sábado, 31 de enero de 2026

De las patrullas de esclavos al ICE: breve historia de la violencia racista institucional en EEUU

 

 Por Miguel Urbán   
      Activista y político español.

Trump no ha inventado el dispositivo que a lo largo de toda la historia de EEUU ha vigilado, clasificado y castigado cuerpos racializados. Lo que ha hecho ha sido acelerarlo, financiarlo y convertirlo en espectáculo

     Minneapolis, cuna del movimiento antirracista I can't Breathe (“No puedo respirar”), en referencia a las palabras que George Floyd pronunció mientras era asesinado por la policía, se encuentra sitiada por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE). Esta ciudad de Minnesota se suma a la lista de bastiones demócratas que sufren el asedio de las fuerzas del ICE desde que, el pasado junio, Donald Trump militarizara Los Ángeles alegando que vivía una “invasión y ocupación por inmigrantes indocumentados y criminales”. En las últimas semanas, en el marco de las operaciones antimigrantes, dos personas han sido asesinadas a tiros por agentes del ICE, todo bajo una auténtica retórica de guerra que pretende justificar la violencia que hay detrás de estos asesinatos.


Una mujer protesta contra el ICE en Minneapolis.

De esta forma, ante el asesinato de Alex Jeffrey Prett este fin de semana, numerosos medios de comunicación titulaban: “La Gestapo de Trump vuelve a matar”. Un intencionado paralelismo histórico del ICE con la policía secreta del nazismo, la Gestapo. Que parte de la constante asimilación que se suele hacer de Trump con el fascismo y de cómo el ICE, en palabras del politólogo Cas Mudde, se ha convertido en una auténtica milicia personal del presidente, por encima tanto de la ley como de otros cuerpos de seguridad civiles y militares, al estilo de la Gestapo en el régimen nazi.

Pero, en vez de mirar al fascismo, puede que sea más útil repasar la violencia colonial racista que atraviesa la propia historia de los Estados Unidos y cómo se ha mantenido, con diferentes intensidades, hasta nuestros días. Porque, hablando de la Gestapo, situamos las responsabilidades de lo que está pasando exclusivamente en el gobierno de Trump, como una excepción histórica en la democracia norteamericana, negando el carácter violento, racista y colonial que se encuentra en el tuétano de la construcción nacional de EEUU y sobre el que Trump sustenta una importante base social que apoya la política de violencia sistemática contra la población migrante o racializada.


Manifestación contra el ICE en Minnesota.

En este sentido, el ICE tiene más que ver con las patrullas de esclavos de los siglos XVIII y XIX o con la guardia fronteriza norteamericana de principios del XX que con la Gestapo. Un nativismo racista que se remonta desde los inicios de EEUU hasta nuestros días, lo cual no deja de ser paradójico en un país fundado por inmigrantes.




Las patrullas de esclavos y el nacimiento de la policía

Las patrullas de esclavos comenzaron alrededor del año 1700 para vigilar y controlar a los negros esclavizados. Formadas por hombres blancos, tenían una función de control racial para mantener el modelo de producción económico sostenido sobre el esclavismo. Las patrullas buscaban alojamientos de esclavos, cazaban fugitivos, detenían a esclavos en las carreteras y disolvían sus reuniones para evitar que organizaran conspiraciones y revueltas. Unas patrullas conocidas por su brutalidad: aterrorizaban, torturaban, violaban y humillaban tanto a los negros esclavizados como a los libres.

Hasta el período anterior a la Guerra Civil, las patrullas de esclavos son un ejemplo de vigilancia y control social seudoinstitucionalizado que fue más allá de una policía informal y que, poco a poco, se transformó en departamentos de policía financiados públicamente en el sur. Como argumenta Katheryn Russell-Brown, profesora y directora del Centro de Estudios de las Relaciones Raciales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Florida, las patrullas de esclavos fueron “el primer tipo de vigilancia policial exclusivamente estadounidense”.




Mientras que, en el norte, los departamentos de policía tuvieron sus raíces en las patrullas nocturnas. Los guardias trabajaban desde el atardecer hasta el amanecer, buscando incendios, osos, ladrones, indígenas y esclavos fugitivos. Si alguien estaba fuera después del anochecer, los guardias podían detenerle y “examinarle” para averiguar su propósito y a quién podría pertenecer. Los guardias eventualmente llevaban insignias, sonajeros y ganchos, que luego cambiaron por bastones.

