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domingo, 2 de agosto de 2026

Karim Khan se atrevió a pedir cuentas a Israel y por eso lo han destituido

 

 Por David Hearst   
      Cofundador y redactor jefe de Middle East Eye. Es comentarista y conferenciante sobre la región, además de analista de Arabia Saudí.


La orden de detención de la CPI contra Benjamin Netanyahu ha sido, hasta la fecha, el único intento serio de la comunidad internacional de llevar al Estado israelí ante la justicia por el genocidio en Gaza. El fiscal Karim Khan, la persona que presentó la orden de detención ha sido destituida por la CPI bajo acusaciones falsas


Karim Khan se atrevió a pedir cuentas a Israel y por eso lo han destituido.


     Entre la avalancha de reacciones que siguieron a la destitución, tan previsible, del fiscal jefe Karim Khan por parte de la Corte Penal Internacional (CPI) el viernes, hubo una publicación reveladora. La realizó Danny Danon, embajador de Israel ante la ONU, quien advirtió al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Mamdani acababa de calificar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de criminal de guerra que debería ser detenido la próxima vez que pisara suelo estadounidense, aunque Mamdani admitió que no tenía competencias para hacerlo.

Danon repitió la afirmación —que ahora parece haberse confirmado como un hecho— de que Khan utilizó las órdenes de detención contra Netanyahu y su exministro de Defensa para encubrir sus presuntas faltas sexuales.

Tal y como dejó claro la investigación de Middle East Eye, Khan presentó las órdenes de detención, meticulosamente preparadas, seis semanas antes incluso de tener conocimiento de las acusaciones. Pero la verdad y las garantías procesales fueron irrelevantes en la campaña de 18 meses destinada a destituir a Khan. La presión incluyó una campaña mediática en el Wall Street Journal, Associated Press, The Guardian y, más recientemente, la CNN; advertencias privadas de David Cameron, entonces ministro de Asuntos Exteriores, quien le dijo que el Reino Unido retiraría la financiación a la CPI y se retiraría del Estatuto de Roma si se emitían las órdenes de detención; senadores republicanos que le dijeron: « Si te enfrentas a Israel, nosotros nos enfrentaremos a ti», y el hecho de que la presidenta de la Asamblea de los Estados Partes (AEP), la finlandesa Paivi Kaukoranta, lo señalara públicamente como sospechoso antes incluso de que hubiera tenido la oportunidad de defenderse.

Danon amenazó a Mamdani con el mismo destino que el de Khan. «@NYCMayor Zohran Mamdani, toma nota: utilizar a Israel como arma política no te eximirá de rendir cuentas», publicó Danon.

Un nuevo precedente

En el pasado, Israel prefería actuar entre bastidores. Cuando intentó presionar a la predecesora de Khan, la fiscal jefe Fatou Bensouda, lo hizo con discreción.La exfiscal describió en una entrevista con Al Jazeera una reunión con el entonces jefe del Mossad, Yossi Cohen, en un hotel de Nueva York durante una sesión de la Asamblea General de la ONU. Cuando se le preguntó si Cohen le había dicho que Israel podría «ocuparse» de ella y le había advertido de que seguir adelante podría comprometer la seguridad de su familia, Bensouda respondió: «Sí. Así fue».

Pero esta campaña para apartar a Khan sentó un nuevo precedente. Israel reivindicó su autoría desde el principio y no hizo ningún intento de ocultar, ni al propio Khan ni al mundo exterior, que estaba detrás de estas acusaciones.

Envió un equipo del Mossad a La Haya, donde vive Khan, para intimidarlo. Transmitió mensajes a Khan a través de un abogado británico, aunque este afirmó a MEE que solo hablaba a título personal. Finalmente, el propio Netanyahu «reveló» que otras cuatro mujeres se disponían a testificar contra Khan. Esto ocurrió horas antes de que The Guardian afirmara que había una segunda mujer a punto de dar un paso al frente.

Por supuesto, no pasó nada.

