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lunes, 29 de septiembre de 2025

Aquella brisa de los veranos de antes (15 de 20)

 

 Por  Pedro Costa Morata
      Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.


Alarma en el Noroeste murciano: el CO2, ese invitado indeseable


No, no es posible la tranquilidad sanitaria, climática o ambiental en la comarca murciana del Noroeste. De pronto, a una ristra de desgracias acumuladas en los últimos años, se ha de añadir una amenaza nueva y novedosa, que un pardillo de la prensa regional ya ha saludado, según usos y costumbres, con evidente aire de satisfacción: “la Región de Murcia puede convertirse en territorio pionero en el almacenamiento geológico de CO2”. Tenemos delante un proyecto que, como tantos otros, cae sobre una región de pronunciado subdesarrollo social y político, abierta siempre a cualquier globito de colores que le ofrezcan pillos u oportunistas nacionales o extranjeros a cambio de extraerle, entre el jolgorio general de sus élites, sus valores naturales más sagrados, sus territorios más valorados o su futuro más sensible.

El proyecto -sigo en cuanto a descripción del proyecto los datos que aporta el diario La Verdad del 28 de septiembre de 2025- consiste en habilitar un almacén subterráneo para acumular, por inyección, CO2 en ingentes cantidades, “hasta 366,4 millones de toneladas”, en un área de 46 kilómetros cuadrados y a profundidades de entre 640 y 850 metros, recurriendo a una estructura porosa y bajo una capa de materiales suficientemente impermeables para que el gas no pueda ascender a la superficie. La zona contemplada, que se sitúa en el municipio de Moratalla en forma de triángulo irregular entre los ríos Benámor y Argos, en la vertiente septentrional de la sierra de la Puerta, fue descrita en su día como adecuada para este tipo de depósito por el Instituto Geológico y Minero (IGME), y ahora señalada por Nexwell, un fondo de inversión norteamericano, como objetivo empresarial.


Área prevista para el depósito (La Verdad-IGME).

Para encarar este proyecto, aunque sea con carácter de urgencia, conviene organizar los argumentos críticos en cuestiones de principio y en aspectos concretos, no sin antes aludir a una “cuestión de procedimiento” que es el hecho de que, como de costumbre, estas cosas se conocen de pronto y por la prensa, sin que las administraciones implicadas informen oportunamente, haciéndolo generalmente siguiendo las indicaciones de las empresas interesadas e incurriendo en deslealtad para con sus conciudadanos. Y así, nos encontramos con que el IGM ya había designado esta zona, secretamente, como apta para el almacenamiento de carbono, pero -más indignante todavía- la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia no ha informado a la opinión pública de ningún movimiento de la empresa interesada, que viene gozando de un “primer permiso de exploración para realizar pequeñas catas superficiales” prorrogado sucesivamente y que ahora amplía para realizar “un sondeo de monitorización preliminar de investigación”. Supongo que el Ayuntamiento de Moratalla no ha tenido conocimiento de esos permisos e intervenciones en su propio municipio, pero en cualquier caso hay que recordarle que cualquier cata o trabajos en el suelo deben someterse a licencia municipal, digamos urbanística, así como al asentimiento de sus propietarios.

El primer “principio general” que surge al abordar este proyecto, que se incluye en el nuevo paradigma de la “descarbonización”, se ampara en las políticas comunitarias y, al parecer, se atribuye a un “retraso” de España en sus iniciativas de retención del CO2, debe inscribirse en esa filosofía -estúpida, fatalista, inaceptable- de “adaptación al cambio climático” que no debe de ser aceptado por una opinión pública informada y consciente, que siempre habrá de exigir que se reduzcan esas emisiones en origen, no “atrapándolas” una vez producidas ni “adaptándose” a ellas.

El segundo es que no se debe aceptar ni dar por hecho que la sociedad desarrollada sea incapaz de resolver sus problemas ambientales, sino que siga empeñada en producirlos, jugando la baza de los depósitos o vertederos de agentes contaminantes, sean residuos urbanos, tóxicos, radiactivos o -como en este caso- químicos de gases de invernadero.

