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martes, 16 de junio de 2026

La OTAN marca en rojo 2030 como el año de un posible ataque ruso

 Por Àngel Ferrero   
      Periodista. En Moscú después de tres años informando desde Berlín para varios medios.


La tensión en el Báltico ha seguido creciendo en las últimas semanas. Figuras destacadas del ejército ruso abogan abiertamente por el conflicto contra los países que han apoyado a Ucrania, incluso, llegado el caso con el uso de bombas nucleares


Funeral de un soldado ucraniano fallecido en Jarkov.


     Hasta el año pasado 2030 era el año que asociábamos al plan de acción aprobado en 2015 por la Asamblea General de la ONU para alcanzar 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), desde el fin de la pobreza hasta la paz pasando por la educación de calidad, la igualdad de género, la energía asequible y no contaminante o las ciudades y comunidades sostenibles. Hoy 2030 es en cambio una fecha de asociaciones funestas. De acuerdo con varios servicios de inteligencia de estados miembros de la OTAN, ése es el año en el que Rusia podría atacar a la Unión Europea.

Por este motivo el plan de rearme del bloque para mobilizar 800.000 millones de euros cambió en marzo de 2025 su nombre de ‘ReArm Europe’ a ‘Readiness 2030’. El año está marcado ya a fuego en el calendario. Como parte de este plan, el Bundeswehr aspira a ser en cuatro años el ejército convencional más grande de toda la Unión Europea con 260.000 soldados en activo, 460.000 si se suman los reservistas.

London Bridge is Falling Down’

A mediados de mayo el Ministerio de Defensa de Reino Unido realizó unos ejercicios militares que han pasado relativamente inadvertidos en unas instalaciones en desuso de la estación de Charing Cross de Londres, que, con el nombre de ‘Arrcade Strike’ –el aparente error tipográfico se debe a que la fuerza de reacción rápida que los protagonizaba se llama Allied Rapid Reaction Corps (ARRC)–, simulaban un puesto de control subterráneo en Estonia en el escenario de un conflicto entre la OTAN y Rusia en el año —una vez de más— 2030.


Estación de Charing Cross en Londres, cuyo andén en desuso fue transformado esta semana para crear un puesto de mando subterráneo en Estonia, que alberga una formación ofensiva de la OTAN liderada por el Reino Unido. | John Keeble.

De acuerdo con el comunicado oficial, en este ejercicio de defensa participaron 100.000 miembros de los ejércitos de Reino Unido, Francia, Italia y EEUU, y estas maniobras se distinguieron por el uso de drones, sistemas electrónicos para su intercepción y sistemas de Inteligencia Artificial (IA) como Asgard, desarrollado en colaboración con Palantir –la mitología nórdica, una vez más, como ‘silbato para perros’ (dog whistle)–, el gigante del nuevo complejo militar-industrial que ya emplea Ucrania como laboratorio de sus tecnologías.


Vigilancia sobre hotel bombardeado donde residian civiles. Primeras lineas del frente cerca de la río Dnieper. Julio Zamarrón.

Según las informaciones publicadas en los medios, con estos ejercicios la OTAN quería poner a prueba dichos sistemas para asignar objetivos automáticamente así como contrarestar la aplicación de IA por parte de Rusia, por una parte, y demostrar la capacidad de destruir objetivos en territorio ruso –se mencionaba explícitamente la región de San Petersburgo–, por la otra.

Con todo, como recordaba días atrás el periodista Peter Korotaev, un intercambio de este tipo entraña un serio riesgo de escalada nuclear. “Pero el ejército británico insiste en tratar a sus lectores como imbéciles, a la manera típica anglosajona, y afirma que estaban entrenando el uso de drones y misiles equipados con IA, tratándolos como si transportasen cargas convencionales (la naturaleza de los explosivos no se explicita)”, escribe Korotaev, quien señala que “un ataque nuclear ejecutado por Londres implicaría probablemente submarinos nucleares, que no se mencionan en la descripción de Arrcade Strike”.

