menos 420,9 millones de dólares para detener a inmigrantes en instalaciones militares nacionales y bases en el extranjero como Guantánamo y Camp Lemonnier en Yibuti, y 40,3 millones de dólares para vuelos militares para deportar y transportar a detenidos no ciudadanos”.

Esta transformación incluye el despliegue de tropas militares activas en operaciones de deportación en territorio estadounidense y la conversión de instalaciones militares en centros de detención masiva.

El centro de detención de Fort Bliss, conocido como “Camp East Montana”, simboliza la fusión entre infraestructura militar y control migratorio, según denunció la American Civil Liberties Union. Este complejo de 1.26 mil millones de dólares, inaugurado el 1 de agosto de 2025, se ubica en una base del Ejército en El Paso, Texas —el mismo sitio que el gobierno federal utilizó para internar a japoneses-americanos durante la Segunda Guerra Mundial. Con capacidad actual para 2,700 detenidos, la instalación tiene planes de expansión hasta 5,000 camas, lo que la convertiría en el mayor centro de detención federal del país. La elección del emplazamiento no es accidental: Fort Bliss ofrece al ICE infraestructura militar preexistente, aislamiento geográfico en zona desértica, y una cadena de mando que opera al margen de la supervisión civil que enfrentarían centros de detención urbanos. El paralelo histórico con los campos de internamiento de la Segunda Guerra Mundial subraya una continuidad inquietante en el uso de bases militares para la detención masiva de poblaciones civiles por motivos étnicos o migratorios. Otro centro militares utilizado para encarcelar migrantes fue la base de Guantánamo en Cuba, conocida por haber sido un centro de torturas durante la Guerra Contra el Terror.

Toda esta militarización genera rechazo en varios sectores del ICE y de los militares estadounidense, quienes ven con bastante desagrado como los nuevos agentes antimigratorios son hombres con tatuajes de ultraderecha. Leamos este reportaje del periodista Ken Klippenstein:

