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jueves, 25 de septiembre de 2025

La humanidad rebasa el séptimo límite planetario para una existencia segura: la acidificación de los océanos

 

Redactor en El Salto.



El Instituto para la Investigación del Cambio Climático de Potsdam advierte de que en el último año, el pH de los océanos ha sobrepasado el umbral crítico, sumándose a los otros seis sistemas de soporte de la Tierra ya traspasados



La acidificación oceánica se ha incrementado entre un 30% y un 40% desde la era preindustrial, sostiene la investigación publicada este miércoles.


     “Estamos poniendo en riesgo la estabilidad de los sistemas de soporte de la Tierra. Más de tres cuartas partes ya no están en la zona segura”. Así de contundente se ha mostrado Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Cambio Climático (PIK, por sus siglas en alemán), en la presentación del último informe del Laboratorio de Ciencias de los Límites Planetarios del organismo científico germano hecho público miércoles.




El trabajo, la tercera edición de un informe que analiza procesos clave para el desarrollo de la vida en la Tierra, certifica que la acidificación de los océanos ha pasado los límites considerados seguros para la vida marina, lo que supone que este epígrafe pasa a engrosar la lista de sistemas de soporte terráqueo que se han traspasado ya debido a la actividad humana. Se trata de la certificación de algo que ya había adelantado un estudio del Laboratorio Marítimo de Plymouth (Reino Unido), la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y la Universidad de Oregón (EE UU), que cuantificaron el rebasamiento de ese umbral en diferentes puntos del planeta.




De un total de nueve límites, solo dos se mantienen en la zona segura: el agujero de ozono y la contaminación de aerosoles y partículas en la atmósfera. Los otros seis —todos más allá del umbral crítico considerado por el PIK— son la crisis climática, la integridad de la biosfera (pérdida de biodiversidad), el uso de agua dulce, la deforestación y los cambios de uso del suelo, la introducción de nuevas entidades en el medio (contaminación química) y los flujos biogeoquímicos de nutrientes (ciclo del nitrógeno y el fósforo). Todos ellos muestran signos de empeoramiento frente a la anterior edición del informe, publicada en 2024. 

Otro problema causado por la era del petróleo

La inclusión de la acidificación oceánica viene impulsada, principalmente, por la quema de combustibles fósiles y la mayor presencia de CO2 en la atmósfera. El agua absorbe un dióxido de carbono cada vez presente en mayor cantidad en el aire, lo que hace disminuir el pH de los océanos. Asimismo, el problema se agrava por la deforestación y los cambios de usos del suelo, lo que “degrada la capacidad de los océanos para actuar como reguladores del clima”, sostienen desde el PIK.

Los datos analizados e integrados en el informe, titulado Salud Planetaria 2025, indican que el estado medio global de saturación superficial de aragonita, un indicador de la acidificación del agua de los océanos, es ahora de 2,84, justo por debajo del límite planetario revisado por el PIK de 2,86. Esta cifra supone que este valor es hoy solo el 80% del que era antes de la era preindustrial y que el pH ha caído 0,1 unidades desde entonces, lo que implica un incremento de la acidificación oceánica de entre el 30 y el 40%, según detalla la investigación.




Tal como señala, Levke Caesar, científica del PIK y una de las coautoras del estudio, si bien “el problema es global y todas las áreas de los océanos, el fenómenos es más fuerte en las áreas polares”. También afecta especialmente a ecosistemas clave, como los corales de aguas frías o los arrecifes tropicales. “Los niveles de oxígeno están disminuyendo y las olas de calor marinas se están intensificando. Esto genera una mayor presión sobre un sistema vital para la estabilidad del planeta Tierra”, añade Caesar, quien ha recordado que este problema afecta a toda la cadena trófica al incidir especialmente sobre los pterópodos, fuente de alimento para múltiples especies, incluidas las que consumen los humanos.


Según algunos estudios, Venecia podría quedar sumergida para el año 2150.

Sin mares sanos no hay planeta sanos estudios, Venecia podría quedar sumergida para el año 2150

Tal como ha recordado la oceanógrafa Sylvia Earle durante la presentación del informe, “el océano es la casa de la mayoría de las especies del planeta”, pues supone más del 90% del espacio vital por volumen y la mayor reserva de biodiversidad del planeta. Pero más allá, Earle ha destacado que los mares son “el sistema de soporte vital de nuestro planeta”. “Durante miles de millones de años, el océano ha sido el gran estabilizador de la Tierra: genera oxígeno, regula el clima y sustenta la diversidad de la vida. Hoy, la acidificación es una señal de alerta crítica. Ignorarla implica el riesgo de colapsar la base de nuestro mundo”.

