jueves, 14 de mayo de 2026

Yoram Hazony: el puente intelectual entre el sionismo religioso y el nacionalismo cristiano estadounidense

 

      Analista y colaborador de Descifrando la Guerra.


     El nacionalismo religioso ha vuelto al centro de la escena política occidental. Nunca desapareció, pero ha pasado de los márgenes del orden liberal a los centros de mando de la coalición trumpista. Y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, presentada como una contienda sagrada, está siendo el mejor ejemplo.

El 28 de febrero, en el comienzo de la agresión, Benjamín Netanyahu comparó a Irán con el Amalek, que en la tradición rabínica representa el enemigo absoluto al que el pueblo judío debe “borrar de la memoria”.

Si en el Despacho Oval una delegación de pastores evangélicos imponía las manos sobre Donald Trump bendiciendo sus acciones en Oriente Medio, Pete Hegseth dirigió un oficio cristiano en el Pentágono pidiendo a Dios "romper los dientes" de los “enemigos malvados”, en referencia a los iraníes.

Todo ello mientras Peter Thiel terminaba en Roma su gira de conferencias sobre el Anticristo y Viktor Orbán se presenta en las elecciones húngaras como el defensor de la cristiandad europea.

En medio de la ruptura de todos los consensos internacionales que acompañaron a la hegemonía estadounidense al término de la Guerra Fría, el nacionalismo cristiano está emergiendo como un vertebrador de la refundación de la extrema derecha internacional. Este giro ideológico no surge de la nada. Llevaba años cociéndose en todo un entramado de conferencias, think tanks y publicaciones donde un nombre reaparece con insistencia: Yoram Hazony.


A través de la figura intelectual de Yoram Hazony se pueden explorar los vínculos entre el sionismo religioso y el nacionalismo cristiano.

Colono israelí, estudioso de la Torá y exasesor de Netanyahu, Hazony no es el único puente entre el sionismo religioso y el nacionalismo cristiano, pero sí es con probabilidad el más sistemático a nivel ideológico. Sus obras ofrecen al MAGA –un movimiento más reactivo que doctrinario– una base teórica y una infraestructura que reúne anualmente a las principales figuras de la derecha trumpista internacional.

La obra de Hazony parte del rechazo tajante al universalismo y la Ilustración. La idea de que las sociedades están formadas por individuos libres e iguales que firman un contrato social estaría en la raíz de la destrucción de las tradiciones que dan solidez a la vida en común.

Frente al racionalismo ilustrado de Spinoza o Kant, que habría llevado en última instancia a la decadencia de las sociedades occidentales, Hazony reivindica el empirismo conservador anglosajón: el individuo no existe aislado, sino en familias, tribus y naciones ligadas por lealtades heredadas, y la religión de los antepasados es lo que les da cohesión.

De esa premisa se siguen dos rupturas. En el plano interno, cada nación debe organizarse en torno a la religión de su mayoría histórica –el judaísmo en Israel y el cristianismo en Estados Unidos–.

En el plano internacional, la crisis de las sociedades occidentales vendría motivada por la pérdida de las identidades nacionales que el "globalismo" de liberales y "neomarxistas" habría impulsado desde el final de la Guerra Fría.

De los asentamientos a la derecha estadounidense

La teoría política de Hazony tiene mucho de sus propias vivencias. Nacido en 1964 en una familia judía ortodoxa, pasó su juventud entre Israel y un Princeton liberal donde sus valores conservadores encontraron difícil acomodo.


Yoram Hazony, dirigiéndose a la Conferencia Nacional Conservadora la semana pasada en Washington, D.C., dijo a la multitud: ‘Estamos en el poder. Nuestros amigos están en el poder’.

En contraste, Hazony encontró en la visita a Princeton del rabino Meir Kahane –fundador de la Liga de Defensa Judía, organización considerada terrorista en Israel por sus ataques contra palestinos– un primer referente intelectual del mesianismo sionista. El propio Hazony lo recordaría así en un obituario tras su muerte:

El rabino Kahane era el único líder judío al que le importaban lo suficiente nuestras vidas como para venir a decirnos qué pensaba que podíamos hacer; el único que parecía entender cuánto deseábamos una buena razón para seguir siendo judíos".


Preparando a los niños en los asentamientos colonos israelíes.

Aún siendo muy minoritario, el kahanismo actuó como incubadora del sionismo religioso, se hizo especialmente fuerte entre los colonos y hoy muchos de sus postulados los defienden tanto Netanyahu como los ministros más radicales de su gobierno.


La ideología del sionismo religioso marca la agenda política y militar del gobierno israelí, difuminando la frotera entre religión y Estado.

En aquel momento de auge primigenio del sionismo religioso, el propio Hazony se trasladó en 1989 a la colonia de Eli, en el centro de la Cisjordania ocupada. Allí actuó como asesor de un joven Benjamín Netanyahu, aún ministro de Exteriores, al que ayudó a elaborar A place among the nations (1993), el libro que sentaría las bases de su programa político como futuro primer ministro.

