martes, 16 de marzo de 2010

QUICO CADAVAL, este miércoles en ARREBATO LIBROS, Madrid

Este miércoles 17 de marzo a las 20.00, nos visita el gran QUICO CADAVAL, maestro en el dominio del lenguaje oral, las palabras, la improvisación y el humor.


QUICO CADAVAL es actor, director, adaptador teatral, narrador e impulsor del movimiento de radioteatros español de origen gallego, surgido en Galicia en la década de los noventa. Aprendió a contar cuentos donde unas ancianas y/o amas de casas se encargaron de transmitirle historias, y también historias a personas, de más variada índole, que pasaban por la taberna de su nacimiento. Comenzó la interpretación teatral a finales de los años setenta en el Centro Dramático Gallego, y ya en los años ochenta fundó su propia compañía: "O Moucho Clerc". Trabajó en diferentes producciones de TVG, así como en cortometrajes y largometrajes, y recibió diferentes premios por su trabajo en el teatro.
 
 

miércoles, 17 de marzo de 2010

20:00 - 21:15

Arrebato Libros
C/ La Palma, 21
Madrid
 

2 comentarios:

  1. Despues de los pórfidos de Santa Agnese, el pequeño y poco aseado café del Campo dei Fiori.
    Había un aroma a frutas maceradas suspendido en el aire, sin duda a causa del mercado matutino.
    Pido un macchiato y al llevarme la taza a los labios encaro el modesto monumento a Bruno.
    En la viejas casas de enfrente hay trajín de pintores y albañiles; en lo alto de una escalera de gato un obrero rasca -espátula en mano- la fachada de una de las que parecen más antiguas. En unas partes el raspado es más profundo que en otras, de manera que quedan al aire trozos coloreados de distintas épocas: rosa desvahído, blanco marfileño, siena apagado, amarillo...
    Reparo en un desconchado de unos dos metros de lado; es de un color que debió de ser blanco en origen pero que se percibe velado por una pátina pardusca, semejante a la que tizna los objetos próximos al fuego (del hogar, de la hoguera...).
    No puedo sustraerme al vértigo de pensar que aquella mancha bien pudo ser consecuencia y estigma del suplicio del mártir. No tendría nada de raro, que cuatro siglos no es nada y, bien cercanos, lucen frescos más antiguos que conservan el color primigenio.
    De noche tengo pesadillas: sueño que el tétrico Apostolado de San Giovanni in Laterano se descuelga de las hornacinas y baja en siniestra procesión nocturna al Campo dei Fiore; llevan enormes cirios encendidos.
    Llegan a la plaza y rodean amenazadores la que ahora parece diminuta estatua de Bruno y
    arrojan a un tiempo los cirios a la base del podio.
    Pronto, arde todo como la yesca. Las llamas reverberan en los cromados de las terrazas; iluminan los vitrales de las trattorías; destellan en los vasos de los jóvenes que beben birras sentados en la acera...

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