martes, 2 de junio de 2026

“¡Evite una guerra abierta con Rusia!”

 

 Por Jeffrey D. Sachs   
      Profesor de la Universidad de Columbia.


El economista y diplomático Jeffrey Sachs insta en una carta al canciller federal Friedrich Merz a iniciar de inmediato conversaciones con el presidente ruso Putin sobre la paz en Europa

Starmer, Zelensky, Macron, Tusk y Merz hablan por teléfono con Trump durante una visita a Ucrania en mayo de 2025.


      Estimado señor canciller Merz:

Cuando le escribí una carta abierta hace seis meses, hice un llamamiento a Alemania para que buscara la vía diplomática con Rusia, en lugar de normalizar la guerra. Seis meses después, la situación en Europa se ha deteriorado dramáticamente. Europa y Rusia se están precipitando hacia una guerra abierta. En esta situación, usted, señor canciller, tiene una responsabilidad única. Ningún otro jefe de Estado o de gobierno europeo –ni en París, ni en Varsovia, ni en Roma– tiene el peso de Alemania ni el poder que usted posee personalmente para evitar esta catástrofe. ¿Abogará usted por la paz?

Usted mismo exigió en enero de 2026, junto con la primera ministra Meloni y el presidente Macron, la reanudación de las relaciones de Europa con Rusia y calificó a Rusia de “país europeo”. Sin embargo, no ha seguido la vía diplomática. Teniendo en cuenta que el futuro de Europa está en juego, esto supone una renuncia sin precedentes a su liderazgo. ¿Ha intentado usted, durante su mandato como canciller federal, mantener siquiera un solo diálogo significativo con el presidente Putin? ¿Ha intentado su ministro de Asuntos Exteriores mantener alguna vez un diálogo significativo con el ministro de Asuntos Exteriores Lavrov? ¿Conversaciones auténticas, como las que pusieron fin a la Guerra Fría? Por lo que atestiguan los registros públicos, la respuesta es: no. Ni una sola vez. Y no porque no se hubiera reconocido la urgencia.

Los últimos días han traído consigo una peligrosa escalada que debería alarmar a todos los europeos. Ambas capitales se encuentran ahora bajo fuego continuo: drones ucranianos de largo alcance han impactado en el corazón de Moscú, incluyendo objetivos civiles. 

Los ataques con misiles y drones rusos contra Kiev se han intensificado enormemente.


Rusia lanzó un ataque masivo con misiles y drones en Kiev durante la noche del 24 de mayo.

Drones ucranianos han penetrado en el espacio aéreo de los Estados bálticos, lo que ha suscitado el peligro inmediato de un incidente que podría arrastrar a Europa directamente a la guerra. Un atroz ataque ucraniano contra una escuela de niños en Lugansk ha socavado aún más los últimos restos de moderación. El 25 de mayo, el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, informó oficialmente al secretario de Estado de EEUU, siguiendo instrucciones del presidente Putin, de que las fuerzas armadas rusas están llevando a cabo ahora “ataques sistemáticos y continuados” contra instalaciones y centros de decisión en Kiev. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso aconsejó a Estados Unidos y a otros países que “garantizaran la evacuación de su personal diplomático y de sus ciudadanos de la capital ucraniana”. Esta noticia es el preludio de una escalada masiva. La diplomacia es más urgente que nunca.

El camino para defender Ucrania no es la continuación de la matanza, sino una paz en condiciones aceptables para todas las partes. En cambio, nos amenaza una escalada con más muertos aún, más destrucción y el peligro real de una guerra que se extienda más allá de Ucrania. Al exigir cada vez más armas, capacidades bélicas cada vez mayores y demostraciones cada vez más sonoras de “determinación”, y al dar a entender que Alemania se está preparando para una guerra en lugar de trabajar para ponerle fin, ha convertido a Berlín en un acelerador, en lugar de un freno, de una guerra a escala europea.

La responsabilidad de Alemania: seis puntos

Alemania tiene una responsabilidad considerable en la situación actual. Antes de que la política alemana pueda orientarse hacia la paz, es necesario abordar con honestidad el pasado de Alemania. A continuación, enumero seis graves omisiones de la política exterior alemana hacia Rusia desde la reunificación alemana de 1990.

En primer lugar: el Tratado 2+4 y la ampliación de la OTAN hacia el Este

El 12 de septiembre de 1990, Alemania firmó en Moscú el Tratado sobre la solución definitiva de los asuntos de Alemania –el “Tratado 2+4”–, que completó la reunificación alemana. Este tratado se materializó porque Mijaíl Gorbachov recibió de Hans-Dietrich Genscher, Helmut Kohl, James Baker y otros jefes de Estado y de Gobierno occidentales la solemne garantía de que la OTAN no se expandiría hacia el este.


George H. W. Bush junto a Gorbachov en la Cumbre de Helsinki, en septiembre de 1990.

