sábado, 10 de octubre de 2026

Por un ludismo redivivo, urgente y contundente (y contra esa IA que colma el vaso)

 

Que tampoco el otoño es ya lo que era (6 de 21)


 Por Pedro Costa Morata
    Ingeniero, periodista y politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

       Antes de nada, lúcido lector, y a modo de introducción epilogal, como resumen básico inmodificable quiero que te opongas por todos los medios a tu alcance a cualquier avance físico, económico o político que tenga como objetivo expandir o fortalecer la sociedad llamada “digital y verde”, por falsa, injusta y tóxica, para lo que deberás tomar como objetivos de tu repulsa, en primer lugar, todo aquello que lleve la e- precediéndolo, empezando por la e-administración, a la que deberás resistirte como gato panza arriba. Y lo mismo hacia lo que se titule “verde”, incluyendo concretamente el hidrógeno llamado “verde” y el litio, destinados al automóvil “verde”; además, deberás declararle la guerra, ya, a los centros de datos que van destinados a alimentar la Inteligencia Artificial (IA en adelante, más que nada por ahorrar saliva); y con especial ahínco y convicción no consientas de ninguna de las maneras, la minería de “tierras raras”, clave telúrica del envenenamiento ambiental y mental de lo que queda de civilización. La tecnología, que insiste en su vocación salvífica, resulta que nos está arruinando el futuro: nos reduce los salarios aumentando las estrecheces de la mayoría, nos enmierda los trabajos (horarios, condiciones, obligaciones extras), nos atemoriza con las pensiones, nos acerca a guerras con las que no tenemos -ni debiéramos tener- nada que ver… Así que no nos está salvando de nada (sino todo lo contrario).


Centro de datos para IA (Getty Image).

       Habrás observado que nadie, salvo los ecologistas más clásicos (y algunos imitadores tardíos), se toma en serio que el problema de fondo es el crecimiento de una economía esquizofrénica que, además, se mueve en una guerra general y mortífera, por mor de la “legítima” competencia. Por lo que la respuesta que hemos de dar quienes nos hemos convertido en resquicio y residuo de sensatez es el no a lo mismo de siempre o a lo que se nos presenta como distinto pretendiendo que caigamos una vez más en la trampa, con un hasta aquí hemos llegado y un hay que dar pasos decididos hacia atrás. Y no tengas miedo a la respuesta, que será condenatoria, descalificadora y amenazadora: estúdiate bien las cosas y aguanta a pie firme, sin perder la oportunidad de desafiar a esta plaga invasora de memos alucinados, pillos envalentonados, logreros migrantes, macarras de garaje, tontos de capirote y alienados de variado perfil y ladino discurso; que deberán vérselas con gente dispuesta, enrabietada y hasta la coronilla de aguantar presiones, opresiones y represiones a cuenta de los bulos y reclamos de mercaderes de desgracias, camuflados siempre con brillantes ropajes de voceros de la ciencia, profetas de futuro y benefactores de la humanidad.

       Tienes que reconocerme, amigo mío, que llevas tiempo harto, y puede que hasta asustado de la agresividad y los dolores de cabeza que te viene infligiendo la expansión incontenible de esa doble amenaza digital y verde, sin que te sobre el valor de expresarlo como te pide el cuerpo. Y seguro que estarás preocupado por la tormenta de advertencias, acusaciones y condenas que se vienen lanzando contra la IA, ante la que sus mismos creadores y al tiempo principales beneficiarios -que figuran entre los más indeseables, codiciosos, fachosos y pervertidos del planeta- reconocen estar yendo demasiado lejos. Podrás esperar que, pese a todo ello, esas malditas siglas se impondrán, avanzando en su ofensiva y dominio con argumentos y espejismos mil. Es por ello por lo que has de recurrir a estrategias de salvación personal y colectiva, añadiéndote activamente a la minoría crítica e intratable que siempre estará dispuesta a enfrentarse como sea, sin titubeos ni debilidades, a esa maldición.

       Deberás rememorar, porque es oportuno, a aquellos obreros ingleses de las décadas de 1810 y 1820 que dirigieron su furia a martillazos contra las máquinas, primeramente las textiles, que los echaban a la calle sin miramientos, como marcada señas de identidad de la Modernidad -más conocida como Revolución industrial- que se imponía. Recuerda aquellas movilizaciones, dirigidas por un misterioso (y seguramente inexistente) capitán, o general Ned Ludd, que para asfixiarlas la arrogante Inglaterra tuvo que enviar al ejército a masacrar a quienes negaban que aquello fuera progreso. Bueno, pues imítalos, haz que se hable de que es el momento de un ludismo renovado, enérgico y apresurado, ya que el tiempo se acorta, las expectativas se ennegrecen y los jinetes del apocalipsis piafan de ganas de que se les deje sueltos.


Luditas en acción (National Geographic).

A ti me dirijo porque te supongo -y así te quiero sentir- interesado por marcarte unos principios, que puedes considerarlos “toques de alarma” o “líneas rojas”, que te ayuden a abrirte paso en selva tan ingrata, por impenetrable y embustera. Así que, sin miedo, contemplaciones o quebraderos de cabeza, evitando discusiones metafísicas o científico-técnicas, muévete a estacazo limpio, que se note que alguien tiene ideas claras y ánimo tenso (¡joder!) y toma nota de estas llamaradas que te regalo, a las que te conviene prestar la máxima atención:

1) Observa que la tecnología, en general, no pretende actuar sobre el origen o las causas de los problemas, que es lo verdaderamente importante, sino que se orienta a parchear lo que ya ha sucedido, haciéndonos creer que resulta imprescindible. La tecnología no necesita a la ciencia en su proceder de “inspiración y creación”, es decir, en su “filosofía funcional”. Se guía por el ingenio o la inspiración, generalmente económico-crematísticos: de ser un impulso por “aliviar las tareas penosas” se ha ido convirtiendo en un movimiento perverso de sustitución radical del trabajo humano, añadiendo a esto repercusiones demoledoras en lo ambiental y lo cultural.