En ese caso, continúa este periodista, “esto no ‘detendría la guerra’ exactamente: desencadenaría un auténtico Apocalipsis” e incluso “si la cúpula militar y política rusa fuese aniquilada –a pesar de la obviedad de que se encontrarían en búnqueres soviéticos mucho más profundos y resistentes a un ataque nuclear que el destartalado metro de Londres– habría sin duda una respuesta rusa del Sistema Perímetro”, un dispositivo creado por la Unión Soviética capaz de lanzar automáticamente los misiles balísticos intercontinentales con carga nuclear sin necesidad o con una mínima autorización humana si se registra un ataque contra su territorio.

Nada de lo anterior impide que la violencia retórica de algunos políticos europeos vaya en aumento. El 19 de mayo el ministro de Asuntos Exteriores de Lituania, Kęstutis Budrys, llegó a declarar en una entrevista al diario suizo Neue Zürcher Zeitung(NZZ) que la OTAN debería “demostrar a los rusos que somos capaces de abrirnos paso a través de las pequeñas fortalezas que han construido en Kaliningrado” y que, “de ser necesario, la OTAN tiene los medios para destruir las bases de defensa aérea y misiles rusas localizadas allí.”

Drones en el Báltico

Justamente en el Báltico, de todos los escenarios de conflagración que se manejan desde los medios de comunicación y los think tanks, es donde se concentra actualmente uno de los focos de tensión de esta suerte de nueva guerra fría. Por utilizar una expresión de un analista alemán, Alexander Neu, en el Báltico “la mecha del polvorín se acorta”.


Entre los expertos en seguridad, la región del Báltico se considera actualmente la zona de conflicto con mayor potencial de explosión entre la OTAN y la Federación Rusa.

Otro analista, el estadounidense Anatol Lieven, ha pedido “desactivar el polvorín báltico”.


Washington debe actuar para desactivar el polvorín del Báltico.


En esta región la tensión ha ido acumulándose luego que drones ucranianos hayan cruzado el espacio aéreo de las tres repúblicas bálticas para atacar objetivos en Rusia occidental, volando en paralelo a la frontera antes de entrar en el espacio aéreo ruso con el fin de evadir sus defensas antiaéreas. Moscú ha acusado por su parte a las repúblicas bálticas de proporcionar “corredores aéreos” para los drones ucranianos e incluso de emplear su territorio para lanzar directamente los ataques o, en el caso de Letonia, de alojar a los operadores de drones ucranianos en el país.

El problema añadido es que muchos de estos drones pueden desviarse de su trayectoria y acabar impactando en territorio comunitario, como ha terminado ocurriendo. El pasado 19 de mayo un F-16 de la patrulla aérea de la OTAN en el Báltico derribó un dron ucraniano sobre el espacio aéreo estonio.


Aviones de la OTAN derribaron un presunto dron ucraniano sobre Estonia.

Al día siguiente Vilna envió una alerta a sus residentes para que buscasen refugio debido a la violación de su espacio aéreo.


Tras la alerta por teléfono móvil, la gente se agolpó en un refugio del parlamento lituano.

El presidente, Gitanas Nausėda, y la primera ministra, Inga Ruginienė, fueron desplazados por los servicios de seguridad hasta un búnquer. 

El 8 de junio dos cazas ‘Rafale’ franceses derribaron un dron que había entrado en el espacio aéreo de Letonia.


Un dron impactaba en un un objetivo en un campo de entrenamiento militar de Letonia, en una jornada de demostración de Innovation Range, el pasado mes de mayo.

La razón detrás de estos incidentes es motivo de disputa. La versión favorecida por los medios occidentales es que los sistemas de intercepción electrónica rusos son capaces de desviarlos de su trayectoria y redirigirlos, como provocación, hacia las repúblicas bálticas.

El analista de defensa de Meduza, Dmitri Kuznets, ha rechazado no obstante tanto esta versión como la oficial rusa que asegura que el territorio de las tres repúblicas bálticas se utiliza, como quedó dicho antes, como lanzadera de ataques. Según Kuznets, los sistemas rusos envían señales de satélite falsas en el espacio aéreo de sus zonas fronterizas para corromper los sistemas de navegación GPS, de manera que los drones ucranianos –que son lanzados desde la región de Chernihiv– atraviesan un espacio aéreo, el ruso, en el que su sistema de navegación se ve alterado antes de entrar en el espacio aéreo de la OTAN, haciendo que sus sistemas de guía se desvien de los objetivos originales. Algo parecido ocurre en Moldavia, cuya presidenta, Maia Sandu, ha solicitado a los aliados occidentales sistemas de intercepción más sofisticados. La explicación técnica de Kuznets, en cualquiera de los casos, no por precisa es demasiado tranquilizadora, porque un error de atribución podría tener consecuencias fatales si la respuesta se precipita.