Los documentos desclasificados –entre ellos los memorandos del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, ahora de acceso público– son inequívocos: esas garantías se dieron y, tal y como se formuló claramente en aquel momento, debían extenderse más allá del territorio de la antigua RDA hasta Europa del Este. Se reafirmaron en 1990 y 1991. El Tratado 2+4 limita el estacionamiento de tropas de la OTAN en la antigua RDA y recuerda los principios del Acta Final de Helsinki, que subraya que la seguridad de ninguna nación debe ir en detrimento de la seguridad de otra. ¿Acaso alguien cree seriamente que la Unión Soviética rechazaba la presencia de tropas occidentales en el territorio de la antigua RDA, pero se mostraba indiferente ante la presencia de ejércitos de la OTAN en Varsovia, Vilna o Kiev? Por supuesto que no. La ampliación de la OTAN se debatió en profundidad, y Alemania dio garantías expresas a los dirigentes soviéticos de que rechazaría la ampliación hacia el este –y más tarde las incumplió–. Alemania fue la que más se benefició de esas garantías, que constituían la contrapartida de la reunificación alemana. Sin embargo, ya en 1993 los políticos alemanes comenzaron a incumplir esas garantías.

En segundo lugar: la propia declaración de la canciller Merkel

En sus memorias, Angela Merkel escribe con notable franqueza que, en el momento de la Cumbre de Bucarest de 2008, comprendió que la invitación a Ucrania y Georgia a la OTAN equivaldría a una declaración de guerra a Rusia. Conocía la línea roja de Rusia. Y, sin embargo, cedió a la presión estadounidense y aceptó la declaración de compromiso según la cual Ucrania y Georgia “podrían llegar a ser” miembros de la OTAN en algún momento. Esa única frase desencadenó las catástrofes de 2014 y 2022. La franqueza posterior de Merkel es un regalo para sus sucesores: les ha dicho clara y rotundamente lo que entonces era evidente. Alemania no debería ahora fingir que no es así.

En tercer lugar: la traición al acuerdo del 21 de febrero de 2014

El 21 de febrero de 2014, el entonces ministro de Asuntos Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, medió en Kiev, junto con sus homólogos polaco y francés, en un acuerdo entre el presidente Yanukóvich y la oposición. El acuerdo preveía la reinstauración de la Constitución de 2004, la formación de un gobierno de unidad nacional y la convocatoria de elecciones presidenciales anticipadas. Se consultó al presidente Putin; el acuerdo fue ratificado. Fue un importante éxito diplomático en una situación de fuertes tensiones y violencia abierta. Sin embargo, en menos de 24 horas, Yanukóvich fue derrocado por un golpe de Estado violento. Alemania no insistió en el acuerdo que acababa de garantizar. En cambio, siguiendo el ejemplo de EEUU, Alemania apoyó al nuevo Gobierno como si nunca hubiera existido ningún acuerdo. Esta decisión reforzó en Moscú la idea de que no se podía confiar en las firmas occidentales.

Cuarto: Minsk II

En febrero de 2015, la canciller Merkel negoció personalmente el Acuerdo de Minsk II en el formato de Normandía y garantizó el apoyo político de Alemania en la declaración de apoyo aprobada el 12 de febrero de 2015 en Minsk. Durante siete años, Kiev no aplicó la disposición política central: la autonomía de las regiones del Donbás dentro de una Ucrania soberana. Alemania no ejerció presión sobre Kiev para que aplicara la disposición de autonomía que ella misma había exigido. Merkel reconoció más tarde que el acuerdo se había utilizado como medio de presión para permitir el rearme de Ucrania. El presidente Hollande se expresó en términos similares. La garantía no era, por tanto, en realidad ninguna garantía. Era una estrategia –una vez más, a instancias de Washington–. Una vez más, el mensaje a Moscú fue: no se puede confiar en las firmas occidentales.

Quinto: Nord Stream

El 7 de febrero de 2022, el presidente Biden anunció en el Salón Este de la Casa Blanca –en presencia del entonces canciller federal Olaf Scholz–: “Si Rusia invade [Ucrania], Nord Stream 2 dejará de existir. Pondremos fin a ello”. A la pregunta de cómo, respondió: “Les prometo que seremos capaces de hacerlo”. Siete meses después, los gasoductos fueron destruidos por un acto de sabotaje en el mar Báltico. Las pruebas disponibles –investigaciones periodísticas en EEUU y Alemania, las investigaciones de la Fiscalía Federal alemana y declaraciones públicas de antiguos funcionarios– apuntan de manera abrumadora a una operación conjunta ucraniano-estadounidense. El Gobierno federal alemán lo sabía desde hacía tiempo. Y, sin embargo, Alemania ha permitido que, en contra de las pruebas inequívocas, se culpe a Rusia, mientras que un acto de sabotaje industrial contra la economía alemana ha quedado impune y sin respuesta.