Khan se mantuvo firme en su postura y en su convicción de que la CPI, de entre todos los tribunales, respetaría las garantías procesales. Esta última confianza puede haber sido muy mal depositada. Las acusaciones contra Khan fueron investigadas durante más de un año por la Oficina de Servicios de Supervisión Interna (OIOS). Esta oficina formuló 137 conclusiones, ninguna de las cuales constituía una conducta indebida, y mucho menos una conducta sexual indebida.

Las pruebas recabadas por la OIOS fueron posteriormente revisadas meticulosamente por un tribunal compuesto por tres jueces internacionales de alto rango designados por la Asamblea de los Estados Partes (ASP).

Este tribunal judicial decidió que las conclusiones de la OIOS «no demuestran conducta indebida ni incumplimiento del deber» por parte de Khan. Se aplicaron los mismos criterios probatorios que utiliza la propia CPI. A continuación, la propia ASP puso en marcha una campaña para sabotear el informe elaborado por los jueces que ella misma había designado.

Un tribunal irregular

Permítanme insistir en este último punto.

Estamos hablando de un tribunal. En él, los jueces son nombrados por su capacidad para examinar y evaluar las pruebas. Y aquí tenemos a la Mesa Política, formada por antiguos diplomáticos designados por los Estados miembros, decidiendo invalidar el dictamen jurídico de sus jueces de mayor rango y volver a juzgar las acusaciones por su cuenta en un tribunal irregular.

Imagínense cuál habría sido la reacción de los gobiernos occidentales si el presidente ruso, Vladímir Putin —contra el que Khan también ha dictado una orden de detención— hubiera hecho lo mismo que Netanyahu para presionar a los Estados miembros de la CPI.

Pero fue incluso peor que eso.

Para destituir a Khan, la Mesa de la Asamblea de los Estados Partes, el órgano rector de la Corte, tuvo que negarle a él y a sus abogados el derecho a un proceso justo o, de hecho, a cualquier tipo de proceso. Entre otras cosas, los miembros de la Mesa comentaron en privado al denunciante y entre ellos mismos que Khan estaba acabado; modificaron el motivo por el que se le iba a destituir sin consultárselo; y cambiaron las normas de votación.

Margareta Kassangana, diplomática polaca y vicepresidenta de la ASP, se reunió en privado con la denunciante de Khan para discutir el caso antes de que la Mesa remitiera el asunto a la OIOS de la ONU a finales de 2024.

Se escuchó a otra miembro de la Mesa, la embajadora de Uganda Mirjam Blaak, decirle a un colega que creía que Khan «quizá no volviera», al tiempo que se refería a la denunciante en términos personales.

En mi entrevista con él, Khan afirmó que la Mesa se estaba inventando las cosas sobre la marcha. «Es un proceso creado a medida para Khan… específico para mí».

En su votación para suspender a Khan, la Mesa consideró que había cometido una «falta grave». La decisión, a la que ha tenido acceso MEE, acusaba a Khan de haber mantenido una relación sexual con la denunciante, lo cual era impropio debido al desequilibrio de poder entre ambos.

Esta acusación nunca se le había planteado a Khan. Se le acusó primero de haber tocado a la denunciante, luego de violación, pero nunca de haber mantenido una relación sexual consentida.

El relato de la denunciante se centraba en una conducta no consentida. La oficina lo despidió basándose en un cargo que nunca le habían imputado.

Con el fin de garantizar que el «linchamiento público» de su fiscal jefe se llevara a cabo según lo previsto, la oficina modificó el proceso de votación, pasando de una votación en dos fases a una única votación, de tal forma que se privara a la ASP de la oportunidad de formular su propia valoración de la supuesta conducta indebida.

Tres bandos

La campaña para destituir a Khan dividió a los observadores en tres bandos: los que creían en su inocencia y que todo el proceso había sido orquestado por Israel; los que creían que era culpable y que utilizaba las órdenes de detención como tapadera; y un grupo intermedio que consideraba que Khan no era un «fiscal creíble», aunque su conducta principal como fiscal sí lo fuera. Su destitución permitiría que las órdenes de detención que él había iniciado siguieran adelante.

Esta era la opinión de Kenneth Roth, exdirector de Human Rights Watch. Roth declaró en la CNN que, dado que las órdenes de detención eran fruto del trabajo de un equipo de fiscales y habían sido aprobadas por tres jueces de la sala de instrucción, debían seguir adelante.