El tercero es que esta iniciativa -de inmenso coste económico y ambiental- se inscribe en la “Feria de la descarbonización”, en la que el capitalismo más voraz y contaminante se pone las botas haciendo de salvador y de solución de sus propias inmundicias, creando para políticos y científicos esa farsa de la “Economía verde” (que nunca quiere ser “ecológica”), como insaciable generadora de “negocios verdes”: con seguridad que el fondo de inversión interesado (hay que indagar, ya, si es de capital judío-israelí, por si hay que redoblar la ofensiva) participa en numerosas empresas gran productoras de contaminación, incluido el CO2, dedicándose -como es habitual en fondos y finanzas- a una cosa y su contraria, a generar contaminación y a sofocarla, a un contendiente bélico y a su enemigo… con esa amoralidad tan propia de los negocios internacionales.

El cuarto sería que hay que vetar la manipulación del subsuelo para su comercialización, de parecida forma (pero, a ser posible, con más éxito) a como habría que prohibir las manipulaciones climatológicas, mirando en primer lugar por la conservación de los acuíferos y su estabilidad general, tanto geológica como físico-química e incluso biológica.

En el conjunto de los principios generales a plantear hay que incluir una consideración que no por necesidad de matices debe de ser ocultada: como otras instalaciones de impacto, preocupación e inseguridad generadas por ciertas industrias y en ciertas zonas, estos depósitos, en realidad “basureros” molestos o peligrosos, deben de planificarse en las áreas que los producen, dado que hay que tener muy en cuenta que el mundo industrial-productivo no tiene la menor intención de reducir la producción de estos residuos o contaminantes, siendo tradicional la actitud de desplazar a áreas lejanas estos perjuicios. Porque las áreas bien conservadas con recursos naturales cada vez más escasos deben de quedar excluidas terminantemente de estas instalaciones abusivas e injustas, anteponiendo las razones éticas y ambientales a las técnicas o políticas; esto tiene carácter casi de ficción, por eso es la opinión pública y la sociedad organizada las que deben imponer el equilibrio y la sensatez en este tipo de alternativas o dilemas. El conflictivo NIMBY (not in my backyard, no en mi patrio trasero) debe teñirse, pues, de estas dos consideraciones vigorosas: que el riesgo lo soporten quienes lo producen y que la resistencia se extienda, también, a quienes participan, aunque sea involuntariamente, en esas actividades de impacto, tanto las poblaciones inmediatas como los sindicatos industriales. En nuestro caso, si hay que habilitar un depósito de almacenamiento del dióxido -aunque debe quedar claro que como principio se trata de una iniciativa rechazable-, este debiera de planearse para el subsuelo de Escombreras o Cartagena, que es donde más CO2 se emite de la Región, y que la ciudadanía “beneficiada” por la industria se enfrente a las contradicciones ambientales del desarrollo industrial, así como a las suyas propias. Solo así se trabaja por un medio ambiente mejor, a través del debate y el conflicto.

        Dentro de las cuestiones concretas a valorar frente a este proyecto, la primera debe ser que el Noroeste es la comarca de mayores valores ambientales de la Región de Murcia; sin embargo, cada día se cierne sobre ella alguna agresión nueva o la agravación de las ya existentes, a las que su gente ha de enfrentarse con todos los instrumentos a su disposición.


Pinares moratallenses.

          Y de esos valores naturales, directamente amenazados por el depósito de CO2, son los acuíferos los que hay que defender a capa y espada, porque ya están sometidos a una odiosa explotación, en buena parte ilegal, y ya muestran su declinación con la ruina de algunas fuentes y manantiales. De ahí que la comarca entera debe impedir que su subsuelo se trajine, y menos por un proyecto que es contradictorio con cualquier política ambiental de alcance, que es osado por la alteración sustancial que hace del subsuelo e injusto por someter a un territorio y unas poblaciones a riesgos y amenazas de cuya generación no son responsables.

         No deja de ser llamativo que el depósito para retener el CO2 se quiera construir precisamente en la zona más boscosa de la región, como es el municipio de Moratalla, y por lo tanto gran absorbente de ese gas, lo que no es ninguna broma ni tomadura de pelo, sino un gesto grotesco que debe reforzar el rechazo.

         Hay que recordar que cuando se trabajó en los depósitos submarinos frente a Vinaroz y el Delta del Ebro, para habilitarlos para almacenamiento estratégico de gas natural, se desencadenó una sucesión alarmante de movimientos sísmicos que se atribuyeron a estos manejos imprudentes del subsuelo (abandonándose finalmente el proyecto).