El catálogo de respuestas rusas

Las consecuencias fatales pueden venir de un lado o del otro. Como recordábamos en un artículo meses atrás, el presidente ruso, Vladímir Putin, aprobó en noviembre de 2024 enmiendas a la doctrina nuclear con el fin de rebajar el umbral para el uso de armas nucleares, incluso ante un ataque convencional si éste entraña una amenaza “a la soberanía o integridad territorial” de Rusia o Bielorrusia, con la que forma una unión de estados. Las implicaciones potenciales de este cambio se agravan cuando se recuerda que Rusia incorporó a su territorio el 30 de septiembre de 2022 las regiones ucranianas de Donetsk, Jersón, Luhansk y Zaporiyia aún sin controlarlas por completo y que ha albergado en el pasado movimientos secesionistas –en particular, aunque no solamente, en el Cáucaso norte–, en no pocas ocasiones con el apoyo, explícito o encubierto, de potencias extranjeras.

En vez de estar pendiente de los desvaríos pseudofilosóficos de Aleksandr Dugin –que en el mes de mayo incluyó entre sus variadas diatribas una contra la serie de televisión Euphoria– harían mejor los periodistas en leer a analistas que realmente tienen influencia sobre los dirigentes rusos, como Fiódor Lukiánov o Serguéi Karagánov, ambos miembros del Consejo de Política Exterior y de Defensa. Como ha recordado recientemente el periodista Rafael Poch-de-Feliu en una entrevista, Karagánov “desde hace tiempo exige que se restablezca la credibilidad de la disuasión nuclear y propone atacar, en un primer momento, instalaciones europeas, en particular alemanas, que participen en el apoyo a la guerra contra Rusia, inicialmente con armas convencionales.” Si eso no surtiera efecto, Karagánov sugiere que “Rusia debería considerar el uso de armas nucleares tácticas”.


«La pregunta es si el liderazgo ruso aceptaría una derrota convencional sin recurrir antes al uso de armas nucleares».

Karagánov no está solo en esta propuesta. El antiguo jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas de Rusia Yury Baluevsky reclamó semanas atrás en un acto en la Cámara Cívica de la Federación Rusa –un órgano consultivo compuesto por 168 miembros para analizar propuestas legislativas a varios niveles– que se librase una “guerra de veras” contra los patrocinadores de Ucrania. “¿Cuándo empezaremos a luchar de verdad?”, se preguntó retóricamente Baluevsky, que se interrogó, de nuevo retóricamente, qué haría el Kremlin si se producía una escalada de las hostilidades: “¿Qué vamos a hacer en esta situación? ¿Librar una operación militar espacial [nombre con el que se conoce oficialmente la guerra de Ucrania en Rusia] unos cuantos años más, hasta desgastarlos?”.

De acuerdo con otros medios, el general retirado ofreció un catálogo de represalias convencionales, esto es, no-nucleares, que Rusia podría emplear contra la Unión Europea, como detener mediante acciones militares la producción de gas y petróleo en el mar del Norte, destruir las refinerías de petróleo en territorio europeo, cortar los cables submarinos que conectan a Europa con otras partes del mundo, destruir las instalaciones del sistema de combate Aegis en Rumanía y Polonia o que la Flota del Báltico bloquease los estrechos daneses e interrumpiese así el tráfico marítimo en el mar Báltico. Como parte de este programa, Baluevsky propuso también presionar a Finlandia y las repúblicas bálticas para que abandonen la OTAN o realizar pruebas nucleares en el mar del Norte en vez del sitio donde la URSS las realizaba tradicionalmente, el archipiélago de Novaya Zemlya.

Incluso en el escenario más “benigno”, como especulan algunos comentaristas rusos, una decapitación con éxito de la cúpula política y militar rusa no conduciría a una mejora de la situación, sino con toda probabilidad a su reemplazo por figuras más jóvenes y agresivas, como ha sucedido en Irán con el ascenso de la Guardia Revolucionaria Islámica y otras figuras del ala dura del régimen. La diferencia estriba, claro está, en las capacidades militares y nucleares de uno y del otro.