Si bien siete de los nueve límites planetarios analizados van en la dirección equivocada, desde el organismo alemán han querido incidir en que la cooperación de la humanidad para frenar un problema puede dar un giro de 180ºC a la situación. Caesar ha recordado cómo el Protocolo de Montreal, fruto de la intercooperación global entre humanos, frenó el agujero de la capa de ozono, hoy con claros signos de recuperación. “La acción global funciona”, ha destacado este jueves en la presentación del informe.

En la misma línea, el director del PIK ha señalado: “Aunque la situación sea crítica, aún hay tiempo para actuar. El fracaso no es inevitable; es una elección. Una elección que debemos y podemos evitar”.


Fuente: El Salto

sábado, 24 de agosto de 2024

El Mediterráneo al rojo


Antonio Turiel es investigador científico en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.
Juan Bordera es guionista, periodista y activista en Extinction Rebellion y València en Transició.


Nuestra ‘civilización’ ha forzado un aumento de la radiación retenida por el planeta y, al igual que en el principio de la interglaciación, es el mar Mediterráneo uno de los lugares que más rápido está reaccionando.

Barcos destrozados tras el paso de la dana por las Islas Balerares - RTVE

     Si han seguido la actualidad, sabrán que el mar Mediterráneo está al rojo. Ese es el color que domina en los mapas.


Mapa de la web del SOCIB elaborado con datos de Copernicus


El mar Mediterráneo está ardiendo. La temperatura de su superficie supera los 30º C en algunas zonas, y la media en toda la cuenca rebasó los máximos desde que se realizan mediciones. Y lo que es peor, en toda su superficie se están batiendo récords de manera sostenida en el tiempo. Y debajo de la superficie, olas de calor marinas, que están arrasando los ecosistemas para nuestra desesperanza, puesto que dependemos de ellos.

Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa…

Los titulares de estos días nos relatan con precisión los datos recientes, alarmantes, sin duda, pero si hacemos un análisis con más detalle veremos que la situación es, incluso, mucho más preocupante de lo que se está contando.

Cuanto más caliente está la atmósfera, más vapor de agua puede retener. Esto implica más agua precipitable y aire más bochornoso

Cuanto más caliente está la atmósfera, más vapor de agua puede retener: aproximadamente un 7% más por cada grado centígrado que sube la temperatura del aire. Esto implica más agua precipitable y aire más bochornoso, menos vivible, en las zonas costeras.

Cuanto más sube la temperatura, más CO2 se disuelve en el agua y más se acidifican los océanos, provocando la destrucción de los corales (el temido blanqueamiento), donde habita la mayor biodiversidad de todo el planeta. En la actualidad, prácticamente todo el Mediterráneo está en los niveles máximos de alerta por el blanqueamiento de corales, según la Administración Nacional para el Océano y la Atmósfera estadounidense (sí, esta misma NOAA que Trump ha anunciado que va a cerrar).


Mapa del Coral Reef Watch de la NOAA

Cuanto más sube la temperatura del agua, menos oxígeno retiene la misma, y entre el estrés térmico y la anoxia se producen episodios de mortandad masiva de peces, estrellas de mar, moluscos…

Cuanto más sube la temperatura no solo de la superficie, más energía hay disponible para intensificar las tempestades

Por último, cuanto más sube la temperatura no solo de la superficie, sino de toda la capa más superficial del océano (la capa de mezcla), más energía hay disponible para intensificar las tempestades que aciertan a pasar por los “puntos calientes” del mar. Y así estas se vuelven más destructivas, con datos de vientos y de precipitación como nunca antes se han registrado, y encima siendo muy difícil predecir dónde golpearán y con cuánta intensidad, dado el enorme carácter caótico de un sistema atmósfera-océano con tanta energía disponible.

A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura

Hace unos 12.000 años, cuando empezábamos a abandonar el clima frío del último ciclo glacial, las primeras culturas megalíticas –conocidas– se empezaron a extender por lo que hoy es Turquía. Muchos yacimientos se han encontrado recientemente entre las fronteras de Turquía y Siria que han alterado profundamente la visión de la Historia tal y como se aceptaba hasta hace muy poco. Destaca entre ellos por encima del resto el encontrado en Göbekli Tepe, la Colina Panzuda, cerca de la localidad turca de Sanliurfa. A este lugar se le conoce ya como El primer templo de la Historia.


Yacimiento arqueológico de Göbekli Tepe

Pues bien, quizá os preguntéis ¿qué tiene que ver esto con lo que está pasando hoy en el Mediterráneo? Y la respuesta es: todo.

