Xi Jinping ha transformado profundamente las estructuras políticas de China desde su llegada a la secretaría general del Partido Comunista de China (PCCh) en 2012.
Su ascenso puso fin al equilibrio entre las dos principales facciones internas del partido y abrió una nueva etapa caracterizada por una mayor centralización del poder y por un proyecto político articulado alrededor del denominado “sueño chino”.
Xi asumió de forma simultánea la secretaría general del PCCh y la presidencia de la Comisión Militar Central (CMC), para poco después ocupar también la presidencia de la República Popular. De esta manera, concentró desde el comienzo el liderazgo del partido, el Estado y las Fuerzas Armadas, las tres estructuras de poder más importantes de la potencia asiática.
Su ascenso se produjo gracias a su capacidad para presentarse como una figura de consenso entre las dos grandes facciones del PCCh. Por un lado, se encontraba la denominada banda de Shanghái, liderada por Jiang Zemin; por otro, la facción populista encabezada por Hu Jintao y formada por dirigentes que habían desarrollado buena parte de sus carreras en las regiones interiores y rurales del país.
Xi reunía características aceptables para ambos bloques. Era un “príncipe rojo”, descendiente de un veterano revolucionario, pero también había desarrollado una extensa carrera administrativa en diferentes territorios, asumiendo responsabilidades en Hebei, Fujian o Shanghái, entre otros. Además, su propia familia había sufrido las purgas de la Revolución Cultural y él mismo había sido enviado durante ese periodo a trabajar al campo.
Xi y la campaña anticorrupción
Una de las primeras grandes iniciativas de Xi Jinping fue emprender una extensa campaña anticorrupción que alcanzó tanto a funcionarios de nivel inferior –las denominadas “moscas”– como a altos dirigentes –los “tigres”–.
La corrupción se había convertido en uno de los principales problemas internos tras décadas de rápido crecimiento económico. La liberalización iniciada durante la etapa de Deng Xiaoping generó nuevas oportunidades de enriquecimiento, pero también favoreció prácticas ilícitas como la malversación, el abuso de poder y la formación de redes clientelares dentro de las diferentes estructuras estatales, partidistas y castrenses.
La campaña impulsada desde 2012 ha investigado, sancionado o apartado a más de siete millones de funcionarios hasta comienzos de 2026. Entre los afectados también figuran antiguos aliados y figuras próximas a Xi, lo que ha permitido transmitir la idea de que nadie queda formalmente al margen de las investigaciones.
Al mismo tiempo, las purgas han debilitado a adversarios internos y facilitado una creciente concentración de poder en torno a su figura.
El XX Congreso Nacional PCCh, celebrado en octubre de 2022, reflejó este proceso con la entrada de dirigentes próximos a Xi en los principales órganos de decisión.
Este cambio terminó debilitando el anterior esquema de equilibrio entre las dos grandes coaliciones. Aunque el partido mantiene múltiples intereses y dinámicas propias, el círculo político próximo a Xi ocupa actualmente una posición predominante.
La campaña también ha alcanzado al Ejército Popular de Liberación. La Comisión Militar Central contaba, en agosto de 2026, únicamente con dos de sus siete miembros después de diferentes destituciones y purgas. Su composición deberá renovarse nuevamente durante el próximo Congreso Nacional del PCCh, previsto para 2027.
El “sueño chino” como horizonte político
La centralización del poder responde a un proyecto más amplio definido por Xi Jinping como el “rejuvenecimiento de la nación china”. Este “sueño chino” constituye el eje doctrinal alrededor del cual se articulan las iniciativas económicas, sociales, militares y diplomáticas.
Uno de sus objetivos consiste en convertir a China en una potencia científica y tecnológica capaz de superar el papel tradicional de “fábrica del mundo”. Pekín busca desarrollar sectores de alto valor añadido como los semiconductores, la robótica, los vehículos eléctricos o las energías renovables, mientras trata de elevar el nivel de vida y reducir las desigualdades entre las zonas costeras y el interior.
El fortalecimiento militar constituye otro de los pilares. El gasto en defensa pasó de alrededor de 100.000 millones de dólares en 2012 a aproximadamente 245.000 millones en 2025, acompañado del desarrollo de armamento propio y doctrinas vinculadas a la competencia con Estados Unidos.
Otro objetivo es recuperar para China una posición central en el sistema internacional. Desde la perspectiva de Pekín, no se trataría tanto de un ascenso como de un resurgimiento después del denominado “siglo de humillación”.
El último gran componente es Taiwán. La reunificación de la isla forma parte explícita del proyecto nacional y Xi la ha presentado como una exigencia vinculada al rejuvenecimiento chino. El horizonte general del “sueño chino” está situado en 2049, centenario de la proclamación de la República Popular.
La capacidad de Pekín para avanzar hacia estos objetivos determinará en buena medida el legado político de Xi Jinping y la evolución de la nueva etapa abierta en China desde 2012.
Fuente: Descifrando la Guerra







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