Fuente: El Salto

martes, 22 de abril de 2025

La doble cara de la motosierra trumpista: recortes públicos y contratos privados para empresas de Musk

 

 Por Bruno Sgarzini    
      Periodista argentino especializado en asuntos internacionales.


     En su nueva presidencia, Donald Trump parece aplicar una doctrina de “conmoción y pavor” sobre la Administración pública estadounidense a través del Departamento de Eficiencia de Elon Musk. Al igual que otros gobiernos, como el de Javier Milei, la motosierra pasa por las agencias estatales sin discriminar las funciones esenciales del Estado y analizar los efectos colaterales de los recortes. También con claros conflictos de intereses que benefician los negocios del magnate.




Estos son algunos de los casos más ejemplares de la motosierra trumpista: que van desde el ataque a los programas sociales hasta el despido masivo de técnicos nucleares y contratos para empresas de Musk.

1. Los recortes de Elon Musk pueden “colapsar” el principal organismo que lucha contra la “pobreza”.

La Administración del Seguro Social es considerada como el "tercer carril" de la política estadounidense por su papel crucial en mantener a millones de personas fuera de la pobreza, atiende mensualmente a 73 millones de beneficiarios con pagos de jubilación, supervivencia y discapacidad. Sin el dinero del Seguro Social, 22 millones más de adultos y niños estarían por debajo de la línea de pobreza, según el Center on Budget and Policy Priorites.

Por los recortes del Departamento de Eficiencia de Musk, la administración enfrenta una reducción del 12% de su personal cuando ya opera con la plantilla más baja en 50 años. También se prevé el cierre de seis oficinas regionales y más de 40 oficinas locales de atención al público, lo que dificultaría el acceso a servicios vitales para las poblaciones más vulnerables. La combinación de recortes de personal, cierres de oficinas y pérdida de experiencia técnica está creando una tormenta perfecta que amenaza con interrumpir la entrega puntual de beneficios de los que dependen millones de estadounidenses para su supervivencia diaria.




Los recortes en la Seguridad Social amenazan con colapsar el sistema que mantiene lejos de la pobreza a 22 millones de estadounidenses.

Angela Digeronimo, especialista de reclamos con 28 años en la agencia, advierte que los tiempos de espera para determinar elegibilidad en programas de discapacidad, que ya alcanzaban ocho meses, se están extendiendo peligrosamente. "Más personas morirán mientras esperan una determinación médica sobre su reclamación de discapacidad", afirma con preocupación. Si bien las prestaciones del Seguro Social no pueden modificarse sin la aprobación de una ley del Congreso, los recortes impactan en los procesos burocráticos para la entrega de cheques pago y la posibilidad de que nuevas personas entren al sistema.

Para Shelley Washington, vicepresidenta ejecutiva de la Federación Estadounidense de Empleados Gubernamentales Local 1923, una unidad del sindicato federal de trabajadores, es “una degradación del sistema en su conjunto”. En su opinión, “la entrega de cheques a las personas que ya están inscritas en el sistema no debería verse afectada, por ahora, pero cada vez es más incierto quién estará disponible para solucionar los problemas cuando surjan”. Para Martin O'Malley, el excomisionado del Seguro Social de la Administración Biden, el temor es que el equipo de Musk haya diseñado varias medidas para provocar “un colapso total del sistema” con tiempos de espera prolongados para la atención al público e interrupciones del pago de las prestaciones.

2. Trump congeló dos programas estadounidenses que apoyaban las inspecciones nucleares en Irán

Al asumir su nuevo mandato, Donald Trump congeló por 90 días, la ayuda internacional de Estados Unidos. Dentro de los programas alcanzados estaban dos dirigidos a apoyar las inspecciones nucleares en Irán de El Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA) de Naciones Unidas.