Tras la destitución de Khan, la Fiscalía de la CPI afirmó que su labor continuaría sin interrupción. La CPI tiene más de una docena de investigaciones en curso en Ucrania, Darfur, Libia y Afganistán. Sin embargo, tal y como informó Middle East Eye, la Fiscalía intentó en abril emitir una orden de detención contra el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, y se estaba preparando otra contra el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir.

Esas solicitudes estaban listas antes de que Khan se tomara una excedencia en mayo de 2025 y desde entonces no ha habido novedades.

Las órdenes de detención originales contra Netanyahu y Gallant siguen vigentes y solo los jueces pueden revocarlas. Israel ha presentado una serie de recursos judiciales y dos de ellos siguen pendientes. El más importante de ellos es que el tribunal no tiene jurisdicción sobre sus ciudadanos, ya que Israel no es un Estado parte del Estatuto de Roma.

Este asunto está siendo ahora objeto de un tira y afloja entre la Sala de Apelaciones y una sala inferior, y es muy posible que la resolución definitiva no se produzca hasta 2027.

En una de las muchas propuestas para que Khan diera marcha atrás, se sugirió permitir que la fiscal jefe «bajara del árbol». Se propuso que Khan reclasificara las órdenes de detención como confidenciales. Esto permitiría a Israel impugnarlas a puerta cerrada.

Por lo que se sabe, toda la labor relativa a Israel en la CPI se ha paralizado.

Dos fiscales adjuntas, Nazhat Shameem Khan, de Fiyi, y Mame Mandiaye Niang, de Senegal, siguen al frente de la oficina. Ambas fueron sancionadas por Estados Unidos por mantener las órdenes de detención contra Netanyahu y Gallant tras asumir el liderazgo de la oficina. Quienes están al frente de la campaña para deshacerse de Khan ahora se jactan de que quieren más cabezas.

¿Quién será el siguiente?

El principal de ellos es el Departamento de Estado de EE. UU. Su portavoz, Tommy Pigott, declaró: «Karim Khan es un ejemplo paradigmático de la corrupción y el abuso de su supuesta autoridad por parte de la CPI. Es positivo que se haya ido, pero no es más que un pequeño engranaje de esta institución irremediablemente corrupta. El resultado de hoy no tendrá ningún impacto en los planes de Estados Unidos de desmantelar la CPI». Estados Unidos e Israel coaccionan a la Corte Penal Internacional – Rafael Poch de Feliu.


Estados Unidos e Israel coaccionan a la Corte Penal Internacional.

Su jefe, Marco Rubio, está llevando a cabo una campaña para desmantelar la CPI «ladrillo a ladrillo», tal y como él mismo ha dicho. Afirmó: «La Corte Penal Internacional pretende convertirse en el árbitro, exento de rendir cuentas, de una nueva ley global, con facultades para procesar y detener a nuestros ciudadanos a su antojo y amenazar de forma existencial la soberanía estadounidense. Le enseñaremos a la CPI el verdadero significado de la determinación estadounidense».

Animados por la destitución de Khan, destacados abogados proisraelíes están amenazando ahora abiertamente a otros objetivos, como Francesca Albanese, relatora especial de las Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados.

Hillel Neuer, director de United Nations Watch, publicó: «Se acabó la inmunidad para los funcionarios internacionales que abusan de sus cargos. El fiscal de la CPI, Karim Khan, abusó sexualmente de sus empleadas. Nuestra campaña para destituirlo ha tenido éxito: acaba de ser despedido».

«Tú eres la siguiente, @FranceskAlbs. Tu apoyo al terrorismo de Hamás tendrá consecuencias».

Fíjense en la palabra «nuestro».

Pero, por supuesto, en este punto Neuer no podía haber sido más acertado. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, desempeñó un «papel activo» en la decisión de los Estados miembros de la CPI de destituir a Khan.

Sa’ar supervisó «un grupo de trabajo específico y llevó a cabo intensos esfuerzos diplomáticos destinados a garantizar la destitución de Khan», según Guy Azriel, corresponsal diplomático de i24 News.