   Nuestro Noroeste está en apuros y le crecen los enanos. Ahora sufre la agresiva y expansiva enfermedad de la “lengua azul” en su cabaña ovina, precisamente en un territorio donde la calidad de esa cabaña ha generado valores y esperanzas, siempre vinculados al secano y sus potencialidades. Y lleva años soportando la invasión de granjas porcinas insidiosas y pretenciosas, que ya han disparado, sin rubor alguno, esa nueva plaga de las plantas de producción de biogás con origen en los purines de cerdo. Sin que cesen, sino todo lo contrario, las extracciones de agua del acuífero, ilegales o irresponsables, con ampliación constante de nuevos cultivos de regadío y nuevos golpes al territorio y al subsuelo. Con, por añadidura, una persistente acción aérea antigranizo que altera sistemáticamente el ciclo hidrológico.

  Afortunadamente, el otro gran proyecto de almacenamiento subterráneo de CO2 en España, previsto en el Maestrazgo turolense, se viene enfrentando desde que se dio a conocer a un firme rechazo municipal y social. Es el camino que debe seguir el proyecto de Moratalla con sus absurdos “climáticos”, sus agresiones ambientales y sus codicias económicas: un rotundo rechazo y una movilización social amplia, no solo moratallense o del Noroeste, sino de toda la sociedad murciana.


domingo, 29 de diciembre de 2024

Que se mueran las montañas pobres, que se mueran

 

      Ecologísta social.


Este artículo de Julio Fernández se publica después del firmado por miembros cualificados de Ecologistas en Acción en El Salto bajo el título de Energías renovables sí, pero no así. Entonces, ¿cómo? Recomendamos leerlo previamente. Y es que, como dice Julio Fernández al final de este artículo, "necesitamos organizaciones ecologistas nuevas y disidentes, resistentes al capital y en lucha activa contra el venenoso arbitrio que ese mismo capital impone. Organizaciones con las ideas claras, capaces de dar sentido a un ecologismo limpio (...), un ecologismo capaz de ilusionar de una forma colectiva a una sociedad que (...) pronto ha de enfrentarse a un problema de dimensiones colosales".


Que se mueran las montanas pobres, que se mueran.


     Ecologistas en Acción acaba de manifestarse en contra de la expansión de macrorrenovables en el Maestrazgo y la razón que esgrime es que afecta a la Red Natura 2000.


El Matarraña turolense alberga algunos de los paisajes más privilegiados de Aragón - Carlos Colás Curiel.

En cierta ocasión conocí a un médico que decía que no era necesario defender a los pobres porque solo los ricos ponían denuncias. Pobres territorios fuera de esa línea imaginaria trazada de forma arbitraria y que se llama Red Natura 2000, en vuestros suelos puede pasar de todo, porque en ellos no hay nada que valga la pena: no crecen los árboles, las abejas no polinizan, las luciérnagas son cosa del pasado y las aves no se atreven a entrar por miedo a que un guardia de frontera les pida el pasaporte.

Claro que lo que dice Ecologistas en Acción es que se cumpla lo que se escribe en forma de norma, o dicho de otra manera: que si el MITECO fija unos criterios, que no venga el Gobierno (aquí nos entran dudas sobre si el MITECO es parte del Gobierno) a incumplirlos soberanamente.


El territorio aragonés amenazado.

Ha tardado esta organización ecologista en reaccionar, es posible que empujada por un clamor popular que lleva meses zumbando en los oídos de los activistas más finos, y aunque también aquí es válido el dicho de “nunca es tarde si la dicha es buena”, lo cierto es que Ecologistas Zamora, organización a la que pertenezco, y que sigue estando registrada como Asociación Ecologistas en Acción de Zamora, se apartó del organigrama de Ecologistas en Acción (Confederal) después de las propuestas de expulsión recibidas por, precisamente, defender una moratoria en la expansión de los proyectos de macrorrenovables en Castilla y León, al observar la falta de una planificación zonal adecuada por parte tanto del Gobierno como de la Comunidad Autónoma de CyL, en materia de energías renovables.