Desde entonces, Hazony ha venido combinando la labor académica en torno al estudio de la Torá, enfocándola como un tratado de filosofía política, con la creación de numerosos think tanks sionistas en Estados Unidos.

Sin embargo, no sería hasta 2018, el mismo año en el que la Knéset aprobó la ley que proclamaba a Israel como Estado judío, cuando Hazony publicó La virtud del nacionalismo, el libro que le catapultó al centro de una escena conservadora en plena mutación. La obra trata de presentar al nacionalismo y el imperialismo como dos tendencias contrarias a lo largo de la historia.

La primera consistiría en defender la soberanía nacional en base a las tradiciones religiosas milenarias de cada nación. Su ejemplo paradigmático sería la fundación del pueblo judío y la codificación de sus "derechos nacionales" en la Torá, tradición que posteriormente habría recuperado la Reforma protestante frente al Sacro Imperio Romano Germánico.

La segunda, la imperialista, estaría asociada a la pretensión de universalidad, del Imperio Romano hasta el liberalismo kantiano y el internacionalismo marxista, que buscarían eliminar las tradiciones culturales propias de cada nación.

El libro ofreció así un armazón teórico sistemático al conservadurismo internacional en pleno auge del combate contra las instituciones "globalistas" surgidas tras 1945 –las Naciones Unidas, la Unión Europea o el Tribunal Penal Internacional– y consideradas como formas encubiertas de imperialismo, y se convirtió en una libro de referencia para JD Vance o Giorgia Meloni. Cuatro años más tarde, con Conservatism: A Rediscovery (2022), Hazony cerró el movimiento.

Su tesis es que, tras la caída del Muro de Berlín, el liberalismo dejó de ser un aliado táctico frente al comunismo y, arrastrado por un "neomarxismo" cultural que habría colonizado universidades, medios y tribunales, se convirtió en una amenaza para la soberanía de cada nación. La única salida sería una ruptura explícita con el liberalismo y la refundación del conservadurismo estadounidense sobre bases antiliberales.

El impacto del National Conservatism

La influencia de Hazony va más allá del plano intelectual. En 2019 fundó en Washington la Edmund Burke Foundation junto a David Brog, exdirector ejecutivo de Christians United for Israel (CUFI), la principal organización sionista cristiana de Estados Unidos, que declara contar con 10 millones de afiliados. El puente entre sionismo religioso judío y nacionalismo cristiano evangélico quedaba así tendido.

La Burke Foundation organiza desde 2019 las conferencias anuales del National Conservatism (NatCon), que se han convertido en lugar de encuentro de los principales ideólogos de la derecha internacional, de MAGA al Hindutva indio, pasando por líderes europeos como Orbán, Farage o Meloni.

La declaración de principios, coredactada por Hazony, condensa la visión del Conservadurismo Nacional: "Allí donde exista una mayoría cristiana, la vida pública debe estar enraizada en el cristianismo y su visión moral, que debe ser honrada por el Estado. Al mismo tiempo, los judíos y otras minorías religiosas deben ser protegidos".

Cofinanciadas por el Claremont Institute y la Heritage Foundation –la misma que elaboró el Project 2025–, por el estrado de NatCon han pasado JD Vance, Peter Thiel, miembros del gabinete Trump como Russ Vought –clave en el Project 2025– o Elbridge Colby, y pastores nacional-cristianos como Doug Wilson, líder de la congregación de Hegseth y conocido por defender que las mujeres no deberían poder votar ni los no cristianos ocupar cargos públicos.


Elbridge Colby, antiguo asesor del Pentágono y una de las voces más importantes en Estados Unidos sobre política exterior.

El núcleo común de los ponentes de las conferencias NatCon es la tesis que Hazony formula en La virtud del nacionalismo: "Lo que hace falta para el establecimiento de un Estado estable y libre es una nación mayoritaria cuyo dominio cultural sea evidente e incuestionable, y contra la cual toda resistencia parezca fútil.

Una nación mayoritaria así es lo bastante fuerte como para no temer los desafíos de las minorías nacionales, y por tanto puede concederles derechos y libertades sin dañar la integridad interna del Estado”.

El razonamiento hazoniano ha teñido con su discurso civilizatorio-religioso el programa de la administración Trump. En el plano interno, por ejemplo, como legitimación de la persecución contra la migración por parte del ICE, bajo la idea, expresada por el propio Hazony, de que "el 15% de la población estadounidense es de origen extranjero y, en general, los nacional-conservadores consideramos que ese es el límite antes de que el país empiece a desmoronarse".

Este lenguaje civilizatorio ha producido un cambio más profundo en lo relativo a la política de seguridad. Bajo este prisma es posible entender mejor la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, que incorpora por primera vez en un documento oficial estadounidense todo ese discurso civilizatorio-religioso, al advertir, por ejemplo, contra la "desaparición de la civilización europea" bajo el peso de la natalidad decreciente, la inmigración y la erosión de las identidades.

Es la misma lógica por la cual Marco Rubio proclamó recientemente en la Conferencia de Múnich que Estados Unidos y Europa son "parte de una civilización, la civilización occidental, unida por siglos de historia común, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua y ascendencia”.