Netanyahu, que acogió con satisfacción la decisión, publicó que había hablado con Rubio sobre dar el golpe de gracia a la CPI. «Reafirmó una vez más la determinación de Estados Unidos de actuar con firmeza contra esta institución —una institución que socava la justicia, ataca a naciones democráticas y soberanas, y pretende subordinar su seguridad a las decisiones de funcionarios corruptos y que no rinden cuentas en La Haya», escribió Netanyahu.

Al sumarse a la campaña para destituir a Khan, Roth no ha protegido a la CPI ni a sus colegas abogados de derechos humanos de este tipo de abusos y ataques. Ha puesto aún más en peligro tanto a la corte como a ellos.

Una batalla perdida

Es revelador que, el mismo día de la destitución de Khan, la ONU votara a favor de conceder al abogado austriaco Volker Turk otro mandato de cuatro años como responsable de derechos humanos. Israel ignoró este revés y no hizo ningún esfuerzo apreciable por contrarrestarlo.

Esto se debe a que sabe que lo que hace la ONU es irrelevante. Ha emitido resolución tras resolución, declaración tras declaración, informe tras informe y nada ha cambiado con respecto a la ocupación, salvo para peor.

Pero lo que hizo Karim Khan tuvo un gran impacto. Fue la amenaza internacional más importante para Israel desde que este iniciara su genocidio en Gaza. Por eso había que deshacerse de Khan.

Israel está librando una batalla perdida.

El vídeo de Mamdani en el que condena a Netanyahu como criminal de guerra superó los 200 millones de visualizaciones.

Tras la destitución de Khan, YouGov preguntó a los adultos estadounidenses si las autoridades de EE. UU. deberían detener a Netanyahu cuando vuelva. El 46 % respondió que sí, el 28 % que no y el 25 % no estaba seguro.

Al día siguiente, el alcalde de Londres, Sadiq Khan, afirmó que Netanyahu era un criminal de guerra y que no era bienvenido en Londres.

Este es el legado de un fiscal británico obstinado que se negó a dejarse intimidar.

Los Estados miembros de la CPI han suspendido la prueba de defender la justicia internacional. El difunto senador Lindsey Graham tenía razón cuando dijo que la CPI era solo para «africanos y matones como Putin. No es para democracias como Israel y los Estados Unidos de América». Porque así es como se ha comportado la mayoría de sus Estados miembros. Cuando se vieron sometidos a presión, cedieron y, lamentablemente, eso incluye al Sur Global. Cuando necesitan justicia internacional y descubren que no la hay, solo pueden mirarse a sí mismos en el espejo.

Pase lo que pase ahora con Khan, su nombre quedará vinculado para siempre a las órdenes de detención de la CPI contra Netanyahu y Galant, que siguen siendo la respuesta más eficaz, seria y significativa que la comunidad internacional ha dado al genocidio en Gaza. Todas las demás respuestas son meramente retóricas. Por eso Israel se esforzó tanto por deshacerse de Khan. Esas órdenes de detención sacan a la luz los crímenes de guerra israelíes como nunca antes y, por primera vez en este conflicto, hacen que los máximos responsables del país rindan cuentas por ellos.

Khan se atrevió a plantar cara a los poderosos para buscar justicia para las víctimas, y ese será su verdadero legado.



Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

miércoles, 19 de marzo de 2025

A partir de ahora son Trump y su administración quienes deben ser considerados responsables de cada muerte palestina

 

 Por Jonathan Cook  
      Periodista británico residente en Israel durante 20 años hasta 2021.



Ya sabíamos que a Israel no le importan los cautivos. Siempre planeó reiniciar el genocidio.


     Las excusas que Israel ha dado para renovar el genocidio:

    1. Israel dice que está tratando de obligar a Hamás a liberar a los cautivos en Gaza.

    Sin embargo, como sabemos por los que ya han sido liberados, el bombardeo indiscriminado de Gaza sólo aumenta las posibilidades de que los cautivos sean asesinados. No existe ningún escenario plausible en el que el lanzamiento de bombas de 2.000 libras suministradas por Estados Unidos sobre Gaza haga que los israelíes retenidos en Gaza estén más seguros o los traiga antes a casa.