Sexto: el acuerdo de Estambul de abril de 2022, que estaba al alcance de la mano

Apenas unas semanas después de la invasión rusa en febrero de 2022, negociadores rusos y ucranianos se reunieron en Estambul para negociar las condiciones de un acuerdo de paz: la neutralidad de Ucrania fuera de la OTAN, garantías de seguridad multilaterales, límites acordados de tropas y la solución política gradual de la cuestión de Donbás y Crimea. El acuerdo estaba a punto de firmarse. El ex primer ministro israelí Naftali Bennett, uno de los mediadores, confirmó públicamente que el acuerdo estaba a punto de cerrarse y que Occidente –en particular, Estados Unidos y el Reino Unido– había intentado impedirlo. La misión del primer ministro Boris Johnson a Kiev en abril de 2022 para ordenar a Ucrania que no firmara el acuerdo es de dominio público. Cientos de miles de vidas ucranianas y rusas, así como todo el orden europeo, han pagado el precio de esta intervención estadounidense-británica. Alemania ha guardado silencio al respecto, a pesar de que, como ningún otro país europeo, ha tenido que soportar las consecuencias económicas.

La autodestrucción económica de Alemania

Su máxima prioridad debe ser la paz. Las últimas noticias procedentes de Moscú ponen de manifiesto la urgencia de la situación. Pero, paralelamente a la primera catástrofe, se avecina una segunda: la destrucción deliberada de la economía alemana, en la que Berlín es tanto artífice como víctima.

La industria alemana se basaba en el comercio con Rusia. La destrucción del Nord Stream y la consiguiente ruptura de las relaciones comerciales germano-rusas han llevado a que Alemania compre gas natural de EEUU a precios mucho más elevados que los del gas ruso del gasoducto, al que sustituye. Esto es un suicidio industrial. La industria química, siderúrgica y del vidrio de Alemania, así como los fabricantes con alto consumo energético –la base de la clase media– pierden día a día competitividad internacional. Los puestos de trabajo cualificados desaparecen de la economía alemana. Y el contribuyente y el consumidor alemanes transfieren riqueza nacional de Alemania a los productores de gas estadounidenses en una magnitud sin precedentes en la Europa de la posguerra.

Además, el Gobierno federal planea ahora una expansión masiva del gasto en armamento –cientos de miles de millones de euros en la próxima década– para prepararse para una guerra que se podría haber evitado fácilmente mediante la diplomacia. Se trata de una flagrante mala asignación de los recursos nacionales. El reto central para Alemania en esta década es la competitividad en la era digital. Cada euro que se gasta en tanques, misiles y proyectiles de artillería es un euro que falta para las capacidades de IA de Alemania, su desarrollo y fabricación de chips, su infraestructura energética y las redes digitales de alta velocidad que necesita para seguir siendo una potencia económica líder.

La amarga realidad, señor canciller, es que con estas armas no se puede comprar la seguridad que se podría lograr mediante la diplomacia a una fracción del coste. Y sin las inversiones en digitalización y energía, que se ven desplazadas por este rearme, no se puede alcanzar la prosperidad.

Mi llamamiento: señor canciller, más que cualquier otro jefe de Estado o de Gobierno europeo, usted es quien debe actuar cuando se trata de decidir si Europa se desliza hacia una guerra generalizada o vuelve a las negociaciones y a la sensatez económica. Ya es hora de actuar. El actual mensaje oficial de Moscú a Washington lo demuestra claramente. Por favor, entable un diálogo con el presidente Putin. Por favor, envíe a su ministro de Asuntos Exteriores a Moscú o invite al ministro de Asuntos Exteriores ruso a Berlín. Por favor, reabra los canales de la OSCE [la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa] que Alemania ha dejado en desuso. Por favor, exija a Kiev que cese los ataques contra objetivos civiles.

Pero, sobre todo: diga la verdad a la opinión pública alemana. Una paz negociada basada en la neutralidad de Ucrania es la vía realista para salir de la catástrofe, y el restablecimiento de relaciones económicas normales con Rusia es la vía realista para salir del declive industrial de Alemania.

Las condiciones de un acuerdo aceptable que Alemania podría proponer son claras: los combates cesan en una línea de alto el fuego. Todas las partes renuncian a cualquier uso futuro de la fuerza en cuestiones fronterizas. Ucrania restablece su neutralidad y la OTAN renuncia de forma permanente a una nueva expansión hacia el este. Europa y Rusia reanudan sus relaciones económicas y ponen fin al belicismo. La OSCE vuelve a ser el foro central para la seguridad europea, con el principio de que la seguridad europea es indivisible y no se basa en bloques militares que dividen a Europa. En un escenario de paz como este, Alemania puede concentrar sus recursos nacionales en las inversiones en digitalización, IA, semiconductores y energía que requiere el futuro económico de Alemania.

La historia recordará lo que haga y lo que deje de hacer en las próximas semanas. Lo mismo ocurre con la opinión pública alemana, los pueblos de Rusia, Ucrania y toda Europa. Es hora de la diplomacia, señor canciller. Usted tiene la elección.


Atentamente,


Jeffrey D. Sachs



Fuente: Ctxt

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