Fue precisamente el contexto de un mar prácticamente cerrado el que propició que el Mediterráneo fuese una de las zonas que experimentase antes los efectos del calentamiento natural que produjo el último fin de ciclo glacial, sobre todo en la cuenca levantina, el Mediterráneo Oriental, que siempre ha sido más cálido que el Mediterráneo Occidental. Eso posibilitó que esos primeros pueblos organizados tuvieran éxito en sus experimentos en las fértiles tierras de la ribera oriental hasta extender el uso de la agricultura y la ganadería antes que en ningún otro sitio. El Creciente Fértil. Allí comenzaron las primeras grandes civilizaciones: Babilonia, Mesopotamia, Persia… Pero, como decía Honoré de Balzac, “los bosques preceden a las civilizaciones, los desiertos las suceden”. A medida que el mundo se fue internando en el período interglacial, el Mediterráneo Oriental siguió calentándose, y lo que entonces fue fértil ahora es el abrasador desierto entre Jordania, Irak e Irán. Como contrapartida, el resto del Mediterráneo se volvió más templado y surgieron nuevas civilizaciones que se extendieron hacia el oeste, principalmente Grecia y Roma.


Creciente Fértil

El Mediterráneo uno de los lugares que más rápido está reaccionando al aumento de la cantidad de radiación retenida

Ahora, nuestra todopoderosa civilización global ha forzado un aumento de la cantidad de radiación retenida por el planeta, y, al igual que en el principio de la interglaciación, es el Mediterráneo uno de los lugares que más rápido está reaccionando. Y es por eso que se está convirtiendo en un sitio de los que más rápido van a experimentar un aumento en el número e intensidad de los fenómenos extremos.

Lo que nos benefició antaño para “crear las civilizaciones”, ahora puede acabar con ellas. Las altas temperaturas y las prolongadas sequías ponen en peligro las cosechas de trigo en uno de los graneros del mundo. Los incendios son cada vez más graves, tempranos y descontrolados, como el que hace unos días asedió Atenas. Y a partir de los 28ºC de temperatura superficial, el mar puede convertir cualquier tempestad en un verdadero huracán (un medicán, por ser más exactos), simplemente si las condiciones atmosféricas son las adecuadas: ya hemos visto en Menorca lo que una dana no especialmente importante puede producir. Con esas tempestades vendrán tornados, granizo del tamaño de puños, inundaciones, marejadas tormentosas…


Un tornado y una fuerte granizada golpean Menorca en el verano de 2024

Y dejad que el temporal desguace sus alas blancas

No queda ya tiempo para dudar, pero aún hay tiempo para ponerle freno. Hay que reducir drástica y rápidamente las emisiones de CO2 y eso implica algo más que las típicas medidas cosméticas o desviar la atención con las instalaciones renovables que, aunque útiles, no valen por sí mismas para reducir emisiones si no van acompañadas de un verdadero plan de decrecimiento. Uno pilotado y ordenado que nos permita garantizar el bienestar, mientras intentamos encajar las múltiples piezas del complejo sistema climático en las que todo está interconectado de manera no lineal. Por ejemplo, una medida obviamente positiva que se tomó con la implantación de la nueva normativa marítima, la IMO 2020, ha llevado a una disminución de las emisiones de dióxido de azufre por parte de los barcos, algo imprescindible, ya que combinado con agua el SO2 da ácido sulfúrico que daña ecosistemas y los pulmones de quien lo respira. Pero al tiempo ese dióxido de azufre formaba aerosoles que apantallaban el incremento de radiación debido a los gases de efecto invernadero y no nos dejaban notar el calentamiento con toda su magnitud. Ahora, que se han reducido, el calentamiento sobre todo en Europa y sus mares se ha acelerado enormemente, acortándonos el tiempo de reacción. Debemos reaccionar ya, debemos hablar seriamente de decrecimiento y proponer planes rápidos y realistas para abandonar los combustibles fósiles. Antes de que el Mediterráneo vire del rojo intenso al blanco nuclear.

En 1971, Joan Manuel Serrat escribió su archiconocida Mediterráneo. En 1984, escribió otra canción no tan conocida, Plany al mar, en la que anticipaba con clarividencia lo que hoy, 40 años más tarde, estamos viviendo.

Mireu-lo fet una claveguera
Ferit de mort

Quanta abundància
Quanta bellesa
Quanta energia
Ai, qui ho diria!
Feta malbé!

Per ignorància, per imprudència
Per inconsciència i per mala llet


Fuente: Cxtx