lunes, 27 de abril de 2026

Las garras vuelven al Líbano

 

  Por Bruno Thevenin   
      Fotoperiodista.

El Líbano se desangra por las mismas heridas que no pudieron vendar


Um Hamed, una mujer libanesa desplazada de Nabi Chit_Al-Nabi Shayth, regresa para inspeccionar lo que queda de su hogar tras varios días de ausencia.

     —¿Oyes ese sonido? Lo llamamos el sonido del monstruo —señala Mahdi Abu Zeid, un paramédico voluntario de 30 años, mientras señalaba al cielo en referencia al constante zumbido del dron israelí.

En ese momento, Mahdi no sabe que ese mismo sonido, solo una semana después, será el último sonido que escuche. Mientras evacúa a sus compañeros, Mahdi es asesinado por un impacto de dron y se convierte en una de las más de 80 víctimas del personal sanitario asesinadas por Israel desde el comienzo de esta ofensiva en el Líbano, iniciada el pasado 2 de marzo.

Esta nueva incursión no es un hecho aislado. Al igual que en Gaza, la retórica de Gobierno israelí ha recuperado la deshumanización del árabe como “animal humano” o “salvaje” para despojarlo de su derecho a la existencia y a la tierra. No se trata solo de una operación militar; es una estrategia de colonización para vaciar el territorio y justificar su ocupación. El asesinato sistemático de sanitarios y la destrucción de infraestructuras civiles buscan convertir el sur del Líbano en una zona inhabitable, allanando el camino para una expansión territorial que ya ni siquiera se oculta.

Israel inició esta ofensiva marcando una sentencia de muerte al sur del Franja: todo lo que permaneciese en ese terreno sería considerado un blanco. Semanas de bombardeos buscaron imponer una buffer zone de escombros allí donde su ejército apenas ha logrado avanzar unos kilómetros. Ahora, bajo la sombra de un alto el fuego, han trazado una nueva frontera: la “Línea Amarilla”.

Al igual que en Gaza, este límite no es solo militar, sino extractivista; se extiende hasta el mar para asegurar el control de valiosos yacimientos energéticos. El modus operandi se repite ante la pasividad que implica inacción de la comunidad internacional, se deshumaniza al adversario para justificar la aniquilación, mientras el mapa de Israel se expande.

El balance de esta última ofensiva en poco más de un mes es demoledor: ha superado ya los 2,300 muertos, de los cuales 130 niños y 110 mujeres, además de 15 periodistas, la última, asesinada el pasado 22 de abril durante el supuesto alto el fuego. Con alrededor de 6.700 heridos y más de un millón de desplazados que han tenido que abandonar sus hogares, el país enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes.

Las pruebas son claras y están a la vista de todo aquel que quiera mirar: hospitales bombardeados, desplazamientos forzosos, ataques directos a la FINUL, el uso de fósforo blanco y el borrado sistemático de los pueblos del sur. A esto se suma la destrucción de infraestructuras críticas. Todo está documentado, pero choca contra el muro de la inacción internacional. Una comunidad global que, tras años de normalizar la agonía en el Líbano y el genocidio en Gaza, ha validado el exterminio como una herramienta política aceptable.

No es que no supiéramos lo que vendría, es que el silencio se ha convertido en la música de fondo de esta nueva tragedia. Hoy, ese vacío de respuesta permite que el mismo patrón de destrucción ejecutado en la Franja se traslade ahora, con la misma impunidad, al territorio libanés.



Galería fotográfica del autor



Un residente de Nabi Chit pasea por el centro de la localidad, convertido ahora en un escenario de ruinas y soledad.

Un perro entre los escombros de una vivienda en Baalbek tras un bombardeo israelí que acabó con la vida de toda la familia que residía en ella, mientras celebraban el iftar.


Familiares de un paramédico libanés se despiden de él en su funeral en el sur de Beirut en un cementerio improvisado esperando poder enterrarlo en un lugar seguro.Familiares de un paramédico libanés se despiden de él en su funeral en el sur de Beirut en un cementerio improvisado esperando poder enterrarlo en un lugar seguro.
Restos de sangre sobre el asfalto tras el ataque selectivo con un dron israelí que acabó con la vida de los jóvenes paramédicos Joud Mohammad Suleiman y Ali Hassan Jaber en Nabatieh, Líbano.

Una mujer rompe a llorar durante el funeral de los periodistas Ali Shoeib, Fátima Ftouni y Mohamed Ftouni, asesinados en un bombardeo israelí en el sur del Líbano.


Funeral de Jawad de 11 años, asesinado en un ataque israelí junto a otros dos niños, incluido un bebé de 3 meses, y su madre.

Un niño se resguarda de la lluvia bajo un paraguas durante el funeral de los periodistas Ali Shoeib, Fátima Ftouni y Mohamed Ftouni, asesinados en un bombardeo israelí en el sur del Líbano.


Columnas de humo emergen de los escombros de un edificio tras un bombardeo israelí en Tiro, Líbano, el 24 de marzo de 2026.


Miryat Arnaut, de 62 años, en el salón de su casa tras los daños causados por un bombardeo israelí en Tiro, en el sur del Líbano, el 24 de marzo de 2026.


Una mujer libanesa observa los restos de su hogar destruido por un ataque aéreo en Tiro, en una jornada de bombardeos sistemáticos de Israel tras la escalada regional.


Una cuerda con ropa tendida permanece entre los restos de un ataque aéreo israelí en Nabatieh, Líbano, el 24 de marzo de 2026.


Yasmin, de 10 años, aguarda en un refugio improvisado con plásticos a orillas de una calle en Beirut.


Un grupo de niños desplazados de su hogar por los recientes ataques israelíes esperan recibir una ración de comida en la ciudad de Beirut.


Un grupo de personas desplazadas de Dahie, al sur de Beirut, se agrupa alrededor de una hoguera frente a su tienda de campaña para combatir el frío.


Una mujer sostiene a su bebé frente a su tienda en un campamento improvisado bajo las gradas de un estadio al sur de Beirut.


Mahdi Abu Zeid sostiene un masbaha durante una ceremonia de Ashura en Nabatieh en memoria de sus compañeros Joud y Ali, asesinados por un dron.


Likaa Shehouri llora la muerte de su hijo Joud Mohammad Suleiman, de 16 años, y de su compañero Ali Hassan Jaber, de 23, en el cementerio de Nabatieh, Líbano.


Mohammed Souleiman llora mientras reza junto a sus compañeros durante una ceremonia de Ashura en memoria de su hijo, asesinado por un dron en un ataque israelí en Nabatieh, Líbano.


Paramédicos en Nabatieh evacúan de noche a un anciano en estado de shock tras el bombardeo de su vivienda.


El skyline de Dahie, los suburbios del sur de Beirut, se mantiene a oscuras y bajo la amenaza constante de os bombardeos israelíes, que se concentran en esta zona densamente poblada.
Fuente: El Salto

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