Para 1838, los legisladores de Boston habían añadido una patrulla diurna a la nocturna, llamando a la patrulla diurna “policía”. En 1854, en el marco de la Ley del Esclavo Fugitivo, la policía y la patrulla nocturna se combinaron, formando el Departamento de Policía de Boston. De esta forma, podemos afirmar que el establecimiento de perfiles raciales ha sido una característica histórica del control policial en los Estados Unidos, desde el establecimiento de patrullas de esclavos hasta la criminalización selectiva y la aplicación de leyes de “vagancia”.

El nativismo norteamericano

Make America Great Again, el eslogan fundacional del trumpismo que ha mutado en una suerte de movimiento reaccionario, el MAGA, y que es el principal sostén político y social de la violencia del ICE, tiene en el nativismo una de sus señas de identidad más significativas. Un nativismo que no es nuevo, sino que ha estado presente en el pensamiento político estadounidense desde la fundación como país en el siglo XVIII. Aunque es a mediados del siglo XIX, con la aparición del Partido Americano, conocido como los Know Nothings (no sé nada, por la respuesta que debían dar si eran preguntados por las autoridades), cuando el nativismo norteamericano adquiere su primera expresión política organizada.

Las propuestas políticas del Partido Americano consistían en medidas contra la inmigración, incluyendo el veto a los inmigrantes para presentarse a elecciones y la exigencia de 21 años de residencia para obtener la ciudadanía. El lema se resumía en “solo los americanos gobernarán América”. El partido alcanzó varias alcaldías, el control de la Asamblea de Massachusetts y 43 escaños en el Congreso federal. En 1856, su candidato presidencial, Millard Fillmore, consiguió el 22% de los votos, llegando al cenit de su influencia política en el siglo XIX. De hecho, buena parte del sentimiento nativista se incorporó al Partido Republicano, diluyendo su expresión política en su interior. Esto acabó con la influencia “know nothing”, pero no con los prejuicios nativistas que, como veremos, irán resurgiendo de forma periódica en la historia de los Estados Unidos.

A principios del siglo XX volvieron a resurgir los prejuicios nativistas, al calor de la llegada de millones de nuevos trabajadores que competían en el mercado laboral. Sus diferencias culturales y, supuestamente, raciales provocaron un rebrote de la hostilidad hacia la inmigración, esta vez con tintes racistas y eugenésicos basados en la retorcida interpretación de la teoría evolutiva prevalente por aquel entonces. A lo que se sumaban también prejuicios antisemitas y antisocialistas: la condena a muerte de Sacco y Vanzetti fue un buen ejemplo de ello.

Esta vez, la expresión política del nativismo fueron diversos grupos antiinmigración, entre los que destacaría la Liga por la Restricción de la Inmigración, que se centró en movilizar contra los migrantes del sur de Europa. Consiguiendo que, en 1924, se creara la Ley Johnson-Reed de Inmigración, que establecía un sistema de cuotas: cada año EE. UU. aceptó tan solo un máximo de un 2% de los nacionales “sanos” de cada país que ya vivían allí, según el censo de 1890. Esta última estipulación sirvió para reducir las cuotas de los países del centro y sur de Europa y el número de judíos.

Evidentemente, la desconfianza ante los mexicanos (y latinos), al igual que con la población afroamericana, ha existido desde siempre. Aunque las tensiones racistas latentes contra la población latina aumentaron con la llegada de algo más de dos millones de mexicanos a partir de 1942 de la mano del Programa Bracero, para compensar la pérdida de mano de obra por la movilización de la Segunda Guerra Mundial. Solo un año después se produjeron los motines de Zoot Suit entre “pachucos” y militares estadounidenses en Los Ángeles. Unos años después, en 1954, las autoridades de inmigración lanzaron la Operación Wetback (espaldas mojadas) para intentar devolver a estos trabajadores a México. Solo en el primer año de la operación detuvieron, en redadas masivas, a más de un millón de trabajadores mexicanos.


Fuente: El Salto

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