2) Practica el boicot diario en todo lo que puedas, especialmente contra todo anuncio, proyecto o medida que busque la innovación, la productividad y la competitividad: no creas, por principio, en la bondad o conveniencia de nada de eso, y lánzate sobre sus mentiras, trampas e incongruencias.

3) Fíjate bien en que los grandes avances de la humanidad no han tenido nada que ver con la tecnología, yo creo que ni siquiera con la ciencia, sino con la política, la ética, la solidaridad y los valores positivos del Homo sapiens (y agobiado por los negativos). Sí está claro lo contrario: ganancias y avances evidentes en la marcha de la humanidad están siendo socavados, y de manera irreversible, por las tecnologías de punta, digitales a la sazón, y sus controladores parafascistas.

4) Que no hay progreso a la vista, con tanta porquería de brillo y engatusamiento, porque ni lo ha habido adjudicándoselo a estos espejismos ni puede haberlo mirando de frente y al futuro. No se percibe verdadero progreso humano ni social con los avances tecnológicos, al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial (podríamos plantearnos si desde la Ilustración y su deificación de la razón científica, técnica, económica, política y filosófica… en definitiva, con la extensión corrosiva de la idea de progreso).

5) No lo dudes: la calificación o descripción de las tecnologías informáticas, creadoras de Internet o surgidas a su sombra e impulso, han de ser las de negocio, opresión y mito, consistiendo en definitiva en una regresión brutal -muchos dirán que definitiva- en la marcha de la Humanidad... La invasión sorpresiva y demoledora de la IA obliga a una reconsideración actualizada, aguda y agresiva de fondo y forma, de ésta y de otras tecnologías de las que deriva o a las que pretende dar paso.

6) Estate preparado porque los más tontos de esa caterva te dirán que aunque no todo vaya bien esto es lo mejor del momento, que ya verás, que el futuro resplandece y lo arregla todo y que en cualquier caso el progreso es inevitable. Sé especialmente duro y antipático con esos (muchos) que van de listos y ponderados, que no son capaces ni de decidirse ni de ir al fondo del asunto, postulando que, por ejemplo, la IA no es ni buena ni mala, que es según, que a veces, que depende, que no obstante… Esos, los que son incapaces de escrutar el origen de estas tecnologías, comprobar su objetivo y reconocer su dinámica, son los peores, por pusilánimes y débiles de mente. No creas una palabra, por lo demás, de quienes planteen que lo mejor es “cambiarla y reformarla” desde dentro, porque esta es una ingenuidad tan consolidada y tramposa como ridícula e inútil.

7) Ríete, por no llorar, de la labia absurda de nuestros políticos cuando se entregan a los “incuestionables” objetivos de una “sociedad verde y digital”. En primer lugar, porque ni tú ni yo les hemos mandado que se pongan con eso, en segundo lugar porque no saben de qué hablan, y en tercer lugar porque con ese objetivo lo que sí vienen consiguiendo es la degeneración sistemática de nuestro entorno físico y moral. Convéncete de que la “alfabetización digital” lleva a la analfabetización extensiva y demoledora. Exige, protesta, levanta la voz, y que la gente se anime y a las Administraciones lleguen el clamor y el cabreo.

8) Indígnate de la multiplicación de hechos delictivos con los avances informáticos, y toma nota de que, en el fondo, los gobiernos están encantados porque todo esto refuerza su control sobre la sociedad; aunque cada día sean más inútiles e incompetentes, el miedo y la intimidación “interiores” son factores ideales en el ejercicio del poder.

9) Ten muy presente el inmenso daño psicológico con el que la IA y tantas otras tecnologías “avanzadas” dañan y deforman a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, contribuyendo a hacerlos ignorantes e infelices. Se trata de un virus que corrompe y disminuye valores y capacidades adquiridas por la evolución, que entran así en involución. Eso no tiene perdón, y así debes expresarlo ante educadores, amigos y correligionarios.

10) Y sublévate por esa intranquilidad, ese pesar y esas maldiciones con que tu vida acaba por envenenarse, y ese muro cada vez más denso que, sin comerlo ni beberlo, se te ha impuesto obstaculizando tu vida, tus íntimos logros y tus rutinas, tu intimidad, tus sueños... y esa sensación opresiva de que te quedas atrás, antiguo, obsoleto... Son formas, todas ellas, de un desasosiego injusto, que desgasta y deprime, por lo que no has de pasar por ello sin, al menos, lucha, resistencia y agresividad... Álzate contra la obligación de ceñirnos a las exigencias tecnológicas en la vida ordinaria, sin demostración alguna de que supongan ventaja o mejora, simplemente porque interesa a las administraciones, las empresas o los gobiernos. Observa que lo que al iniciarse esta pesadilla se nos ofrecía como un derecho rápidamente ha acabado siendo una obligación: esa es la trampa y tienes que detectarla y, consecuentemente, aborrecerla.

       Así que, mi querido, dilecto, selecto, agobiado, paciente amigo... sobreponte a tanta morralla tecnológica reduciéndola a mínimos (que no, que no es verdad que la necesites), oponte a tanto discurso necio, haciendo que te entre por un oído y te salga por otro, y resístete a un futuro con muralla impenetrable y sin horizonte que valga la pena.


Verde y digital, doble mentira (El País-Getty Images).

       Muévete y responde con cabeza, ira y vigor, que es cuestión de defensa propia. Venga.




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