    En cualquier caso, Israel tenía una forma fácil y conocida de recuperar a los últimos cautivos. Debían ser liberados en la segunda fase del acuerdo de alto el fuego, ya muy pasada su fecha de aplicación. Pero hace semanas Israel decidió romper el acuerdo que había firmado e imponer nuevos términos en los que el resto de los cautivos tendrían que ser devueltos – y sin que Israel cesara su fuego o se retirara del enclave, como había acordado hacer.

    Lo que demuestra la vuelta de Israel al genocidio es que el gobierno israelí prefiere matar al resto de cautivos -vaporizándolos con el último cargamento de bombas de 2.000 libras de Trump- antes que hacer una concesión para garantizar su liberación o poner cualquier limitación a su capacidad de masacrar a la población de Gaza.

    2. Israel afirma que Hamás estaba rearmándose y planeando un nuevo ataque.

    Como siempre Israel invierte la verdad. Fue Israel quien fue rearmado por la administración Trump con las bombas que ahora destrozan a los niños de Gaza. Hamás -aislado del mundo exterior- no tenía ninguna ruta obvia para rearmarse.

    Y en cuanto a los planes para otro 7 de octubre, tanto Hamás como el mundo se sorprendieron de que sus combatientes consiguieran salir del diminuto y asediado territorio de Gaza la primera vez. Hamás asumió que sería una misión suicida. Lo consiguió sólo porque Israel se había vuelto tan complaciente en sus 17 años de asedio del enclave, que imaginó que los 2,3 millones de personas que vivían allí estaban permanentemente sepultadas.

    Israel suponía que los palestinos nunca lograrían encontrar una salida del gigantesco campo de concentración que Israel había construido para ellos. Es poco probable que Israel vuelva a bajar la guardia.

    En otras palabras, Israel miente descaradamente sobre sus razones para reanudar la matanza. Miente como lo ha hecho una y otra vez durante los últimos 18 meses.

    Israel siempre tuvo la intención de reiniciar el genocidio tan pronto como la administración Trump hubiera podido atribuirse el mérito de negociar el alto el fuego. Entonces podrían trabajar juntos para inventar una nueva serie de pretextos -basados en mentiras sobre quién estaba violando el alto el fuego- para justificar por qué había que asesinar a más niños de Gaza.


Es el presidente Trump y su administración los que deben rendir cuentas por cada muerte palestina de ahora en adelante.

Desde luego, Joe Biden y sus funcionarios deben ser juzgados en La Haya por los primeros 15 meses del genocidio. Pero son Trump y su administración los responsables de cada muerte palestina de aquí en adelante.


Del blog personal de

Rafael Poch-de-Feliu

miércoles, 25 de diciembre de 2024

De Auschwitz a Gaza, con escala en La Haya

 

      Periodista y escritor israelí. Escribe artículos de opinión y una columna semanal para el diario Haaretz que a menudo se centran en la ocupación israelí de los territorios palestinos.


Nunca habrá campos de exterminio en Gaza, pero aun así las comparaciones están empezando a clamar desde debajo de los escombros y de las fosas comunes


     Benjamin Netanyahu no viajará a Polonia el mes que viene para asistir a la principal ceremonia que marca el octogésimo aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, ante la preocupación de que pueda ser detenido sobre la base de la orden de arresto que emitió contra él el Tribunal Penal Internacional de La Haya.


Netanyahu y y su exministro de Defensa, Gallant, en octubre. Pool-Reuters

Esa amarga y no tan sutil ironía de la Historia ofrece una perspectiva surrealista que hasta ahora era casi inimaginable: basta con imaginar al primer ministro aterrizando en Cracovia, llegando a la entrada principal de Auschwitz y siendo detenido por la policía polaca en la puerta, bajo el lema “Arbeit macht frei” (“El trabajo os hará libres”); basta con considerar que, de todas las figuras y países, es al primer ministro de Israel a quien se le impide asistir al homenaje a los miembros de su pueblo debido a la amenaza del derecho internacional que se cierne sobre su cabeza. El canciller alemán, sí; Netanyahu, no.