Estos dos programas funcionan esencialmente como puentes cruciales entre los inspectores basados en Viena, que como parte del Departamento de Salvaguardias del OIEA investigan instalaciones nucleares globalmente, y la sofisticada red de laboratorios nucleares estadounidenses, incluyendo Los Álamos. Su papel consiste en canalizar conocimientos técnicos de nivel mundial y asistencia especializada hacia Viena, una función que quedó interrumpida cuando Trump decidió suspender la ayuda exterior. Para The New York Times: “la ayuda estadounidense contribuye a que la agencia de Viena desarrolle su cuerpo de inspectores, cuyo personal, a su vez, puede acudir a lugares donde los expertos del gobierno estadounidense podrían no ser bienvenidos. Los inspectores han expuesto el progreso nuclear oculto de Irán y han ayudado a Moldavia, país de Europa del Este, a incautar un cargamento ilícito de uranio altamente enriquecido, que puede alimentar bombas atómicas. Es una vía de doble sentido. Además, la ayuda nuclear facilita la colocación de ciudadanos estadounidenses en la agencia de Viena”. De forma paradójica, la misma Administración que critica a Irán por su programa nuclear podría estar facilitando el camino hacia una bomba nuclear.




Esta decisión parece haber estado influida por el famoso Proyecto 2025 de la Fundación Heritage, un documento redactado con ayuda de muchos leales a Trump, que instaba a la próxima administración a "poner fin a actividades de no proliferación ineficaces y contraproducentes como las relacionadas con Irán y las Naciones Unidas". Ante las críticas de varios halcones republicanos, Trump debió revertir su decisión sobre uno de los dos programas de colaboración con la OEIA.

3. Los despidos en el Departamento de Agricultura pueden aumentar los precios de alimentos y provocar plagas en los cultivos estadounidenses

Una clásica de los gobiernos libertarios, dirigidos por empresarios, es contemplar el gasto público como un número vacío. Bajo este razonamiento, partidas destinadas a prevenir algunos fenómenos, como plagas, son un costo a recortar. Lo que puede ser “pan para hoy, hambre para mañana” si después deriva en una mayor erogación en el futuro para reparar las consecuencias: en criollo, si no se gasta en prevención, se multiplican las partidas en reparar consecuencias. Es lo que sucede con los seis mil despidos del Departamento de Agricultura.

Entre ellos, por ejemplo, hay entrenadores de perros detectores de plagas, inspectores de alimentos y especialistas en cuarentena de plantas, profesionales altamente capacitados cuyo trabajo es fundamental para detectar especies invasoras y enfermedades que podrían devastar la agricultura estadounidense. El medio estadounidense The Wired pone como ejemplo el caso de Derek Copeland, quien “trabajó como entrenador en el Centro Nacional de Entrenamiento de Detección Canina del Departamento de Agricultura de EE. UU., preparando beagles y labradores retrievers para detectar plantas y animales invasores o vectores de enfermedades zoonóticas, como la peste porcina". Según The Wired; “antes de recibir su notificación de despido, dice, Copeland acababa de pasar varios meses entrenando al único perro destacado en Florida capaz de detectar el caracol gigante africano, un molusco invasor que representa una amenaza significativa para la agricultura floridana. "Tenemos perros para moscas moteadas y linternas, y escarabajos asiáticos de cuernos largos".

Space X, la empresa de Musk, puede quedarse con un contrato de 2.400 millones por la orden de uno de sus empleados en una agencia gubernamental.

Otro ejemplo es el de equipos dedicados a inspeccionar las importaciones de plantas y alimentos, de programas como de Protección y Cuarentena de Plantas, que han perdido a cientos de empleados. Puertos, como el de Los Ángeles y Miami, han sufrido recortes del 35% de sus inspectores de plantas y hasta el 60% de su personal de "contrabando e interdicción". Según Armando Rosario-Lebrón, vicepresidente de la Asociación Nacional de Empleados Agrícolas, esta situación podría llevar a "problemas de nivel pandémico" si no se corrige pronto”, ya que gran parte de los trabajadores estaban capacitados para proteger las cadenas de suministro de alimentos y agricultura de Estados Unidos de plagas invasoras.

Para Mike Lahar, gerente de asuntos regulatorios del gigante estadounidense de agentes de aduanas Deringer, estos despidos hacen que demoren más las inspecciones y que haya más fallos en los controles. Lo que podrían provocar la descomposición de los alimentos durante la espera en los puertos y un aumento aún mayor en los precios de los comestibles, además de aumentar la probabilidad de que especies invasoras, potencialmente devastadoras, entren al país. Aunque dos jueces federales han ordenado que los empleados despedidos sean reincorporados, la administración Trump ha indicado que luchará contra estas decisiones judiciales.