Aunque apoyo a esta administración, se necesita más sentido común en situaciones como esta, no una narrativa impulsiva de control de daños que no concuerda con la evidencia en video”, dijo un agente de la Patrulla Fronteriza en un grupo de chat privado que compartí conmigo. “A Alex Petris le dispararon entre 8 y 9 veces mientras estaba desarmado”.
No siempre podemos apoyar lo que sucede sólo porque se trata de uno de nosotros”, añade.
Un agente del ICE fue aún más crítico. “Otro tiroteo mortal ‘justificado’... diez contra uno y, por alguna razón, no encontraron la manera de reducir al tipo ni usar una arma menos letal”, dijo el agente. “Todos llevan cinturones y chalecos con 9000 piezas de equipo, ¿y lo máximo que pueden hacer es dispararle a un tipo por la espalda?”
En general, como alguien que ha estado cubriendo esto durante meses, me sorprende el enojo de los oficiales de seguridad nacional con sus propias agencias y su desprecio tajante hacia los líderes de Washington. Todos los oficiales de inmigración que entrevisté para este reportaje hablaron bajo condición de anonimato.
La caída de la moral y los estándares en descenso son un tema constante que he detectado, problemas que, según estas fuentes, han estado enconándose mucho antes de las muertes de Pretti y Renee Good (y que contribuyeron en gran medida a estos resultados).
Más de un agente del ICE en particular se quejó de cómo el enfoque de Washington en etiquetar a los manifestantes como “impedimentos” para las funciones federales (y por lo tanto violando la ley), y la difamación de “Antifa” y otros etiquetados como agitadores pagados, izquierdistas, radicales, extremistas y terroristas está confundiendo las filas y al mismo tiempo distrayendo a todos de la misión de control de inmigración.
Podría seguir y seguir, pero en general ha sido una experiencia ridícula”, me dijo un agente de ICE. Dice que muchos agentes en el terreno simplemente están aceptando la ampliación de la misión porque les interesa más su paga diaria fuera de casa y cobrar horas extras que la misión en sí.
Otros expresan el cinismo típico de todos los que trabajan en la base de cualquier cadena burocrática, desdeñando la rápida expansión del ejército de ICE y meneando la cabeza ante los ridículos aumentos presupuestarios por los que se lucha en Washington y que no tendrán ningún impacto en el lugar donde trabajan.
Los nuevos agentes son unos idiotas”, me dijo un experimentado agente del ICE asignado a investigaciones de seguridad nacional. Casi todos con quienes hablé compartieron esta opinión, y varios opinaron que la muerte de Pretti fue culpa de algún joven recluta asustadizo que entró en pánico al oír la palabra “pistola” (si es que eso fue lo que pasó).
Incluso uno de los nuevos reclutas del ICE coincidió con la mala evaluación que el experimentado agente hizo de la generación de novatos de Trump. “Muchos de ellos”, dijo, refiriéndose a los nuevos reclutas del ICE con los que trabajó, “son, sinceramente, bastante sospechosos”.
El nuevo oficial de ICE continuó: “Pensé que se suponía que los agentes federales debían ser pulcros, pero algunos de ellos pasan un frasco mientras vigilamos a un sospechoso”, y observó también que los nuevos “tienen algunos tatuajes raros”.
Me han dicho que esos tatuajes simbolizan que los nuevos reclutas tienden a tener una mayor motivación ideológica que los del pasado. Este problema se agrava por el hecho, mencionado por varios oficiales, de que el ICE depende de voluntarios para ir a Minneapolis y otras ciudades demócratas en estos despliegues temporales. Esto suele favorecer a los nuevos reclutas y a quienes buscan el pago de horas extras.
No está claro cómo se organizan estos grupos de trabajo en ciudades como Minneapolis o, de hecho, “quién” está a cargo y en control, pero aquellos que entrevisté coinciden en que la situación está cambiando, que algunas agencias (como el FBI) ​​están cada vez más ausentes en el terreno y otras están expresando su renuencia a participar en misiones no relacionadas con la inmigración.
Lo último que supe”, dice un oficial de ICE, “es que el FBI ya no quería ayudarnos mucho, especialmente en Minneapolis, debido a la mala prensa”.
Otra rama del ICE, Operaciones de Detención y Deportación (ERO), “está siendo presionada fuertemente [para servir en las calles contra los manifestantes]”, dice el oficial, y agrega que “muchos hombres [están] totalmente exhaustos allí afuera con mucha presión sobre ellos” para llevar a cabo misiones no migratorias.
A pesar de la bravuconería de una operación sin concesiones y del apoyo incondicional que Washington expresa a los tiradores, hay indicios de que la administración Trump está cada vez más preocupada por la reacción negativa del público (y de ambos partidos). El presidente Trump publicó hoy una declaración inusualmente conciliadora en Truth Social.
El gobernador Tim Walz me llamó para solicitarme que colaboráramos en Minnesota”, dice la publicación. “Fue una muy buena decisión, y, de hecho, parecía que estábamos en la misma onda”.
Ese es un tono muy diferente al adoptado por su asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, quien afirmó poco después de la muerte de Pretti que la enfermera de cuidados intensivos (que en realidad era una empleada del gobierno federal) era una “terrorista doméstica”.
Cuando se le preguntó hoy a la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, si Trump está de acuerdo con Miller, respondió: “No he escuchado al presidente caracterizar al señor Pretti de esa manera”.
Y esta noche, se conoció que el comandante general de la Patrulla Fronteriza, Greg Bovino, ha sido degradado de su cargo y, según se informa, planea retirarse.
Incluso hay señales de que el Congreso finalmente también ha decidido ponerse manos a la obra, tal vez para hacer algo que capture el sentimiento popular y trabaje para desescalar la situación.
Un oficial me comentó que la nueva reticencia sobre el terreno en Minneapolis tiene consecuencias positivas y negativas. La buena noticia es que los líderes “se están esfumando en reuniones legales urgentes”, cada vez más preocupados por la posibilidad de que supervisen asesinatos similares, pero también ausentes en las calles como líderes que podrían fomentar la desescalada y desalentar a los entusiastas y a los demasiado entusiastas.
Peor aún, dicen las fuentes, la seguridad nacional en Washington hace su estupidez de tratar de desviar las críticas sobre su propio comportamiento al plantear el espectro de manifestantes (y otros) atacando a ICE y la Patrulla Fronteriza en venganza por los asesinatos de Pretti y Renee Good.
Varios agentes describieron haber recibido información sobre amenazas de represalia al ICE, inspiradas por el tiroteo de Minneapolis. “Se lo toman muy en serio, como si estuviéramos luchando contra insurgentes”, como si Minneapolis fuera Bagdad, dijo un oficial del ICE.
Aunque todos los agentes federales con los que hablé este fin de semana apoyan la aplicación de las leyes migratorias, en realidad ven la operación de Minneapolis como algo completamente distinto: una contrainsurgencia de duración indefinida en una tierra lejana y bajo un liderazgo desconectado de la realidad en Washington, más preocupado por la imagen que por la inmigración.

La novedad de la Administración trumpista no solo es el aumento presupuestario a niveles astronómicos para el ICE, que alcanzan los 75 mil millones según la ley One Beatiful Bill, tampoco la utilización de leyes adhoc para controlar enormes multitudes, como la de Enemigos Extranjeros o el coqueteo con invocar la Ley anti Insurrección para ocupar ciudades con militares, sino la fusión militar-policial para convertir a los civiles estadounidenses en enemigos internos parecidos a militantes de Al Qaeda o el Estado Islámico. Trump trata a los migrantes, y a quienes protestan contra el ICE, igual que a las personas de los países que bombardea.



Fuente: Bruno Sgarzini

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