Por: Alex Chamán Portugal
La
actual contundente protesta popular, a lo largo y ancho del país, es
un grito de rebeldía contra el perverso modelo neoliberal que en 30
años ha viabilizado políticas atentatorias a la patria y el pueblo
a través de la imposición de una ilegal e ilegítima Constitución
Política que facilita el saqueo voraz de las empresas
transnacionales y el nefasto actuar del empresariado mafioso
nacional, así como prosigue con la destrucción de los derechos
fundamentales de las masas populares.
La rebelión popular, en marcha, está presente en las 24 regiones del país; en sus provincias, distritos, etc., es decir, ha logrado el despertar y movilización nacional de la mayor parte de los explotados, oprimidos, excluidos y despreciados, muy a pesar del papel adormecedor de la educación neoliberal vigente, la sumisión a la que convoca la iglesia Católica y demás congregaciones, el rol manipulador e idiotizador de los medios masivos de información también llamada prensa basura o mercenaria. La rebelión popular representa una formidable victoria que se constituirá en una antorcha inmarchitable para las futuras luchas por venir en pro de su emancipación.
La creciente protesta popular no solo es objeto
de genocidio y masacre indiscriminada por parte de la columna
vertebral del Estado: las fuerzas armadas y policiales, sino también,
por los poderes ejecutivo, legislativo y judicial que la
instrumentalizan a cambio de mayores privilegios para la alta
oficialidad genocida, mafiosa y antipatria. Todos estos poderes, en
comparsa, violan su desacreditado Estado de Derecho liberal y
arremeten furiosamente estigmatizando, persiguiendo, deteniendo,
encarcelando, torturando y asesinando a masas desarmadas. A la fecha
son decenas los masacrados, especialmente jóvenes estudiantes,
centenares de heridos por armas de guerra convencional y centenares
de detenidos y/o encarcelados sometidos a vejámenes de todo
tipo.
La lumpen burguesía, los politiqueros ultraderechistas
afincados en el Congreso, las genocidas fuerzas armadas y policiales,
el corrupto poder judicial, la servil Defensoría del Pueblo, los
medios de manipulación mediática y la cómplice Iglesia Católica
se han constituido en una auténtica organización criminal que
confabula contra la patria y el pueblo. Estos expresan su desprecio y
odio contra los nuestros cuando maquinan funestas acciones para
eternizar las relaciones sociales de explotación y opresión en aras
de mantener el injusto orden económico, social y político. Los
infiltrados y ternas de la policía fueron quienes realizaron la
mayor parte de los atentados y provocaciones con lo que justifican la
represión indiscriminada, incluyendo detenciones abusivas. Además,
pretenden descalificar al pueblo movilizado adjetivándole de
radicales, violentistas, vándalos, extremistas y terroristas para
luego desatar sus políticas masacradoras y genocidas con el
consentimiento del imperialismo estadounidense -enemigo principal de
los pueblos del mundo- que invade el territorio peruano con nueve
bases militares.
¿Qué hacer? A seguir batallando, pues la
historia nos ha mostrado el camino correcto que ¡Sin luchas no hay
victorias! En el fragor de la lucha de clases, entre los explotadores
y explotados, se irán forjando los mejores hijos e hijas del pueblo
que marcarán el futuro promisorio de justicia social en el horizonte
de la sociedad socialista científica.
NOTA: Sin Luchas No Hay Victorias es un lema usado por el MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amaru) del Perú

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