El presidente Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo II, dos figuras clave de la conferencia del Nacionalismo Conservador que celebró su encuentro con el título: “God, Honor, Country: President Ronald Reagan, Pope John Paul II, and the Freedom of Nations—A National Conservatism Conference”.

Todo esto supone un desplazamiento conceptual relevante: bajo el prisma de la seguridad ontológica, que plantea la existencia de una serie de "amenazas culturales" existenciales para la soberanía nacional, el nacional-conservadurismo desdibuja la frontera entre política interna y exterior.

Las deportaciones masivas en casa y la confrontación con China o Irán fuera pasan a ser dos caras de una misma guerra: la defensa de Occidente contra todo lo que amenaza su cohesión, dentro o fuera de sus fronteras.

Esta introducción de criterios civilizatorios y valores religiosos en el puente de mando de Estados Unidos tiene repercusiones importantes en su política exterior que parecen difíciles de conciliar con los postulados realistas de buena parte de la coalición trumpista y con la promesa de acabar con las guerras ajenas a los intereses estadounidenses.

Por ejemplo, Trump realizó varios ataques con misiles en Nigeria durante el año pasado con el objetivo declarado de proteger a las "comunidades cristianas perseguidas".

Más relevante aún, la guerra contra Irán iniciada el 28 de febrero ha sido teñida de una retórica oficial que la presenta ante los propios soldados estadounidenses como parte de un "plan divino", mientras Trump ha aprovechado la Semana Santa para establecer múltiples paralelismos entre sus acciones y la vida de Jesús.

Lo mismo que Hegseth, que en 2020 escribió American Crusade en referencia explícita a las Cruzadas medievales como ejemplo ante la "amenaza" que supondrían la izquierda multicultural y el islam para la civilización occidental.

El trumpismo en su momento de mayor tensión

La guerra contra Irán ha llevado a la coalición MAGA a una tensión interna sin precedentes. Bajo la figura de Trump se coaligan sectores de intereses y visiones profundamente divergentes: aislacionistas, tecnorreaccionarios, nacional-cristianos o nacionalistas raciales, entre otros.

Así, la agresión contra Irán ha producido signos relevantes de fractura interna, ejemplificados por la dimisión de Joe Kent de su puesto como director de contraterrorismo o la oposición frontal a la guerra de Tucker Carlson, antiguo presentador de la Fox clave en la articulación del trumpismo.

Las relaciones con Israel han sido un punto de tensión recurrente al interior de MAGA. Para los sectores más reacios a las intervenciones en Oriente Medio, como Carlson, el peso de Tel Aviv en la política exterior de Estados Unidos se ha convertido en el blanco principal de sus críticas.

Por el contrario, elementos cercanos a los tecnorreaccionarios, como Peter Thiel y Alex Karp, y figuras clave en la Junta de Paz de Trump, como su yerno Jared Kushner, ven a Israel un modelo a imitar.

A su vez, el apoyo a Israel en Estados Unidos tiene un creciente componente religioso. Los evangélicos blancos –fuertemente vinculados al nacionalismo blanco, que aportaron más del 80% de su voto a Trump en 2024 y constituyen aproximadamente un tercio de su base– leen la alianza con Tel Aviv en clave bíblica: el apoyo al Estado judío sería un requisito escatológico para la Segunda Venida de Cristo.

Según Reuters, a pesar del desplome del apoyo general a la guerra contra Irán, los evangélicos siguen respaldándola mayoritariamente y la traducen desde sus púlpitos como “una guerra espiritual entre el bien y el mal, entre el reino de Dios y el reino de Satán”.


Valla publicitaria encargada por un grupo evangélico, que muestra una imagen del presidente estadounidense Donald Trump con las palabras «Gracias a Dios y a Donald Trump», en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Tel Aviv, Israel, el 12 de marzo de 2026.

En medio de estas disensiones, Hazony trata de mantener los puentes abiertos y evitar la ruptura con sectores como el de Carlson. El argumento aquí es pragmático.


Marco Rubio, Tucker Carlson y Suzie Wiles en la Casa Blanca.


Mientras el rechazo a Israel estaría creciendo por influencia del "neomarxismo" y de lo que llama partidarios de los "Hermanos Musulmanes" en la izquierda estadounidense, Hazony afirma que el ascenso del nacionalismo religioso en el Partido Republicano constituye una ventana de oportunidad sin precedentes para lograr los objetivos del sionismo y es preciso trabajar en su interior.

El esfuerzo por vincular el programa del Eretz Israel con el MAGA ha sido notablemente exitoso.


Mapa del Gran Israel, también conocido como Eretz Israel, una noción ideológica y expansionista que se ha integrado en la agenda política del sionismo y, por ende, del gobierno israelí.

Sin embargo, la guerra en Irán se ha convertido en el mayor punto de fricción al interior de la heterogénea coalición trumpista y de lo que ocurra en la guerra regional iniciada por Israel tras el 7 de octubre depende hoy en buena medida el destino de la primera potencia mundial.


Fuente: Descifrando la Guerra

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