Netanyahu visita Auschwitz-Birkenau en 2013- IsraeliPM

Hace ochenta años, cuando Auschwitz fue liberado, esa situación habría sonado como la mayor locura imaginable. Pero ya no. Hace ochenta años, a los judíos se les dio a elegir entre dos legados: que los judíos nunca más volvieran a enfrentarse a un peligro semejante, o que nunca más nadie en el mundo volviera a enfrentarse a un peligro semejante. Israel eligió claramente la primera opción, con un añadido fatal: después de Auschwitz, a los judíos se les permite hacer cualquier cosa.

En el último año, Israel ha implementado esta doctrina como nunca lo había hecho antes. Un primer ministro que evita una ceremonia en Auschwitz es quizá la forma más burda de ejemplificarlo. El hecho de que, de todos los lugares del mundo, Auschwitz sea el primero al que Netanyahu teme ir, es de un simbolismo y de una justicia histórica clamorosos.

Otros jefes de Estado asistirán a la ceremonia, pero Netanyahu no. Tiene una orden de arresto del Tribunal –que se estableció como consecuencia de lo ocurrido en Auschwitz–, bajo la sospecha de crímenes de guerra que, a una velocidad alarmante, se van pareciendo cada vez más a los crímenes de Auschwitz.

La distancia entre Auschwitz y Gaza, con una escala en La Haya, es todavía enorme, pero ya no se puede alegar que la comparación sea absurda.

Después de leer el informe de pesadilla de Yaniv Kubovich sobre lo que está ocurriendo en el corredor de la muerte de Netzarim, uno se da cuenta de que esa distancia se está acortando día a día.


Casas destruidas en la zona del corredor de Netzarim, abril.

Siempre ha sido tabú comparar cualquier cosa con el Holocausto, y con razón. Nunca ha habido nada parecido. Los peores crímenes de la ocupación palidecen al compararlos con los crímenes de Auschwitz.

Además, esa comparación siempre deja a Israel blanco como la nieve y a sus acusadores como antisemitas: al fin y al cabo, no hay campos de exterminio en Gaza, así que cualquier acusación se puede refutar fácilmente. No hay campos de exterminio, y por eso las Fuerzas de Defensa de Israel son el ejército más ético del mundo. Nunca habrá campos de exterminio en Gaza, pero aun así las comparaciones están empezando a clamar desde debajo de los escombros y de las fosas comunes.

Cuando los palestinos de Gaza saben que donde merodean manadas de perros callejeros hay cadáveres humanos comidos por los perros, los recuerdos del Holocausto empiezan a aflorar.

Cuando en la Gaza ocupada hay una línea de la muerte imaginaria, y cualquiera que la cruza está condenado a muerte, aunque sea un niño hambriento o discapacitado, la memoria del Holocausto empieza a murmurar.

Y cuando en el norte de Gaza se lleva a cabo una limpieza étnica, seguida de claros signos de genocidio por toda la Franja, el recuerdo del Holocausto es ya un bramido.

El 7 de octubre de 2023 se está revelando cada vez más como un fatídico punto de inflexión para Israel, mucho más de lo que ahora lo parece, similar solo a la calamidad previa, la guerra de 1967, que tampoco fue diagnosticada en su momento. En la Guerra de los Seis Días Israel perdió su humildad, y el 7 de octubre perdió su humanidad. En ambos casos hay daños irreversibles.

Mientras tanto, tenemos que considerar la ocasión histórica y asimilar su significado: una ceremonia que conmemora el octogésimo aniversario de la liberación de Auschwitz, dirigentes del mundo desfilando en silencio, los últimos supervivientes vivos desfilando junto a ellos, y el lugar del primer ministro del Estado que surgió de las cenizas del Holocausto está vacío.

Está vacío porque su país se ha convertido en un Estado paria, y porque a él le busca el tribunal más respetado de los que juzgan a criminales de guerra. El asunto merece que levantemos un instante la vista del escándalo de Hanni Bleiweiss [la mujer de Netanyahu ha sido acusada de acosar a un testigo] y el caso Feldstein [el portavoz del primer ministro está siendo investigado por filtrar información clasificada sobre las negociaciones de paz]: Netanyahu no va a estar en Auschwitz porque está siendo buscado por crímenes de guerra.


Sara Netanyahu en Jerusalén, en noviembre.

Fuente: ctxt