4. Recortes en la agencia responsable de manejar y “modernizar” el arsenal nuclear de Estados Unidos

La Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) de Estados Unidos enfrenta una grave crisis de personal en medio de un ambicioso esfuerzo para modernizar el arsenal nuclear del país. Según una investigación del New York Times, más de 130 empleados aceptaron indemnizaciones para renunciar, mientras que otros 27 fueron despedidos sin ser recontratados, lo que ha eliminado prácticamente todas las mejoras recientes de personal en la agencia. Entre los afectados hay científicos, ingenieros de bombas y expertos en seguridad nuclear que desempeñaban funciones críticas. Para el diario estadounidense es preocupante la pérdida de personal especializado en transporte seguro de materiales nucleares, una tarea descrita como "peligrosa y exigente que requiere formación rigurosa".

Media docena de miembros abandonaron una unidad encargada de construir reactores para submarinos nucleares, y un bioquímico que supervisaba las normas de seguridad en una planta de ojivas nucleares en Texas también fue despedido. La situación es particularmente alarmante considerando que la NNSA gestiona 3,748 bombas y ojivas nucleares del país, mientras ejecuta un programa de modernización valorado en 20,000 millones de dólares anuales. Scott Roecker, vicepresidente del programa de seguridad de materiales nucleares de la Iniciativa de Amenaza Nuclear, advirtió que el éxodo "dificultará el trabajo porque se perdieron algunos de sus líderes más valiosos", refiriéndose a personas "muy competentes, exitosas y bien capacitadas que desempeñaban funciones complejas y especializadas". Los despidos han afectado a instalaciones críticas en todo el país.

La combinación de recortes de personal, cierres de oficinas y pérdida de experiencia técnica está creando una tormenta perfecta que amenaza con interrumpir la entrega puntual de beneficios de los que dependen millones de estadounidenses para su supervivencia diaria.

5. Elon Musk despide trabajadores en la Autoridad de Aviación y coloca exejecutivos de Space X en su dirección para que le otorguen contratos a sus empresas

La Administración Federal de Aviación (FAA) fue también víctimas de los recortes de Musk con el despido de 400 trabajadores, entre los que hay personal contratado para el mantenimiento de radares, aterrizaje y ayudas a la navegación. La motosierra no discriminó ni siquiera al equipo que trabajaba en un sistema de radar de alerta temprano de misiles crucero en Hawái, considerado clasificado por el Pentágono. Y hay serias sospechas de que pueda afectar el trabajo de los controladores aéreo en medio de una escasez de personal, según la agencia Associated Press.

Pero lo más llamativo no es esto: si no que después de la salida del anterior director de la FAA, Mike Whitaker, el Departamento de Eficiencia colocó como mandamás interino a una persona rodeada de asesores de la empresa Space X de Musk después de que esta autoridad pidiera multas por más de medio millón contra la compañía por no respetar las normas de seguridad en el lanzamiento de sus cohetes. En un claro conflicto de intereses, Ted Malaska, un ingeniero de Space X y “voluntario” del Departamento de Eficiencia, ordenó a los empleados de la FAA que implementaron un programa para “desplegar miles de terminales Starlink, empresa subsidiaria de SpaceX, para para apoyar el sistema de espacio aéreo nacional". Quien no cumpliese la orden se arriesgaba a ser denunciado con Musk y perder su empleo, amenazó Malaska, según Bloomberg.

El conflicto de intereses es claro ya que la agencia regula y otorga licencias para los lanzamientos de cohetes de SpaceX e investiga sus incidentes. Si se cumpliese la orden, de manera simultánea, la compañía de Musk tendría a su cargo una infraestructura crítica como lo son las redes de telecomunicaciones de la autoridad aérea estadounidense; consideradas fundamentales para “para supervisar 74 millones de kilómetros cuadrados de espacio aéreo estadounidense y garantizar el movimiento ordenado y seguro de 45.000 vuelos diarios”. De esta forma, Space X puede quedarse con un contrato de 2.400 millones de dólares, otorgado al gigante Verizon Comunnications Inc, para modernizar estas redes .

Un acto de rapiña empresarial.


Fuente: Bruno Sgarzini