Pero volvamos al bulo que dio origen al debate, ese que dice que una cosa es mala solo si afecta a otra buena. Es un bulo, me han chivado, lanzado por la extrema derecha, y que traducido a titulares comprensibles viene a decir que el capitalismo verde es inocuo –como el crecimiento sin freno o la extracción ilimitada de recursos–, lo que es puro veneno es hacérselo tragar a una montaña buena, a un paisaje bueno, a un viñedo bueno, etc. Pero, en serio, las macrorrenovables no son malas, no hay datos que prueben que ya van más de medio millón de murciélagos muertos en pocos años, o que para poner una fotovoltaica en medio del campo es necesario cerrar corredores biológicos, o que hay especies desaparecidas por culpa de estos proyectos, o que muchos paisajes han quedado degradados, etc. No, rotundamente no, lo que son malas son algunas montañas y algunas praderas o tierras de cultivo, como las cordilleras de Galicia, que a simple vista ya se ven plagadas de todo tipo de inyecciones curativas. Y todo por no estar dentro de una lista de lugares benditos.

Malditos extremistas de izquierda, siempre inventando historias, que si para poner un triste molino de viento de 200 metros de altura hace falta hacer una carretera, que si las ovejas no pueden pastar en los cercados de las fotovoltaicas porque no hay nadie que les abra la puerta, que si no hay más población en lo rural desde que comenzara la invasión de los megawatios, que si lo del Hidrógeno verde es la mayor estafa de lo que vamos de siglo, que si las plantas de biogás contaminan, que si quemar biomasa no es verde... Ah, y lo último: que desde que empezaron a instalarse este tipo de industrias en el mundo hay muchísima más electricidad circulando de sobra –todavía no sabemos para qué–, pero paradójicamente no han parado de crecer las emisiones de carbono, y que por eso, todo este negocio de lo renovable a gran escala no es más que un añadido, otro más en el suma y sigue del caos climático –también llamado suicidio del capital–.




Malditos extremistas de izquierda, ecologistas radicales que no siguen las instrucciones del ecologismo institucional y subvencionado. Mira que se ponen pesados con eso de que no hay más solución que el decrecimiento en el consumo de materias primas y el crecimiento en la producción de cercanía. Porque todo es cuestión de distancias, repiten como loros, y no es lo mismo generar electricidad de forma comunitaria que poner perdido el monte con millones de kilómetros de líneas de alta tensión que para que mantengan la tensión estable necesitan de fuentes de energía estables –como es lógico– y que funcionen día y noche, haga viento o no lo haga y pongas la lavadora de madrugada o la pongas a pleno sol.

Malditos ecologistas radicales que no aceptan los bulos que se extienden por los periódicos nacionales e internacionales sin aportar pruebas científicas de en qué manera la revolución del capitalismo verde está logrando frenar la extinción de las especies. Malditos, no os creéis nada, joder, nada de lo que es de perogrullo: que hay cosas buenas y hay cosas malas, y que si te toca vivir en un lugar malo, pues te fastidias y punto.

Y para colmo, negáis las bondades de la eólica marina. ¿Pero qué daño os hacen esos alfileres en medio del océano? ¿Por qué pedís pruebas científicas de que no provocan ningún efecto nocivo en los ecosistemas marinos ni a la vista de quienes aman los horizontes? ¿Qué queréis, que os presentemos un informe de impacto medioambiental con millones de corta y pegas? Tenemos ecologistas profesionales dispuestos a eso y más.

Ay, ecologistas puros, ecologistas extremistas y radicales que seguís defendiendo la naturaleza. ¡Pero si eso ya no se lleva! Lo que se lleva es defender la energía. Sí, la energía. ¿Para qué? Eso es lo que menos importa. Lo que importa es que hay subvenciones para generarla, y más tarde ya se verá qué se hace con ella.

¿Que no os creéis lo del coche eléctrico? ¡Lo que nos faltaba por oír! ¿Pero no habéis visto cómo vuelan los burros con el hidrógeno? Parece mentira. Abrid los ojos, descreídos, ruralistas, pretecnológicos y atrasados ecologistas defensores de la biodiversidad como lo único de verdad que no podemos perder en este planeta. Sí, parece mentira. Ah, y dejad ya de poner alegaciones y recursos de alzada.

Fuente: Ecología Extramuros